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13 mar. 2017

El cabotaje salvó durante la II Guerra el transporte

Dos embarcaciones, las “Salto” y “Paysandú”, construidas en ANP.
Foto: Archivo El País

EMILIO CAZALÁlun mar 13 2017 03:59
Esta es una hermosa e histórica foto del ámbito portuario en la que los diversos componentes del escenario nos dan pistas de muchas cosas de aquel tiempo. Es una foto tomada en noviembre de 1944, que por generosidad de un lector llegó a nuestras manos hace más de 30 años. En primer lugar la imagen fue tomada frente al muelle 2 de nuestro puerto donde aparece la nave de cabotaje “Salto”, realizando operaciones de carga.

Esta nave, conjuntamente con su gemela “Paysandú”, pertenecían a la flota de cabotaje de la Administración Nacional de Puertos, que fungía también como armadora de buques de ultramar y de cabotaje. Habían sido construidas en su propio varadero que estaba al fondo de las calles Sarandí, Washington, 25 de Mayo, Cerrito e Ing. Monteverde, y las orillas que daban a las aguas de la bahía; ahora pertenece a la Terminal TCP.

En aquellos años estas embarcaciones -“Salto” y “Paysandú”- y otras privadas, hacían el servicio a puertos del litoral adonde iban con mercaderías de importación y también con las producidas en las industrias de Montevideo. Las naves retornaban con productos para consumo en plaza de frutos del país tales como cueros, lanas, trozos de leña (astillas), granos, guano, y envases vacíos por millares.

Por aquel entonces y durante la II Guerra Mundial, por carencia de combustibles y carbón el transporte ferroviario y el automotor especialmente, era muy reducido; las carreteras lejos de ser lo deseable que hubieran debido ser, a veces ni existían. Por eso se recurría al transporte fluvial, la carga se dejaba en las cabezas departamentales y se hacía la distribucion horizontal.

Dentro de la ciudades, Montevideo incluida, el transporte de cargas era mayormente realizado a tracción animal; había camiones marca White con ruedas de goma maciza (las traseras), pero se carecía de combustible o había cupos mensuales debido a la guerra con la consecuencia de que el transporte de cargas al puerto se hacía principalmente con carros. En la escena aparecen precisamente cuatro carros y cinco camiones, y una gran partida de tablas de madera que se importaba de Chile y de Brasil.

Bueno es recordar que Uruguay carecía de madera, no sólo para la industria, sino también para la construcción. ¿Qué dice la imagen? Uno de los carros que vemos es el de Pedro Compte, una conocida empresa industrial que fabricaba chocolates, galletitas y golosinas, que estaba en la calle Concepción Arenal. Fabricaba unos caramelos pequeñitos casi, como grageas, que los almaceneros de barrio solían dar a los niños como “yapa”en cada compra.

En ningún almacén por más modesto que fuera faltaban estas golosinas guardadas en grandes frascos de amplia boca. Otro carro pertenece a las Cervecerías del Uruguay y está cargado con cilindros de gas carbónico y otros de oxígeno para uso medicinal. Un camión de Cervecerías del Uruguay lleva cajones de cerveza.

Luego se ve un camión de Dolmenit con piezas fabricadas en cemento para la construccion. Los departamentos se abastecían desde Montevideo por vía fluvial, y a no menos de 15 puertos llegaban los paylebots repletos de mercadería, algunos con sólo seis toneladas, y a su vez levantaban de esos lugares lana, cueros, leña, carbón vegetal, etc.

Estas embarcaciones, aún más pequeñas que la “Salto”, y de madera algunas, eran habituales visitantes de los pequeños puertos donde su llegada era festejada, como por ejemplo en Dolores y en Mercedes. Sobre este servicio en particular, y sobre el cabotaje en general al litoral en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, ofrecemos breves comentarios que nos hiciera 20 años atrás nuestro amigo el empresario Jimmy Carrau.

