Se produjo un error en este gadget.

7 ago. 2012

¡Hey vocé!

Historias de marinos 


Basado en el relato de Washington Pintos



Washington Pintos es un marino mercante ya retirado que está radicado desde hace nuchos años en Brasil. El como muchísimos de nuestros marinos, comenzó su actividad en la Armada Nacional, aprendiendo un oficio en la Escuela de Mecánica de la Marina, llamada hoy, Escuela de Especialidades.



El Oribe


Era el año 1963 y nuestra Armada hacía muy poco tiempo que había recibido el petrolero Oribe. Aquel hermoso buque, un turbinero construido en el Japón por el astillero Ishikawajima, era la envidia de todas la marinas latinoamericanas. 
Fue, además  la primera y única exportación de aquel astillero a Uruguay y marinos uruguayos enviados por la Armada observaron su construcción en el país nipón.
Navegarlo era un orgullo para sus tripulaciones, "la flor y nata de la marina".
Su color gris y aquel extraño indicativo pintado en su proa, "AO 9" por debajo de su nombre "ROU Presidente Oribe" dejaban entrever que se trataba de un buque militar.
Por ese entonces nuestra marina de guerra había adoptado este tipo de designación típicas de la US Navy y en este caso AO lo identificaba como "Auxiliar Oiler".

Barrio Lapa 

Nos cuenta Don Washington:

Aquella noche el Oribe estaba fondeado en Rio de Janeiro y como estábamos libres decidimos ir junto a cuatro compañeros a tomar algo y buscar alguna "garotinha".
Eramos jovencitos de veintipocos años, marinos orgullosos de nuestro barco y nos llevábamos el mundo por delante.
Como yo manejaba el portuñol y ya conocía Río, mis compañeros confiaron en mi y pasé a ser el guía turístico de aquella noche que sería "inolvidable" y vaya que lo fue...
Pintos y Borchi ROU Presidente Oribe
El Nuevo México

Cercano al puerto esta el barrio Lapa que era famoso por sus "cabarutes" y el Nuevo México era por ese entonces el mejor por la calidad del espectáculo y por lo que más nos interesaba, sus mujeres.
La memoria se pierde con los años pero recuerdo a tres de aquellos amigos, el "Flaco Borchi" y el "Petizo Cabarco" a los que la vida me llevó a cruzarlos mucho tiempo después y a un muchacho de apellido Bueno.
No solo oficié de guía sino que también hice la colecta y me convertí en el cajero del grupo. Cada uno puso la plata que podía, elegimos una buena mesa cerca del escenario y pedimos una botella de vino espumante. Cuando a la cuarta botella le vimos el fondo decidimos salir a la calle. 

¡Hey vocé!

A lo lejos había unos muchachos, uno de ellos me gritaba ¡Hey vocé, hey vocé! y yo fui, mientras le decía a mis amigos que yo los alcanzaría después de saber que querían esos tipos.
Turbado por la nube de alcohol llegué hasta ellos.
El más grande medía como dos metros, me dijo que era policía y que tenía que ir con ellos.
Entramos al auto, un Buick del 47, sentado atrás entre dos morochos y bastante mareado por el espumante me preguntaba a mi mismo ¿ habré quedado debiendo y no me acuerdo?, ¿qué hago acá en Brasil solo metido en un auto con cuatro morenos ursos? ya me iba a enterar...! 

Arrancaron el auto y empezaron a dar vueltas por lugares a los que ni los guapos se les atrevían.
Fue entonces cuando el más grande de los morochos entró a manotearme el reloj, el anillo, la plata y mis documentos.
 Ahí empecé a tirar manotazos mientra les gritaba, ¡paren, paren che!, ¡ustedes no son policías son chorros!.
Eso fue lo ultimo que hice y dije, aquel negrazo de dos metros me metió una trompada en el medio de los ojos que me noqueó. Cuando reaccioné en aquella oscuridad noté que sangraba y que el auto se detenía.
Yo continuaba en el medio de los dos mastodontes, mareado, sangrando y muy asustado, cuando la puerta de la derecha se abre y para mis adentros pensaba, ¿cómo hago para salir de aquí?, la respuesta me la dieron los monstrejos, cuando el de la izquierda apoyó sus dos pies en mi espalda con todos sus dos metros y  mi cuerpo voló por el aire dando mi cabeza contra el marco de la puerta del Buick. 
Ahí se me apagó la luz

