Se produjo un error en este gadget.

11 jul. 2012

Boris Cristoff: el floreciente puerto de los años 1930 por Emilio Cazala

Boris Cristoff: el floreciente puerto de los años 1930 por Emilio Cazala

Reproducimos una entrevista del veterano periodista marítimo al astrólogo búlgaro-uruguayo que llegado a los 5 años junto a sus padres nos cuenta sus vivencias de aquel viejo puerto montevideano. Cultura Marítima y Portuaria recorrió la calle Marsellaise ya sin los viejos adoquines, aquel empedrado que rompió las suelas de los zapatos de tantos portuarios, ahora dentro de la terminal marítima y te trajo estas imágenes que acompañan la exquisita nota de don Emilio.

 Fue Dante Iocco que un día nos dijo que otro personaje de su tiempo que había vivido desde su niñez aquel fantástico escenario portuario de hace 70 años era nada menos que el astrólogo y casi arquitecto Boris Cristoff, que alguna vez en sus correrías por el puerto habían coincidido incluso en los juegos de su tiempo y edad por esas callejuelas portuarias. Así que fuimos a su amplia casona de Carrasco a conversar del puerto, lo cual no fue fácil porque a cada instante se nos iba del tema para darle palique más que al puerto a sus singulares y sorprendentes vivencias, que las tiene, muchas e insólitas. Pero es sobre todo un anfitrión amable, optimista y a cada instante todo cuanto relata es refrendado por una amplia, suelta y franca carcajada. Una pared por lo menos y varios paneles muestran cientos de fotos acompañado de famosos personajes del pasado y de hoy, en los estantes altos vimos ejemplares de libros por él editados (35 títulos) incluido un best seller, referencias astrológicas a cada instante, objetos de arte de todo el mundo y en una sala que más bien parecía un taller de trabajo con mezcla de retiro espiritual, hicimos la entrevista. Lo escuchamos durante dos entretenidas y agradables horas. Todo eso compartido con un PC encendido donde nos confió muy fascinantes imágenes y pasajes de un libro que tiene en elaboración —su astrobiografía— que algún día verá la luz y parece muy atractivo. Por si fuera poco, desde la ventana vimos su inmenso invernáculo, otra de sus aficiones, donde increíblemente al borde del Río de la Plata y con sus incrementes fríos, nuestro amigo cultiva plátanos, cuyas pequeñas bananas que probamos, son riquísimas. Y nos sorprende con otra, cultiva nogales cuyas nueces pecan, de forma de un pulgar son también exquisitas.
Se conoce todos los yuyos y también su uso. Pero de puerto hasta ahora nada, así que volvemos a cargar. Boris, vamos a hablar del puerto. Comencemos por una calle ya desaparecida —La Marsellaise— bien conocida que era el límite del puerto con la ciudad pero que en determinado momento quedó dentro del recinto portuario, pues las verjas se habían mudado una cuadra hacia 25 de Agosto. Bueno yo nací en 1925 en Sofía, Bulgaria y me vine a Montevideo el 31 de julio de 1931 con mi madre en el transatlántico italiano "Conte Verde" para reunirnos con mi padre que había llegado dos años antes. Desembarcamos y nos fuimos a vivir a la calle Agraciada y Rondeau donde estuvimos unos dos meses. Recuerdo perfectamente que por aquellos días granizó, y que las piedras eran tan grandes que por parecerse a huevos de avestruz nos aterrorizaron. A continuación llego una brutal plaga de langostas que arrasó nuestra campaña y poco después tendríamos durante varios días espesas nubes de cenizas volcánicas que llegaron del volcán chileno "Tronador". Nuestras calles quedaron cubiertas por una capa de varios centímetros de ceniza. Fue una verdadera fiesta para las amas de casa que salían a la calle con ollas para recoger y almacenar el polvillo que utilizaban como magnífico pulidor. Luego nos fuimos a una casa de inquilinato en la calle Agraciada y Cuareim, el típico conventillo con piezas, el patio y el baño general y fui a la escuela que estaba y aún está pegada a la Comisaría. Poco después nos fuimos para la Aduana. Mi padre alquiló una casa de dos plantas, una vieja pensión que estaba mismo frente al antiguo y prestigioso Hotel del Globo. Mi casa estaba entonces sobre la calle 25 de Agosto 285 y casi la actual entrada al puerto o sea Yacaré y aun recuerdo su altas y gruesas verjas. Era la primera puerta al lado de la Aduana. Estábamos en la manzana comprendida entre Colón, 25 de Agosto y La Marsellailse. La fachada de nuestra manzana daba frente mismo al Edificio de la Aduana que todavía estaba en proceso de construcción. 
