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30 abr. 2012

Solo quedan leyendas de la industria frigorífica

Solo quedan leyendas de la industria frigorífica.
Extraído de : http://www.elpais.com.uy
Colaboraciòn de Fernando Pontolillo




Villa del Cerro. Durante medio siglo el barrio vivió al son de los frigoríficos Swift, Artigas y Frigonal. La crisis de esas industrias lo transformó en otra "ciudad dormitorio", aunque el mito perdura
n la zona del Cerro y La Teja, desde el siglo XVIII proliferaron los saladeros, que producían tasajo -carne salada y seca- para alimentar a los esclavos de Brasil y Cuba y a las tripulaciones de los barcos.


En 1904 se registró un gran suceso. En Punta de Sayago, al Oeste del Cerro, comenzó a operar el frigorífico La Uruguaya, una planta de faena y conservación por frío de ganado bovino y ovino montada por capitalistas nacionales. La carne del Río de la Plata, como la de Australia, Nueva Zelanda o Estados Unidos, llegaba por fin enfriada o congelada a los consumidores europeos gracias a las plantas y buques frigoríficos desarrollados a partir de la década de 1870 según los métodos franceses de Charles Tellier y Carré-Jullien.

Si bien el primer frigorífico operó en Uruguay entre 1884 y 1886 en el Real de San Carlos, contiguo a Colonia del Sacramento, a instancias del inglés George Wilkinson Drabble, fue en el Cerro y La Teja -además de Fray Bentos- que esa industria se consolidó y masificó. Las plantas de faena y conservación se ubicaban en sitios accesibles para los buques de ultramar, en tanto el ganado vacuno y, eventualmente ovino, arribaba desde el interior del país mediante tropas, ferrocarril y luego camiones.

En 1911 el frigorífico La Uruguaya fue vendido a la firma anglo-argentina Compañía Sansinena de Carnes Congeladas. Paralelamente, sobre un antiguo saladero, en 1912 comenzó a funcionar en punta de Lobos, también en el Cerro, el Frigorífico Montevideo, propiedad de la compañía estadounidense Swift, que ya operaba en Argentina. Tras ser adquirido por el grupo National Meat Packing Company de Chicago, que reunía a Swift y Armour, en 1916 esta planta pasó a llamarse Frigorífico Swift de Montevideo.

En 1917 se inauguró en La Teja, sobre el arroyo Pantanoso, el Frigorífico Artigas, que fue comprado casi de inmediato por la firma Armour de Chicago, que también actuaba en Argentina.

En 1928 se creó por ley el Frigorífico Nacional (Frigonal), proyecto estatal que operó la antigua planta de la Compañía Sansinena, en punta de Sayago. El Frigonal monopolizó hasta 1978 el abasto de carne a Montevideo, el mercado interno fundamental. Con ello el Estado inició lo que sería una férrea intervención en la industria cárnica. Reguló los precios del ganado en pie, de la carne al consumo, estableció exoneraciones e impuestos (detracciones) a la exportación de carnes.

La capital del país, la industria protegida y el Estado, que se llenó de funcionarios, exigían cada vez más recursos, que se extrajeron a las industrias primarias mediante el control de cambios y los impuestos. Desde la década de 1930 se realizaron "fuertes transferencias de recursos desde el sector exportador, típicamente la ganadería, hacia los sectores orientados a la producción del mercado interno, la industria, los servicios y las actividades del Estado", resumió el economista Gabriel Oddone en su libro El declive (2010).

Montevideo y su área metropolitana, que en 1929 reunían solo el 29,38% de la población del país, en 1963 significaban el 50,5%. En tres décadas el país sufrió una catástrofe demográfica por la emigración desde el Interior a la capital, que se rodeó de un cinturón de rancheríos miserables ("cantegriles").

La decadencia del sector agropecuario y los frigoríficos privados se agravó a mediados de la década de 1950 por el proteccionismo europeo y la caída de los precios internacionales de la carne. La economía uruguaya ingresó en un larguísimo proceso de estancamiento.

En 1957 los frigoríficos Swift y Armour, que no obtenían ganancias, dejaron de operar en Uruguay. Con sus plantas expropiadas se creó por la ley 12.542 de octubre de 1958 el complejo Efcsa (Establecimientos Frigoríficos del Cerro SA), que absorbió a los 4.530 funcionarios cesantes de ambas empresas. Este complejo decayó durante la década de 1960, redujo su plantilla y, tras operar con intermitencia, cerró definitivamente en 1989. La industria frigorífica, que renació y se diversificó, se alejó de Montevideo y su bahía.

Desde 1996 las ruinosas instalaciones del Swift sirven de base para la Armada Nacional, en tanto entre las ruinas del Frigorífico Artigas (ex Armour) la Intendencia de Montevideo creó en 1997-1998 el Parque Tecnológico Industrial del Cerro (PTI), que aloja a decenas de pequeñas y medianas empresas.
La industria frigorífica, que gestó una fuerte identidad cultural en el Cerro, es ahora leyenda. "Es algo que se hereda", sostiene la concejal Adriana Rojas; "sobre todo en el casco del Cerro y Casabó", donde viven los veteranos de esa producción.


El País Digital


22 abr. 2012

MURIÓ FALCO EL CAPITÁN DEL CALYPSO



El ex capitán del “Calypso” y célebre oceanógrafo de Jacques-Yves Cousteau, Albert Falco, murió el sábado a los 84 años tras dedicar su vida al buceo y a la protección del mundo submarino.


“Era el hombre más excepcional que he conocido”, declaró el domingo su amigo Denis Martin-Laval que fue médico del “Calypso” y viajó en unas quince ocasiones junto a Falco. 
Nacido en Marsella el 18 de octubre de 1927, Falco descubre el buceo en la cala de Sormiu. 
En 1952 se convierte en buceador voluntario del “Calypso”, donde será contratado poco después. Dedicó su vida a esta aventura humana y científica hasta su jubilación, en 1990. El médico del “Calypso” recuerda con emoción aquella vez, en 1955, en la que Falco le propuso un primer viaje en escafandra autónoma: “Tenía 23 años, era un joven internista y un día me dijo '¿te gustaría bucear por primera vez?'“, cuenta el doctor, precisando que durante toda su carrera Falco nunca sufrió un accidente y siempre fue muy prudente. 
En 1995, Albert Falco se convierte en uno de los personajes principales de “El mundo del silencio”, una película de Jacques-Yves Cousteau y Louis Malle que fue premiada con la palma de oro en Cannes al año siguiente y oscarizada en Hollywood. En 1962, Albert Falco realiza lo nunca visto y pasa junto a Claude Wesly siete días bajo el mar en la costa del archipiélago de Friul, frente a Marsella.
A esta primera experiencia, bautizada “Precontinente”, seguirá una segunda en Shaab Rumi en Sudán (“Precontinente II”) en la que Falco y su equipo vivieron en casas acuáticas durante 30 días a menos de 10 metros de profundidad. 
La tercera experiencia (“Precontinente III”) tuvo lugar cerca de las costas de Niza. El marsellés buceó en unas 300 ocasiones con fines científicos y cinematográficos al mando de “Denise”, una nave acuática que en 1959 se convirtió en el apéndice de “Calypsos”.
En los años 80, participó en las obras de reparación del “Calypso” que terminaría hundiéndose, tras una colisión, en 1996 en Singapur. La carrera científica y deportiva de Albert Falco así como su compromiso con la protección del mundo submarino le valieron la medalla de la Orden Nacional del Mérito y la Legión de Honor. 
El alcalde y senador de Marsella Jean-Claude Gaudin rindió un homenaje a “este hombre de bien (que) dedicó su vida con pasión a la defensa del ámbito marino junto al capitán Cousteau”.
El ex ministro subrayó que este “buceador infatigable” nunca olvidó su ciudad natal y “se comprometió con firmeza en favor del Parque Nacional de las Calas de Marsella”. 
 Albert Falco pasó el último periodo de su vida entre Marsella y la isla de Martinica.

21 abr. 2012

INVITACIÓN HOMENAJE A LOS FALLECIDOS EN LA TRAGEDIA DEL ROYSTON GRANGE


Royston Grange


El próximo viernes 11 de mayo de 2012 se cumplirán 40 años de la tragedia y se realizará un homenaje a los fallecidos en el Cementerio Británico de Montevideo a las 10.30 hrs.


Todos quienes aman el mar estan invitados.

Mario D. Klisich -Fernando Pontolillo





SINTESIS DE LA TRAGEDIA DEL ROYSTON GRANGE:

Más información en : http://marinamercanteuruguaya.blogspot.com/2010/12/la-tragedia-del-rio-de-la-plata-royston.html




En mayo de 1972 el carguero inglés Royston Grange chocó con el buque Tien Chee un petrolero de bandera liberiana, causando una de las mayores tragedias marítimas de la historia del país. El accidente se produjo en el canal del Indio donde el buque inglés se transformó en una gigantesca pira que causó la muerte a 84 personas: los 74 tripulantes del Royston y diez del petrolero.

