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26 ene. 2013

FARO DEL CERRO Y DE LA ISLA DE FLORES.POR ISIDORO DE MARÍA


LA FAROLA DEL CERRO.
(*)ISIDORO DE MARÍA:Montevideo antiguo.Tradiciones y recuerdos. 1a edición 1887)


La farola del Cerro fue el primer faro que hubo en el Río de la Plata.
En el año 1799 se presupuestó la obra en 1661 pesos, dándose comienzo a ella por el año 2.
En el año 4 estaba concluida.
Al principio fue de luz fija, Iluminándose con candilejas de barro.
El padre Arriera, hombre inteligente, se propuso arreglarla de otro modo, haciéndola girar por medio de cuerdas. Y así, gracias a su mecanismo, la luz de la farola fue giratoria.
Pero años después, en tiempo de los portugueses, dejó de haberla ni fija ni giratoria, porque se dió al trasto con la Linterna, como decía el príor del Consulado el año 17, y no se rehabilitó para el servicio hasta septiembre del año siguiente, mediante su recomposición, en que tuvo principal parte nuestro buen padre don José Arriera, que a todo se prestaba tratándose del bien, enseñándolo como preceptor de una escuela a practicarlo con su ejemplo a sus discípulos, haciéndose acompañar de los más aplicados en sus excursiones al Cerro.
Desde entonces desaparecieron las candilejas de la farola, sustituyéndose con alumbrado de aceite, sirviendo la luz fija de nuestra atalaya, de guía al navegante del Río como mar descubierto por Solís que baña nuestras costas. Surgió con ese motivo la idea de llevarse a cabo el establecimiento del faro en la Isla de Flores, iniciado desde últimos del siglo pasado.

De cómo perdimos parte de nuestro territorio a cambio de un Faro.

Pero no había fondos para emprenderlo, y de ahí vino el convenio secreto celebrado el año 19 entre el Cabildo y el barón de la Laguna, prometiendo proporcionarlos, a cambio de que se reconociese como perteneciente a la provincia de Río Grande el territorio comprendido entre los ríos Cuareim y Arapey de la Cisplatina, en compensación de los gastos que ocasionara la construcción de la farola de la Isla de Flores, incluso los de la pacificación, la que trataremos más adelante.
Corría el año 1836 cuando una centella vino a inutilizar la farola del Cerro, interrumpiendo su servicio por un tiempo. AIlá fue otra vez nuestro padre Arriera a componerla. 
Cinco meses duró la interrupción, hasta que al fin, en Junio de ese año, quedó completamente restablecida para el servicio, bajo la dirección del buen Arriera. Como unos 15 días se alumbró con 6 u 8 quinqués, pero por la economía de aceite quedó reducida a sólo dos.
Siete años después, su luz se eclipsó por completo, a causa de haber sido destruida la farola el año 43 por los fuegos de los sitiadores de esa época, no volviendo a restablecerse hasta el 52, en que volvió a funcionar sin interrupción.

(*)Isidoro De María (18015-1906). Tipógrafo, periodista, memorialista, político, historiador, Cronista de la Patria Vieja, conoció a buena parte de las figuras históricas que participaron en el proceso fundacional de la República y fue testigo de las primeras décadas de su historia. Intervino en la creación de múltiples periódicos de los que fue redactor, dejando en ellos una enorme cantidad de artículos que, con sus libros y variados escritos, constituyen una obra particularmente considerable. Como inspector de escuelas y autor de textos para la enseñanza, se destacó por sus ideas de avanzada. De acuerdo a Pivel Devoto, es el representante más auténtico de nuestras tradiciones, impregnada toda su obra "de un sentimiento de ingenuo amor al pasado que la llena de encanto y la hace perdurable."

19 ene. 2013

LA PRIMERA REGLAMENTACIÓN PESQUERA.



LA PESCA Y LA CALLE DE LOS PESCADORES.


