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19 ene. 2013

LA PRIMERA REGLAMENTACIÓN PESQUERA.



LA PESCA Y LA CALLE DE LOS PESCADORES.


Isidoro de María (1815-1906)(*)


Siempre fue permitida la pesca en nuestro gran río, abundantísimo de rico pescado en todas las estaciones del año; pero como de todo puede abusarse, el Cabildo juzgó conveniente reglamentarla desde el año 8.
Se dispuso que se hiciese con redes, espineles, masas, anzuelos y otros instrumentos de uso, pero siendo prohibido emplear en la pesca cal viva, beleño, coca y otros cualesquiera simples o compuestos que extinguiesen la cría y fuesen nocivos a la salud pública.
Los viejos cabildantes estaban en todo. No se dormían en las pajas.
La menor malla de cada red debía constar de pulgada y media por cada costado de su cuadro.
Como era tan abundante el pescado en este río, no se juzgó necesario establecer vedas, calculando el tiempo del desove.
Prohibióse a los pescadores dejar sobre las playas, como lo hacían en la de la Aguada generalmente, el pescado menudo que sacaban y arrojaban inutilizando las crías e infestando el aire. 
Debían echar al agua todo el pescado menudo, bajo pena de multa.
Con el tiempo aquella buena práctica cayó en desuso.
¡El pescado! Aquello era una bendición de Dios, decían nuestros abuelos, como la carne y el pan en esta tierra.
¡Qué abundancia de corvinas, pescadillas, brótolas, pejerreyes y palometas de red!. Y las soberbias corvinas negras que se pescaban en la costa del Cerro! De los bagres, excepción hecha de los mochuelos, poco caso se hacía.
Ni aun los pescadores de caña en la famosa peña del Bagre, que venía a quedar donde existe ahora la Usina del Gas, se contentaban con los bagrecitos amarillos, que picaban que era un gusto. No se rnovían de la peña, sin sacar otra clase de peces. 
Aún en los años treinta y tantos y 40, eran fijos allí con la caña o el aparejo, nuestros viejos amigos Gabriel y Luis Velazco, Andrés Vázquez y otros aficionados a la pesca.
No sucedía así en tiempo del sitio del año 12 al 14, en que los morrudos bagres hacían el gasto, hasta que una vez se encontró en uno un pedazo de bayeta, que hizo creer fuese del cuerpo de algún ahogado comido por los pescados, y empezó a causar repugnancia su uso, a pesar de los pesares, y a los cuales dieron en llamar los godos, "los dragones de la patria", con cuyo nombre eran conocidos los bagres grandes.
¿Y cuando la Guerra Grande? Oh! entonces eran un manjar, que dio tema a nuestro festivo Figueroa para su célebre canto al Bagre, en que sonaba Bugres, bagres, en vez de bagres.


Vamos ahora a la calle de los Pescadores. Desde el tiempo de los españoles era generalmente conocida así la de San Joaquín (hoy Treinta y Tres), sin otro motivo que tener en ella establecidos sus cuartos los pescadores para el expendio del pescado.
De allí salían con la palanca al hombro por las calles a venderlo al vecindario, a medio la sarta, en un tiempo. a cuatro y seis vintenes en otro, salvo en la Semana Santa, en que cargaban la romana.
Cada bote pescador pagaba de impuesto dos reales para el hospital, con la obligación de dar un
pescado de cada tina que desembarcaran, y que se hacía efectivo desde el tiempo de la dominación portuguesa en la guardia del Muelle. al pasar por la portada abierta en la parte de la muralla del Trocadero, donde estaba el centinela.
Esa contribución se destinaba para alimentación de los presos de la cárcel.

(*)Isidoro De María (18015-1906). Tipógrafo, periodista, memorialista, político, historiador, Cronista de la Patria Vieja, conoció a buena parte de las figuras históricas que participaron en el proceso fundacional de la República y fue testigo de las primeras décadas de su historia. Intervino en la creación de múltiples periódicos de los que fue redactor, dejando en ellos una enorme cantidad de artículos que, con sus libros y variados escritos, constituyen una obra particularmente considerable. Como inspector de escuelas y autor de textos para la enseñanza, se destacó por sus ideas de avanzada. De acuerdo a Pivel Devoto, es el representante más auténtico de nuestras tradiciones, impregnada toda su obra "de un sentimiento de ingenuo amor al pasado que la llena de encanto y la hace perdurable."

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