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5 ago. 2014

Punta del este, los primeros turistas


FUENTE:EL PAIS


De sombrero, corbata o miriñaque, claro, ¿de qué otra manera decente se podía ir a la playa?
Otra entrañable reconstrucción de época que nos manda el amigo Alberto Moroy.
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Los primeros veraneantes de Punta del Este fueron los vecinos de Maldonado, San Carlos, y también los de Minas. Luego vinieron los montevideanos y los porteños.
Hoy recorreremos con el cronista de la época (Caras Caretas febrero de 1907), la visita de los primeros turistas que llegaron el 2 de febrero, en el vapor “Golondrina”. Fueron recibidos en el muelle de Punta del Este por una Banda de Música y numeroso público.
 La excursión 
En febrero de 1907 los accionistas de la sociedad Balneario Punta del Este, decidieron realizar un viaje a Punta del Este y así lo consignó el diario de Buenos Aires “Tribuna”: Con el objeto de hacer conocer las maravillas que encierran aquella parte de la costa de la República Oriental, reputada como una de las más hermosas y saludables, el Directorio de la Sociedad Anónima Balneario Punta del Este, prepara una excursión la que se llevará a cabo el viernes 1° de febrero a bordo del vapor “Golondrina” y a la que concurrirán todos los accionistas. Además de la playa, será visitado el gran parque de Lussich considerado el mejor de Sud América y se llegará hasta Maldonado para estar de regreso en Buenos Aires el lunes próximo. Dado el entusiasmo que hay por Punta del Este, es fácil imaginar una numerosa concurrencia al paseo…
 Los comentarios
 -¡Ideal!– Es el calificativo que aplicaron a Punta del Este los caballeros excursionistas que en los primeros días del mes actual visitaron aquel hermoso paraje de la costa atlántica uruguaya. Era una comitiva compuesta la mayor parte por hombres de negocios de esos de vista clara y fino olfato. Travesía feliz hasta Montevideo y de allí la excusión marítima tranquila, sin balanceos bruscos, a lo largo de esa pintoresca costa de Maldonado que se destaca en la continuidad de serranías.
Los viajeros
El vapor “Golondrina”
 El vapor “Viena”, había sido construido el Glasgow en 1893, con un tonelaje bruto de 590 y una velocidad de crucero de 13 nudos. (26 km.) Lo compro la empresa Piaggio como Golondrina II, destinado a la línea Bs.As. – Montevideo.
Cinco horas de marcha que con mejor andar pueden reducirse a la mitad y se doblaba la punta de la ballena, en la que el lobo de mar, Lussich ha asentado su pintoresco solar esteño. Al frente se distinguía en todos los detalles la punta del Este, objetivo del viaje. Desde la toldilla del “Golondrina” se dominaba el paisaje en todo su conjunto, empinado y verdegueante (serpenteado de verde) en el centro, salpicado de alegre caserío, descendiendo unas lindas partes hacia la playa de arena fina y bravíos en la parte que mira al océano (Brava).
La quinta de Antonio D. Lussich 1898 / Así se veía la población 1907
Bahía con la aduana al fondo/ Excursionistas saliendo de la misma
 Ubicación
 Aduana  34 57 52 S 54 57 04 W
Quinta de Lussich  34 54 55 S 55 02 48 W
 Hace bien pocos meses, en aquel paraje, además del edificio de aduana y de su magnífico faro, apenas había un rustico rancherío El soplo del progreso llego allí y en muy poco tiempo alegres casitas  y preciosos chalés que se levantaran en aquel lindo rincón de las playas orientales. Fue un descubrimiento feliz porque ningún otro puede superarlo como ubicación ideal para un gran balneario. Testigos entre otros muchos nuestro compatriota el señor Julio Victorica, que instalado en un lindísimo chalet, ha recuperado allí su salud comprometida.
Faro/ Cabalgata a Maldonado (febrero 1907)
 Ubicación
Faro 34 58 07 S 54 57 06 W
A poco más de cien metros se levantará el gran hotel que bajo la dirección del reputado arquitecto Medhurst Thomas va a empezar a construir la “sociedad Balneario de Punta del Este” que posee allí  200.000 varas de terreno (285.645 m/cuadrados) dividido en solares de 1.000 varas cuadradas, ha construido lindísimos chalés. Acertadísima empresa ésta, que desde ya puede descontar un éxito brillante. Solo falta un corto trozo de rieles y el ferrocarril llevará a los veraneantes que prefieran la vía terrestre directamente desde Colonia hasta Punta del Este, joya recién descubierta que es codiciada con afán. Se disputan por telégrafo las habitaciones del hotel local, y en cada chalet se alojan miembros de varias familias distinguidas de Buenos Aires y Montevideo.
Hotel Biarritz
Ubicación 34 57 52 S  54 56 40 W
Hotel Biarritz el que se refería el cronista (inaugurado un año más tarde1907-1908)
 Hotel Biarritz y más fotos de Punta del este
 Según el periódico Vida Nueva (B.A), en enero de 1906 el balneario tenía una población de 492 habitantes, 111 casas construidas, unas 20 casas en construcción y unas 300 por construirse. Precisamente, el crecimiento edilicio y poblacional que registraba Punta del Este llevó a que se lo declarara Pueblo. El Proyecto de ley -impulsado por los diputados Juan de Dios Devincenzi, Julio María Sosa y Dr. Martín Suárez- se promulgó por el Dr. Claudio Williman el 5 de julio de 1907, y llevó el número 3.186.
El Directorio de la sociedad estaba constituido por varios inversores argentinos (PTE. Dr. Félix Egusquiza hijo, paraguayo), siendo él, el Presidente de esa Corporación
 Sociedad Anónima Balneario Punta del Este
Fue constituida en la Ciudad de Buenos Aires, el 21 de diciembre de 1906, es decir, seis meses antes de la ley que crea el Pueblo de Punta del Este por la asam­blea del Senado y Cámara de Representantes de Montevideo.
Meses después de dictada la ley de creación del Pueblo de Punta del Este (1907), uno de sus pioneros, Ramón Leiguarda, avizorando que aquella villa tendría un gran porvenir, por nota dirigida a la Junta Económica Administrativa -entonces presidida por don Juan Gorlero-, el 10 de enero de 1908 ofreció comprar “una fracción de terreno ubicada al nordeste de la costa del puerto, completamente cubierta de médanos de arena.” Continúa…
Punta del Este se agranda