Isidoro de María (1815-1906)(*)


Siempre fue permitida la pesca en nuestro gran río, abundantísimo de rico pescado en todas las estaciones del año; pero como de todo puede abusarse, el Cabildo juzgó conveniente reglamentarla desde el año 8.
Se dispuso que se hiciese con redes, espineles, masas, anzuelos y otros instrumentos de uso, pero siendo prohibido emplear en la pesca cal viva, beleño, coca y otros cualesquiera simples o compuestos que extinguiesen la cría y fuesen nocivos a la salud pública.
Los viejos cabildantes estaban en todo. No se dormían en las pajas.
La menor malla de cada red debía constar de pulgada y media por cada costado de su cuadro.
Como era tan abundante el pescado en este río, no se juzgó necesario establecer vedas, calculando el tiempo del desove.
Prohibióse a los pescadores dejar sobre las playas, como lo hacían en la de la Aguada generalmente, el pescado menudo que sacaban y arrojaban inutilizando las crías e infestando el aire. 
Debían echar al agua todo el pescado menudo, bajo pena de multa.
Con el tiempo aquella buena práctica cayó en desuso.
¡El pescado! Aquello era una bendición de Dios, decían nuestros abuelos, como la carne y el pan en esta tierra.
¡Qué abundancia de corvinas, pescadillas, brótolas, pejerreyes y palometas de red!. Y las soberbias corvinas negras que se pescaban en la costa del Cerro! De los bagres, excepción hecha de los mochuelos, poco caso se hacía.
Ni aun los pescadores de caña en la famosa peña del Bagre, que venía a quedar donde existe ahora la Usina del Gas, se contentaban con los bagrecitos amarillos, que picaban que era un gusto. No se rnovían de la peña, sin sacar otra clase de peces. 
Aún en los años treinta y tantos y 40, eran fijos allí con la caña o el aparejo, nuestros viejos amigos Gabriel y Luis Velazco, Andrés Vázquez y otros aficionados a la pesca.
No sucedía así en tiempo del sitio del año 12 al 14, en que los morrudos bagres hacían el gasto, hasta que una vez se encontró en uno un pedazo de bayeta, que hizo creer fuese del cuerpo de algún ahogado comido por los pescados, y empezó a causar repugnancia su uso, a pesar de los pesares, y a los cuales dieron en llamar los godos, "los dragones de la patria", con cuyo nombre eran conocidos los bagres grandes.
¿Y cuando la Guerra Grande? Oh! entonces eran un manjar, que dio tema a nuestro festivo Figueroa para su célebre canto al Bagre, en que sonaba Bugres, bagres, en vez de bagres.


Vamos ahora a la calle de los Pescadores. Desde el tiempo de los españoles era generalmente conocida así la de San Joaquín (hoy Treinta y Tres), sin otro motivo que tener en ella establecidos sus cuartos los pescadores para el expendio del pescado.
De allí salían con la palanca al hombro por las calles a venderlo al vecindario, a medio la sarta, en un tiempo. a cuatro y seis vintenes en otro, salvo en la Semana Santa, en que cargaban la romana.
Cada bote pescador pagaba de impuesto dos reales para el hospital, con la obligación de dar un
pescado de cada tina que desembarcaran, y que se hacía efectivo desde el tiempo de la dominación portuguesa en la guardia del Muelle. al pasar por la portada abierta en la parte de la muralla del Trocadero, donde estaba el centinela.
Esa contribución se destinaba para alimentación de los presos de la cárcel.

(*)Isidoro De María (18015-1906). Tipógrafo, periodista, memorialista, político, historiador, Cronista de la Patria Vieja, conoció a buena parte de las figuras históricas que participaron en el proceso fundacional de la República y fue testigo de las primeras décadas de su historia. Intervino en la creación de múltiples periódicos de los que fue redactor, dejando en ellos una enorme cantidad de artículos que, con sus libros y variados escritos, constituyen una obra particularmente considerable. Como inspector de escuelas y autor de textos para la enseñanza, se destacó por sus ideas de avanzada. De acuerdo a Pivel Devoto, es el representante más auténtico de nuestras tradiciones, impregnada toda su obra "de un sentimiento de ingenuo amor al pasado que la llena de encanto y la hace perdurable."

