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4 abr. 2013

LOS RIESGOS DEL MAR .POR AURORA CAPILLAS DE CASTELANOS


LOS RIESGOS DEL MAR
Por: Aurora Capillas de Castellanos(*)

"La circunstancia sola de ser el Puerto de Montevideo el único en todo el Río de la Plata que puede admitir embarcaciones de porte, le ofrece grandes ventajas haciéndole la primera puerta de comunicación de los virreinatos de Buenos Aires y Lima."

Marina Menck Freire

La navegación del Río de la Plata inspiraba serios temores, como lo consigna el "Diario" de Juan Francisco Aguirre, quien en 1783 recuerda las dificultades que ofrecía:
"El horror era tal que los seguros de los buques eran lo mismo por solo navegarle que los que llevaban desde España a su entrada."
"Nunca se caminaba de noche la cual siempre se pasaba al ancla y la derrota se hacía atravesando desde el cerro de Montevideo sudoeste pasando por la parte tal del Banco Ortiz."
Entonces los barcos de registro que sólo tenían a Buenos Aires como puerto de arribada, quedaban en la ensenada de Barragán.
El hecho de asegurar y poblar Montevideo, al tiempo que consolidaba el dominio español en la costa septentrional por su ventajosa situación, lo convirtió en la terminal de la navegación ultramarina.
En el "Diario" de la segunda partida de demarcación de limites, llevado por Fernando Barrero se puede leer una minuciosa descripción de la ensenada y puerto que corrobora la opinión del mencionado Aguirre:
"El puerto de Montevideo es una ensenada que forma la costa septentrional del Río de la Plata a manera de herradura con dos puntas salientes: la una de San José y la otra de Piedras, que se proyectan al noroeste; distan entre si 4 millas y dejan una  capacidad de 5 a la ensenada que interna al norte ensanchando alguna cosa más que por su boca."
"De ésta su menor fondo de 18 pies disminuye progresivamente hasta la playa de arena que sale por donde más un par de cables”.
En lo restante su calidad es un fango o lama tan suelto que los navíos suelen entrar a fuerza de vela para penetrar bien adentro, con particularidad aquellos que han de permanecer temporada en el puerto los que no se creen seguros si no llegan al  encallar en el fango hasta los 10 o 12 pies de agua y de éste no tienen jamás el menor recelo porque las mareas que son crecidísimas y frecuentes en todo el año aunque sin guardar otro período determinado por los vientos S.E. y S.O. dan siempre oportuna facilidad para la salida."
"La circunstancia sola de ser el Puerto de Montevideo el único en todo el Rio de la Plata que puede admitir embarcaciones de porte, le ofrece grandes ventajas haciéndole la primera puerta de comunicación de los virreinatos de Buenos Aires y Lima."
Los navíos de gran calado debían quedar en la boca de la ensenada; los menores que penetraban en ella, muchas veces se veían expuestos a garrear, encallar o ser lanzados sobre la costa del Cerro.
El acceso del río deparaba riesgos que las escasas previsiones de la época no alcanzaban a eliminar; de ahí los frecuentes naufragios, en su mayoría causados por el obstáculo del Banco Inglés.

NAUFRAGIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ

En 1752 se produjo el del "Nuestra Señora de la Luz", un velero de 217 toneladas que regresaba a Cádiz desde Buenos Aires con  carga de plata labrada, oro, pieles, lana de vicuña, cueros y 150 pasajeros; de este accidente se conocen menudos detalles.
Hechas las provisiones arreció el viento hasta impedir que las personas que habían desembarcado pudieran volver a bordo; el navío salió de la bahía y se perdió de vista.
A la mañana siguiente no había rastros de él.
Se dispusieron los escasos medios de salvataje con que contaba el puerto y por cinco días no surgieron noticias de la búsqueda realizada en toda la costa.
Finalmente el mar empezó a arrojar cadáveres a la playa.
Sólo dos meses más tarde pudo localizarse el casco, en el que trabajaron siete buzos a fin de ubicar el tesoro.
Con tal objeto establecieron una estación en un lugar de la costa, que más tarde por eso mismo se llamaría del Buceo.
Los contemporáneos elogiaron la bravura de estos hombres que exigían aguardiente para poder trabajar; entre otras previsiones se dispuso tener "una pipa de vino tinto para cuando zambullen".

ANGUSTIAS Y RECLAMOS

Plano de bahia de Montevideo 1727 por Domingo Petrarca

Montevideo vivió entonces largos días de angustia desesperanzada.
Entre 1786 y 1802 se registraron 25 naufragios y 8 varaduras en la ruta a Montevideo.
Era, pues, explicable que sus autoridades reclamaran insistentemente tener los auxilios necesarios para la limpieza y seguridad del puerto, la construcción de un muelle y la instalación de fanales.
El Diputado de Comercio solicitó con tanta frecuencia, como tenacidad, la provisión de aparejos, anclas, anclotes, cables y  calabrotes, una lancha para acudir al salvataje con dotación de marinos y buzos y la construcción de un depósito para guardar los efectos del salvamento.
En un oficio dirigido al Consulado daba cuenta de las consecuencias sufridas a causa del temporal de la noche del 7 al 8 de setiembre de 1799:
"En este conflicto no viene siendo suficientes las anclas y amarras, comenzaron todos los barcos a garrear para la playa y unos con otros no aguantando las amarras de algunos que reventaron y los que garrearon se hicieron averías considerables yendo a dar a la costa la Fragata de guerra «La Magdalena» y la Corbeta del Rey «La Descubierta», las Fragatas particulares  nombradas «El Rescate», «La Victoria» y «La Judith» y los Bergantines «San Felipe y Santiago», «Nuestra Señora de Aranzazú»,«San José Leonidas, dos lanchas cañoneras nombradas «La Extremeña» y más de sesenta lanchas, lanchones y botes que fueron a la playa en donde muchos aún subsisten y otros dos se fueron a pique."
Como el artículo XXIII de la Real Cédula de su creación encargaba al Consulado de Comercio: "limpiar y mantener limpio el puerto de Montevideo"; las autoridades de éste reiteradamente denunciaron la falta de cumplimiento de dicho cometido.
Los comerciantes montevideanos a su vez, reunidos en Junta el 17 de diciembre de 1798, dejaron constancia del abandono en que se mantenía el puerto, el que "carecía aun de desembarcadero no obstante su importancia, de manera que más peligroso era poner el pie en tierra", que efectuar la travesía desde la metrópoli hasta Montevideo.
La demora producida en la tramitación del expediente relativo a la provisión de implementos para el puerto de Montevideo y  recursos para las obras, movió la denuncia que el gobernador José de Bustamante y Guerra formuló al ministro de Marina español, en la que acusaba de indiferencia al Consulado de Buenos Aires, y de omisión en el cumplimiento de las órdenes reales que mandaban franquear los auxilios.
Obtuvo así la Real Orden de diciembre de 1797, que conminaba al Consulado la entrega de dos lanchas con cubierta, y a poner de inmediato a disposición del gobernador doce mil pesos para instalar, bajo su dirección, "un vigía con su faro en la Isla de Flores".
A fines del siglo XVIII quedaron proyectados, calculado su costo y prevista la obtención de recursos para los fanales del Cerro y de la Isla de Flores.

(*) Docente e investigadora de historia nacional y americana.
     Esposa del también historiador, Alfredo Castellanos.

Recopilado del libro: Montevideo en el siglo XVIII (Colección Nuestra Tierra, 1968)

Transcripción y compaginación: Carlos Castillo
(Los subtítulos no son originales, son una pequeña licencia literaria que nos tomamos)

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