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30 abr. 2012

Solo quedan leyendas de la industria frigorífica

Solo quedan leyendas de la industria frigorífica.
Extraído de : http://www.elpais.com.uy
Colaboraciòn de Fernando Pontolillo




Villa del Cerro. Durante medio siglo el barrio vivió al son de los frigoríficos Swift, Artigas y Frigonal. La crisis de esas industrias lo transformó en otra "ciudad dormitorio", aunque el mito perdura
n la zona del Cerro y La Teja, desde el siglo XVIII proliferaron los saladeros, que producían tasajo -carne salada y seca- para alimentar a los esclavos de Brasil y Cuba y a las tripulaciones de los barcos.


En 1904 se registró un gran suceso. En Punta de Sayago, al Oeste del Cerro, comenzó a operar el frigorífico La Uruguaya, una planta de faena y conservación por frío de ganado bovino y ovino montada por capitalistas nacionales. La carne del Río de la Plata, como la de Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, llegaba por fin enfriada o congelada a los consumidores europeos gracias a las plantas y buques frigoríficos desarrollados a partir de la década de 1870 según los métodos franceses de Charles Tellier y Carré-Jullien.

Si bien el primer frigorífico operó en Uruguay entre 1884 y 1886 en el Real de San Carlos, contiguo a Colonia del Sacramento, a instancias del inglés George Wilkinson Drabble, fue en el Cerro y La Teja -además de Fray Bentos- que esa industria se consolidó y masificó. Las plantas de faena y conservación se ubicaban en sitios accesibles para los buques de ultramar, en tanto el ganado vacuno y, eventualmente ovino, arribaba desde el interior del país mediante tropas, ferrocarril y luego camiones.

En 1911 el frigorífico La Uruguaya fue vendido a la firma anglo-argentina Compañía Sansinena de Carnes Congeladas. Paralelamente, sobre un antiguo saladero, en 1912 comenzó a funcionar en punta de Lobos, también en el Cerro, el Frigorífico Montevideo, propiedad de la compañía estadounidense Swift, que ya operaba en Argentina. Tras ser adquirido por el grupo National Meat Packing Company de Chicago, que reunía a Swift y Armour, en 1916 esta planta pasó a llamarse Frigorífico Swift de Montevideo.

En 1917 se inauguró en La Teja, sobre el arroyo Pantanoso, el Frigorífico Artigas, que fue comprado casi de inmediato por la firma Armour de Chicago, que también actuaba en Argentina.

En 1928 se creó por ley el Frigorífico Nacional (Frigonal), proyecto estatal que operó la antigua planta de la Compañía Sansinena, en punta de Sayago. El Frigonal monopolizó hasta 1978 el abasto de carne a Montevideo, el mercado interno fundamental. Con ello el Estado inició lo que sería una férrea intervención en la industria cárnica. Reguló los precios del ganado en pie, de la carne al consumo, estableció exoneraciones e impuestos (detracciones) a la exportación de carnes.

La capital del país, la industria protegida y el Estado, que se llenó de funcionarios, exigían cada vez más recursos, que se extrajeron a las industrias primarias mediante el control de cambios y los impuestos. Desde la década de 1930 se realizaron "fuertes transferencias de recursos desde el sector exportador, típicamente la ganadería, hacia los sectores orientados a la producción del mercado interno, la industria, los servicios y las actividades del Estado", resumió el economista Gabriel Oddone en su libro El declive (2010).

Montevideo y su área metropolitana, que en 1929 reunían solo el 29,38% de la población del país, en 1963 significaban el 50,5%. En tres décadas el país sufrió una catástrofe demográfica por la emigración desde el Interior a la capital, que se rodeó de un cinturón de rancheríos miserables ("cantegriles").

La decadencia del sector agropecuario y los frigoríficos privados se agravó a mediados de la década de 1950 por el proteccionismo europeo y la caída de los precios internacionales de la carne. La economía uruguaya ingresó en un larguísimo proceso de estancamiento.

En 1957 los frigoríficos Swift y Armour, que no obtenían ganancias, dejaron de operar en Uruguay. Con sus plantas expropiadas se creó por la ley 12.542 de octubre de 1958 el complejo Efcsa (Establecimientos Frigoríficos del Cerro SA), que absorbió a los 4.530 funcionarios cesantes de ambas empresas. Este complejo decayó durante la década de 1960, redujo su plantilla y, tras operar con intermitencia, cerró definitivamente en 1989. La industria frigorífica, que renació y se diversificó, se alejó de Montevideo y su bahía.

Desde 1996 las ruinosas instalaciones del Swift sirven de base para la Armada Nacional, en tanto entre las ruinas del Frigorífico Artigas (ex Armour) la Intendencia de Montevideo creó en 1997-1998 el Parque Tecnológico Industrial del Cerro (PTI), que aloja a decenas de pequeñas y medianas empresas.
La industria frigorífica, que gestó una fuerte identidad cultural en el Cerro, es ahora leyenda. "Es algo que se hereda", sostiene la concejal Adriana Rojas; "sobre todo en el casco del Cerro y Casabó", donde viven los veteranos de esa producción.


El País Digital