 ADUANA. Sobre la calle La Marsellaise —recuerda Cristoff— había una academia de box donde estaba un tal Lorenzo Fernandez, Angelito Rodrí-guez, un extraordinario boxeador que noqueó a Firpo el Toro de las Palmas y a media cuadra sobre la calle Yacaré, que es una sola cuadra, estaba el Stadium Uruguay, un cine y lugar de espectáculos. Era una calle extraordinaria y concurridísima como también las adyacentes, sembrada de prósperos comercios de italianos, españoles, libaneses, judíos, turcos y armenios que se habían desarrollado al influjo del escenario portuario. También estaban los infaltables prostíbulos por la misma calle Yacaré y por las calles próximas. Luego venía el Mercado del Puerto donde sólo se vendían pescado, verduras, frutas y carnes. En la esquina de Pérez Castellano estaba el puesto de Jacobo Singer que era un almacén sensacional que luego se trasladó dentro del Mercado del Puerto y con los años volvió a su antiguo local. Nosotros íbamos a comprar allí ademas de caramelos, camaroncitos secos y salados que no los comían los uruguayos. Boris recuerda aquí, y no sé por que lo hace, con lo que se nos va del tema portuario, diciéndonos que en Sofía cuando nació el primer alimento que le dieron fue yogurt, porque el yogurt es un "bacilum bulgaricum" descubierto únicamente en Bulgaria y "recién después fui amamantado por mi madre". Aclara que el verdadero yogurt tiene que quedar la cuchara parada. Pero cuando vinimos a Uruguay no había yogurt y mi madre tuvo que fabricarlo. El yogurt vino años mas tarde con la Cole y la Kasdorsf y la Conaprole mucho más tarde. Yo debo ser el uruguayo viviente más antiguo que ha comido yogurt. Bueno Boris, hablemos del puerto, de la Aduana como se le llamaba antes. Hablemos de la Aduana; el tranvía corría de Este a oeste por la calle 25 de Agosto y paraba justo en a puerta de mi casa y como yo vivía en el segundo piso veíamos bajar y subir los pasajeros. Por la Marsellaise circulaba también el tranvía bajaba por Colon y circulaba de oeste a este y posiblemente subía por Treinta Tres. En el puerto había numerosos bares, almacenes y puestos y estaba también el Hotel del Globo que había sido en su tiempo el gran hotel preferido por los porteños, en su mayoría empresarios y representantes que hacían sus diligencias en la city y al siguiente o dos días mas tarde retornaban a Buenos Aires. Al hotel se entraba por la calle Colón y había un enorme patio con una palmera en su centro. Sobre Yacaré había una joyería y relojería que era de un lituano con cuya hija jugábamos en el barrio, al lado un peluquero libanés, sobre la esquina de Piedras el bien conocido almacén de Jacobo Singer. Era un barrio de bullicio y trabajadores pero las reyertas y peleas eran frecuentes con participación de la policía que intervenía rápidamente. Próximo al Mercado del Puerto estaba plagado de boliches que eran concurridos por estibadores, changadores, cargadores. Y el inolvidable Stadium Uruguay que era una sala de box que se convertía rápidamente en cine. Este era el cine de mis amores al que fui desde pequeño y tengo anotado todas las películas que vi aquí. El dueño era un argentino afirmado en el Uruguay llamado Carlos Balsan. (nuestro amigo y bien conocido hombre de prensa de la Tribuna Popular). También recuerda que un día un barco tuvo un accidente en el puerto y su carga se fue al agua; era un cargamento de planchas de madera enchapada cuyos enormes paquetones de un metro por un metro estaban atados con flejes de acero. Bueno, eso fue una fiesta porque todo el mundo fue al puerto con carretillas u otros medios a rescatar de las aguas de la bahía esos paquetones de esa madera que estaba hinchada obviamente pero ello representaba una fortuna porque en Uruguay prácticamente no había madera y la poca que había era carísima. Lo que sí tenia Uruguay como un lujo industrial, era el cemento portland, y lo digo con propiedad –agrega Cristoff– cuya tecnología podía equipararse a la alemana y aún hoy el portland uruguayo goza de prestigio en el mundo por su calidad. Después nuestro entrevistado recuerda que donde ahora amarra el vapor de la carrera, mejor dicho Buquebus, aún no estaba construido ese muelle, allí había una playita donde íbamos a bañarnos. Fue en esas circunstancias que frecuentemente veíamos tendidos en las arenas de esa playita al sol a los "vagabundos" durmiendo con los bolsillos de sus prendas para afuera para que no vinieran "otros" a revisarlos para robarle. 
Estos llamados entonces "bichicomes" vivían prácticamente en la Aduana y en nuestras correrías dentro del puerto que siempre estaba repleto de barcos extranjeros, los veíamos pedir comida a los barcos (esto también llegamos a verlo nosotros en 1944). Clavaban una lata vacía a un palo de unos dos o tres metros de largo, y las metían por los ojos de buey donde estaban las cocinas y aquellos extranjeros las llenaban con comida sobrante. En otros barcos, eran los propios tripulantes que llevaban las ollas llenas de sobrantes a espacios mas abiertos para llenar aquellas latas vacías que habían sido de aceite de oliva de dos litros. Era comida sobrante que no se podía arrojar al mar pues estaba prohibido por ley y frente a cada deposito en letras muy grandes estaba el decreto prohibitivo escrito en español, en francés e ingles. A Dante Iocco lo conocí en el Guruyú donde aprendí a nadar y él ya era un gran jugador de waterpolo, era un deportista reconocido.

