Se produjo un error en este gadget.

24 jul. 2013

La sangrienta tragedia naval del “Titanic” nazi


Retrato del Wilhelm Gustloff en Gotenhafen (Gdynia), Polonia carga refugiados por Klaus-Rainer Forst. (Imagen cortesía de Klaus-Rainer Forst y www.naval-art-images.com  © Klaus-Rainer Forst todos los derechos reservados (http://www.maritimequest.com/liners/wilhelm_gustloff_art_of.htm)

La sangrienta tragedia naval del “Titanic” nazi

Entre todas las tragedias navales que se han sucedido a lo largo de la Historia, el sobrecogedor choque del transatlántico “Titanic” contra un iceberg siempre se ha alzado por encima del resto. Sin embargo, existe una catástrofe algo más desconocida pero que, a día de hoy, sigue siendo el mayor desastre marítimo del mundo: el del “Wilhelm Gustloff”, un buque nazi en el que, tras ser torpedeado, murieron más de 9.000 refugiados y militares del Reich al final de la II Guerra Mundial.
Aunque menos cinematográfica, la historia del “Gustloff” es, en muchos puntos, similar a la del gigante que chocó contra un iceberg. En ambos había botes salvavidas insuficientes para poner a salvo a  el pasaje; en los dos hubo que usar armas de fuego para controlar a los pasajeros desesperados que intentaban subirse a las barcas de salvamento y en ambos hubo una ingente cantidad de fallecidos. No obstante, en la catástrofe del buque nazi fallecieron seis veces más personas que en el barco de la White Star Line.
El buque de la Alegría
 1936: La parte inferior del casco de la Wilhelm Gustloff en Blohm & Voss, Hamburgo, Alemania. 


ilhelm Gustloff en construcción en Blohm & Voss de Hamburgo, Alemania. 

 Wilhelm Gustloff en construcción en Blohm & Voss de Hamburgo, Alemania.


 05 de mayo 1937: la viudad de  Wilhelm Gustloff, Hedwig Gustloff, rompe una botella de 
champán en el bautizo de la proa del barco en la ceremonia de lanzamiento. La nave lleva el nombre del ex jefe del partido nazi suizo que fue asesinado por David Frankfurter el 4 de febrero de 1936.


Wilhelm Gustloff a punto de concluir en Blohm & Voss.



05 de mayo 1937: Wilhelm Gustloff se puso en marcha en Blohm & Voss.
(Foto cortesía David Krawczyk)

La construcción de este gigante de los mares se dejó a cargo de los astilleros Blohm & Voss por mandato de Adolf Hitler, quien ordenó además que el buque debería ponerse a las órdenes de la Kraft durch Freude (KdF), una organización nazi dedicada a establecer las  de los habitantes de Alemania. En 1937, tras muchos meses de fabricación, este transatlántico fue botado definitivamente por el mismísimo Führer.
«El primero de mayo de 1937 se anunció en la radio y en la prensa: “El primer buque de nueva construcción de la KdF del Frente Alemán del será botado el 5 de mayo de 1937 en la explanada del astillero Blohm & Voss de Hamburgo. El Führer y canciller del Reich, Adolf Hitler, viene a Hamburgo para el acontecimiento. […] Todo Hamburgo está emocionado”», recuerda Heinz Schön,  de los pocos hombres que lograron salvar la vida en esta catástrofe naval, en su  «La tragedia del Gustloff. Relato de un superviviente».
En cuanto a su nombre, y a pesar de que en un principio se barajaban otras posibilidades, finalmente se decidió botar este transatlántico como “Wilhelm Gustloff” en honor de un político nazi asesinado algunos años antes. Así, aquel 5 de mayo, miles de miembros del partido nazi, soldados, y civiles, enarbolaron sus banderas para recibir a este nuevo buque de recreo bajo los gritos de «Sieg heil» (victoria y gloria).
El gran transatlántico de Hitler