DE VALENCIA CON AMOR


“Es lindo saber el valencià”



El sociólogo Víctor Agulló relata la vida de los emigrantes valencianos a Uruguay en los años 50.



Uruguay se proclama campeón del mundo de fútbol en Maracaná, en 1950, y el país alcanza el índice más alto del Producto Interior Bruto (PIB) per cápita de América Latina. El mito de la Suiza americana cala en los emigrantes españoles tras la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Decenas de valencianos emprenden la travesía de varias semanas en barco en busca de un futuro económico y una estabilidad política. “Vinimos a Uruguay en 1959, en barco, 14 días en un barco que se llamaba San Roque y era pequeño…”, relata Teresa Roig, originaria de Xàtiva, y una de los 15 emigrantes entrevistados por el sociólogo Víctor Agulló para el libro Los Valencianos en Uruguay que se presenta hoy.
Uruguay es el país de América Latina con el mayor porcentaje de valencianos en relación con el número de habitantes del país, seguido por Argentina, Venezuela y Cuba, según un estudio del demógrafo Gregorio González. Un total de 879 en un país de 3.372.000, es decir, 260 valencianos por cada millón. Valencia y Montevideo se sienten atraídas por la similitud climática, la cercanía del agua, una orografía plana y una densidad de población pareja.
Los 15 testimonios consultados continúan hablando valenciano con castellanismos y deje del Río de la Plata, veneran a la Mare de Déu y a las Fallas, y se juntan para ver la serie L’Alqueria Blanca y los partidos del Villarreal, el Valencia o el Levante. Sesenta años antes, llegaron a puerto de Montevideo “con una mano delante y otra detrás”, según cuenta Agulló. “Lo vendían todo: la casa, las tierras, los animales para pagarse el pasaje del barco”.
La travesía era una aventura peligrosa. Amparo Puertes cuenta cómo el barco se quedó varado en un banco de arena en medio del océano. “Había unas olas grandísimas y nos mojamos todos, porque queríamos ver si había gente, pero el capitán nos mandaba hacia abajo”. Hasta que llegó otra nave y, tirando del ancla, los sacó del banco de arena. No fue el único capítulo desagradable para esta mujer, entonces una niña. Así relata un entierro en el mar: “Un día un señor se puso malito y se murió. Lo pusieron en una gran mesa, lo enrollaron con sábanas blancas y lo subieron arriba con una grúa y después así, así, así, lo tiraron. Mi madre me decía: ‘No mires, no son cosas de una niña”. “Cuanto más al fondo del barco estabas”, añade Victoria Barceló, “menos categoría social tenías. Éramos los desarraigados, los pobres”.
Desde 1870 hasta 1970, el barco es el principal medio de transporte para arribar a las costas uruguayas procedente de Europa. El emigrante valenciano Francisco Planelles escribió un libro, El Regreso, contando su experiencia: “Al cruzar el Ecuador se producía el cruce entre los dos buques que mensualmente hacían la travesía. El Cabo de Buena Esperanza y el Cabo de Hornos. Ese momento era muy emotivo para aquellos que dirigían sus pasos hacia América del Sur por primera vez y para aquellos que regresaban a casa”.

El futbolista Cano, de Monteolivete, fue nombrado ‘paellero major’ por el Centre

En Uruguay hay 260 valencianos por cada millón de habitantes.