 ESCRACHES. Otro recuerdo de Boris es que eran tantos los robos de mercaderías, contrabando e ilícitos que un día se levantaron altas rejas en la Aduana y todos los delincuentes quedaron impedidos de entrar (¿?). Entonces comenzaron los "escraches" contra los portones del puerto para que abrieran las rejas. Todos los días había grupos que gritaban, silbaban, y hacían bullas y líos para que abrieran las puertas a los contrabandistas alegando que "iban al puerto a ganarse su sustento". Y recuerdo que un día uno de ellos trepó la reja, pasó al otro lado, agarró el contrabando que le trajo otro y volvió del otro lado con el aplauso de todo el mundo por la hazaña. Más allá de todo eso el puerto era muy lindo, inspirador y apasionante y nosotros como niños vivíamos momentos de entusiasmo al costado mismo de aquellos enormes barcos, verdaderos monstruos de hierro, cuya altura era interminable. 

 CONVENTILLOS. Dice Cristoff que frente al Mercado del Puerto, por la calle Cerrito había verdaderos conventillos de lujo que llamaban la atención por su limpieza, higiene y pulcritud, que más bien se parecían a conventos. Aquellos conventillos estaban regenteados por un señor que no perdonaba nada, ni suciedad ni desorden y quien no aceptara las reglas de convivencia tenía que irse. En cada pieza vivía una familia y quien tuviera radio, su volumen no podía agredir al vecino contiguo.

De donde viene el nombre de la  Calle Marseillaise 
El 25 de Agosto de 1909 se dieron por inauguradas las obras del Puerto de Montevideo Meses después se dio como significativo la llegada al puerto de Montevideo de un enorme buque comercial francés que no sería otro que el transatlántico "Quessant", cuyo arribo en diciembre de 1909 coincidió con la llegada de varias naves militares francesas, entre ellas el crucero La Marsellaise, las que amarraron en distintos lugares del Muelle B. Y ese fue un acontecimiento político y a nivel de gobierno que en tiempos pasados era muy importante que conmovía a la sociedad política, artística, cultural y diplomática del Uruguay. Se hizo una ceremonia de inauguración del Muelle B. Demás está decir que por entonces los vínculos culturales uruguayos estaban fuertemente conectados con Francia, donde el francés era nuestro segundo idioma. Pues bien la flotilla de guerra francesa nos visitaba en el curso de un periplo por Sudamérica como se acostumbraba y el programa era que sus tripulaciones pasaran el fin de año de aquel 1909 en puerto. La ocasión fue propicia para que la comuna capitalina diera el nombre de La Marsellaise a una calle contigua al puerto conocida por Rampla, en honor a uno de los barcos de guerra visitantes. Lo que pretendemos recordar es que la inauguración de ese muelle se hizo con el atraque del transatlántico francés "Quessant", un barco de gran porte que calaba 8 metros y medio. Los otros barcos de guerra franceses era el "Gloire", "Gueydon" y "Dupeti-Thomas" todos ellos con el mismo calado pero quedaron fondeados en el antepuerto. La Rampla o La Marsellaise iba desde Colón a Treinta y Tres por la que circulaba el tranvía. Esa calle estaba fuera del recinto portuario y la acera Sur se enfrentaba a los viejos depósitos portuarios construidos en 1878, de los que aún quedan dos originales. La calle La Marsellaise se perdió por los nuevos límites portuarios que la dejó dentro de su jurisdicción Emilio Cazala fotografías FP