 Con 208,5 metros de eslora y 23,5 metros de manga en su parte más ancha, este buque no contaba con la gran envergadura del “Titanic” (que le superaba en 60 y 5 metros respectivamente). No obstante, las dimensiones del barco nazi le convertían, según recoge Schön, en el 5º buque alemán de mayor tamaño y en el 25º a nivel internacional.
El “Gustloff” fue ideado para transportar aproximadamente a 1.465 pasajeros por travesía (a los que se sumaban los aproximadamente 500 tripulantes), para lo cual necesitaba de unas colosales instalaciones en su interior. «Alimentar a casi 2.000 personas no era tarea fácil. En la cocina trabajaban 28 personas. Por menú se preparaban unos 400 litros de sopa, 160 litros de salsa, 400 kilos de verduras y 1000 kilos de patatas. […] En la cafetería se usaban cada día una media de 50 kilos de café, 100 kilos de azúcar, y en cada comida, 800 litros de líquido y 250 litros de leche. En el bufé, donde se cortaba, se untaba y se disponía el pan, se consumían 10.000 rebanadas de pan al día, dos barriles de mantequilla de 125 kilos y 100 kilos de queso en cada merienda» señala el superviviente.
Este buque se destacaba además por una curiosa característica: no contaba con clases, pues todos los camarotes eran de un lujo considerable y similar. Sólo había una excepción, la estancia creada especialmente para Hitler. «El “Camarote del Führer” se diferenciaba de los demás camarotes del “barco sin clases” por un equipamiento mejor, aunque no extremadamente lujoso», completa Schön en su libro.



Wilhelm Gustloff y el Cap Arcona, ambas naves se reunirían finales trágicos. Cap Arcona fue hundido por aviones de la RAF en el 03 de mayo 1945, mientras que cargado con prisioneros de los campos de concentración.