18 abr. 2012

Elogio y elegía de los viejos barcos

 Elogio y elegía de los viejos barcos
Miguel Ángel González
http://www.grijalvo.com/Miguel_Angel_Gonzalez/Elogio_elegia_viejos_barcos.htm

“…no quiero llevar al lector al terreno de mis ingenuas añoranzas, porque sé muy bien que la lírica no fue la tónica de los viejos barcos que olían a pintura y vomitona, que soltaban por la chimenea la misma carbonilla de los trenes y que cuando nos tocaba viajar en cubierta, además del frío, nos regalaban el tufo de una fauna variada de gallinas y conejos que viajaban en jaulones, amén de caballerías de las que sólo nos separaba un grueso toldo.


Con ello quiero decir que lo que yo recuerdo con cierta melancolía de los viejos barcos no son aquellas incomodidades, sino sus virtudes, que también las tenían. Era el caso del increíble escenario que ofrecían en su 'clase preferente': grandes salones -piano incluido- con cortinajes de terciopelo rojo, mullidas alfombras, comodísimos sillones y divanes, escaleras con pasamanos torneados en maderas nobles, techos artesonados y majestuosas arañas de cristal que, más que en un barco, nos situaban en un pequeño palacete.


Los camareros iban escrupulosamente uniformados -pantalones negros, zapatos relucientes, chaquetilla blanca, botonadura dorada y pajarita-, y servían las mesas como si los comensales estuvieran invitados a una cena de gala.


En aquellos tiempos garbanceros y grises -años cuarenta y cincuenta del siglo pasado-, quienes podían viajar en 'primera clase' entraban en aquellos escenarios proustianos como si fueran los protagonistas de una película. Y lo sorprendente es que también nosotros, los sufridos viajeros de 'tercera clase', conservamos un recuerdo entrañable de aquellos barcos. Posiblemente, porque el viaje tenía todavía un sentido iniciático, un poso de aventura y un aire romántico que hoy hemos perdido. En aquellos barcos, las despedidas eran lentas, era lento el viaje y eran lentas las arribadas”. ………..”


Viajar requería tiempo y la duración de la travesía nos hacía conscientes de aquella separación, de aquella distancia, de aquel alejamiento. Hoy el pasajero no siente el aire salobre en su cara ni goza de la visión del oleaje.


No puede tumbarse en una chaise-longue en la cubierta arropado con una manta y ver como las gaviotas, atentas a los ojos de buey de las cocinas, siguen la estela del barco. Posiblemente, aquellos barcos -en lo mejor que tenían, no en sus defectos- son ya irrecuperables.


De hecho, los cruceros a los que hacía referencia ofrecen tal mixtificación en sus ofertas -tiendas, piscinas, cines, peluquerías, casinos y excursiones a golpe de pito en sus precipitadas escalas-, que tampoco han conseguido recuperar aquellas virtudes de los entrañables paquebotes que, por lo que parece, definitivamente, sobrevivirán sólo en la memoria.




17 abr. 2012

19 DE ABRIL 1825 La Cruzada de los 33 Orientales

Nuestro homenaje a la Cruzada de los 33 Orientales

(http://letras-uruguay.espaciolatino.com/arcos/cruzada_33.htm)

“el río estaba cruzado por lanchas de guerra imperiales y, por consiguiente, emprendimos marcha en la noche. A las siete, habiendo navegado como dos horas, nos encontramos entre dos buques enemigos, uno a babor y otro a estribor; veíamos sus faroles a muy poca distancia; el viento era Sur, muy lento, y tuvimos que hacer uso de los remos”.SPIKERMAN






19 DE ABRIL


Del río Padre

pequeñas olas


besan la playa


que duerme sola.


No están la luna


pero el lucero


platea las aguas


y avisa el tero.


Que de las sombras


vienen llegando


con Lavalleja


los bravos gauchos


Juran al Jefe


sobre la arena


¡Liberar la Patria


o morir por ella!

José María Obaldía

La gran jornada

Todo hombre nacido en esta tierra, que con el pensamiento o con el corazón se acerque al acontecimiento legendario de la Cruzada, ha de sentir en su espíritu y hasta en su cuerpo, la conmoción que sigue a toda extraordinaria revelación. Si a la visión simple y escueta del hecho inaudito se agrega la de su real significado, la conmoción alcanzará a remover, por misteriosas e instintivas repercusiones, todas las raíces de su ser.

A la naturaleza parece reservado el poder de provocar en nosotros estas hondas y perdurables sensaciones, pero los hombres, mejor aún, algunos hombres, suelen poner de tal manera en los hechos y en las cosas el sello de su influjo, que llegamos a sentir su obra con la misma intensidad que nos sobrecoge y nos desconcierta frente a las representaciones más acabadas de la naturaleza. Reproduciendo a nuestros ojos, con no sospechada fidelidad, la obra del gran artífice, aparecen los hombres dirigiendo a los hechos. Y entonces nosotros los vemos agrandados, enormes, imponentes, sublimes, porque los vemos en los hechos, en las cosas, en el ambiente, abarcándolo y llenándolo todo.

Los hombres de 1825 son así. Empeñosos, han cultivado día a día el espíritu de sus hermanos de infortunio v han visto multiplicarse el número de sus prosélitos; recios y sufridos, han predicado la buena nueva de la libertad, y la santidad de su causa ha encontrado junto con el aliento del desinterés, la pasividad del egoísmo; tocados por el destino para ser los ejecutores de un plan providencial, desproporcionado a sus medios, a él entregan vidas y haciendas sin tasa ni medida; y cuando llega el momento de sofocar su vocación guerrera para dar comienzo a la obra duradera de la paz, del orden, del límite a la arbitrariedad, estos hombres extraordinarios bajan sus espadas en señal de acatamiento al gobierno incipiente.

Símbolo son de las ideas democráticas que vienen a implantar. Son hijos del pueblo, con arraigo en el pueblo, y su única esperanza v su única fe, es también el pueblo. Jamás usarán de la fuerza sino como un medio imprescindible para aniquilar a una fuerza contraria y opresora. Fieles intérpretes del hermoso postulado que encarnan, será su finalidad esencial edificar sobre las ruinas.

Si desde el punto de vista patriótico son grandes estos raros ejemplares de valor y desinterés, también son grandes desde un punto de vista puramente humano. Grandes, porque vienen a libertar a sus hermanos de la fuerza que los oprime y de la rapacidad que los aniquila; grandes, porque repudian los halagos y los premios ganados al bajo precio de la sumisión y del renunciamiento; grandes, porque se mueven y reaccionan al influjo de ideales desinteresados. La patria es la obsesión de todas sus horas.

Cuando pisan el arenal y se hace el silencio solemne, y en él se destacan y ruedan las palabras del gallardo paladín, algo más que la proximidad de los cuerpos acerca y ata a los treinta y tres hombres allí congregados; es el pasado que revive en aquella escena; es la lucha incruenta, cruel y siempre renovada para alcanzar la ansiada libertad; es el pasado que vuelve, inexorable, a consumar el designio providencial; y los recuerdos se agolpan a la memoria, y los corazones laten con violencia inusitada, y el milagro empieza a consumarse.

Cuando Artigas, al decidir su retirada al Paraguay, después de sus últimas derrotas, mandó a Lavalleja, que se hallaba prisionero en la Isla das Cobras, aquel simbólico auxilio de 4.000 pesos, debió tener una anticipada visión de este inconfundible pronunciamiento.

Volvamos a tomar el hilo de los hechos.



Dice don Luis Ceferino de la Torre, que dispuestas las cosas y prontos para arrojarse a la empresa, partieron nuevamente de Buenos Aires, "Manuel Lavalleja, Sierra y Freire con una docena de compañeros, conduciendo el armamento a depositarlo en la Isla Brazo Largo, punto de reunión acordado, que estando cerca de la costa y de la estancia de Tomás Gómez, debían combinar con éste el día que les arrimase caballos a los expedicionarios".267 Spikerman, en su diario, declara que el 1° de abril se embarcaron a las 12 de la noche, en la costa de San Isidro, en un lanchón, los nueve primeros individuos de la expedición, desembarcando y acampando en una isla formada por un ramal del Paraná, llamada Brazo Largo. Los nueve individuos eran: don Manuel Oribe, don Manuel Freire, don Manuel Lavalleja, don Atanasio Sierra, don Juan Spikerman, don Carmelo Colman, Sargento Areguati, don José Leguizamón (a) Palomo y baqueano Manuel Cheveste.268

De María incluye también en este primer contingente a Dionisio Oribe, criado de don Manuel Oribe.269

"Este primer grupo era portador de cantidad de armas, pertrechos y equipos recolectados en Buenos Aires".270 Dice Spikerman que el primer grupo de cruzados permaneció quince días a la espera de los compañeros que debían venir con Lavalleja; y De María asegura que durante la estada de aquellos en la isla, "pasaron de oculto a la costa oriental, Oribe, Lavalleja (Manuel) y el baqueano Cheveste, con el objeto de hablar con Gómez (don Tomás) y convenir el día y punto en que debía esperar con caballada a los expedicionarios". Vueltos a la isla de Brazo Largo, aguardaron el arribo de la segunda expedición unos diez días más, al cabo de los cuales "don Manuel Lavalleja y don Manuel Oribe, genios impacientes y movedizos, determinaron irse con Cheveste a inquirir la causa de aquel silencio y buscar qué comer, que por lo pronto era la primera necesidad que había que satisfacer. Al llegar a tierra la noche era oscura, y casi a tientas dieron con una carbonería, cuyo dueño los llevó a la inmediata estancia de los Ruiz, quienes les explicaron que don Tomás Gómez había sido descubierto, teniendo que escaparse para Buenos Aires, y que las caballadas de la costa habían sido recogidas e internadas. Cuando Ruiz concluyó su narración, Oribe le contestó resueltamente: pues, amigo, nosotros vamos a desembarcar, aunque sea para marchar a pie; mientras tanto, vean de darnos un poco de carne, porque nos morimos de hambre en la isla. Vista por los hermanos Ruiz la decisión de los expedicionarios, convinieron en favorecer resueltamente sus intentos, en hacer las señales de aproximación, en aprontar los caballos, en hablar con algunos amigos y en evitar cualquier choque extemporáneo con aquel terrible Tornero que guardaba la costa".271

