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3 abr. 2013

EL PUERTO-LA TIENDA -LA BARRACA por Lucía Sala de Touron


EL PUERTO TIENDA Y BARRACA
Por Lucía Sala de Touron (1925 – 2006)



"Ciudad comerciante", así la definió Cristóbal Salvañach, en la Junta del gremio mercantil celebrada en marzo de 1810.
Condiciones naturales y privilegios reales, incubaron el comercio monopolista montevideano, que se benefició no sólo del fruto de sus campañas, sino de una intrincada
red de intermediaciones que hicieron la fortuna de sus traficantes.
Aunque la gobernación de Montevideo fue una parte del Virreinato del Río de la Plata, el bajo nivel de las fuerzas productivas, la dependencia colonial y el sistema fiscal privilegista, impidieron la formación de un mercado interior correspondiente a la estructura política y alentaron las oposiciones regionales y el particularismo.
Montevideo no tuvo bajo su jurisdicción a todos los territorios de la Banda Oriental, ni se integró en el plano económico con toda la campaña.

LA LUCHA DE PUERTOS

Fue en cambio intermediaria entre el mercado exterior y Buenos Aires, con la que se enfrentó es la llamada "lucha de puertos".
El monopolio fue el demiurgo del comercio montevideano.
A manera de estrecha garganta de tránsito ineludible, actuó el pequeño grupo de importadores y exportadores entre el mercado exterior y los productores.
Aunque su articulación con el comercio metropolitano se debilitó en los últimos años, el mantenimiento de las consignaciones, en el tráfico con los extranjeros, en manos de los monopolistas, fue el último reducto de un poder antaño ilimitado, por el que lucharon tenazmente.
La intermediación montevideana les permitió embolsar las comisiones y consignaciones.

MONTEVIDEO “Ciudad comerciante”


Desde el puerto de Montevideo salieron la mayor parte de los cueros, sebos, aspas, etc., llegadas desde Buenos Aires y desde el interior.
En Montevideo desembarcaban las telas, metales y ferreterías, medicinas, alimentos, etc., destinados a la capital virreinal, para donde eran reembarcados en lanchones.
No faltaron algunos audaces comerciantes que iniciaron un tráfico directo hacia el litoral e interior del virreinato, donde debieron enfrentar al poderoso aparato comercial cuyo centro estaba radicado en la capital. Cobraron las comisiones correspondientes a los frutos y mercancías que llegaban o partían desde o para Valparaíso, el Callao o Guayaquil.
No pocas veces las planchas de cobre o estaño, el cacao y la cascarilla, esperaban en los depósitos montevideanos (bajo el cuidado del hombre de confianza montevideano) el barco
que habría de llevarlos a Cádiz o a Barcelona.
Las carnes secas y saladas que alimentaban la esclavatura de Cuba y el Brasil salieron muchas veces del puerto de Montevideo, en buques españoles  algunos de los cuales pertenecían a comerciantes rioplatenses, o brasileños, y en épocas de guerra, neutrales, preferentemente norteamericanos, navegaron las costas americanas bañadas por el Atlántico y el Caribe.
Esos mismos barcos traerán de retorno azúcares y alcoholes y, en no pocos casos, la doliente mercancía humana comprada en el Brasil o en el África, región con la que se practica un comercio triangular.
Buques matriculados en Montevideo cruzaron el Atlántico y el Pacífico en procura de las costas de España, Francia, África y hasta la Isla de Francia (Mauricio).

EL RENTABLE CONTRABANDO

Y junto al comercio legal, la violación constante de la rígida legislación colonial en la que nadie creía y que tan eficazmente contribuyó a levantar las fortunas de los monopolistas, que mientras decían defenderla, exhibían en sus tiendas los efectos introducidos merced al
contrabando.
Por el puerto, a lo largo de las costas y las fronteras, en un despliegue inaudito de imaginación y audacia, el contrabando derriba todas las barreras que se levantaban contra el tráfico ilegal. Abunda en episodios regocijantes, al respecto la crónica colonial, en la que están involucrados la inmensa mayoría de los monopolistas, los hacendados y las más altas autoridades virreinales.
Los jerarcas de la administración oscilan respecto al temperamento a adoptar en los largos períodos en que la guerra distorsiona todo el andamiaje comercial legal.
Es que una postura rígida implica privar a los colonos de rubros imprescindibles y abarrotar los depósitos con los cueros que no encuentran salida.
El Administrador de Aduanas de Montevideo, José Frego de Oliver, expresaba el 9 de agosto de 1800 al informar en un caso de clara violación de las disposiciones vigentes:
"Es preciso decirlo: Si de la metrópoli no se esfuerzan más que hasta aquí para surtir las colonias, es imposible concordar lo dispuesto en el Reglamento de Comercio Libre con la subsistencia de tantos consumidores como hay en ellas... ".
Y mientras formulaba una requisitoria contra el régimen comercial del coloniaje, aconsejaba actuar con lenidad en un caso de múltiples transgresiones a las leyes.
Lo corriente fue que el infractor escapara a las drásticas sanciones prescriptas.

