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13 dic. 2014

75 AÑOS DE LA BATALLA DEL RÍO DE LA PLATA


"Nunca vi a mi padre como un héroe"


"Me bastó que mi padre fuera un buen hombre. Nunca lo vi como un héroe", dijo ayer Inge Nedden al llegar a Montevideo. La hija del capitán del acorazado Graf Spee, Hans Langsdorff, participó en un tributo que se rindió a los marinos fallecidos.
"Mi madre me entregó la carta de despedida que escribió antes de su muerte", afirma.
EDUARDO BARRENECHEsáb dic 13 2014
Inge Nedden, de 77 años, arribó en la mañana de ayer al Puerto de Montevideo, procedente de Buenos Aires, para participar en losactos recordatorios del 75° aniversario de la Batalla del Río de la Plata, ocurrida el 13 de diciembre de 1939. Junto a una delegación integrada por alemanes, Nedden concurrió de tarde al Cementerio del Norte donde un pastor protestante recitó una oración para los 32 marineros del Graf Spee enterrados en parcelas señaladas con cruces.
El cálido y soleado día, y el césped bien cortado de las tumbas en la tierra generó emoción en el grupo de europeos y alemanes que rezaron por unos minutos frente a un monolito de piedra dedicado en memoria de los caídos del Graf Spee.
Por la tarde, Nedden concurrió a una charla histórica sobre la Batalla del Río de la Plata realizada en el Museo Naval por Daniel Acosta y Lara y Federico Leicht, que hoy presentarán la 3a. edición, corregida y ampliada, del libro "Graf Spee, de Wilhelmshaven al Río de la Plata", escrita por Daniel Acosta y Lara y Federico Leicht (Ver nota aparte).
Nedden, la única de los tres hijos de Langsdorff que aún vive, tenía dos años y medio cuando se suicidó su padre de un disparo en la cabeza en el Hotel Naval de Buenos Aires.
Langsdorff no se envolvió en una bandera nazi o en la imperial, como muchos historiadores suelen afirmar. Tomó la bandera de la Kriegsmarine antes de apretar el gatillo de una pistola Mauser, calibre 7.65. En uno de sus bolsillos tenía una carta para su familia escrita días antes en Montevideo. También dejó una carta para sus padres y otra para las autoridades alemanas.
Al fallecer su padre, Inge Nedden era muy chica. En los años posteriores, su madre con la ayuda de otros familiares directos y amigos de Langsdorff, la ayudaron a reconstruir fragmentos de la vida y los valores del capitán.
 
Uno de sus tíos le habló de los años de escolar y la adolescencia de su padre. Luego, tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, un oficial de la Marina alemana le contó otras historias protagonizadas por su padre.
El siguiente es un resumen del diálogo que mantuvo con El País, ayer en el Hotel Ibis de Montevideo.
— ¿Considera que su padre salvó vidas al evitar un enfrentamiento con la flota británica?
—Tomé conciencia del valor del hecho cuando, en 1954, con 17 años de edad, fui invitada a Buenos Aires con mi madre. Al aterrizar el avión, en la pista estaban formados los tripulantes del barco que, en ese momento tenían 35 años. No estaban solo ellos, sino también sus esposas e hijos.
— ¿Tiene la imagen de que su padre fue un héroe?
—No fue mi prioridad pensar si fue o no un héroe. Nunca lo vi como un héroe. Nadie en mi familia habló de heroicidad. Me alcanza con saber que fue un buen hombre.
—¿Cómo construyó la imagen de su padre cuando fue mayor?
—Escuché anécdotas de mi madre, tíos y camaradas de mi padre. Me relataron episodios de su infancia y adolescencia. También me hablaron de su vida como marino.
— Su padre era considerado un "Caballero de los Mares", porque trataba de salvar la vida de los marineros enemigos.
—Mis abuelos eran empleados públicos. Eran pobres, simples y muy austeros. También eran muy ahorrativos. Hay que acordarse de que recién había pasado la Primera Guerra Mundial. Mi madre siempre dijo que yo había heredado las características personales de mi padre. Cuando llegaba a un grupo donde no conocía a nadie, se sentaba, escuchaba, veía las reacciones de las personas y pasaba el tiempo antes de empezar a hablar. Cuando se sentía en confianza, hablaba. Yo soy exactamente igual.
—Me gustaría saber la mirada que usted tiene sobre la Batalla del Río de la Plata, después de la cual su padre se suicidó.
— Es una pregunta difícil. No la puedo contestar. Sí puedo decir que, siendo mayor de edad, mi madre me entregó la carta de despedida que mi padre le envió. Leyéndola, entendí que mi padre, antes de morir, había quedado en paz con Dios y con su conciencia. Entendí que no tener la relación de mi padre, o que él no estuviera, estaba vinculado con el sentido de honor que tenía como soldado. Necesariamente tenía que aceptar que mi padre hubiera elegido ese camino. Un dato que se desconoce es que la carta que recibió mi madre fue escrita en Montevideo el 17 de diciembre de 1939, el día antes de la voladura del barco.
—Cuando viajó a Buenos Aires, ¿ya tenía la decisión tomada de quitarse la vida?
—Sí.