Volviendo a los demás expedicionarios y respecto de las incidencias de su travesía, es interesante la versión de Luis Sacarello, que vino como marinero en los lanchones de la segunda expedición. "Hallábase Sacarello el año 25 en Barracas, entregado a sus faenas de carpintero de ribera, cuando en la tarde del 15 de abril fue tomado por un carpintero Manuel, de la partida, y sin permitirle hablar, embarcólo en un lanchón". "Poco antes de ponerse el Sol partió el lanchón en dirección al Paraná de las Palmas, pero atracando a la costa de San Isidro recibió en esa noche a su bordo al General Lavalleja, siete oficiales y varios otros individuos". Y agrega el relato: "En el resto de la noche remontamos el Canal del Chaná, hasta la boca del Miní, en donde nos acercamos a una isla y continuamos la noche siguiente, del 17, hasta la boca del Guazú, y nos escondimos en la isla que está frente a Punta Gorda; a la noche siguiente, del 18, se nos dio la voz de silencio y palabra seca, por el temor que había a la vigilancia de los cruceros brasileños, y en cuanto llegamos a la Punta Gorda bajaron a tierra dos hombres, que volvieron pronto. Empezamos a costear río arriba hasta Punta Chaparro, en donde bajaron los dos hombres; seguimos a Casa Blanca (estancia), y allí también bajaron; continuamos hasta la Punta del Arenal Grande, y allí bajaron y hablaron los dos hombres con un austriaco que tenía inmediato a la costa un rancho, quien dio la noticia de que la gente que buscábamos se hallaba en el Rincón, entre el monte, y entonces fuimos hasta la Punta de Amarillo, que es la de San Salvador, en donde desembarcaron todos a las tres de la mañana del 19. Parece que allí encontraron gente reunida y entonces se internaron y nosotros nos volvimos para Buenos Aires".272 La versión transcrita no armoniza con lo declarado por Spikerman, en cuanto éste atribuye le demora de Lavalleja a un temporal que habría obligado a los expedicionarios a detenerse para no perecer; y al mismo tiempo pone en evidencia la inquietud que dominaba a los Cruzados, que en todas partes hacían alto y a la que no sería ajeno el temor por la suerte de sus compañeros. Con Lavalleja venían don Pablo Zufriategui y 20 individuos más.



Reunidos todos los expedicionarios, "nos embarcamos en dos lanchones y navegamos toda la noche hasta ponernos a la vista de la costa oriental, a fin de hacer la travesía del Uruguay en la noche del 19. El río estaba cruzado por lanchas de guerra imperiales, y por consiguiente emprendimos marcha en esa noche. A las siete, habiendo navegado como dos horas, nos encontramos entre dos buques enemigos, uno a babor y otro a estribor; veíamos sus faroles a muy poca distancia; el viento era Sur, muy lento, y tuvimos que hacer uso de los remos".273

La noche anterior, "una fogata encendida en una quebrada indicaba el punto a que debían dirigirse en la ribera; pero, como la noche fuese muy oscura y el viento contrariase la dirección de las velas, Ruiz cambió el punto en que debían aproximarse, que era en el Sauce, por otro de más favorable corriente, encendiendo otra fogata fugitiva en la embocadura de un arroyo llamado Gutiérrez, de la jurisdicción de la Agraciada". En el sitio elegido para el desembarco, "los hermanos Ruiz y algunos orientales más esperaban allí con setenta caballos escondidos en unas breñas inmediatas".274 Contradicen esta afirmación el relato de Spikerman, las memorias del general Lavalleja y la opinión de la mayoría de los historiadores, según se verá en seguida.

Rezan las crónicas de la epopeya, que cuando los cruzados pisaron el suelo de la patria, no pudieron reprimir un impulso que los llevó a besarlo. La escena, de por sí solemne, debió cobrar entonces toda su intensidad. No constituía este hermoso gesto de honda emoción, una nota discordante ni extraña a la modalidad de aquellos hombres de sencillo corazón.

Si bien se mira, su obra entera era más que nada una obra de sentimiento. El cálculo o las ventajas jamás dan resultados tan sorprendentes. Las convicciones doctrinarias, por sí solas, podrán hacer legistas, pero nunca héroes. Estas grandes e inauditas empresas han de partir del corazón. Y el corazón había sido el único regulador en la vida abnegada y altruista de estos héroes auténticos. Hacían bien en besar el suelo de la patria; tenían derecho a hacerlo.

Ya están los emigrados en la orilla deseada. Son treinta y tres hombres, los mismos que desde 1822 recorrieron en incansable peregrinaje el territorio de las Provincias Unidas, y levantaron en Montevideo la bandera de la rebelión. De sus malhadadas andanzas no traen más que el cansancio del camino y un poco menos de fe en la solidaridad humana. Están solos, como entonces estaban. Abandonados a si mismos por todos aquellos a quienes llamaron en su ayuda, parece que buscaron lo imposible. Nadie tiene fe en ellos, y ellos la siguen teniendo en sus principios. Parecen iniciados en una religión que nadie entiende ni quiere entender. Ellos, empero, avanzan sin vacilaciones, como si marcharan sobre un surco abierto de antemano o sobre los rastros de una huella.

Refiere un cronista de los hechos, que tomada tierra por los expedicionarios y escondidas las chalanas en el arroyo de Gutiérrez, volvióse Lavalleja a sus compañeros y con voz conmovida les dijo: "Amigos, estamos en nuestra patria; Dios ayudará nuestros esfuerzos, y si hemos de morir, moriremos como buenos orientales en nuestra propia tierra". Agrega el mismo cronista que inmediatamente se ensillaron los caballos,275 se hicieron los cargueros, y la expedición se internó en el bosque, buscando un punto más secreto y franco para despachar bomberos y chasques y ordenar el plan de campaña".276

Veamos ahora cómo relataba la heroica hazaña "La Gaceta Mercantil", de Buenos Airea, en su número del 30 de abril: "Banda Oriental. — En este momento acabamos de recibir la plausible noticia del desembarco de los Bravos Orientales en su país, y del buen éxito de su primer encuentro con las fuerzas del Brasil (Argentino extraordinario de ayer). Don Juan Antonio Lavalleja, don Manuel Oribe y otros varios oficiales y vecinos de la Banda Oriental que salieron de Buenos Aires decididos a libertar su provincia del yugo ominoso y degradante del Brasil, supieron el jueves 21 (es noticia traída por uno de los individuos que salieron en tan heroica empresa) que algunos de los individuos de quienes esperaban caballos y otros recursos en el momento de su desembarco habíanse visto precisados a fugar...277 Por su parte, "El Argos", del 14 de mayo, decía: "Los sucesos que hoy tienen lugar en la Banda Oriental del Río de la Plata merecen llamar la atención de los críticos públicos, por la importancia y trascendencia que ellos traen consigo. Es bien sabido ya que unos beneméritos patriotas decididos a sacrificar su inquietud, su bienestar y hasta su vida o redimir a su patria de la opresión y servidumbre en que está hace algunos años, concibieron el atrevido proyecto de presentarse ante sus compatriotas y de moverlos en masa para que los auxiliasen en la ejecución de su plan. Aquél se ha ejecutado de un modo que excede las esperanzas que se habían formado al combinarlo, y que promete resultados los más prósperos a la conclusión de la guerra de la independencia por todas partes, y al establecimiento de una completa libertad en todos los puntos del continente americano". Y agregaba haberse "sentido en todos los puntos de la Banda Oriental un sentimiento uniforme y decidido por sacudir su esclavitud y romper violentamente los vínculos que la ligaban a un gobierno extranjero".278

El programa de los patriotas es claro y terminante como la firme resolución que los mueve. Son éstos sus términos: "Llegó en fin el momento de redimir nuestra amada patria de la ignominiosa esclavitud con que ha gemido por tantos años y elevarla con nuestro esfuerzo al puesto eminente que le reserva el destino sobre los pueblos libres del nuevo mundo. El grito heroico de libertad retumba ya por nuestros dilatados campos con el estrépito belicoso de la guerra. El negro pabellón de la venganza se ha desplegado, y el exterminio de los tiranos es indudable. ¡Argentinos, Orientales! Aquellos compatriotas nuestros, en cuyos pechos arde inexhausto el fuego sagrado del amor patrio, y de que más de uno ha dado relevantes pruebas de su entusiasmo y su valor, no han podido mirar con indiferencia el triste cuadro que ofrece nuestro desdichado país, bajo el yugo ominoso del déspota del Brasil. Unidos por su patriotismo, guiados por su magnanimidad, han emprendido el noble designio de libertadores. Decididos a arrostrar con frente serena toda clase de peligros se han lanzado al campo de Marte con la firme resolución de sacrificarse en aras de la patria o reconquistar su libertad, sus derechos, su tranquilidad y su gloria.