13 ene. 2013

HACE 200 AÑOS UN PUERTO MUY ACTIVO


Siguiendo con los textos de don Isidoro De María(1) de su libro "MONTEVIDEO ANTIGUO-TRADICIONES Y RECUERDO", copiamos un relato en que refleja como era el Puerto de Montevideo hace unos 200 años, la enorme actividad comercial que desplegaba y el movimiento social que convocaba. 

UN PUERTO MUY ACTIVO(*).
"...se prefería este puerto al de la Ensenada de Barragán de la opuesta Orilla del Plata", 

Ya nos parece que algún incrédulo nos objeta, eso de barcos, que ver poblado el puerto en aquel tiempo, serían “habas contadas”.
Pues no señor, ni tanto ni tan poco, porque ha de saberse que en la época del coloniaje se prefería este puerto al de la Ensenada de Barragán de la opuesta Orilla del Plata, y que la estadística de entonces nos daba el movimiento marítimo de entrada, en el año 2, por ejemplo, representado por 188 entradas de buques de ultramar y 648 embarcaciones costaneras, entre zumacas, goletas y balandras. 
Vamos, que no eran tan “habas contadas, las de la bahía, en que poder recrear la vista. 
Y con decir que solo en un temporal (1791) se fueron a la costa sesenta embarcaciones, puede formarse Idea si habría barcos que ver en el puerto.
Los domingos era una romería aquel paseo del Recinto, hasta irse a encontrar con los candombes en la costa del sur, por la batería de San Rafael hasta el Cubo del Sur (hoy calle de Santa Teresa). 
Aquel Cubo histórico, levantado el año 8, para cuyo trabajo se arremangó el gobernador Elío personalmente, cargando piedra para construirlo, como cualquier otro hijo de vecino, imitándolo los cabildantes, ¡Quién lo diría! A pesar del pico y la barreta que en los tiempos posteriores demolieron el muro, aún conserva vestigios el Cubo, en donde se alza el templo anglicano.
Aquí viene al pelo aquel verso de Alfaro a su memoria.

AL CUBO DEL SUR
Quedas tú y pasarás a edad remota
En tu glorioso puesto de combate,
Resistiendo a los tiempos y al embate
De la furia de! mar que en ti se azota.
Quedas ahí, para que tome nota
La historia que tu época relate,
y por eso tu muro no se abate
Ni su fuerza declina ni se agota.
De la antigua ciudad fortificada
De baluartes y fuertes coronada,
Incontrastable, tú, sólo has quedado.
y tu altiva muralla que ovalada
Fue por e! pueblo heroico levantada,
La grandeza pregona del pasado.

A buen seguro que no faltaban al paseo del Recinto entre la españolada de aquel tiempo, el de Vargas con su sombrero apuntado y sus condecoraciones,
Ni Sánchez, ni Diago, ni Olave, ni Cué, ni Mancebo,
Ni Argerich, ni Balbin, ni Murgiondo, ni don Esteban, ni aun el Padre Simón, aquél que, según reza la tradición, andaba pintando, aunque dejónos en ayunas, si pintaba de buen mozo o de currutaco. y en tiempo de don Juan VI, no hay que hablar.

SOCIEDAD, GASTRONOMÍA Y MODA EN EL RECINTO.(*)
Era cosa de verse aquel paseo del Recinto en una tarde de verano en los días festivos. 
No quedaba tendero viejo, ni jefe de familia, ni matrona, ni muchacha que no concurriese a él, a la par de los fidalgos, haciendo rumbo al popular candombe de la raza africana. 
Lo preferían al de la tradicional Quinta de las Albahacas, con sus plantitas de albahacón o albahaca envueltas en una hoja de col, y a las fritangas de huevos con chorizo.
Y cómo lucían su garbo los currutacos y los empolvados sus fraques, mezclados con las chaquetas de mahón o pana y los anchos calzones de nanquín azul o de piel, que vestían los pobres, y los chíquitines sus mameluquitos, con su botonadura de filigrana y su gorrita de paño.