Dos libros sobre el Graf Spee



1) DE wILhELmSHAVEN al Río de la Plata

2) Tres hombres y una batalla


Un buque con armas modernas


El acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee protagonizó junto a los cruceros británicos Exeter y Ajax, y el neozelandés Achilles, la Batalla del Río de la Plata, uno de los primeros enfrentamientos navales de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), que tuvo lugar frente a la costa uruguaya el 13 de diciembre de 1939. Su capitán, Hans Langsdorff, decidió abandonar el combate y dirigirse a Montevideo para reparar el buque. Tras el desembarco de sus tripulantes y pasar el límite internacional de tres millas, echó anclas e hizo estallar el barco con explosivos, el 18 de diciembre, para evitar que el barco fuera apoderado por la Marina británcia. Los ingleses habían hecho creer a Langsdorff que, detrás del horizonte, lo esperaba una flota. Además, el capitán se vio envuelto en una batalla diplomática que le impidió realizar las reparaciones que su buque necesitaba después de enfrentarse con los ingleses en aguas del Atlántico.
Inge Nedden, hija del comandante del Graf Spee, Hans Langsdorff, presentará hoy la tercera edición, actualizada y ampliada, del libro de Daniel Acosta y Lara y Federico Leicht, en la sede de la Embajada Alemana. El libro, publicado por Ediciones de la Plaza, cuenta con fotografías, mapas y mucha información sobre el acorazado de bolsillo alemán. La cronología de la batalla, los entretelones de la lucha diplomática, las noticias en la prensa y la faceta social que rodeó al histórico episodio están detalladas con maestría por los autores.
El nuevo libro del escritor y periodista Diego Fischer narra hechos desconocidos que rodearon al Graf Spee, a través de la mirada de tres protagonistas: el embajador de Inglaterra de la época Millington Drake, el ingeniero Alberto Voulminot Bonomi, quien se enfrentó al capitán Hans Langsdorff y se negó a reparar el buque alemán, y Wilhelm Spielmann, un judío austríaco al que Millington Drake logró salvar con su familia de una muerte segura en el campo de exterminio de Auschwitz.El libro es también una historia de solidaridad en la época más oscura del Siglo XX.
REPRODUCIDO DE :http://www.elpais.com.uy