Vosotros que os habéis distinguido siempre por vuestra decisión y energía, por vuestro entusiasmo y bravura, ¿consentiréis aún en oprobio vuestro el infame yugo de un cobarde usurpador? ¿Seréis insensibles al eco dolorido de la patria, que implora vuestro auxilio? ¿Miraréis con indiferencia el rol degradante que ocupamos entre los pueblos? ¿No os conmoverá vuestra misma infeliz situación, vuestro abatimiento, vuestra deshonra? No, compatriotas; los libres os hacen la justicia de creer que vuestro patriotismo y valor no se han extinguido, y que vuestra indignación se inflama al ver la Provincia Oriental como un conjunto de seres esclavos sin gobierno, sin nada propio más que sus deshonras y sus desgracias. Cesen ya, pues, nuestros sufrimientos. Empuñemos la espada, corramos al combate y mostremos al mundo entero que merecemos ser libres. Venguemos nuestra patria; venguemos nuestro honor, y purifiquemos nuestro suelo con sangre de traidores y tiranos. Tiemble el déspota del Brasil de nuestra justa venganza. Su cetro tiránico será convertido en polvo, y nuestra cara patria verá brillar en sus sienes el laurel augusto de una gloria inmortal. Argentinos Orientales: las Provincias hermanas sólo esperan vuestro pronunciamiento para protegeros en la heroica empresa de reconquistar vuestros derechos. La gran nación argentina, de que sois parte, tiene gran interés de que seáis libres, y el Congreso que rige sus destinos no trepidará en asegurar los vuestros. Decidios, pues, y que el árbol de la libertad, fecundizado con sangre, vuelva a aclimatarse para siempre en la Provincia Oriental. Compatriotas: Vuestros libertadores confían en vuestra cooperación a la honrosa empresa que han principiado.

Colocado por voto unánime a la cabeza de estos héroes, yo tengo el honor de protestaros en su nombre y en el mío propio, que nuestras aspiraciones sólo llevan por objeto la felicidad de nuestro país, adquirirle su libertad. Constituir la provincia bajo el régimen representativo republicano, en uniformidad a las demás de la antigua unión. Estrechar con ellas los dulces vínculos que antes la ligaban. Preservarla de la horrible plaga de la anarquía y fundar el imperio de la ley. He aquí nuestros votos. Retirados a nuestros hogares después de terminar la guerra, nuestra más digna recompensa será la gratitud de nuestros conciudadanos. Argentinos - Orientales: El mundo ha fijado sobre vosotros su atención. La guerra va a sellar nuestros destinos. Combatid, pues, y reconquistad el hecho más precioso del hombre digno de serlo. —

Campo volante, abril de 1825. — Juan A. Lavalleja."

Los Treinta y Tres



En su obra "Los Treinta y Tres", el doctor Luis Melián Lafinur, después de una seria laboriosa investigación de documentos, referencias v antecedentes, llega a la conclusión de que la única lista auténtica de los cruzados, es la comprendida en el Catálogo de la Correspondencia Militar del año 1825, publicada oficialmente por la Inspección General de Armas.

He aquí esa lista:

Coronel Comandante en Jefe...................... Don Juan Antonio Lavalleja

Mayor .................................................... "

Manuel Oribe

" ................................................... "

Pablo Zufriategui

" ...................................................

"

Simón del Pino

Capitán ................................................ " Manuel Lavalleja

" ................................................ " Manuel Freire

" ................................................ " Jacinto Trápani

" ................................................ " Gregorio Sanabria

Teniente ................................................ " Manuel Meléndez

" ................................................ " Atanasio Sierra

" ................................................ " Santiago Gadea

Alférez ................................................ "

Pantaleón Artigas

Cadete ................................................ " Andrés Spikerman

Sargento ................................................ " Juan Spikerman

Cabo 1° ................................................ " Celedonio Rojas

Baqueano ................................................ " Andrés Cheveste

Soldado ................................................ " Juan Ortiz

" ................................................ " Ramón Ortiz

" ................................................ " Avelino Miranda

" ................................................ " Carmelo Colman

" ................................................ " Santiago Nievas

" ................................................ " Miguel Martínez

" ................................................ " Juan Rosas

" ................................................ " Tiburcio Gómez

" ................................................ " Ignacio Núñez

" ................................................ " Juan Acosta

" ................................................ " José Leguizamón

" ................................................ " Francisco Romero

" ................................................ " Norberto Ortiz

" ................................................ " Luciano Romero

" ................................................ " Juan Arteaga

" ................................................ " Dionisio Oribe

" ................................................ " Joaquín Artigas



El Capitán don Basilio Araújo no vino incorporado a los Treinta y Tres, pero sí en la misma condición hizo el viaje por tierra, pasó el Uruguay, cumplió su comisión y se unió en la costa a los Treinta y Tres."

Cuando el doctor Melián Lafinur publicó la obra que se ha citado, basaba sus conclusiones en la primera revista de Comisario fechada el 30 de abril de 1825,279 en la lista publicada por Washington P. Bermúdez en el periódico "Baturrillo Uruguayo" con las firmas de don Juan Antonio Lavalleja y don Pablo Zufriategui; y, por último, en la lista contenida en un libro editado en París el año 1826, con un apéndice referente a la usurpación de Montevideo por los gobiernos portugués v brasileño.280 La autoridad indiscutible del investigador y la procedencia de los documentos tomados como fuente, nos eximirán de entrar en nuevas consideraciones acerca de la lista de los Treinta y Tres. Pero he aquí que el mismo doctor Melián Lafinur, con posterioridad a la publicación de su folleto sobre "Los Treinta y Tres", halló para confirmarlo más en su primer aserto, un nuevo antecedente de inapreciable significado, que con una pequeña variante reproduce en lo demás, exactamente, la nómina del Catálogo de la Correspondencia Militar. Ese nuevo antecedente documental lo constituye la lista de los Treinta y Tres publicada en "El Piloto" del 7 de enero de 1826 que textualmente dice así: "Para la historia. — Relación exacta de los treinta y tres héroes orientales que llevaron la libertad a su patria:281


Sr. Don

Juan Antonio Lavalleja Sold.

Manuel Ortiz

" Manuel Oribe "

Ramón Ortiz

" Pablo Zufriategui "

Avelino Miranda

" Simón del Pino "

Carmelo Colman

" Manuel Lavalleja "

Santiago Nievas

" Manuel Meléndez "

Miguel Martínez

" Manuel Freire "

Juan Rosas

" Anatasio Sierra "

Tiburcio Gómez

" Jacinto Trápani "

Matías

" Gregorio Sanabria "

(ya no existe)

" Santiago Gadea "

Juan Acosta

" Pantaleón Artigas "

José Leguizamón

" Juan Piquiman "

Francisco Romero

" Andrés Piquiman "

Luciano Romero

Sargento Celedonio Rojas "

Norberto Ortiz

Baqueano Andrés Cheveste "

Juan Arteaga

"

Dionisio Oribe

"

Joaquín Artigas

La investigación parece haber constatado que los cruzados no eran treinta y tres, y ha llegado a comprobar que no todos eran orientales.

En cuanto al error de cantidad, con que se impugna la denominación más corriente de los cruzados —los Treinta y Tres—, creemos que no justificaría una variación de lo que constituye un bautismo popular, mantenido y trasmitido de generación en generación durante un siglo. Todos los razonamientos en pro de la precisión y de la exactitud, resultarían en este caso pequeños. Las características esenciales de la cruzada y el origen de sus elementos dirigentes, hacen de aquélla una obra eminentemente oriental, no obstante la nacionalidad de algunos de sus componentes.

Lavalleja, Oribe, Zufriategui, del Pino, Manuel Lavalleja, Freire, Trápani y la mayor parte de los cruzados; eran orientales; y eran orientales no sólo por haber nacido en la Banda Oriental. Eran orientales, sobre todo, por lo que desde 1811 habían hecho. Eran orientales, en último término, porque cuando desembarcaron en la Agraciada, la patria estaba con ellos y sólo con ellos.


Lugar del desembarco




Nuevas disidencias acusa la crónica en la determinación del lugar preciso en que los Treinta y Tres desembarcaron. Mientras unos afirman que fue en la Agraciada,282 otros atribuyen al Arenal Grande283 la gloria de tan elevado destino. El doctor Berra, en su "Bosquejo Histórico" y en sus notas a un trabajo alusivo, publicado en 1884 en la "Revista de la Sociedad Universitaria", empieza por declarar que a su juicio "no hay verdadera disidencia entre las dos versiones". "Examinada la región del Uruguay en que el hecho se realizó, se ve que desemboca el Catalán, formado por la confluencia del Arenal Grande y del Arenal Chico. Dos o tres leguas al Sud desagua el Agraciada, arroyo de mucha menos agua y extensión que el otro. Y más al Sud, algunas cuadras más al Norte que la punta de Chaparro, sale una cañada que se llamó a principios de este siglo de Guardiazábal; años después, hacia 1825, de los Ruices, y después, hasta hoy, de Gutiérrez". Después de afirmar que los Treinta y Tres desembarcaron en el arroyo de los Ruices, concluye en que "si dicen algunos que el desembarco se efectuó en la Agraciada, es porque aluden al distrito a que el arroyo así llamado da su nombre", y si otros convienen en que aquel tuvo lugar en el Arenal Grande, "es porque tal era en 1825 el nombre con que se designaba la extensión de tierra en que están comprendidos el arroyo de los Ruices (Gutiérrez) y el Agraciada". En síntesis, la opinión del doctor Berra —acorde en lo esencial con la de Ordoñana y con una base tan respetable como el testimonio de don Ignacio Núñez— es que los Treinta y Tres desembarcaron "en el Arroyo de los Ruices, en el Arenal Grande".284

Primeras consecuencias


Internada la expedición en el territorio del país, ve multiplicarse a su paso el contingente de sus adeptos. En el trayecto hasta la barra de San Salvador "treinta o cuarenta hombres montaraces", buscan un lugar en las filas; y aquellos otros hombres, montaraces también, a su manera, los reciben con los brazos abiertos. No era raro que en un pueblo oprimido, todos los hombres montaraces se sintieran hermanos.