¡Y las damas! ¡Oh! las damas, con todo el baúl de atavíos, y el relumbrón al cuello de la cadena de oro de tres o cuatro vueltas, o la gargantilla deslumbrante, y por de contado, con la criada atrás. Y cómo lucían, o por lo menos lo pretendían, con los mangos, el vestido de chicote de talle alto, de medio paso, o con e! ruedo pesadito, con los chumbos o perdigones de uso, como que para que alguna ventolina no lo levantase indiscretamente.
La seda, la espumilla, el terciopelo, la muselina, el mahón con sus flecos, bellotas o trencillas, lucían en sus trajes, como aquellas mantas de punto de chapa, pañuelos de espumilla lisos o bordados del tapado, y el abanico de nácar, y el ridículo de mostacilla, y la media de patente, y el zapatito de cabritilla, vamos, no faltaban en aquella romería del viejo Recinto para animarla, Doña Sebastiana, con su soberbia cadena de oro, sus grandes pendientes diamantinos, sus abuchados y su par de criadas atrás, entre las matronas, hacía el gasto para el corte femenino en las tertulias a la noche.

Había paseantes que no se contentaban con dar vuelta al Recinto por dentro de la muralla, sino que iban por fuera sobre la contraescarpa del foso, desde el Porrón Nuevo hasta el Parque de Artillería, echando la curiosa mirada a las plantaciones de coles y cebollas que tenían los soldados del Parque dentro del foso. Pero un bufido del centinela, con su vasimbora, más que ligero ponía en retirada a los curiosos.

¡Cuánto puede la costumbre!.

Tan arraigada estaba la del paseo al Recinto, que fueron en su tiempo constantes paseanderos Mezquita, Roo, Meirelles, González, Carabaca, Arrecona, Del Río, Figueroa, Escarza, Rico, Ellauri, Blanco y tantos otros, que aún después del abajo murallas del este, no se olvidaban de él, y por allá iban, aunque soplase el pampero, Meléndez, Tardáguila, Ferrer, Arrue, Nieto, don Juan Benito Blanco con su prole, y don Gabriel Pereira con la suya.

(*) Los subtitulos y subrayados son una licencia que se tomó quien transcribió este texto de Isidoro De María, con todo respeto y admiración.

(1) Isidoro De María (18015-1906). Tipógrafo, periodista, memorialista, político, historiador, Cronista de la Patria Vieja, conoció a buena parte de las figuras históricas que participaron en el proceso fundacional de la República y fue testigo de las primeras décadas de su historia. Intervino en la creación de múltiples periódicos de los que fue redactor, dejando en ellos una enorme cantidad de artículos que, con sus libros y variados escritos, constituyen una obra particularmente considerable. Como inspector de escuelas y autor de textos para la enseñanza, se destacó por sus ideas de avanzada. De acuerdo a Pivel Devoto, es el representante más auténtico de nuestras tradiciones, impregnada toda su obra "de un sentimiento de ingenuo amor al pasado que la llena de encanto y la hace perdurable."

12 ene. 2013

REYES EN EL PUERTO DE MONTEVIDEO, UNA FIESTA CON MÁS DE 200 AÑOS



Con motivo del Día de reyes el pasado 5 de enero en el Puerto de Montevideo, la empresa TCP realizó un evento en el que convocó a miles de personas, particularmente niños.

Esta fiesta revivida por la empresa portuaria, tiene según cuenta, ya hace más de 100 años, el historiador Isidoro de María (1815-1906), su antecedente en la época de la colonia con los primeros esclavos, tristemente llegados a  estas tierras.

Si bien hoy la fiesta se reproduce en los barrios Sur y Palermo, incluso en la ciudad de Colonia, supo el Puerto de Montevideo ser testigo de estas celebraciones.

A continuación reproducimos el relato de De María de su libro Montevideo antiguo-tradiciones y recuerdo.

 

                             Tony Touillon en base a dibujo de H. Berthet.