Uruguay tuvo pujante Industria naval a lo largo de 187 años

Aunque parezca increíble y adelantándose en el tiempo, hace 70 años, a mediados de los 40, el Astillero Carmelo de Uruguay (My DF) construyó 10 barcazas de 300 toneladas cada una para una empresa norteamericana instalada en Buenos Aires.
Marítimas
lun mar 6 2017 03:45
 Las partes de las barcazas en forma de kits habían llegado desde los Estados Unidos y suponemos que por la calidad de la mano de obra uruguaya y por dominio de la soldadura por arco voltaico, el contrato de armarlas se adjudicó al Astillero Carmelo de Metalúrgica y Dique Flotante. Fue suscrito con la empresa armadora norteamericana Moore McCormack Lines, una naviera muy importante, y en aquel tiempo con los barcos mas grandes y mas modernos del momento, los “mormack” fueron famosos y construidos en los Estados Unidos. Fue una línea naviera que durante varios años mantuvo un optimo y formidable servicio marítimo de cargas entre el Río de la Plata y puertos de ambas costas de los Estados Unidos. Por lo demás, esta empresa naviera fue la primera en utilizar pequeños contenedores para el transporte de cargas valiosas a fin de evitar robos en los puertos, principalmente en Santos; eran contenedores mas pequeños que los actuales, un tercio y aquí se ponían bebidas, cigarrillos, perfumes, cosmética, obras de arte, etc. En cuanto a las barcazas, una vez construidas se las llevaron a Buenos Aires. Realmente una sorpresa Uruguay exportando mano de obra naval. Tampoco vamos a pasar por alto que esta misma empresa (My DF) construyó por esa misma fecha un dique flotante de hormigón, una idea avanzada que ponía a Uruguay por delante. El dique se debió llevar a Buenos Aires para su venta porque no se tenía comprador cuando surgió el proyecto de construirlo. Eso si que fue un desafío.



EN 1938. Siguiendo esta línea de pensamiento, pocos saben cuan importante fue esta industria de la construcción naval que nació y creó por individualidades y se desarrolló en todo el Uruguay a pura iniciativa privada, mayormente proveniente de inmigrantes con todos los riesgos y desafíos que ello suponía. No poca sorpresa nos deja toda aquella realidad cuando hoy nos sentimos maravillados ante las actuales construcciones de barcazas, remolcadores, pesqueros, petroleros para Ancap porque todo eso ya lo hacíamos hace 80 años atrás cuando ya habíamos alcanzado altísismos niveles de calidad y cantidad e incluso exportábamos embarcaciones. Y es que hoy antes de construir un bote a remo ya se está purgando pena ante el Estado. En 1938, en el Astillero Carmelo que entonces era del magnate Mihanovich, habíamos llevado a cabo 18 órdenes de construcciones navieras entre las que estaban los barcos de pasajeros “Ciudad de Colonia“, “Ciudad de Asunción”, “Capitán Brizuela” y el “Ciudad de Corrientes” además del varios cargueros de gran capacidad como el “Madrid“ y otros. Fue todo un triunfo del prestigio de la manualidad de los trabajadores uruguayos, construyendo barcos de pasajeros y de carga y el genio fue este inmigrante europeo-argentino Mihanovich que descubrió nuestra artesanía. Es que la artesanía naval uruguaya era bien acreditada por su calidad y creemos que M. y D.F habia introducido importantes avances técnicos en el arte de la soldadura con total profesionalismo.



NOVEDAD. Pero las sorpresas no se detendrían en aquellas barcazas sino que vendrían tres o cuatro años más tarde, por el 1947. Y es que lo destacable y novedoso fue que se construyeran en serie, utilizando soldadura eléctrica, seis buques de 1.000 toneladas con el destaque técnico genial que eran los únicos buques -por esta región- provistos de grúas mecánicas para la carga y descaga de las mercaderías. El diseño de estos barcos de cabotaje, fue realizado por la firma estadounidense Cox y Stevens, adaptadas por el Ing. José Bozzano, con la aprobación de la mas alta calificación del “Lloyd’s Register of Shipping”. Este Ing. Bozzano fue un genio paraguayo que se radicó en el Uruguay. Todas ellas fueron botadas entre el 4 de octubre de 1947 y los primeros meses de 1949. Las tres primeras: “Presidente Berreta”, “Cruz del Sur” y “Boyero” fueron lanzadas al agua totalmente equipadas, en tanto que de las restantes solo se entregaron los cascos. Otra de las embarcaciones construidas en dicho astillero por ese tiempo fue la denominada auto-balsa “General Artigas” que cruzaba el Río Negro en la ciudad de Mercedes. Esta era la única auto-propulsada y fue diseñada especialmente por encargo de la Dirección de Hidrografía del Ministerio de Obras Públicas.



ANP. Pero en este escenario uruguayo de cientos de constructores navales y decenas de astilleros distribuidos por el río Uruguay y la costa Atlántica del Este, el Varadero de la ANP mostró también un tiempo de vanguardia muy dinámico y de iniciativas y en esta retrospectiva nos sorprende casi en su etapa final, casi los años 50 una serie de construcciones de grandes lanchas de puerto, a una de cuyas botaduras asistimos. Pasados los años 50 nos sorprende con la construcción de dos hermosas naves: en 1956 el barco “Soriano” con una eslora 40.50, manga 8.88 metros casco de hierro y su gemelo el “Benito Borrazas”, dos hermosas y grandes naves de Alto Cabotaje.