Próximos ya al pueblo de San Salvador, que por informes recogidos se hallaba ocupado por una fuerza enemiga como de cien hombres al mando de Laguna, la noche favorece sus planes y consiguen acercarse más, sin ser sentidos, pues los oficiales de la guarnición están de baile.285 Advertido Laguna de la presencia de los patriotas, dispone que un oficial Balbuena vaya a reconocerlos. Al encuentro del emisario se adelanta don Manuel Lavalleja, quien preguntado por Balbuena sobre qué gente era aquélla, contesta Lavalleja: "Es la vanguardia del ejército libertador".286 Instado para que se plegase al movimiento, Julián Laguna abandona el campo patriota después de conferenciar con Lavalleja, quien entonces le advierte "que lo iba a cargar inmediatamente".287 Es el primer choque de las armas patriotas. La brega es corta y pronto sobreviene la dispersión de los imperiales. No exageraba don Manuel Oribe, cuando afirmaba en carta a don Luis C. de la Torre: "el 23 batimos en San Salvador a Servando Gómez y al Coronel Laguna, donde los dispersamos sin tirar un tiro y sí sólo a sable".288 Al día siguiente entran los expedicionarios en Santo Domingo Soriano y el pueblo los recibe sin ninguna muestra de reserva. "En esta muy noble, valerosa y leal villa de Santo Domingo Soriano, puerto de la salud del Río Negro, en 24 días del mes de abril de 1825, los señores Justicia y Regimiento juntos y congregados en esta casa de nuestro Alcalde de primer voto, don José Vicente Gallegos, a pedimento del Comandante de las fuerzas armadas de la Patria, don Juan Antonio Lavalleja, que entró este día en esta villa, quien juntos nos pasó tres oficios: el 1° para que en el momento se mandaran aprestar las milicias del Departamento, que se hallaban bajo el mando de la Patria; el 2°, encargándonos el orden y sostén del vecindario y castigara a los malos, hasta la última pena si sus delitos así lo merecieran, y el 3°, privando todo auxilio a las fuerzas enemigas de la patria; cuyas contestaciones pasó nuestro Alcalde a nombre de este Cabildo; y no teniendo más que acordar, cerramos este nuestro acuerdo".289 Con posterioridad los capitulares de Soriano dieron cuenta a Lecor "de la entrada de las fuerzas de la patria en esta Villa", y le acompañaron copia de los oficios de Lavalleja y de las contestaciones del Cabildo.290

La laboriosa gestación está dando sus primeros frutos. La campaña, hasta entonces oprimida, corre a agruparse en torno de los que vienen a salvarla. De linde a linde hay como un estremecimiento de nueva vida. Son las fuerzas dormidas, pero no muertas, que vuelven a recuperar el impulso inicial. "Vamos a tener patria, y si tan pronto la tenemos se lo debemos a su coraje y decisión".291 No hacía Santiago Vázquez sino reflejar la nota dominante de este ambiente alborozado, cuando expresaba a Lavalleja: "La suerte de la Banda Oriental puede estar sujeta a accidentes y alternativas, pero jamás lo estará la carrera majestuosa que V. y sus dignos compañeros se han abierto para la inmortalidad".292

"La Gaceta Mercantil" de Buenos Aires es bien explícita respecto de la magnitud del pronunciamiento, cuando haciéndose eco de informes de un individuo conductor de la noticia, expresa que "quedaban con el valiente Lavalleja más de 200 hombres a los que se "agolpaban" en cada momento los desgraciados "orientes", ansiosos de vengar la opresión en que los pusieran la traición y aspiración de un Imperio".293

En su número del 4 de mayo refiere "El Argos" el banquete con que los ingleses habían celebrado el 23 de abril, en la fonda de Faunch, el día de San Jorge; y entre los brindis pronunciados, reproduce uno del gran patriota Pedro Trápani, cuyo tono revela las esperanzas que los sucesos alentaban en los nativos. Dice así: "Porque se consigan los esfuerzos que hacen los patriotas por libertar una pequeña parte de este continente que aún gime bajo las ignominiosas cadenas de los déspotas. Hablo, señores, de la linda y desgraciada Banda Oriental, cuyos hijos han demostrado ser tan dignos enemigos de los ingleses en la guerra como amigos sinceros de ellos en la paz".294 El mismo periódico, en suelto del 14 de mayo, asegura que los pueblos de la Banda Oriental llegarán a ser libres de sus opresores porque sus sacrificios y su resolución así lo exigen".

Prosigamos el relato de los hechos. Mientras los cruzados tentaban sus primeros pasos, Rivera había dado cuenta a Félix Olivera, de "haber desembarcado en el Arenal Grande como 50 o 60 hombrea, los más oficiales, con Dorrego y Lavalleja", los cuales, según agregaba, "dispersaron al Coronel Laguna, que se hallaba sólo con 12 hombres en San Salvador".295 La noticia había partido quizá de Buenos Aires, pues el Cónsul del Imperio, Pereira Sodré, anunciaba al Gobernador de la Colonia, el 18 de abril, que habían pasado para esta banda, "Lavalleja, Manuel Oribe, Alemán y juntamente algunos oficiales más con 20 o 30 soldados con bastante armamento y dinero".296 A su vez el Gobernador de la Colonia respondía a este oficio, manifestando que "el señor brigadier don Frutos por estos días estará sobre ellos con 500 hombres".297 El suceso de Monzón desbarata después los cálculos de los imperiales, y la revolución se extiende, rotas ya las únicas vallas que detenían todavía su natural expansión. El prodigio se cumple. Es siempre el pasado que vuelve para combinar la disposición de las cosas y dirigir las voliciones de los hombres conforme a un plan providencial. Lavalleja y Rivera están juntos otra vez. Son los hombres de 1817 que vuelven. Es la consigna y hay que cumplirla. Quizá en la noche, cuando el reflejo de los fogones iluminó con su luz mortecina y gloriosa la paz del campamento, ahora todo uno, aquellos dos hombres, que acababan de sacrificar sus rencores y reservas, debieron sentir que la suerte toda de la patria estaba en sus manos. Todo vuelve a lo que antes fue. Al cabo de los años transcurridos, las manos se estrechan y los corazones se entienden. Es el milagro de la voluntad cuando es cosa del corazón lo que la mueve.

El 2 de mayo Lavalleja escribe a su esposa, doña Ana Monterroso, desde San José: "El 19 de abril salté en tierra con los 33 patriotas; el 23 ataqué a don Julián Laguna y a Servando en San Salvador. El 24 entré en Soriano. No quise atacar a la Capilla de Mercedes por evitar un desorden en los vecinos de aquel pueblo. Continué mi marcha al interior de la campaña y tuve noticia que don Frutos venía en marcha de la Colonia a incorporarse a una fuerza de 300 portugueses que cruzaban la campaña, y ésta fue cortada por nosotros. Desatendí todas las atenciones y me propuse perseguirlo, y el 29 a las once de la mañana lo tomé con seis oficiales que le acompañaban y 50 y tantos soldados".298

Los patriotas siguen sin obstáculos su marcha, y después de pasar por Canelones, llegan en la mañana del 7 de mayo al Cerrito de la Victoria. "El corto escuadrón desplegóse al galope por retaguardia de la cabeza en batalla, contestando al unísono a una arenga breve de su jefe, en tanto el porta elevaba la bandera en la cumbre del pequeño calvario, sitio de históricas leyendas." 299

Ya se insinuó antes que el acuerdo entre Rivera y Lavalleja fue un factor decisivo en la marcha de la revolución. Comprendiéndolo ellos así, quisieron hacerlo bien palpable a los orientales y a los brasileños; y el medio de difusión lo constituyeron los manifiestos que se transcriben. Para exhortar a las tropas de su mando, Lavalleja y Rivera les decían: "Amigos: Vuestros Jefes os saludan, llenos del afecto con que siempre habéis distinguido nuestras personas y animados de vuestro decidido patriotismo, luego que nos habéis visto unidos para salvar nuestra digna patria os entregasteis al impulso y sin trepidar un solo momento han volado a seguirnos; nuestra gratitud será eterna, nueva muestra de vuestra noble confianza; nosotros afianzaremos hasta llenar vuestras dignas esperanzas y corresponderemos en un todo a vuestro empeño sagrado. Nosotros confiamos con vuestra constancia para la consolidación de la grande obra. Sed constantes orientales, y no separéis de vuestra vista el precioso objeto de la revolución; es preciso que averigüéis en vuestro seno todas las virtudes que os han hecho hijos de la grandeza: no manchéis un renombre tan glorioso con una conducta vil; vuestros Jefes y amigos os suplican y mandan que respetéis al vecindario, su familia y sus haberes; ellos han prodigado el fruto desunidor, minorando el alimento de sus hijos para facilitar la empresa; la sangre con que se han regado los campos que han servido de teatro a nuestras glorias, es la de los amigos, hermanos y parientes; todo lo han perdido en la empresa y conformados esperan recibir por nosotros su libertad, su sociego y respetados como propios ciudadanos de un país libre... —• Arroyo de la Virgen, 5 de mayo de 1825".300