Aparece “EL CORSO”

Y durante los largos años de guerras, un nuevo rubro vino a añadirse a los practicados en tiempos normales. El "corso" atrajo a los capitalistas más audaces, entre los que
se contaron Berro y Errazquin, Camuso y Masini y Mateo Magariños.
Experimentados capitanes como E. C. Auraud, A. Etienne e HipólitO Mordeille, que bajo e! pabellón francés, habían enfrentado muchas veces a los ingleses, sirvieron ahora al de España, en provecho de traficantes montevideanos.
Mateo Magariños organizó una sociedad, en la que participaron los comerciantes más poderosos, para ingresar el capital con el que armó una fragata corsaria perteneciente al comerciante Fedro Sorbé, de Burdeos. Más de una vez los buques corsarios empavesados entraron triunfantes a puerto, con las presas arrebatadas a la poderosa Inglaterra.

El Monopolio

La acumulación comercial no llegó a provocar sin embargo una significativa división del capital.
El tráfico diario estuvo generalmente en manos de los monopolistas.
Bajo su nombre marcharon a España las onzas y pesos fuertes enviados por comerciantes de Buenos Aires y del Pacífico, y por particulares de Montevideo y otras regiones.
Giraron letras y practicaron la compensación y el descuento. Vendieron a crédito -con un interés de alrededor del 5 % a mayoristas y minoristas.
Practicaron el préstamo a particulares preferentemente con garantía hipotecaria y prendaria.
Dependiendo del importador actuó el mayorista quien a la vez surtió a las tiendas, almacenes, pulperías, ete., de Montevideo, de las villas del interior y de la campaña.
No fue inusual que el importador actuara como mayorista e, incluso, que tuviera tienda abierta.

GRANDES TIENDAS MONTEVIDEO ERAN LAS DE ANTES

En el mostrador de las tiendas "de telas de España", la oligarquía montevideana se surtió de sedas, tafetanes, muselinas, holandas, bretañas y cmonías, blondas de encaje, cintas, pañuelos finos, ropas hechas, medias y orfebrerías. En las barracas y almacenes navales se vendieron las ferreterías, maderas, breas, velámenes, ete., utilizados por los artesanos y el público. En tiendas y pulperías el pueblo adquirió todo lo preciso. las telas bastas, ponchos,
jergas, frazadas, etc, llegadas desde el interior del virreinato sustituyeron a las manufacturas europeas, muy caras para las clases populares.

DE LA CAMPAÑA AL PUERTO




Los frutos transitaban un camino inverso. Desde las estancias, pulperías y centros de acopio del interior, llegaban a Montevideo los cueros que, depositados en los "huecos" apilados esmeradamente por peones especializados esperaban el buque en cuyas bodegas saldrían
al exterior.
Las "barracas" al decir del asesor del Cabildo de Montevideo Dr. Elías- con sus "enjambres de ratas... brutos tan vivos y astutos cuanto perjudiciales"- fueron un elemento característico del Montevideo colonial.

PULPERÍAS Y USURA


Las típicas pulperías, muy numerosas en Montevideo y extramuros, se levantaron en toda la campaña. Fueron lugar de aprovisionamiento, de reunión y establecimiento de crédito y centro de acopio de frutos. Algunos comerciantes de importancia no desdeñaron tener  pulpería, como sucedió, por ejemplo, con Cristóbal Salvañach, Miguel de Monasterio y Juan J. Martínez.
En la campaña casi todo gran estanciero y otros que no lo eran tanto, se sirvieron de la pulpería para abastecer a sus peonadas, al vecindario y para adquirir cueros de cuya procedencia no se preocuparon ciertamente.
El acopio de trigo corrió por cuenta de los molineros y panaderos que monopolizaron su elaboración y comercialización.
Se beneficiaron no sólo de su actividad comercial y manufacturera sino de la usura que practicaron con los pequeños productores. José Batlle y Carreó, Francisco Juanicó, Mateo Magariños, Miguel Zamora, ete., ejercieron este lucrativo negocio.