Primeras travesías y transporte de la Legión Cóndor
Después de realizar una travesía inaugural el 23 de marzo de 1938 sin incidentes, el “Wilhelm Gustloff” comenzó a llevar a cabo todo tipo de ostentosos viajes a múltiples partes del mundo. De hecho, pronto comenzó a hacerse famoso por efectuar un trayecto a la isla de Madeira. Para sus pasajeros, cruzar los mares a bordo de este inmenso transatlántico era todo un honor y un privilegio.
Sin embargo, tras apenas unos meses en activo como barco de recreo, el “Gustloff” llevó a cabo la primera de las muchas misiones militares que, en un futuro, tendría que realizar. Y es que, el 22 de mayo de 1939 el Führer ordenó a este trasatlántico dirigirse a Vigo, donde tenía la orden de recoger a la Legión Cóndor, los soldados alemanes que habían combatido junto a Franco en la guerra española.
«En España había finalizado la Guerra Civil. La participación alemana en esta guerra en suelo español, una especie de “escenario de prueba” para la Segunda Guerra Mundial, había comenzado el 1 de agosto de 1936 con la llegada de los primeros 85 voluntarios alemanes. Después, Hitler había decidido apoyar masivamente a Franco. Entre 1936 y año nuevo de 1939 invirtió 500 millones en este nuevo campo de maniobras para las tropas, en nuevas armas y en nuevas tácticas, en aviones alemanes, blindados, munición, y 20.000 soldados», determina el escritor alemán.
Pocos días después, el “Gustloff” amarró en el puerto ante los aplausos y las lágrimas de alegría de los militares españoles. «A primera hora de la mañana del 25 de mayo de 1939 llegaron al Gustloff altos oficiales españoles y oficiales de aviación alemanes […] A la mañana siguiente […] la España de Franco se empleó a fondo para la despedida. Miles de fascistas estaban de pie en el puerto para decir adiós a sus compañeros de armas; la noche anterior tuvieron celebración a bordo con ellos», añade Schön.
Un hospital sobre el mar
No obstante, todo cambió para el “Gustloff” el día en que Hitler hizo oficial el inicio de la II Guerra Mundial. Aquella mañana del 1 de septiembre de 1939, el líder nazi se dirigió mediante un discurso a multitud de buques para ordenarles servir de apoyo a las Fuerzas Armadas convirtiéndose en barcos hospital.
Con esta decisión, Hitler desveló definitivamente el maquiavélico plan que llevaba orquestando años atrás. Y es que, como Alemania tenía prohibida por la comunidad internacional la construcción de cualquier buque que pudiera ser destinado para la guerra, había ordenado crear varios barcos que pudieran reconvertirse rápidamente en hospitales y armas flotantes.
Uno de ellos era el “Gustloff”, que en poco tiempo se modificó para surcar los mares como un buque enfermería. Para ello, se pintó enteramente de un blanco impoluto sólo atravesado por una gruesa línea verde. A su vez, se añadió en su chimenea el símbolo de la cruz roja. Si antes su aspecto era, cuanto menos, imponente, ahora este gigante había adquirido la apariencia de un fantasma.
«A partir del 1 de septiembre de 1939 ya no hubo ningún buque de Fuerza y Alegría llamado Wilhelm Gustloff. […] Se terminó el sueño del buque de recreo, de las travesías marítimas para los trabajadores, de los espléndidos viajes a Madeira, alrededor de Italia y a los fiordos noruegos. Fue un breve sueño como buque de la KdF el que pudo soñar el Wilhelm Gustloff. Duró apenas un año y 116 días. El tiempo de la alegría había terminado», finaliza el escritor.
Tras entrar a formar parte de la Armada, el “Gustloff” participó en varias misiones de rescate y curación de heridos a lo largo de toda la costa. A su vez, fue uno de los buques hospital movilizados por Hitler para llevar a cabo la «Operación León Marino» es decir, la ocupación nazi de Gran Bretaña. No obstante, finalmente este plan no se llevó a cabo.
Al servicio del ejército
Después de que se cancelara la «Operación León Marino» el “Gustloff” fue dado de baja como buque hospital y reconvertido, el 21 de noviembre de 1940, en una vivienda para la Sección II de la Segunda División de Instrucción Submarina. Además, para darle una mayor apariencia militar, se volvió a repintar de forma similar a los buques de la Kriegsmarine y se le añadieron algunas ametralladoras antiaéreas como posible defensa ante los cazas aliados. Sin duda, algo insuficiente para un transatlántico de esas dimensiones.
«Acabó anclado en el puerto de Stettin durante más de cuatro años, convertido en el alojamiento de los cadetes de la cercana base de instrucción en guerra submarina», determina por su parte Justino Balboa en su libro «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». En cambio, cuando la opinión general era que ya nunca volvería a navegar, el “Gustloff” recibió su última misión, la que condenaría a casi 10.000 personas a la muerte.
«Operación Hannibal», el inicio de la matanza
De esta forma, en enero de 1945 la situación cambió para el olvidado y amarrado “Gustloff”. Aquel fatídico mes, el transatlántico recibió la orden de dirigirse a la región de Gdynia -ubicada en Polonia- para rescatar a los refugiados alemanes que huían del avance del ejército rojo en la Prusia Oriental. Y es que los rusos, ávidos de venganza, se cernían ahora inexorablemente sobre el territorio nazi.
El “Gustloff” formaba parte de la llamada «Operación Hannibal», un plan mediante el que los líderes nazis pretendían, con la ayuda de 1.100 buques, desplazar a más de dos millones de refugiados a territorio seguro y fuera del alcance de la guerra. No obstante, lo que no sabían los altos mandos era que, a pesar de que salvarían a un gran número de civiles, las aguas del Báltico quedarían teñidas de rojo con la sangre de los fallecidos en el hundimiento del transatlántico que, en su día, ordenó construir Hitler.
«Todos los buques disponibles en el Báltico (militares, mercantes e, incluso, pesqueros) fueron destinados a la evacuación. En aquellos momentos, en el puerto, más de 60.000 refugiados trataban de abordar las naves, en un estado total de caos y confusión. Mientras los oficiales intentaban contabilizar y distribuir lo mejor posible a los pasajeros, eran muchos los que subían a bordo desordenadamente burlando la guardia», explica Balboa.
Una carga 9 veces superior a la debida
Eran momentos desesperados, pues quedarse en tierra para la población significaba hacer frente a una muerte casi segura. Por ello, y a pesar de que se habían asignado una serie de pasajes provisionales para el “Gustloff”, fueron miles los que lograron hacerse un hueco a costa de la incapacidad moral de los guardias, quienes no pudieron negar la entrada a nadie. Así, el transatlántico contaba el día de su partida con miles de pasajeros a bordo.
«Las últimas investigaciones dicen que (con independencia de las cifras oficiales) a bordo del Gustloff se hacinaron 8.956 refugiados, 918 oficiales y marineros de la 2ª División de Submarinos, 373 mujeres del cuerpo femenino auxiliar de la armada, 173 auxiliares y 162 heridos graves, lo que hacía un total de 10.582 personas» completa el autor de «Grandes enigmas de la Segunda Guerra Mundial». Es decir, el transatlántico partía nada menos que con una carga 9 veces superior a la aconsejable.
Sin embargo, el problema no era únicamente que no quedara ni un resquicio libre en el veterano buque –algo que dificultaba las posibilidades de supervivencia en caso de catástrofe naval-, sino que no había a bordo botes suficientes para todos los pasajeros. De hecho, en caso de que sucediera un contratiempo y se hiciera necesario abandonar a su suerte el barco, únicamente existían balsas de salvamento para unas 5.000 personas.
Partida hacia la muerte
Con todos estos problemas en sus anchas y metálicas espaldas, el “Gustloff” levó anclas el 30 de enero de 1945, día en el que, curiosamente, los alemanes celebraban la subida de Adolf Hitler al poder en Alemania. Aquel día, en cambio, los ánimos no estaban para fiestas. El frío sacudía a aquellos que se encontraban en las cubiertas superiores y la baja temperatura del mar hacía imposible la supervivencia de aquel desdichado pasajero que resbalara y cayera al mar.
Por su parte, la tripulación militar del buque tampoco celebraba realizar ese viaje, pues sabían que estaban casi indefensos ante cualquier ataque. De hecho, temían sobremanera un asalto marítimo debido a la presencia en el Báltico de multitud de submarinos soviéticos y a la escasa escolta que había recibido el “Gustloff” (un pequeño torpedero –el “Löwe”- que poco podría hacer ante una ofensiva coordinada del enemigo).
La decisión fatal
Tras algunas horas de viaje, y con los nervios a flor de piel, un mensaje llegó a los capitanes nazis que dirigían el buque. Las noticias no podían ser peores. Según se explicaba, una unidad de dragaminas alemana navegaba en su dirección y había peligro de colisión. Por ello, se hacía necesario encender las luces de posición del navío, hasta ahora apagadas, para que los barcos pudieran esquivar al poderoso “Gustloff”.
Tras una acalorada discusión en el puente, los oficiales dieron la orden y las luces se encendieron. Sin embargo, y exactamente como temían, el breve momento en el que estuvieron activadas reveló la posición del transatlántico, que fue visto por el submarino soviético “S-13” al mando de Alexander Marinesko. Él sumergible del Ejército Rojo no lo dudó, cargó cuatro torpedos y tomó posiciones para atacar el flanco de un buque cargado de civiles y tropas del ejército de Hitler.
«A las 23:00 en punto, hora de Moscú, el submarino se colocó en posición de disparo. El S-13 se acercó a unos 1.000 metros del objetivo. Marinesko ordenó preparar los torpedos de proa para un ataque en superficie y sumergirse luego a una profundidad de tres metros. Cuando la proa del enorme buque fue reconocible en el centro de la retícula del periscopio del S-13, Marinesko dio la orden», explica el escritor alemán. No había vuelto atrás, el sumergible ruso había lanzado sus cuatro torpedos.