Las batallas de Coronel y de Islas Malvinas 1914

Ingleses y alemanes conmemoraron hace pocos días, los cien años de la batalla de las Malvinas. Tuvo lugar el 8 de diciembre de 1914 y un siglo después, los descendientes de quienes se mataban, se consolaban y compartían recuerdos.
Familiares de las víctimas y de los protagonistas, de ambas nacionalidades, se reunieron junto a los dos monumentos que recuerdan ese impresionante episodio de la Primera Guerra Mundial. El primer monumento despertó algunas críticas, el segundo se inauguró ese día y lo curioso no es eso, sino el hecho de que tantos jovenes marinos de ambos bandos terminaron en el fondo del mar empujados por odios que hoy son amores.
Nuestro vigilante corresponsal Alberto Moroy estaba atento y nos envió el artículo que publicamos a continuación, donde los lectores encontrarán la descripción detallada de esa batalla naval y de otra que también tuvo por escenario el Atlántico Sur. 
Por Alberto Moroy
Los uruguayos que conocían bien esta historia ya no estan. Pasaron cien años de estas dos batallas de la primera  guerra mundial en el  Pacifico y Atlántico Sur, donde se enfrentaron Alemania e Inglaterra.  La formación alemana estaba a cargo del conde Maximilian Johannes Maria Hubert von Spee. En 1934, Hitler nombró un acorazado de bolsillo, Graf Spee, en su memoria.
La inglesa del  Comandante en Jefe de la estación del Atlántico sur Frederick Charles Doveton Sturde. Lo que sigue es una reseña de los hechos,  mas abajo podrán ver algunas fotos de época cuando la flota inglesa recaló en Montevideo en diciembre de 1914. Al final un documental  realizado en 1927, dividido en cuatro capítulos  ¡Muy interesante!
Al comenzar la Gran Guerra el 28 de julio de 1914 (posteriormente denominada Primera Guerra Mundial), las potencias involucradas de inmediato movilizaron a sus fuerzas para la acción.  El almirantazgo británico dispuso de recursos para bloquear a las naves alemanas, lo que logró en el Mar del Norte y también en el Mar Mediterráneo. Sin embargo, la situación fue distinta con la flota alemana apostada en el Este Asiático, de la cual se tenían noticias que indicaban que había abandonado su base y navegaba hacia las costas de América del Sur. Si las naves alemanas no eran neutralizadas, se ponía en riesgo no sólo la navegación en el Pacífico Sur, sino que la amenaza se proyectaba también sobre la Base Naval de las Malvinas (Falklands) y, si ella caía, quedaría también  desprotegida la estratégica zona del Atlántico Sur.
La guerra andaba cerca… (Hemeroteca del ABC de Madrid 28/11/1914) 
El almirantazgo ingles a recibido in telegrama de Montevideo  anunciando que el paquebote  ingles Correntina fue capturado por el crucero auxiliar alemán KRONPRIZ WILHEM  a 270 millas al este de la isla de Lobos, el 7 de octubre de 1914 y lo a echado a pique el 14, despues del trasbordo de los pasajeros, de la tripulación, de una parte del cargamento y todo el carbón (El combustible de la epoca) del paquebote. Los pasajeros y tripulación han sido desembarcados en Montevideo por el vapor del Lloyd de  Alemania del Norte “Sierra de Córdoba” el 22 de noviembre.
La formación alemana  en el Pacifico (Chile) 
La formación alemana completa estaba conformada por dos Cruceros pesados (S.M.S. Scharnhorst y S.M.S. Gneisenau) y tres cruceros livianos (S.M.S. Leipzig, S.M.S. Nüremberg y S.M.S. Dresden). Se trataba de naves modernas, fuertemente armadas y con capacidad para navegar y maniobrar con facilidad en cualquier condición de mar.
La escuadra britanica
La Cuarta Escuadra de Cruceros británica estaba compuesta por dos cruceros acorazados (HMS Good Hope y HMS Monmouth), un crucero liviano (HMS Glasgow) y un lento mercante convertido a navío de guerra (HMS Otranto). Posteriormente se les unió un viejo crucero a punto de ser dado de baja (HMS Canopus).
Crucero acorazado Scharnhorst   Von Spee   / HMS Good Hope Christopher Cradock
La batalla de Coronel 01 de noviembre 1914 La batalla de Coronel o batalla del día de Todos los Santos fue un combate naval de la Primera Guerra Mundial que se libró en aguas territoriales chilenas a la altura de la Bahía de Coronel (Chile),entre la flota del almirante alemán Maximilian Von Spee, compuesta por los cruceros acorazados Scharnhorst y Gneisenau los cruceros ligeros Leipzig, Nürnberg, Dresden y la flota británica compuesta por el Glasgow, el Crucero Monmouth, el paquebote convertido en crucero auxiliar Otranto y el Crucero Good Hope, al mando del almirante sir Christopher Cradock, en la que resultaron hundidos el Good Hope y el Monmouth el 1 de noviembre de 1914, muriendo el almirante Cradock en la batalla .¡Sin sobrevivientes en ambos navios!
Ubicacion Bahia Del Coronel / Flota alemana fondeada