En resumen: en la cima de la pirámide existió un grupo de importadores y exportadores, consignatanos de barcos y que dominan, además, el mercado del dinero. No fue excepcional que quienes detentaban el comercio monopolista fueran a la vez mayoristas y eventualmente también minoristas.

Transcripto por Carlos Castillo de: El mostrador montevideano Lucía Sala de Touron
MONTEVIDEO: principal "fondeadero" del Río de la Plata.
Colección Enciclopedia uruguaya

(Los subtítulos no son originales, son una pequeña licencia literaria que nos tomamos)

La Cañonera "GENERAL RIVERA" 1884-1903

CUANDO 18 DE JULIO FUE NAVEGABLE...





Se cumplen 129 años de la construcción de la cañonera "General Rivera"  en Uruguay, específicamente en los Talleres de la Escuela de Artes y Oficios, siendo botado su casco en marzo/abril de 1884 luego de ser trasladada por las calles 18 de Julio y Sarandí hasta el Puerto de Montevideo .

La escuela de Artes Y Oficios se ubicaba en la  calle 18 de Julio entre Yaro y Caiguá (Tristán Narvaja y Eduardo Acevedo actuales) allí, como decíamos, se construyó la cañonera “General Rivera” y una vez terminada, en marzo/abril de 1884, el problema era resolver cómo se la botaba al mar. 
Dice el escritor-cronista José Ma. Saldaña: 

El 14 de Febrero de 1884, la prensa metropolitana registraba el suelto siguiente:


"La cañonera General RIvera que ha sido construída en los talleres de la Escuela de
Artes y Oficios, está completamente terminada".
"Se construye en estos momentos la plataforma en que ha de reposar dicho buque hasta
no ser lanzado al mar".
"Esto se efectuará el 19 de Marzo próximo".
"Las personas que asistan a los exámenes anuales que empezarán el 16 del corriente,
y cuyo acto será público, tendrán oportunidad de ver dIcha construcción naval".
"En los talleres de aquel establecimiento de Estado, cuya fama traspasó las fronteras
de la república,habiase construIdo efectivamente, y puede decirse en total, un buque
de guerra ..."... ".. representaba,sin duda, un laudable esfuerzo y una manifestación palpable de la ImportancIa de la Escuela y del interés con que el director coronel Juan Belinzon había dirigido y llevado a termino la obra".

Continúa José María Fernandez Saldaña:


“El peso de 2.000 quintales de la mole, algo así como 92.000 kilos dará idea de que el transporte no era problema del todo simple”.

Reconstruyendo el extraño episodio, agrega: “Quedó resuelto que el barco resbalaría por tablas extendidas sobre una doble fila de durmientes de madera dura, traccionado a fuerza humana, redoblada por adecuados cabrestantes”. El 10 de Marzo, “los alumnos de la Escuela, dieron principio a la tarea de accionar los cabos, y frescos y entusiastas, doblando la esquina 18 de Julio, arrastraron la cañonera, dejándola frente mismo a la entrada del establecimiento”.



“Como no podían ser solamente los muchachos escolares los realizadores de la proeza del transporte de aquellos casi 100 mil kilos, a contar del día 12 entraron a meter hombro los soldados de la fuerza de guarnición, turnándose los batallones”.

“El 11 se traspasó la calle Gaboto y el 12 se hizo otro tanto con la de Magallanes”.

“El 12 estaba el casco frente a la Plaza de los Treinta y Tres”.

“Soldados vestían uniforme de brin, con las amplias bombachas almidonadas, características de entonces”.

“Tomó el primer turno militar un plantel de 100 hombres de 5° de Cazadores. Santos ni en ese detalle quizo dejar de lado su predilección por el cuerpo de infantería que había sido el suyo y continuaba considerando como tal…”.

El caso es que el sábado 15 llegan a la esquina de 18 y Médanos, donde estaba la casa residencia del Dr. Francisco Vidal, ex-presidente de la República, a la que había accedido por sus vinculaciones con el santismo. “Al enfrentarla, se izó la bandera nacional en el mástil de honor de la cañonera, prorrumpiendo los soldados en estrepitosos y adecuados vivas”.

“El doctor Vidal respondiendo al honor, quiso que los oficiales tomaran una copa en su casa y que la cerveza corriera abundantemente entre la gente de tropa”.