Über 9000" (Sobre 9000) retrato del Wilhelm Gustloff por Sejar Bekirow.

(Imagen cortesía de Sejar Bekirow) 

© Sejar Bekirow yy www.sejar-kunst-malerei.de
todos los derechos reservados

Tres impactos mortales
Unos minutos después, aproximadamente a las nueve y cuarto de la noche, tres impactos hicieron blanco en el costado de estribor del “Gustloff”. Las explosiones, que zarandean el buque, fueron las inyecciones mortales que condenaron a los miles y miles de pasajeros.
El primero impactó sobre la proa, provocando el cierre de los mamparos de seguridad que evitaban que el barco se fuera a pique. En un suceso similar al acaecido en el “Titanic”, miles de personas se quedaron aisladas en la sección delantera del barco, ahora sellada, sin posibilidad de subir al exterior. Estaban condenadas a morir ahogadas.
El segundo torpedo, por su parte, estalló en la piscina interior de la cubierta más baja del “Gustloff”, la cual se había vaciado para que se acomodaran en ella varias decenas de enfermeras auxiliares de la marina. «La mayoría de las víctimas ni siquiera debió de oír el estruendo. La muerte les sobrevino en el barco de la forma más fácil, las sorprendió mientras dormían», completa Schön. Finalmente, el tercero chocó contra la parte trasera del barco, mientras que el cuarto no llegó a salir, debido a un fallo mecánico, del S-13.
El terror se apodera del pasaje
Casi automáticamente, y a sabiendas de que el número de botes era insuficiente, una avalancha humana se lanzó sobre las escasas barcazas de salvamento mientras el barco se escoraba a estribor. En apenas 10 minutos el terror se apoderó de toda alma a bordo. Desde el puente, la orden fue clara: ¡Mujeres y niños primero!
Pero, como era de esperar, muchos hombres no aceptaron esta premisa y cargaron contra los botes y los oficiales que los custodiaban. Así, en una situación muy similar a la sucedida en el “Titanic”, algunos soldados se vieron obligados a abrir fuego con sus pistolas sobre los pasajeros para evitar que ningún varón subiera antes que una mujer o un niño a un bote salvavidas.
«Mientras la gente buscaba desesperadamente en la cubierta superior del Gustloff alguna posibilidad de salvación, muchos seguían luchando en el interior del buque contra un destino horrible; yacían heridos o aturdidos por los gases de las detonaciones, en los camarotes, por los corredores y en las salas, estaban tirados, tumbados en el suelo o corrían desesperados de un lado a otro», añade en su texto el autor de «La tragedia del Gustloff»
En pocos minutos los botes se acabaron a pesar de que aún quedaban miles de mujeres, niños y hombres a bordo de este ataúd de metal. En ese momento la desesperación se hizo todavía más palpable mientras cientos y cientos de personas trataban de aceptar el cruel destino que les esperaba en aquellas gélidas aguas.
Los últimos minutos del gigante
El “Gustloff” no tardó mucho en irse al fondo del mar llevándose consigo a todas esas almas en su interior. Tal fue la impotencia de algunos pasajeros que, según narra Schön, un oficial alemán prefirió disparar a su familia –una mujer y dos niños menores de cinco años- antes de que estos murieran ahogados.
Finalmente, y aproximadamente una hora después de que el S-13 disparara sus mortales torpedos contra el navío nazi, el “Gustloff” se fue al fondo del Báltico junto con 9.400 personas y dejando unos 1.000 escasos supervivientes. Los números hacen que, aún hoy, el desastre de este buque sea el mayor de la historia naval.
Por Manuel Villatoro
21/06/13
ABC (España)
Imágenes: http://www.maritimequest.com