Tratando de estimular en las tropas brasileñas sentimientos de solidaridad con la causa que los patriotas representaban, era ésta su exhortación: "Don Fructuoso Rivera y don Juan Antonio Lavalleja, a quienes muchos de vosotros conocéis, tienen la satisfacción de saludaros y haceros saber que el Brasil en 1822 descortinó sus miras y aclamó su independencia. Portugal hacía más de diez años que preveía estas consecuencias, y para frustrarlas maquinó la injusta invasión de este territorio en el año 16, pretextando mediar nuestras diferencias..." "Vosotros brasileños conocisteis esto mismo cuando os resolvisteis en 823 a despedazar el yugo y proclamar vuestra Libertad e Independencia, pero la maliciosa política de esos tiranos tendió nuevos lazos a vuestra incauta fe, para haceros volver a vuestra antigua servidumbre y de acuerdo el hijo con el padre tuvieron la osadía de echar por tierra el soberano Congreso que habíais instalado, cuya representación entorpecía sus miras ambiciosas". "Tropas Brasileñas. Jefes, Oficiales superiores, inferiores y soldados: Nosotros os hablamos con la verdad que nos es característica; si vosotros sois liberales, ¿por qué queréis desmentir vuestros principios oponiéndoos a nuestra sagrada libertad? Consentid en, nuestras ideas y en nosotros y hallaréis hospitalidad y un comercio pacífico que estreche más y más los vínculos de nuestra perpetua amistad".301

En consonancia con la anterior exhortación, exponían a los vecinos brasileños: "Don Fructuoso de Rivera y don Juan Antonio Lavalleja, a quienes los más de vosotros conocéis de bien cerca, os hablan con toda la pureza de sus sentimientos, para aseguraros que sin embargo del desarrollo que este país ha hecho a nuestra dirección para proporcionarse su libertad justa, así como el Brasil ha proclamado la suya, esto era consiguiente, pero así misino la guerra no es movida contra vuestras personas y bienes, es solamente contra la fuerza armada que se oponga y quiera privarnos de nuestros derechos; por esta razón nos apresuramos a haceros sabedores de que podréis sin cuidado alguno quedar en la Provincia, seguros que en toda forma seréis respetados y protegidos por el Gobierno y de todos los que dependan de sus órdenes. La guerra será honrosa y terminará muy en breve, por cuanto nuestros derechos se reclaman solamente a libertar nuestro país. Los brasileños serán nuestros amigos toda vez que sin oposición evacúen la Provincia y se retiren a sus pertenencias. Vecinos brasileños: no despreciéis la oferta que os hacen vuestros amigos, en que os ofrecen su palabra de honor".302 Cuando las tropas levantan su bandera en el Cerrito, Montevideo se dispone a sufrir una vez más la irritación de Lecor. Este hombre vulgar, que entonces había perdido hasta las buenas maneras, "desconfía de todos, arresta a muchos patriotas, desarma al pueblo y deja tan sólo las armas en manos de portugueses".303

Los sitiadores, en tanto, en número de 73, van a librar el primer lance con fuerzas de la plaza. Son Oribe, Manuel Lavalleja y Atanasio Sierra los que dirigen. El choque obliga a los imperiales a retirarse con precipitación.

Los reveses excitan la saña de los conquistadores y comienzan las prisiones y los confinamientos en el bergantín de guerra "Pirajá", que anclado en Montevideo, llena cumplidamente los más siniestros designios de Lecor. En "La Gaceta Mercantil" del 5 de mayo, se recoge la versión de que las prisiones han sido numerosas en Montevideo y de haber abandonado la ciudad, entre otros: Juan F. Giró, Juan Benito Blanco, Lorenzo Pérez, José Cátala, José Alvarez, León Ellauri, Emilio González, Ramón Massini, José Vidal, Manuel Vidal, Fernando Otorgués, Juan Pérez, Francisco Solano Antuña.304

Dentro del recinto de Montevideo fracasa entonces el proyectado movimiento de los pernambucanos: y las persecuciones continúan, y por todos los medios se trata de intimidar a la población, hasta llegar los brasileños a reclamar airados, "la trasplantación de todo hombre que hablase castellano".305

La empresa militar de los cruzados ha tendido todas sus líneas. Lavalleja se estacionará en el Pintado; Rivera quedará en el Durazno; Oribe y Calderón en el Cerrito; sobre las Vacas marchará desde Maldonado Leonardo Olivera; Simón del Pino mantendrá sus cuarteles en sus pagos de Canelones, y Manuel Durán operará en San José, mientras otras partidas atenderán los reclamos de la Colonia. Es la materialización de la obra estupenda de los cruzados. "Desbórdase la revolución hasta la frontera de Cerro Largo, sin quedar más puntos en poder de los brasileños, en la parte meridional del Río Negro, que Colonia y Montevideo."

Y es tal la sugestión y el arraigo del patriótico empeño, que según relato de un cronista digno de crédito, 600 hombres de caballería brasileña que se hallaban en Punta de Carretas cuando los orientales llegaron al Cerrito, permanecieron "en fría expectación" frente a las partidas que coronaban la eminencia, mientras la enseña de los Treinta y Tres se levantaba como la bandera de la mañana que entonces empezaba a clarear.



Notas:

267 Memorias citadas. En el mismo sentido, Domingo Ordoñana. Conferencias Sociales y Económicas.

268 Juan Spikerman, La primera quincena de los Treinta y Tres.

269 De María op. cit.

270 De María, op. cit.

271 Domingo Ordoñana, op. cit. Tornero era un jefe brasileño que vigilaba la costa del Uruguay.

272 La revolución de los Treinta y Tres. Benigno T. Martínez, Revista de la Sociedad Universitaria.

273 Spikerman. op. cit.

274 Domingo Ordoñana, op. cit.

275 Contra lo qua Ordañana declara en párrafo antes transcrito, el 20 de abril encontró a los cruzados "a pie en la espesura del monte talar que los encubría con la esperanza de poder montar a caballo. A su amparo hicieron la descubierta y no habiendo novedad divisaron un rancho al cual se dirigió don Manuel Lavalleja con el baqueano Cheveste, con los frenos en la mano en busca de caballos. En esa choza de un austríaco, encontraron un caballo atado. Lo toman, montan en él enancados Lavalleja y al baqueano. Por fin, a eso de las siete de la mañana divisaron a cierta distancia tres jinetes conduciendo una tropilla de caballos. Eran los hermanos Manuel y Laureano Ruiz, que con el peón Mariano Buján venían con caballada". De María, op. cit.

276 Ordoñana, op. cit.

277 La Gaceta Mercantil, Nº 457. Biblioteca Nacional, Buenos Aires.

278 El Argos N.° 150, Biblioteca Nacional, Buenos Aires.

279 Ver Anales del Ateneo del Uruguay.

280 Esquisses historiques, politiques et statistiques de Buenos - Ayres, des autres Provinces Unies du Rio de la Plata. París, 1826.

281 El Piloto, Colección del doctor Luis Melián Lafinur

282 Domingo Ordoñana, op. cit. De María, op. cit.

283 De la Torre, memoria citada. — Spikermian, op. cit. — Oribe, citado por Berra.

284 Ignacio Núñez, Efemérides, citado por Berra, op. cit.

285 Spikerman. op. cit-

286 De María, op. cit.

287 Spikerman, op. cit.

288 De María op. cit.

289 Archivo General Administrativo. Libro de Actas del Cabildo de Soriano.

290 Archivo General Administrativo. Libro de actas del Cabildo de Soriano.

291 Carta ds José J. Muñoz a Lavalleja. Colección Lamas. Archivo y Museo Histórico.

292 Colección Lamas, Archivo y Museo Histórico.

293 Biblioteca Nacional. Buenos Aires.

294 El Argos, núm. 146. Biblioteca Nacional, Buenos Aires.

295 Catálogo de la Correspondencia Militar del año 1825.

296 Deodoro de Pascual, op. cit.

297 Deodoro de Pascual, op. cit.

298 De María, op. cit.

299 Acevedo Díaz, Grito de Gloria.

300 Archivo y M. Histórico, papeles del Juzgado de San José (copia).

301 Archivo y Museo Histórico (copia).

302 Archivo y Museo Histórico (papeles del Juzgado Letrado de San José).

303 De la Sota, manuscrito citado.

304 Núm. 461. Biblioteca Nacional, Buenos Aires.

305 De la Sota, manuscrito citado.


Luis Arcos Ferrand

La Cruzada de los Treinta y Tres


Biblioteca Artigas

Colección de Clásicos Uruguayos - Vol. 151


Ministerio de Educación y Cultura



LO QUE NO PODEMOS DEJAR DE SABER SOBRE EL TITANIC




Son cientos las historias que del “RMS Titanic” se han escrito. Particularmente en la web son miles los post que podemos encontrar referente al accidente de este buque.