“Mientras tanto, y desde el primer día, la novedad de aquella travesía terrestre, había cundido por todas partes y la calle 18 de Julio ofrecía un aspecto de inusitada animación que se prolongaba hasta altas horas de la noche”.

“Además, detalle interesante, fueron muchas las personas que quisieron darse el gusto de tirar un poco de los cables y algunas también las que rodaron por el suelo, en las repetidas veces que aquellos reventaron de improviso”.

“Pasábase por un período de seca prolongada y un calor no común a esa altura de la estación, hacía más penosa la tarea del alumnado de la escuela y de los milicos en aquel principio de otoño del 84″. Algún día, hubo incluso que suspender la tarea, a raíz de la excesiva temperatura.

El día 18  se llega frente a la casa del presidente Santos. “La banda de artillería, instalada en la cañonera, hizo sentir marciales acordes mientras el aire se llenaba de cohetes voladores. Santos, acompañado del general Pagola, jefe de Estado Mayor salió al balcón, teniendo para los muchachos de la escuela y los soldados, palabras de aliento y de saludo, que ellos contestaron con grandes aclamaciones”.

“En el piso bajo de la residencia presidencial estaba preparando un almuerzo. Cuando éste concluyó Santos mismo dio la señal de recomenzar la cinchada”.



LA CAÑONERA RIVERA CRUZANDO PLAZA INDEPENDENCIA


Llegando a la plaza Independencia, “la banda de la Escuela de Artes dio una gran retreta nocturna, con quema de fuegos de artificio”.

“Siendo las calles de la ciudad vieja tan estrechas, se adoptaron, antes de embocar en la calle Sarandí algunas precauciones elementales: los arcos de la iluminación a gas, que corrían de un frente al otro, fueron quitados y se prohibió extender los toldos de los comercios”. Algún roce en las paredes, las protestas de las empresas de tranvías por los perjuicios sufridos debido a la interrupción del tránsito, las especulaciones acerca de dinero gastado en maderas, cadenas, cuerdas y sebo; sumadas a la curiosidad y algarabía de la gente, acompañeron el paso de la “General Rivera”.

La odisea terminó en el varadero de Gounouillou, donde fue botada al mar, previo un almuerzo dado a las escuadras del 1° de Cazadores, que remató la faena, por la Comandancia de Marina. “La ceremonia de la bota dura quedó un poco oscurecida, pues precisamente en esos días se produjo en el departamento de San José una especie de levantamiento militar que concentró hacia otro lado la atención pública”.

Navegó hasta 1903, año en que se fue a pique, estando anclada en la bahía, a raíz de una explosión que dejó varios muertos y heridos como saldo. Casi como un símbolo del primer empuje disciplinador, cayó abatida cuando se abría paso la segunda modernización.

Entre sus características técnicas contaba con  35,5 metros de eslora, 6,65 de manga; 4,30 de puntal y 3,30 de calado, con un desplazamiento de 241 toneladas. 

Estaba armada con 4 cañones Krupp de 95 mm y una ametralladora Nordenfeldt de 25 mm.
Casco de acero, Desplazamiento 300 tons, tripulantes 75, velocidad 12 nudos.




El viaje de instrucción cumplido por la "General Rivera", marcó el primer pasaje de un buque de la Marina por el Estrecho de Magallanes.



Esta cañonera sufrió una explosión interna que la destruyó y hundió el 8 de Octubre de 1903. 


HUNDIMIENTO DE LA CAÑONERA RIVERA


PERSONAL DE LA CAÑONERA RIVERA

Merece destaque el hecho de que fue construída durante el gobierno de Máximo Santos, hacia el final del Militarismo (1875 - 1890), período caracterizado, además de la falta de libertades públicas y frecuentes violaciones a los  Derechos Humanos (los cuales Batlle y Ordóñez denunció pública y continuamente en un intento cuasi suicida de su parte), por algunos  avances como el Código Rural, Alambramiento de los Campos, Reforma Vareliana (que a su vez implicaba la creación de la Escuela de Artes y Oficios, hoy UTU,  en un primer intento modernizador del país, posterior a las reformas de Berro. 










IMÁGENES Y FUENTES:


IPES
Histarmar
ARMADA NACIONAL
WIKIMEDIA
Historias del viejo Montevideo: José María Fernández Saldaña
Mil Fotos Rescatadas del Olvido (El País.com DIGITALIZADA POR CAFÉMONTEVIDEO.COM)
Transcripción búsqueda y compaginación: Carlos Castillo