22 jul. 2013

Murió el último sobreviviente del Graf Spee que vivía en Villa General Belgrano


Murió el último sobreviviente del Graf Spee que vivía en Villa General Belgrano

Fritz Sander tenía 93 años. De los marinos de aquel barco que quedaron en el país, era el único con vida de los varios que se afincaron en la localidad cordobesa.
Villa General Belgrano. A los 93 años de edad, falleció el miércoles pasado el alemán Fritz Sander, el último marinero del acorazado alemán Admiral Graf Spee, de los que se radicaron en esta ciudad cordobesa.
Fritz vivió este último tiempo en un geriátrico de la localidad, junto a su esposa  Gerda (84), a quien conoció siendo muy joven.
En una de sus últimas apariciones públicas, participó en diciembre del acto por un nuevo aniversario del hundimiento del buque, en una plazoleta que recuerda el acontecimiento. En ese marco, fue el principal homenajeado.
Fritz Sander había nacido el 20 setiembre de 1919 en Ilmenau, una pequeña ciudad del  de  y a los 18 ingresó a la marina como voluntario. El Graf Spee fue uno de los barcos más emblemáticos de la Marina germana.
1939.
La historia recuerda que, apenas comenzada la Segunda Guerra , en 1939, fue hundido por su propia tripulación en las costas uruguayas, para evitar que el barco cayera en mano de los británicos. En ese épico acto, su capitán se suicidó.
El barco había combatido contra tres buques ingleses y había regresado al puerto de  para reparar las averías. Luego se decidió el autohundimiento.
Tras este episodio, los marinos alemanes fueron internados en distintos puntos del país. Luego de retornar a Alemania, una vez finalizada la contienda bélica, Fritz regresó y se instaló en Buenos Aires.
Fueron muchos los que decidieron afincarse en Argentina en forma definitiva. Y Villa general Belgrano, fundada por inmigrantes de origen alemán, fue una de las localidades que más acogió.
Desde 1965 Sander visitó Calamuchita donde se encontraba con sus compañeros que vivían en el campamento del Iose, en esta localidad. En 1996 decidió radicarse definitivamente en Villa General Belgrano junto a su esposa argentina.
En octubre de 2010 fue reconocido por la Municipalidad local como “vecino distinguido”, durante la celebración por el Día del Pueblo.
Tierra de Inmigrantes, homenaje al último Speman "Fritz Sander"
En la mañana de aquel día de diciembre de 1939, el Graf Spee estaba a unos 500 kilómetros de la costa frente al estuario del Río de La Plata. Los vigías oteaban el horizonte desde la amanecida y uno de ellos dio alarma de mástiles en el horizonte. El Graf Spee estaba camuflado con ondas blancas en sus líneas de aguas y un esquema de camuflaje para simular un crucero inglés.
Único acontecimiento de la Segunda Guerra Mundial en América del Sur.
Sobreviviente y la historia de vida de nuestro programa de hoy Fritz Sander.
Gustavo Jabase
TIERRA DE INMIGRANTES