No obstante y si bien es cierto que mucha información subimos en nuestro blog, www.crucerosenuruguay.blogspot.com por que consideramos que el Titanic tiene allí su lugar natural, desde el blog de Construyendo el museo portuario no podíamos permanecer indiferentes al cumplirse los 100 años del trágico hecho, por lo que ofrecemos un resumen de la tragedia.

TITANIC: UN GOLPE A LA SOBERBIA


Hoy día, son pocas las personas que desconocen la historia del "Titanic". Fueron 1.517 vidas, entre hombres, mujeres y niños, las que se perdieron a la altura de las costas de Newfoundland, Canadá, a mediados de abril de 1912, en el barco que "ni Dios podría hundir".


Sólo tiempo después, en todos los medios del mundo, se hablaría de "la tragedia del siglo" y de "lo caro que pagaron sus constructores tamaña falta de humildad".
El viaje inaugural de la gran nave mezclaba desde la nobleza británica, industriales americanos y lo "mejor" de la sociedad de Nueva York y Philadelphia, con inmigrantes de pobres recursos, que viajaban con la esperanza de comenzar una nueva vida en Estados Unidos o Canadá.
Los primeros, atraídos por la idea de ser "retratados en su llegada a América por las revistas del corazón", llegaron a pagar unos 4.350 dólares americanos (equivalentes a unos ¡100 mil de hoy!).
El viaje comenzó en Southampton, Inglaterra, el miércoles 10 de abril de 1912.
Para la caída del sol, el "Titanic" se había detenido en Cherburgo, Francia, con el objetivo de levantar algunos pasajeros adicionales.


Esa misma noche, el barco navegó hacia Queensland, Irlanda, y el jueves 11 de abril puso proa hacia alta mar en el Atlántico, para finalizar el periplo en una colisión contra un iceberg, a la altura de las costas de Newfoundland, el 14 de abril.



El RMS "Titanic" (NdR: RMS por royal mail steamship (o steamer) o buque vapor del correo real) se hundió en las primeras horas del 15 de abril de 1912

URUGUAYOS EN EL TITANIC:

Tres fueron los uruguayos que perecieron  en la tragedia del TITANIC :

Ramón Artagaveytia :

Miembro del partido conservador uruguayo, vivía en Buenos Aires, desde dónde manejaba los destinos del partido blanco. Empresario hacendado, tenía tierras tanto en Buenos Aires como en Montevideo. Ramón había sufrido un accidente marítimo en un viaje entre Buenos Aires y Montevideo, por lo que era reacio a embarcarse. Después de mucho dudar viajó a Europa a visitar a su familia, compró un pasaje en la primera clase del Titanic para viajar tranquilo, pensaba que el barco era imposible de hundir. Murió aquella noche sin haberse subido a ninguno de los botes salvavidas.


LOS CARRAU:


Francisco Carrau (Uruguay) Hombre de negocios uruguayo, había viajado a Europa para cerrar tratos y créditos para la compañía familiar. Al enterarse de la partida del Titanic decide regresar a su país vía New York, en el barco más lujoso de todos los tiempos. Soltero y considerado un hombre brillante para los negocios, hasta ese momento su vida giró en torno a la empresa familiar. Murió en el hundimiento causando un gran impacto en la sociedad uruguaya. Con él viajaba su sobrino José Pedro Carrau, quien lo acompañaba como secretario y quien también falleció.

MÁS INFORMACIÓN EN: http://www.crucerosenuruguay.blogspot.com/2012/04/uruguayos-en-el-titanic-history-chanel.html

LOS NUMEROS DEL TITANIC



2 horas y 40 minutos tardó el "Titanic" en hundirse, a 4 días de comenzado su primer y único viaje.


* 1.517 personas murieron, incluyendo pasajeros y tripulación.


* 2.223 era el total de personas que lo habían abordado.


* 3.000 hombres trabajaron en su construcción, durante dos años.


* 3 millones de remaches mantenían unida la estructura.


* 4 eran las chimeneas que tenía el barco, aunque sólo tres funcionaban. La cuarta era para la "buena suerte" y "por estética".


* 6 advertencias sobre la presencia de hielos recibió el "Titanic", el día de la tragedia, pero fueron ignoradas por el operador, que se encontraba "ocupado" transmitiendo mensajes personales de los pasajeros.

 * 28 personas llevaba el primer bote de emergencia que salió del "Titanic", aunque tenía lugar para 64.


* 472 fue el total de asientos que quedaron vacíos en los botes salvavidas.


* 300 cuerpos fueron recuperados en la mañana siguiente.


* 1 hombre se salvó luego de haber flotado durante horas en las heladas aguas del Atlántico. Es que Charles Joughin había "tomado mucho alcohol" esa noche.


* 49 niños pasajeros en tercera clase murieron, mientras que en primera, sólo uno.


* 9 semanas de vida tenía Millvina Dean, la última sobreviviente del "Titanic", quien murió en mayo de 2009.


* 74 años después de haberse hundido, fueron hallados los restos del gigante dormido, el 14 de julio de 1986.


La última foto.....


IMÁGENES: SHIPNOSTALGIA.COM

y la banda siguió tocando...


9 abr. 2012

"El viejo Günter", entre la tierra y el mar.OSCAR LEBEL

"El viejo Günter", entre la tierra y el mar




El contralmirante retirado Oscar Lebel recoge, en forma de cuentos, algunos episodios de su vida. Entre ellos, uno que quedó registrado en la historia nacional: cuando proclamó desde un balcón su repudio a la dictadura militar recién instalada. "Soy muy miedoso, pero aquel día no tuve miedo. Actué movido por una compulsión: si no hacía algo, sentiría vergüenza por el resto de mi vida".


Miércoles 26 de diciembre del 2001

EMILIANO COTELO:

27 de junio de 1973.

Esa mañana, temprano, el despertador que -como siempre- estaba conectado electrónicamente a la radio, arrancó con una chirriante marcha militar. El abuelo creyendo que estaba en plena pesadilla despertó temblando y empapado en sudor. No podía creer lo que estaba oyendo:




-"Las Fuerzas Armadas al pueblo oriental: Los mandos militares en acuerdo con el presidente Juan María Bordaberry han decidido la clausura del Parlamento y el establecimiento de un gobierno conjunto, para defender las libertades del pueblo oriental del ataque artero del comunismo internacional. Quedan prohibidas todas las manifestaciones como así también las críticas ya sean de orden personal, gremial o por medio de la prensa".


El abuelo caviló. Tenía que hacer algo, haría algo, pero no sabía qué. Sólo que si no hacía algo se despreciaría de por vida.


A las nueve de la mañana se le ocurrió ese algo. Estaba solo en la casa porque su gente había ido de compras. Rápidamente dibujó en una gran cartulina con letras bien visibles: "Yo soy el capitán de navío Günter. Abajo la dictadura". Salió al balcón de la planta alta que daba sobre la calle 26 de Marzo, y aseguró el cartelón bien en el centro. Luego colgó a derecha e izquierda una bandera nacional y otra de Artigas.


Se uniformó, tomó su pistola de reglamento, una Colt 45, le introdujo un cargador completo y se plantó en el medio del balcón, con el arma en la mano derecha y esperó. No sabía que había emprendido un camino sin regreso y sentía una inmensa paz. Ya nada ni nadie le importaba. Había entrado en el túnel del tiempo y se había desprendido de amores y afectos. Toda su mente estaba ocupada por una idea obsesiva: cuando pasaran los años, uno, cinco, treinta, la crónica quizás recordaría que no todos los capitanes de Navío habían aceptado blandamente negar la Constitución en ese año 1973. Que uno, dos -¿o quizás eran más de cuarenta?-, se habían rebelado contra la infamia.


Chirrido de frenos. El patrullero se detuvo bruscamente al pie del balcón y los policías mirando alternativamente al hombre armado y al letrero trataban de entender por qué ese cartel decía exactamente lo contrario de lo que debía decir. Para peor se había aglomerado una multitud que arrancó a cantar el himno nacional. Uno de los agentes pidió ayuda por radio, y a los 10 minutos se hacían presentes tres camiones del Ejército que desembarcaron a un grupo de soldados armados con fusiles y metralletas, quienes se parapetaron en los muretes de la vereda opuesta después de haber hecho retirar al vecindario.


El abuelo Günter, lentamente llevó el cañón de la pistola sobre su sien. Gritó: -Si un solo soldado entra a mi casa, me mato.


Todos quedaron inmóviles. El joven teniente a cargo del operativo intentaba frenéticamente comunicarse con sus mandos. ¿Qué hacer frente a esa atípica rebelión del oficial de la Armada no estaba previsto en sus órdenes, y menos tratándose de un viejo canoso como ése, con pomposos galones dorados de capitán de Navío?


Corrió el tiempo, cinco horas, hasta que llegó el comandante en jefe de la Armada, quien hizo retirar a los efectivos del ejército. Subió al balcón a parlamentar. El abuelo lo conocía muy bien. Eran compañeros de año y amigos personales hasta poco antes. Le pidió el arma. No. Le explicó, o trató de explicarle, que la suspensión de las garantías constitucionales era por el bien del país y de las FF.AA. El abuelo lo miró con asco. Le ofreció llevarlo personalmente en su auto a un cómodo lugar de reclusión. Silencio prolongado. Por fin, el abuelo Günter salió de su mutismo: En este día infame, si salgo de mi casa será de manera infame.


