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8 abr. 2013

70 años: recuerdos de la Ciudad Vieja y su puerto.


70 años: recuerdos de la Ciudad Vieja y su puerto.

Por Emilio Cazala.

   Hidroavión empresa CAUSA
Aún hoy nos maravilla recorrer las calles de la Ciudad Vieja, que la conocemos casi casa por casa, por todos los queridos recuerdos que nos trae de estos pasados 70 años y porque la consideramos una continuación del puerto, legítimo concepto que viene del pasado de su fundación, ya que fue primero el puerto y luego el poblado o el entorno social nacido de sus actividades marítimas.
Entonces el centro de Montevideo, el corazón del Uruguay, iba de la Plaza Independencia hacia la Plaza Zabala, que ésta sí, era en sus tiempos una plaza selecta y de prestigio. A su alrededor estaban los llamados jardines de suntuosas residencias como el Palacio Taranco, la de los Shaw, Sáenz de Zumarán, la residencia del Dr. Eduardo Blanco Acevedo y luego del Dr. Gabriel Terra (hoy Discount Bank), y otras residencias no menos importantes plantadas alrededor de sus cuatro o cinco cuadras, como así también estudios jurídicos, representantes de empresas internacionales, los principales laboratorios extranjeros, bancos, importadores, exportadores, los Zorrilla, los Antuña, los Aguirre, los Rodó. Aún vienen a nuestra memoria comercios al detalle como la sombrerería de Yriart que exhibía sus artículos en vidriera, todo importado de Inglaterra, Francia e Italia. Eran los tiempos, casi el final, que no se podía ir por la calle "a pelo" como dice la zarzuela española y había fábricas de sombreros en Uruguay de muy buena calidad. Las agencias marítimas, las oficinas de los frigoríficos extranjeros, todo lo que estaba conectado con el comercio exterior estaba allí, en unas pocas cuadras entre la Aduana y la calle Juncal y entre Buenos Aires y 25 de Agosto. Hermosos y prestigiosos edificios bancarios se habían levantado allí, algunos ya desaparecidos y felizmente otros en pie o recuperándose.
Casi día por medio visitabamos agencias marítimas, despachantes de Aduana, importadores, exportadores, bufetes profesionales, transitarios, bancos, asociaciones, instituciones estatales, Contralor de Importaciones y Exportaciones que estaba en un colegio de monjas en Cerrito y Colón. 

Vista de la Ciudad Vieja hacia el Sur

En fin, no debe haber oficina o casona de la Ciudad Vieja donde en estos 70 años no hayamos entrado alguna vez a buscar una información o recoger datos para notas o entrevistas periodísticas para nuestra página marítima, única y exclusiva. Es que el corazón del Uruguay palpitaba entonces desde la city, los personajes residían desde Florida al puerto. Algunas de las edificaciones recicladas para oficinas fueron entonces mansiones de los personajes. Las calles con brillo propio eran 25 de Mayo por la que circulaban todos los tranvías de Montevideo y una Sarandí lujosa hasta reventar de sensualidad. Sin duda era una urbe moderna que estaba al día en todo, casi una copia del cotidiano vivir o estilo de vida francés, pero sobre todo era cosmopolita y con un fuerte tufo y gusto europeo.
Vista del Puerto de Montevideo
VIAJEROS. Eran los tiempos en que todos los días llegaban los transatlánticos franceses, italianos, españoles y los ingleses con su carga de inmigrantes y los uruguayos que embarcaban o llegaban de Europa. Recién había terminado la II Guerra Mundial y cada arribo era un acontecimiento portuario, donde los parientes se daban cita para recibir a sus seres queridos o despedirlos. Los muelles 3, 4 y 5 se colmaban de visitantes habilitados con una permiso otorgado por la agencia marítima y control de Prefectura. En esos tiempos se viajaba con siete u ocho valijas, y dos o tres baúles. Cuando se volvía de Europa esa cantidad aumentaba. Cuando era la despedida con dicho permiso se podía subir a bordo de las naves, una o dos horas, hasta que una campana y parlantes anunciaba a los visitantes el momento de bajar de la nave. 



También hay que decir que los visitantes tenían la oportunidad de comprar al personal de a bordo lápices labiales, perfumes, pilots, pañuelos de seda, vino Chianti, cigarrillos y radios portátiles inventadas en Japón. Los que llegaban eran también refugiados de la vieja Europa que buscaban protección en el Uruguay, familias que se reunían luego de años de separación, niños que venían solos para reunirse con parientes cercanos. Eran también los tiempos que en los barcos franceses, a través de una invitación especial, uruguayos de nota almorzaban a bordo en el comedor de primera clase mediante el pago de 10 pesos como si estuvieran en un restaurante de París. Nosotros íbamos a bordo en todas las oportunidades a buscar la nota para El País. Los gerentes de las empresas navieras eran señores mayores, muy expertos, que nos recibían, con 30 años de diferencia, con amistad y respeto. ¡Y cómo aprendíamos! Eran ingleses, franceses como la Navifrance, alemanes, italianos, norteamericanos como la Moore McCormack Lines. Mayormente se iba y retornaba por aquellos años en barco, los aviones aún eran muy caros y no había una cultura de viajar por vía aérea, cuyas compañías eran la Pan American, la British, Alitalia, Air France, Lufthansa y KLM. Las compañías teatrales lo hacían en barco, como el Folie Bergere, Josephine Baker, las Blue Bell Girls y orquestas sinfónicas de todos lados. Los barcos eran gigantes: de 156 metros y 25 mil toneladas, los de hoy son de 300 metros y 120 mil toneladas. Los barcos de la carrera Buenos Aires-Montevideo eran también importantes, porque los personajes de notoriedad venían en dichas naves desde la vecina orilla, así que todas las mañanas había notas a bordo del Ciudad de Buenos Aires y Ciudad de Montevideo. En la temporada turística funcionaban tres o cuatro barcos todos los días repletos de turistas que venían también con sus autos. Entonces había un tren rápido desde el puerto a Punta del Este.


Baños de Urquiza y Maldonado Ciudadela

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