Los últimos barcos con emigrantes valencianos arribaron a principios de los sesenta. Coincide con un regreso masivo de quienes acuden a la llamada de mano de obra especializada por parte de Europa.
En la primera oleada de emigrantes valencianos, en los años veinte, casi todos eran jornaleros del campo. En los cincuenta, sin embargo, predominan las actividades industriales, comerciales y liberales. La agricultura ha desaparecido. Abundan los empleados de la industria de la madera: la ebanistería, la tapicería y la artesanía. También la repostería: la confitería Santa Ana, cuyos dueños son originarios de Xixona, es muy conocida en Montevideo. Desde principios de los sesenta, la emigración fue prácticamente nula.
Sobre la actividad cultural valenciana en Uruguay deja constancia Terra Valenciana, un boletín de calidad editado por el Centre Regional Valencià de Montevideo y perteneciente al sector progresista de la emigración.
Manuel Sanchis Guarner escribe artículos lingüísticos; Joan Fuster colabora en reportajes sobre el Tirant lo Blanc y dos biografías sobre Ausiàs March y Joan Rois de Corella. También hay un amplio tratamiento al pensamiento del humanista Lluís Vives y su defensa de los pobres; la música de Chapí y Esplá, La Dama de Elche, Joaquín Sorolla… Las Fallas están presentes en todos los números. La plantà de una falla en Montevideo obró como un bálsamo en todos los valencianos. Un 10% está en valenciano. Hay documentados al menos ocho números editados entre 1954 y 1957. Impreso en blanco y negro, una viñeta en la parte superior de la portada identifica la publicación. A la izquierda, el escudo de Valencia con el murciélago, a continuación dos barracas y una palmera, el nombre de la cabecera y el dibujo de la torre de El Micalet.
Víctor Agulló consigue recuperar tres números completos editados entre junio de 1955 y diciembre de 1956, así como varias páginas del 27 de diciembre de 1957 con una extensa referencia a la riada de Valencia ese año. Entre los exiliados políticos destacan Francisco Ferrándiz, José Estruch, Juan Borrás, Benito Milá y Gregorio Muñoz.
15 inmigrantes que llegaron hace 60 años a Montevideo relatan su vida.

El habla de los valencianos en Uruguay conserva el léxico y los rasgos lingüísticos de antes de la partida, empobrecido por la convergencia con el castellano a lo largo del tiempo. “Vaig vindre amb 15 anys. El meu vocabulari s’acabà perquè amb el pas del anys no tenia llibres ni amb qui parlar”, explica Teresa Roig. Entre los miembros de la segunda generación, el valenciano casi desaparece en parte porque, en las escuelas, sus padres habían recibido las burlas de los compañeros por hablarlo. La tercera generación se acerca con timidez a la lengua de los abuelos. “Es lindo saber valencià”.
Los inmigrantes valencianos en Uruguay han conservado una profunda fe en la Mare de Déu, sobre todo entre las mujeres. Otras celebraciones religiosas conservadas son el día de San Josep (19 de marzo) y la Virgen del Carmen (15 de agosto).
Las actividades del Centre giran en torno a la paella, la mona de Pascua, l’arròs caldós, les xocolataes o los juegos de mesa. Desde 1993, la Asociación de la Comunidad Valenciana en Uruguay, a través de su boletín El Micalet, da cuenta de su actividad socializadora.
Con una escasa densidad de población, 19 habitantes por kilómetro cuadrado frente a los más de 92 de España, Uruguay es el segundo país más pequeño de América Latina, encajonado entre Argentina y Brasil. Con una tasa de desempleo (6,20%), es un país eminentemente agrario que ama el deporte. El fútbol, cómo no, también ha tendido puentes.
Luis Fenollosa, que era del Cabanyal y del Levante y Enrique Cano, exportero del Valencia, formaron en 1957 junto a Asensio, otro exfutbolista, un equipo que salió campeón de un torneo entre las comunidades españolas. Cano nació en el barrio de Monteolivete en 1907. Debutó en Mestalla a los 17 años y estuvo 11 temporadas. Simultaneó el fútbol con su oficio de tapicero, también desde su marcha a Montevideo en 1952. Fue un excelente cocinero, nombrado paellero major por sus compañeros del Centre. Falleció en 1958.

En el otro sentido, el uruguayo Héctor Núñez jugó 181 partidos en el Valencia a principios de los sesenta, montó un restaurante con el capitán valencianista Roberto Gil y estuvo siempre muy vinculado a la ciudad. El delantero Fernando Morena marcó 24 goles en 40 partidos en 1981; otro atacante, Wilmar Cabrera, jugó en el Valencia entre 1983 y 1986; y Miguel Ángel Bossio, un mediocentro de brega, participó del retorno del Valencia a la Primera Disivión y ahora trabaja en la secretaría técnica del club de Mestalla… Como caso exótico, Joaquín Marzano Felisatti, es un pelotari uruguayo afincado en Xàbia.
El primer exiliado valenciano de renombre instalado en Montevideo fue el escritor Rafael Minvielle, nacido en Xàtiva en 1800, exiliado por sus ideas progresistas. En la Guerra Civil participaron 65 brigadistas procedentes de Uruguay. Esa guerra truncó la actividad de la casa de Valencia en Uruguay.
Unos años antes hubo muchas repatriaciones como consecuencia de la crisis económica que vivió América tras el crack de 1929. Las líneas marítimas regulares se restablecieron en los cuarenta. En los cincuenta, Uruguay se convirtió en El Dorado para muchos valencianos que buscaron una nueva vida y que ahora, sesenta años después, recuerdan con este libro sus señas de identidad.