EL PASADO. La artesanía naval en el Uruguay aunque se remonta a la Colonia, tiene más de 150 años de antigüedad de desempeño formal con astilleros instalados, según los registros, en todos los puertos y lugares playos del litoral del río Uruguay comenzando desde Salto y en la costa del Este. Este escenario industrial exitoso e inteligente fue pura iniciativa privada de audaces artesanos y confiados profesionales que tuvieron visión y asumieron desafíos a puro riesgo. Eso fue asi hace 150 años y desde entonces españoles, italianos, croatas, alemanes, y de otros países de centro de Europa surgieron ejemplares artesanos que construyeron simples embarcaciones a importantes naves como los remolcadores “Diego Capella y Pons”, el “Antonio D. Lussich”, Viviendas Flotantes, etc. Los artesanos navales y los constructores y astilleros los tuvimos tambien en Montevideo formales y por decenas instalados por el Cerro, por el Pantanoso, el Buceo, en el Varadero de Miller, en el Varadero de la ANP como dijimos que estaba a los fondos de la calle Sarandi e Ing. Monterverde. Y como artesanos navales que solo necesitaban un espacio libre próximo al mar, los tuvimos por centenares desde 1860 que construyeron lanchas, chatas, pesqueros y naves de paseo, viviendas flotantes, ganguiles, etc. Tenemos una lista de casi 500 barcos bien identificados aunque más o menos un tercio se ignora quién y cuándo se construyó y muchos de ellos los tuvimos hasta los años 1993, como el “Dorlindana”. Este material y muchísimo más, que lo tenemos desde hace 50 años, lo seguiremos ofreciendo a nuestros lectores en próximas notas. Todavía nos falta referirmos a Paysandú, Salto, Fray Bentos, etc. 

Uruguay fue exitoso construyendo barcos



Decíamos en nuestra nota anterior que Uruguay tenía una prestigiosa y larga tradición en las artesanías navieras, o sea en la construcción naval. Y para que se sepa porque así lo consigna la historia, después de Asunción el Uruguay fue el segundo asentamiento técnico naviero en Sudamérica.
Lancha construida en varadero ANP en 1949. Foto: Archivo El País
lun mar 13 2017 03:57
Todos los astilleros que existieron sobre el río Uruguay son un ejemplo de su capacidad técnica, e incluso tuvimos astilleros en Salto, Paysandú y Fray Bentos que fueron muy importantes. Los destacables los tuvimos en Carmelo, que fueron de Mihanovich como el de Salto y Paysandú. Fue por su iniciativa y la de otros que en Uruguay se construyó de todo, hasta barcos de pasajeros que pertenecen a la historia naviera del Río de la Plata. Construimos barcos de pasajeros, cargueros, remolcadores, pesqueros, chatas, lanchas carboneras, etc. El nuestro era un país de artesanos navales bien reconocido en el Río de la Plata e incluso en Sudamérica. Más aún, gran parte del cabotaje nacional fue construido en los astilleros sobre el río Uruguay, y dicen que esta artesanía comenzó con los ferrocarriles ingleses que debieron preparar a su personal en soldadura, calderas, talleres industriales, tornería, etc. Y si bien es cierto que este podría ser un ingrediente más, nosotros creemos que la manualidad de las artesanías navales vino con los españoles que nos enseñaron a construir y reparar navíos y atender las necesidades de los barcos.

Siempre sostenemos que desde antes y después de la independencia, Uruguay fue un país diferente al resto de América Latina. Primero tuvimos los más avanzados saladeros, por ejemplo en Salto se sacrificaban 100 animales por año para preparar tasajo para exportación. Hasta aquí llegaban miles de embarcaciones a levantar las producciones, por lo que se instaló una gran industria naval en la que hasta Mihanovich puso su astillero e intereses. En 1864 se instaló el Frigorífico Liebigs y casi a continuación el Ferrocarril Midland del Uruguay construye una línea férrea entre Algorta y Fray Bentos de 140 kilómetros de extensión. En 1874 se construyó el dique seco de Cibils (hoy de la Armada); en 1875 comenzaron los ferrocarriles. En 1870 se construye el dique seco Mauá sobre la rambla y Florida; en 1901 se comenzó a construir el puerto de Montevideo; en 1906 se instala la compañía de tranvías eléctricos La Comercial; en 1908 “La Frigorífica Nacional”; luego vino el “Anglo” en Fray Bentos que sucedió al Liebigs, y años después se instalaron en Montevideo los frigoríficos Armour, Swift, entre otros.

Uruguay.