Habla un testigo
Teníamos tres meses de mar. Desde que abandonamos las costas de la China veníamos ‘haciendo estricto servicio de vigilancia, navegando a luces apagada y explorando el Océano. Sabíamos que una flota inglesa nos aguardaba a en el Pacifico del Sur y que una escuadra japonesa nos perseguía de cerca… Después de visitar las islas Marshall, Tahití, el sábado 31 de octubre avistamos
tierra chilena, a la altura de Valparaíso. Ai día siguiente, al caer la tarde, divisamos dos buques ingleses que navegaban rumbo al norte,
hacia la bahía de Arauco, los que al advertir nuestra presencia en el horizonte viraron en redondo y pusieron proa al sur. Muy pronto se avistaron dos naves más, también Inglesas, que se unieron a las primeras, formando en «línea de fila» en el orden siguiente: “Good Hopo”, «M o n m o u t h», «Glasgow» y «Otranto».
Nuestra flota, que la componía el «Sclianhorst», «Gneisnau», «Dresde»y «Nurenberg», navegaba con rumbo S. O. El almirante inglés gobernó hacia tierra, como  si pretendiese tomar la costa, con lo que estrechó por momentos la distancia que nos separaba de los enemigos.
Todos íbamos en nuestros puestos de combate. Las máquinas
trabajaban desesperadamente. La mar, que nos tomaba de costado, barría las cubiertas de nuestras naves y de las enemigas. El fuerte viento del N. O. y una lluvia torrencial nos azotaba la cara…
Estábamos a 10.400 metros del «Good Hope» cuando se disparo la primera andanada. Eran las 0.32 p. m. minutos después, cuando la  distancia se había acortado a   7.000 metros, el «Good Hope» y el «Monmouth» contestaron con viveza nuestros fuegos;  sus tiros no nos hacían daño: el fuerte balanceo les impida fijar la puntería Entretanto nuestras granadas incendiaban el «Good Hope»,  y el «Glasgow» y el  «Otranto» abandonaban la línea de batalla, rumbo al oeste, perdiéndose muy pronto en el horizonte.
El «Good Hopo» viró a estribor, incendiándose, con el objeto de separarse
de nosotros. Quedaba frente a nuestros cañones sólo el «Monmouth», sobre cuyo casco se concentraron nuestros fuegos. El «Good Hopo» huía incendiado; una gran llamarada salió de entre sus chimeneas; luego una explosión, y   ¡nada!. No lo vimos más: se perdió en las brumas del anochecer. ¿Naufragó? No nos consta, pero creemos que sí.
El «Monmouth>, incendiado y muy averiado, disminuyó sus fuegos.
Después de una andanada del «Nuremberg», se dio vuelta y se hundió para siempre; el combate había terminado. Eran las 7.13). PM…. En esos momentos llovía torrencialmente. El sol se había ocultado tras el horizonte. La mar rompía furiosa contra nuestros costados y nos rodeaba de sombras, mientras que en la costa brillaban los destellos de las luces: eran los faros de la Isla Santa María y de la Punta Lavapie. Después… sólo nos quedaba constatar nuestras averías y nuestras bajas. Varios tiros nos alcanzaron, pero sin causarnos grandes daños. Muertos no hubo en los buques alemanes. Sólo tuvimos una decena de heridos leves.
Así habló aquel testigo ocular, alternando su ración «con grandes tragos de cerveza alemana, y de platos con «sandwiches» de caviar y de anchoas.
De pronto, después de encender su pipa, contemplando con sus ojos claros
las espirales de humo, nos dijo con un aire de profunda convicción;
«Mañana temprano zarparemos mar afuera. Nadie sabe donde iremos. Quizás
muy luego tengamos que morir, como murieron nuestros camaradas del
«Monmouth»… ¡No volveremos jamás a Alemania! (Almirante Von Spee)
Valparaíso. 8  noviembre de 1914 (Marino chileno, Mario de Arauco)
El Schamhorst durante la vista del barón von Echei (Ministro alemán) / Almirante von Spee
El Conde Maximilian Johannes Maria Hubert von Spee /  SMS Scharnhorst
Christopher Cradock ‘Buque insignia de Cradock Good Hope
Monolito conmemorativo en la plaza de la Ciudad de Coronel   
La batalla de las Malvinas 8 de diciembre de 1814
El plazo ha sido quizá más breve de lo que se imaginaba el valeroso almirante alemán; pues apenas trascurridos treinta y ocho días de su triunfo, una nueva y poderosa escuadra inglesa, al mando del almirante Sturdee, destrozó la suya, y él mismo encontró la muerte a bordo de su buque el acorazado Scamhors. Sin puertos de refugio, sin estaciones carboneras, la escuadra alemana tuvo que proveerse en alta mar, para esperar el inevitable ataque. En los primeros “días de noviembre zarpó de Inglaterra la escuadra del almirante Sturdee, cuya composición no se conoce, y se puso en busca de los buques alemanes. La lucha fué mortal; la escuadra del káiser fué casi totalmente destruida; Los buques alemanes fueron hundidos después de tenaz resistencia, y sus tripulaciones, con el almirante mismo, buscaron su tumba en las ondas vivando a Alemania.         