EL RECINTO
(1808 – 1829)
Escribe Isidoro De María (*):
Vamos por partes, que todo se ha de andar si la carreta no se quiebra de vieja.
Hablemos del Recinto. 
Desde lejanos tiempos el recinto de la ciudad de San Felipe fue el paseo predilecto de los moradores. Lo formaba todo el espacio comprendido desde las Bóvedas hasta el Cubo del Sur, sobre la rivera, entre la muralla y lo poblado con frente al mar.
Por allí iban costeándolo, como hormiguitas por su senda, las buenas gentes del tiempo del rey a esparcir el ánimo, como dice la tradición, o recrear la vista en el panorama pintoresco que ofrecía el puerto con las embarcaciones, el gigante que lo guardaba con su vigía y su farola, la Isla de Ratas, el campo con su alfombra de esmeralda en la opuesta orilla del norte, y los médanos de la Aguada, Arroyo Seco y Caserío de los Negros sobre la barra del Miguelete.

Los paseantes de todas las clases sociales, en plática amistosa, sorbiendo tantos un polvo, se deslizaban por aIlí a paso reposado, deteniéndolo a veces un momento delante de las baterías que lo circundaban, o de los bañistas del Baño de los Padres, continuando su camino hasta el cuartel de Dragones, echando una mirada a los navíos y fragatas del Apostadero.


CANDOMBEANDO. 
Cantémosle el “gori-gori” los que lo conocimos, recorriéndolo tantas veces para ir a ver los tíos en el candombe; o mejor, cantémosle con Alfaro:

Queda el viejo Recinto en el olvido;
Paseo pintoresco y frecuentado,
Por el mar y sus rocas limitado,
Que a veces lo ocultaba embravecido.
De la raza africana preferido,
Era de sus candombes el estrado,
Donde al son del tan-tan desentonado
Todo era frenesí, danza y sonido.

Si la raza blanca bailaba al compás del arpa, del piano, de! violín, de la guitarra, o de la música de viento, ¿por qué la africana no había de poder hacerlo también al son del tamboril y de la marimba?
Si la una se zarandeaba en el fandango, e! bolero, la contradanza y e! pericón con sus figuras y castañeo, bien podía la otra sacudirse con el tan-tan, de! candombe.

Los domingos, ya se sabía, no faltaba e! candombe, en que eran piernas lo mismo los negros, viejos y mozos, que las negras, con licencia de “su merced el amo o la ama", salvo si eran libertos o esclavos de algún amo de aquéllos que los trataban a la baqueta, sin permitirles respiro.

Cada nación tenía su canchita de trecho en trecho, medía alízada a fuerza de talón, o preparada con una capita de arena, para darle al tango.
Los congos, mozambiques, benguelas, minas, cabindas, molembos, y en fin, todos los de Angola hacían allí su rueda, y al son de la tambora, de! tamboril, de la marimba en e! mate o porongo, del mazacalla y de los palillos, se entregaban contentos al candombe con su calunga cangué... eee elumbá, y otros cánticos, acompañados con las palmadas cadenciosas de los danzantes, que movían piernas, brazos y cabeza al compás de aquel concierto que daba gusto a los tíos. 

Y siga el tango, y el chinchirin chindá, chinchi, y el tan-tan del divertimiento de las clases, y de la multitud que, siguiendo la costumbre, iba a festejarlo en el paseo del Recinto.

¡Y cómo se divertían las amitas y los amitos en aquel pasatiempo, viendo a tía Juana, a tía Francisca, a tía Pepa, y a la mostacilla de negritas y negritos, bailando el candombe!
Y las mamás riendo con ellas, y los papás entre graves y sonrientes haciéndoles lugar pata que vieran a su gusto, y aflojando algunos vintenes para el platillo que circula y presenta en una vuelta, bailando alguna tía vieja o muchachona, blanqueándole los dientes y estirando la mano, pidiendo para la sala.

Y tras eso, papá o mamá, cómprame alfajores y rosquetes, dicen los chicos, al ver alguna otra tía Vieja sentada en el suelo con su tablero por delante, diciendo a los paseantes: "Su merced, rosquetes, tortas y alfajores para los niños". 
Y no había remedio, sino comprar para contentar a los chicos.