Vean Uds. lo que era el Uruguay en 1874, un país de inmigrantes europeos constituidos por mecánicos, técnicos, consustanciados con la metalurgia, marinos, y afectos a las artes manuales. En 1874 ya estaba la Escuela de Artes y Oficios, detrás de la actual Universidad, en donde se construyó la famosa cañonera “Rivera” en 1884 que se llevó a través de 18 de Julio hasta su botadura en el puerto. Teníamos la Universidad, periódicos, el cabotaje nacional tenía 1.160 naves con 74 mil toneladas, y en 1881 habían llegado al puerto de Paysandú 1.300 naves, 400 de las cuales eran propulsadas a vapor, aunque el primer barco a vapor llegó a Montevideo en 1824.

Buenos barcos.

Días pasados recordábamos un barco que en su momento nos entusiasmó, y mucho, que fue el “Daymán II” y su barca auxiliar el “Queguay”, que por muchos años capitaneó Juan Olt. El “Daymán” de la Cía. Uruguaya de Navegación y Transportes Aéreos había sido construido en Carmelo por los años 60, era muy elegante para unas dos mil toneladas; pocos años más tarde se alargó 12 metros. Tenía a bordo 19 tripulantes, y para mantener el motor que era un poquito más grande que uno de camión actual, necesitaba a siete tripulantes, “parecíamos un barco de pasajeros”, nos dijo un día su patrón Juan Olt. Navegó hasta los años 80’, pero se fondeó un día y se fue hundiendo de a poco frente al muelle 10 del puerto. Fuimos testigos por los años 90’ de su reflotamiento pero marchó a desgüace. Con este barco iban a puertos del Paraguay y Argentina.

Otro barquito hermoso, elegante para el trafico fluvial, fue el “Soriano”, construido en Carmelo. Años más tarde lo compró el Molino Dolores y lo rebautizó con el nombre de “San Salvador”, río por el que navegaba con dos grandes chatas llamadas “Dolores” y “Treinta y Tres” que iban a buscar trigo a la Argentina. Pienso que todavia deben estar por el puerto de Dolores.

Kambara.

Creemos que las últimas construcciones que se hicieron en Uruguay tuvieron lugar en el astillero Kambara establecido más o menos en Pajas Blancas. En este astillero al que visitamos en varias oportunidades, se construyeron cuatro grandes embarcaciones para Paraguay, un nave tanque para el transporte de aceite de tung, y varias otras embarcaciones. Pero fundamentalmente se construyó el barco de pasajeros de López Mena, el “Eladia Isabel”, por el año 1983.

Reflexiones.

Despues de haber tenido tantos y tan valiosos centros industriales metalúrgicos, generadores de riqueza y creadores de millares de puestos de trabajo por más de un siglo, en una actividad que abarcaba 130 artes y oficios, uno se pregunta ¿por qué fue que perdimos ese filón? ¿Quién nos derrotó en esa batalla donde habíamos alcanzado excelentes horizontes técnicos y económicos? Perdimos los ferrocarriles, perdimos los tranvías ecológicos, perdimos los troleys Cooptrol, perdimos las industrias textiles, se fue Ildu, se fue Suitex, cerró Sudamtex, Campomar, Soulas, Fibratex. Perdimos aquellas magníficas frazadas Aurora de Martínez Reina y no fue por la competencia de los chinos; los frigoríficos extranjeros se fueron, se fue el astillero Kambara, perdimos la batalla de la pesca, tuvimos el monopolio de Funsa durante 40 años y no fuimos capaces de producir neumáticos de calidad internacional, acabamos de perder Fanapel, pero la lista es muy larga. ¿Qué nos pasa?

Sus destinos.

El barco de cabotaje “Tomás Berreta” realizó viajes por el Uruguay, principalmente por el litoral, pero años más tarde fue adquirido por una empresa paraguaya cuyo propietario, Roberto Toñanez, lo rebautizó con el nombre de “Virgen de la Aurora”, después de convertirlo en nave para 53 contenedores. El 29 de marzo de 1994 se hundió en el puerto de Buenos Aires en el momento en que estaba transbordando contenedores a otra nave. El barco paraguayo dio una vuelta de campana y se hundió en minutos, perdiendo la vida su capitán, don Adolfo Gaona de 63 años, y desapareciendo un hombre de la sala de máquinas. Fue reflotado por una empresa de salvamento argentina y posiblemente haya continuado en la actividad fluvial. El otro barco gemelo, el “Cruz del Sur”, naufragó en 1970 en la isla de Hornos frente a la costa de la ciudad de Colonia. “El Boyero” lo adquirió el Frigorífico Gualeguaychú, después fue vendido y convertido en barco pedregullero y luego pasa a arenero. El quinto y sexto de estos barcos fueron botados con los nombres “Leonardo da Vinci” y “Francisco Troise” que también pertenecieron al Frigorífico Gualeguaychú.