La escuadra alemana  
La escuadra alemana vencida cerca de las islas Malvinas se había formado con buques procedentes de. todos los extremos dé mundo. “El Gueiseman” y “el Scharnhorst”, habían partido de los mares de la China; “el Leipziff”, del Pacífico septentrional; “el  Dresden”, del mar de las Antillas; “el Nuremberg”, de los mares africanos. Junto todos, después de largos viajes durante los cuales hicieron todo el daño posible a sus enemigos, obtuvieron el triunfo del 1° de corriente; y durante varias semanas dominaron en los mares del sur, amenazando seriamente el comercio británico, que quedó poco menos que suspendido. Entre los muertos estaba el jefe de escuadrón, Vice Almirante Graf Spee, con sus dos hijos, a todos los comandantes y toda la tripulación del acorazado Scharnhors (860 muertos).
Estrecho Le Mare (Arg.)
Montevideo, diciembre de 1914
En las primeras horas del domingo 20, la silueta recia y negra del acorazado inglés «Invencible» empezó a insinuarse por la parte sur de! horizonte. Montevideo lo esperaba con el ansia que inspira lo grande y lo desconocido. Y apenas la formidable nave dejó caer sus anclas en las aguas del estuario, a tres cuartos de hora de la costa, un grupo de curiosos y uno que otro profesional del periodismo se dirigió hacia la imponente máquina de guerra para curiosear su estructura y las heridas hechas por el enemigo en el combate de Malvinas. ¿Causa de esta aparente indiferencia, contradictoria de la ansiedad antes citada?
Federico Sturdee Acorazado inglés «Invencible / Admirante
En la dársena de Montevideo
Asi lo vivió Caras y Caretas
En primer lugar lo amenazante del tiempo y, en segundo, los pocos halagos de un viaje largo y quizás infructuoso. En época de guerra todo el mundo es sospechoso para los beligerantes, y si se considera lógico que no se permita a cualquier particular aproximarse a una trinchera, más lógico es aún que los portalones de un buque de las escuadras en lucha se cierren herméticamente a todo individuo que no pertenezca a su tripulación. Fué de tarde, bajo un cielo tormentoso, con el mar un tanto picado, que el «Invencible» recibió nuestra visita. Para penetrar en la fortaleza flotante hubo que invocar el nombre del prestigioso periódico, que es llave segura siempre para vencer las mayores resistencias. Sólo un requisito se nos impuso: registrar nuestro nombre y domicilio en un libro.
Un oficial de guardia, que, aunque inglés, hablaba perfectamente el español, se puso a nuestra disposición, y nos paseó por cubierta, mostrándonos, con discreción verdaderamente británica, los estragos causados por las balas alemanas en el combate de Malvinas.  Aquí una lesión, allá una hendidura, más allá una constelación de agujeros, obra de la metralla.
Poca cosa para un monstruo, como lo es para el elefante el rasguño de un felino, pero lo suficiente para evidenciar que los vencidos no se humillaron sin antes derrochar en la lucha hasta el último esfuerzo. Unas salpicaduras bastantes visibles, en uno de los costados del gigante, decían claramente de los loables propósitos de los germanos de perforar la coraza de la nave por debajo de la línea de flotación. Por lo demás, todo muy ordenado, muy en su sitio: las máquinas de destrucción como los seres que las manejan a voluntad. Un cartelón, colocado en lugar bien claro, decía: «Most oportune victory». Nos inclinamos ante él comprendiendo el legítimo placer que el hecho importaba para toda la población del barco. La marinería, desparramada en ordenado desorden por todas partes, respiraba satisfacción y alegría.
No parecía elemento de aniquilamiento, de fuerza arrolladora, sino gente que aprovechaba el buen día para gozar de la vida. tan discutible hoy para el soldado como para el marinero. Observamos todo lo que del barco se nos enseñaba minuciosamente,  escarbando con la mirada en la más insignificante resquebrajadura de las planchas o en la más tenue escoriación de las corazas, para descubrir una tragedia. Y anotamos en nuestra memoria, ya que fuera descortesía adjuntar en el carnet cosas que pudieran rozar la galantería de nuestros huéspedes. Cuando nos cansamos de andar de aquí para allá, de pasar de un oficial a otro oficial, de hacer conjeturas sobre el ir y venir que los sucesos depararán a aquellos novecientos y tantos hombres que divagaban alegremente sobre el monstruo de hierro y acero, nos decidimos a abordar al oficial, galante hasta el exceso, que nos había recibido a bordo.
— ¿Podría usted decirnos algo del combate librado en Malvinas?
— Oh, no. La consigna lo prohíbe. Sólo puedo acompañar a ustedes en esta rápida excursión por la cubierta de la nave.
— ¿Por la cubierta  nada más?
— Nada más — repitió sonriendo.