Así la buena gente de ese tiempo, encontraba distracción inocente en los candombes, y la raza africana, entregada alegremente a los usos y recuerdos de Angola, parecía olvidar en aquellos momentos de jolgorio la triste condición del esclavo, y el día en que la codicia y la crueldad "de los traficantes", la arrancara de la tierra natal.
El tango se prolongaba hasta puesta de sol, con sus variantes de beber chicha, para refrescar el gaznate, seco de tanto eee lIumba, eee llambá, y paseantes y danzantes se ponían en retirada.

DÍA DE REYES EN EL RECINTO.

¡El día de Reyes! ¡Oh! en ese día de regia fiesta, era lo que había que ver.
-“Vamos a los Reyes, a las salas de los benguelas, de los congos y demás, por el barrio del sur”, era la palabra de orden del ama de casa, y “apróntense muchachas”; y los chicos saltaban de contento.
Y como la soga va tras del caldero, allá iba también el padre de bracete con la señora, y toda la sacra familia por delante.
Y los cortejantes y curiosos no se descuidaban en ir hacer acto de presencia en el punto de reunión, pues, a ver los tronos y el candombe.
Cada nación echaba el resto en la compostura de su sala; y no hay que hablar de la vestimenta de los tíos y de las tías, como para presentarse en la corte y hacer los honores a su Majestad conga, cambimba o mozambique.
Las amas y las amitas de buena pasta, se esmeraban en ataviar a la Reina y a las princesas, proporcionándoles vestidos, blondas, cinturones, collares y tantas cosas. menos, por supuesto, la cabellera, por aquello de que ya se hará cargo el lector.
Los tíos agenciaban sus casacas, calzones, levitas, aunque fuesen color ratón pelado, corbatines, elásticos, galera alta, y por fin, cuanto podían para vestir de corte.
San Baltasar
(http://www.candombodromo.com)

En cada sala un trono, con su cortinaje y el altar con San Antonio o San Baltasar, y e! platillo a la entrada para los cobres o pesetas, con el capitán guardián de la puerta y de la colecta.
En el trono aparecían sentados con mucha gravedad, el rey tío Francisco Sienta, o tío José Vidal, o tío Antonio Pagola, Con su par de charreteras, su casaca galoneada y su calzón blanco con franja, y sus colgajos con honores y decoraciones sobre el pecho. A su lado la reina tía Felipa Artigas, o tía Petrona Durán, o tía María del Rosario, la mejor pastelera, con su vestido de rango, su manta de punto, su collar de cuentas blancas O su cadena de oro luciendo en e! cuello de azabache; y las princesas y camareras por el estilo.
Vamos, que a sus majestades y su corte no les cabía un huevo.
Y la gente entra y sale a la sala a ver los Reyes que es un contento, aunque la atmósfera, vaya, con el calor, pues, no sea del todo agradable al olfato.
Era la fiesta popular de los Reyes, sin ser los Magos, y basta.
Después, ilusiones adiós, y volvamos al fregado, cambiando el manto y la diadema y las charreteras y el elástico, por el rebozo, la chaqueta vieja, la escoba y la tipa de la plaza o la Recaba.
La fiesta no paraba en eso.
Los Reyes y sus acompañantes asistían en corporación a la Matriz a la fiesta de San Baltasar, cuyo altar pertenecía a doña Dolores Vidal de Pereira, quien por de contado lo preparaba con magnificencia para la función del Santo.
Concluida ésta, salía la comitiva africana con su vestimenta de corte por esas calles de Dios a hacer la visita en regla al Gobernador y demás autoridades. quienes la recibían muy cortésmente y la obsequiaban.
Si saldrían contentos de la recepción sus Majestades congo, bengue!a, mozambique y demás, deseando la vuelta de otro día de los Reyes chatos, como
diría Alfaro, en aquel verso alegórico:
Las diversas naciones africanas
Elegían su Rey con aparato,
Que era algún negro de lanudas canas,
y en el día de Reyes, e! Rey chato,
Con marimbas, tan-tan, y macanas,
Era paseado en triunfo con boato.
 