La Delegacia

Cuando desperté, no sé cuanto había pasado, estaba dentro de una zanja llena de barro, ensangrentado, sucio, todo mojado y veía estrellas de todos los colores.
A lo lejos veía pasar autos y un cartel luminoso que decía "Pharmacia". Allí me dieron una silla y llamaron a la policía. Llegaron dos que parecían del lejano oeste, revolver en mano, encima se creían que yo era el ladrón. 
Recién en ese momento me di cuenta lo mal que estaba, (quede mal de un oído), lo único que quería era llegar al "Presidente Oribe", poco me importaba que me diría el Capitán, solo quería meterme en mi cama.
Me subieron a un patrullero, un Fusca de techo blanco y vidrios negros y me llevaron a la Comisaría, lo que ellos  llaman Delegacia.
El Comisario me trataba mal no me creía nada, me pedía los documentos, yo  le contestaba que era tripulante del petrolero uruguayo, me habían robado todo y ellos me tenían que ayudar a llegar al barco. Lo único que hicieron por mi, aparte de reírse, fue dejarme ir. 
Debía llegar hasta la Plaza Mauá para poder tomar una lancha que me llevara al barco, por lo que pensé que lo mejor sería tomar un taxi. 
Ahí tenía otros dos problemas, mi aspecto, parecía que me había pasado un tren por encima, ninguno quería parar y peor aún, la falta de dinero, ¡no tenía un mango!.

A correr

Me puse de espalda al tránsito y de reojo paré uno, no le dí tiempo a que me mirara de frente y me subí. "A  Plaza Maua" le dije y arrancó el Fusquita!!!. 
Debía pensar rápido,¿ como hacía para bajarme sin pagar?.
Yo miraba para abajo,  haciendo que revolvía los bolsillos buscando plata. Al lado del taxi había una barrera baja del ferrocarril, me dije "esta es la mía" y me tiré del Fusca por abajo de la barrera y empecé a correr a toda carrera con el tachero atrás.
Me metí por entre los vagones, corrí hasta que no pude más y me tiré al suelo para ver por abajo de los vagones si el hombre me seguía corriendo. Por suerte se fué, ahora quedaría llegar a la lancha y embarcar, pero también había que pagar. 

Por dos latas

Por fin estaba en el muelle, desperté a un lanchero y le dije "amigo al Presidente Oribe por favor" el tipo arrancó la lancha y amarró al lado del Oribe, cuando me iba a pasar al barco me dice "tiene que pagar" y le digo "ya voy a mi camarote y le traigo".
Lo único que tenía para darle al hombre eran dos latas de sardinas y un atado de cigarrillos Lucky. Pero el tipo pensando en que no le pagaría se subió al barco. Cuando vió al Marinero de guardia que estaba armado con una 45, del susto salió volando, casi se cae al agua y no lo ví más. Una vez a salvo me desmayé, cuando desperté estaba en el Hospital del barco, tuve que decirle toda la verdad a los Oficiales y al Capitán, ¡que papelón!,  pero por suerte se portaron bien conmigo y no fui preso.

Al llegar a Montevideo junto a otros tripulantes y oficiales del Oribe pasamos al Capitán Miranda, que estaba en ese entonces amarrado al Muelle Mántaras.

Para saber mas de los buques de nuestra Marina Mercante, visite www.marinamercanteuruguaya.blogspot.com

Corrección y adaptación Fernando Pontolillo.
Ilustración Leonardo Infantini (Leo)





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Esperamos tu comentario, gracias por tu participación.