24/04/13
LA VOZ.COM.AR

8 jul. 2013

Rebeca Méndez Jiménez, la "Loca del muelle de San Blas"


Rebeca Méndez Jiménez, la "Loca del muelle de San Blas"

(FNM) La historia de Méndez Jiménez cobró importancia en 1997 cuando el grupo mexicano Maná la popularizó a través de la canción En el muelle de San Blas, de su  Sueños Líquidos. Falleció en septiembre del año pasado.
Rebeca Méndez Jiménez, conocida como la "Loca del muelle de San Blas", y que inspiró la emblemática canción de la agrupación mexicana Maná, falleció el domingo, 16 de septiembre de , en Monterrey a los 63 años.
Su historia comenzó en 1971, cuando días antes de casarse con su novio Manuel, éste se fuera a pescar y nunca regresó. Aquel día Rebeca, el mismo en el que estaba prevista su boda, acudió al muelle de Méndez Jiménez, y esperó a su prometido vestida incluso de blanco.
Otros, dicen que su amor fue un vendedor de artesanías llamado Ladislao, a quien siempre le decía que se iba a casar con él. Sin embargo el hombre fue atropellado en Guadalajara y murió sin que a ella le quedara claro el hecho. Laus, como llamaban a Ladislao, la había bautizado como la Chica del Humo.
Foto de Rebeca -Taringa
Vestida de novia, vagaba por las calles y sus  mentales estaban alteradas. Allí lo esperó durante años hasta que murió, el  domingo 16 de septiembre pasado a los 63 años.  
Después del funeral, su familia esparció sus cenizas en el mar desde el propio muelle de San Blas, tal y como era su deseo.
San Blas es un puerto, ciudad y municipio del  mexicano de Nayarit, está ubicado de cara al Océano Pacífico,
Un drama hecho canción
La historia cobró importancia en 1997 cuando el grupo mexicano Maná la popularizó a través de la canción En el muelle de San Blas, de su disco Sueños Líquidos.
La letra de la canción rezaba: Ella despidió a su amor, el partió en un barco en el muelle de San Blas/ El juró que volvería y empapada en llanto ella juró que esperaría/ Miles de lunas pasaron y ella siempre estaba en el muelle esperando/ Su cabello se blanqueó, pero ningún barco a su amor le devolvía/ Y en el pueblo le decían le decían la loca del muelle de San Blas.

6 jul. 2013

21 DE JULIO DÍA DEL PORTUARIO:RECORRIDA EN BUS TURÍSTICO POR EL PUERTO DE MONTEVIDEO PARA TODO PUBLICO!



Con motivo de celebrarse el Día del Portuario, la Administración Nacional de Puertos abre sus puertas al público en general ofreciendo un paseo por el Recinto Portuario. 
La ocasión será propicia para que la ciudadanía pueda disfrutar de la operativa portuaria ya que por razones de seguridad el ingreso al Recinto Portuario está restringido. 
Para el evento contaremos con el ómnibus turístico doble piso que, con boleto totalmente gratuito, servirá de transporte en el recorrido que nos llevará por los siguientes atractivos: - 
Monumento al estibador, Graf Spee (telémetro y ancla), antigua grúa eléctrica , bitas y anclas, guinche a vapor, cangilón y engranaje de tortón de Draga N°6 - Muelles de atraque y vista de buques diversos. - Depósitos y frigorífico. (Depósito Santos(MINTUR), Aduana Nueva , Depósito Montevideo: Techo construido por Eladio Dieste) - Contenedores (zonas de contenedores , tipo de grúas y autoelevadores) - Patrimonio Histórico: CAUSA y Rowing Club - Muelle C - Scanner - Dique flotante (Dique Tsakos) - Construcción de Acceso Norte - Terminal de Contendedores del Plata – grúas pórtico 
Lugar de ascenso al ómnibus: Entrada Yacaré 
Los esperamos, la dinámica del recorrido será en base a la entrega de números a cada persona que estará en la fila, no se darán números extras, esto permitirá la correcta organización, además de respetarse estrictamente el horario dispuesto.


Lugar de ascenso al ómnibus: Entrada Yacaré.

Día: 21 de julio de 2013.
Horario: De 10 a 17 horas.


Fuente:UNIDAD DE COMUNICACIÓN ADMINISTRACIÓN NACIONAL DE PUERTOS
Dibujos: Leonardo infantini.
(http://www.anp.com.uy)
Recinto Portuario del Puerto Montevideo