(*)Isidoro De María (18015-1906). Tipógrafo, periodista, memorialista, político, historiador, Cronista de la Patria Vieja, conoció a buena parte de las figuras históricas que participaron en el proceso fundacional de la República y fue testigo de las primeras décadas de su historia. Intervino en la creación de múltiples periódicos de los que fue redactor, dejando en ellos una enorme cantidad de artículos que, con sus libros y variados escritos, constituyen una obra particularmente considerable. Como inspector de escuelas y autor de textos para la enseñanza, se destacó por sus ideas de avanzada. De acuerdo a Pivel Devoto, es el representante más auténtico de nuestras tradiciones, impregnada toda su obra "de un sentimiento de ingenuo amor al pasado que la llena de encanto y la hace perdurable."

8 ene. 2013

CUIDATE CUIDALOS

En la costa ó si realizas actividades náuticas CUIDATE!!!
Es un mensaje de la Cultura Marítima y Portuaria
y por favor se responsable vigila a los menores de edad, no los dejes solos o con personas irresponsables

6 ene. 2013

LLEGARON LOS REYES MAGOS!!! TODAS LAS IMÁGENES

¡¡¡¡¡¡Y EL PUERTO DE MONTEVIDEO FUE UNA FIESTA!!!!

MAS DE 10.000 PERSONAS SE HICIERON PRESENTES  EN EL PUERTO DE MONTEVIDEO PARA RECIBIR A LOS REYES MAGOS QUE ESTE AÑO VINIERON EN BARCO.
ORGANIZADO POR TCP, Y CON EL APOYO DE LA ARMADA NACIONAL Y ANP, EL EVENTO NO SOLO LLEVÓ ALEGRÍA A MILES DE NIÑOS CON UN OBSEQUIO, SI NO QUE SE  BRINDÓ ALEGRÍA Y DIVERSIÓN  A TRAVÉS DE LA PARTICIPACIÓN DE CONOCIDOS ARTISTAS DEL MEDIO.

ESPEREMOS QUE ESTA NO SEA LA ÚLTIMA VEZ QUE UN EVENTO DE ESTAS PROPORCIONES SE HACE EN NUESTRO PUERTO CAPITALINO.
POR OTRA PARTE TAMBIÉN ESPERAMOS QUE SIRVA DE EJEMPLO PARA AQUELLAS EMPRESAS QUE SIGUEN VIVIENDO DE ESPALDAS A LA SOCIEDAD.
SIN EL CONSENTIMIENTO, SIN EL PERMISO DE LA SOCIEDAD, NO HAY ACTIVIDAD, DE NINGÚN TIPO, QUE SEA POSIBLE.
ESTO SE LOGRA A TRAVÉS DEL DIÁLOGO QUE, COMO TODO DIÁLOGO, COMIENZA DÁNDOSE A CONOCER, NO CERRÁNDOSE TRAS LOS MUROS.

DIÁLOGO, TRANSPARENCIA, ORGULLO DE PERTENECER (MIREN SI NO LOS EMPLEADOS DE TCP TRABAJANDO PARA ESTE EVENTO), PROMOCIÓN DE LA CULTURA, VALORES Y EDUCACIÓN SON SOLO ALGUNOS DE LOS BENEFICIOS DE INTERACTUAR CON LA SOCIEDAD, A LA QUE TODOS, INDEFECTIBLE E INEXORABLEMENTE, PERTENECEMOS.

LAS FOTOS DEL COMPAÑERO FERNANDO PONTOLILLO DAN TESTIMONIO DE LA MAGNITUD DE ESTE ESPECTACULAR EVENTO.

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FOTOS Y VIDEO: FERNANDO PONTOLILLO
TEXTOS: CARLOS CASTILLO
CONSTRUYENDO LA CULTURA MARITIMA Y PORTUARIA

2 ene. 2013

LOS REYES MAGOS LLEGAN AL PUERTO DE MONTEVIDEO NO TE LO PIERDAS!!!!