El comandante suspiró, todo era raro. De cualquiera hubiera imaginado un gesto extemporáneo, nunca de Günter, siempre tan modoso. Quizás los acontecimientos le habían provocado un quiebre mental. En fin, a los locos no hay que contradecirlos.


-Te mandaré un vehículo militar con fusileros para detenerte. Adiós.


Estaba anocheciendo cuando la custodia militar condujo al abuelo en carácter de prisionero de guerra a un camarote solitario del destructor escolta "Artigas", donde, -¡oh!, ironías- en tiempos no lejanos había sido el comandante.

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El cuento se llama "El abuelo" -de él hemos tomado estos párrafos- y pertenece al libro "El Viejo Günter. Entre la tierra y el mar". Por supuesto que "el abuelo" era el capitán Günter. Y por supuesto que aquel capitán Günter de 1973 es el hoy contralmirante retirado Oscar Lebel, autor del libro y nuestro entrevistado de esta mañana.

Contralmirante Lebel, comencemos hablando de este cuento, que no es cuento. Hablemos de aquel 27 de junio de 1973. Lo primero que me llama la atención es: ¿usted actuó solitariamente? ¿No había coordinado esto con nadie dentro de la Armada?

OSCAR LEBEL:

Tiene razón, actué solitariamente. A usted y a los oyentes esto puede llamarles la atención, ya que la existencia de logias militares es un hecho en el país.


EC - ¿Usted no integraba ninguna?

OL - Yo no integré nunca ninguna logia militar. Hay que tener en cuenta que nosotros, los militares, tenemos un fortísimo espíritu corporativo y tenemos el reflejo condicionado a la obediencia. Este corporativismo, que en los militares es tan fuerte como en los monjes, puede servir para los más maravillosos propósitos y entonces se llama "esprit de corp" (espíritu de cuerpo), lo que anima colectivamente a una comunidad de militares a realizar el acto heroico, a dar la vida. Pero también puede servir como pretexto para socializar los actos canallas. En Uruguay se han dado las dos cosas.

EC - ¿Por qué hace esta introducción a propósito de mi pregunta, cuando yo le preguntaba si efectivamente actuó por su cuenta y nada más?

OL - Porque quiero recalcar esto del espíritu corporativo. Siempre es bueno que nuestra sociedad entienda al conglomerado militar, un conglomerado que no ha sido bien entendido por la ciudadanía y él tampoco ha entendido a la ciudadanía.


Yo soy muy veterano (tengo 76 años) y pertenezco a una generación muy especial; me recibí en 1946, en la época del Uruguay feliz, del industrialismo por sustitución de importaciones, donde había trabajo para todos, donde no había antinomia entre la ciudad -Montevideo- y el campo, y donde las fuerzas armadas no importaban y los hombres militares se consumían en derruidos barcos, cuarteles y prehistóricos aviones. Ni los poderes públicos ni la ciudadanía tomaban en cuenta que había un núcleo de 3.000, 4.000, 5.000 hombres armados que estaban ahí, mascando frustraciones.

Eran tiempos en los cuales, como lo relato en el cuento de "El grillo", aquel que no tenía dónde caerse muerto se hacía soldado. No se hacía miliciano, que es una forma heroica del ciudadano de tomar las armas: se hacía "milico" y era ladeado por la sociedad. Una sociedad en la cual en los cines -recuerdo el cine Cordón, al que iba cuando era cadete- celosos porteros no permitían que ingresara un soldado o un marinero de uniforme. Los soldados y marineros de uniforme aceptaban blandamente ser discriminados cual parias por hombres que en definitiva vivían en el mismo barrio que ellos, que no tenían más jerarquía. Había un rechazo casi visceral a lo militar.

Nuestros hombres públicos no eliminaron a esas fuerzas armadas -si es que no cumplieron la función social- ni les dieron una tarea. Hicieron lo peor: las ignoraron. Y estos hombres fueron acumulando rencor tras rencor, lo que explica de una y mil maneras las barbaridades que se cometió durante la dictadura. Porque cuando llega la guerra fría esos militares de pronto reciben una misión, algo que no habían tenido hasta ese momento: se les dice que van a ser los salvadores de la patria, los salvadores contra ese enemigo oculto que tiene un nombre mezcla de dudosa factura gramatical, marxicomunismo... siempre terminaba en "ismo". Y ellos eran los salvadores.

Pero no solamente la comunidad lo decía: lo decía toda la prensa; la prensa que había ignorado al estamento militar de pronto lo ponía en las alturas. Desde ser despreciado a ser admirado hay una distancia muy considerable. Pero además había otra cosa: cuando yo era ese joven oficialito que alguna vez supe ser, allá por el año 1946, el rechazo de la sociedad era tan visceral que todos nosotros, mis camaradas del Ejército y los de la Marina -no había Fuerza Aérea, era Aviación como un arma del Ejército- tratábamos y lográbamos dar clase en algún liceo (entonces para los marinos ser profesores de cosmografía o matemática, a mis amigos y colegas militares profesor de historia), nos daba ese brillo necesario y, para ser aceptado, uno decía "profesor teniente Fulano de Tal". Entonces pasaba a ser un miembro de la sociedad que rechazaba al estamento militar.

Yo me formé en ese medio y créame que desde chiquitito traté de entenderlo. Me costó bastante, primero porque uno piensa "¿Qué es lo que hace que un chiquilín -en mi caso- tenga vocación militar en éste o en cualquier país, pero especialmente en Uruguay?". En aquella época el cine no hablaba mucho de los militares. Es más, hablaba negativamente de los militares porque todavía quedaban los vapores de la Primera Guerra Mundial y si había un libro que campeaba era "Sin novedad en el frente", que relata la peripecia desgraciada de soldados alemanes.

EC - Así que su opción no fue por el cine.


OL - No. Fue porque tenía -vaya a saber uno por qué- una fuerte propensión a los viajes. Eso también está inscripto en mi propia vida y en la vida y la peripecia de mi familia.

EC - Una familia de origen alemán.

OL - Claro: mi padre era austríaco, un hombre muy pobre, que se hizo solito. Yo digo que se parecía a Chaplin: era pequeñito, muy ágil, fue un ateo que sobrevivió a la Primera Guerra Mundial y vivió las peores instancias. Este hombre conoce a mi madre en Hamburgo, los dos llegan a América y se casan. Yo tengo el pasaje de ellos en el vapor de la Hamburgo - América, una línea alemana, pero el vapor se llama Vigo, bien gallego.

Llegaron como inmigrantes y lo más curioso es que fueron reclutados por una misión uruguaya que buscaba inmigrantes. ¿Por qué los encontraron; cómo? No lo sé, pero los encontraron, les dijeron que Uruguay era una Suiza rediviva -el nombre Uruguay es poco menos que impronunciable para los alemanes- y vinieron a parar a Colonia Suiza, donde se hablaba alemán. De modo que se encontraron como en casa y la adaptación fue relativamente fácil.

Casi genéticamente, y por la necesidad de supervivencia de mi padre y mi madre, me vino un deseo casi incontrolable de viajar. Ironía de la historia: la dictadura, cuando me puso fuera de filas, me permitió que me sacara las ganas de dar la vuelta al mundo y vaya si la di en todas las circunstancias, alegres y de las peores. Cuando digo que por lo menos en cantidad navegué 500 mil millas: el mundo tiene 20.000... Los marinos utilizamos las millas y no los quilómetros no porque sí. La circunferencia tiene 360º, cada grado tiene 60 minutos; el ángulo del minuto tendido sobre la Tierra son 1.850 metros, una milla; entonces nosotros utilizamos la milla porque la distancia es a la vez la hora: la diferencia de hora significa distancia. Nosotros vivimos con esas millas y la razón es más que clara. He aquí que navegué medio millón de millas, el equivalente a 25 vueltas al globo.


EC - Ya como marino mercante, como capitán de la marina mercante, cuando no pudo seguir desempeñándose en la Armada Nacional.

OL - En la Armada había tenido esa ocasión única que fue comandar el petrolero Presidente Oribe, con el que navegábamos a Argelia y fundamentalmente a Kuwait. Yo estaba en Kuwait cuando cayó Karim Kasen y estuve poco antes del estallido de la Guerra de los Seis Días. Salí de Kuwait 30 horas antes del estallido de la Guerra de los Seis Días, y a bordo vino el proveedor marítimo, un señor griego, que miró para todos lados por si había algún espía y sacó de entre sus ropas un diario donde había un artículo firmado por Randolph Churchill, el hijo de Churchill -periodista él-, que tenía un título que jamás olvidaré: "En este momento en el Sinaí hay más tanques listos para entrar en combate que en El Alamein". Tuve tanta suerte que pudimos salir del barco, dar una vuelta por la ciudad, ir a una mezquita -la gente estaba por las calles gritando que iba a echar a Israel al mar- y zarpé; al llegar a la boca del Golfo empezó la guerra. Hay una roca que se llama Little Corner (Pequeña Esquina) que tiene un faro que marca la entrada al Golfo Pérsico; al dar vuelta la esquina empezó la guerra. Otro hecho curioso: las informaciones, que uno escuchaba por onda corta, venían en castellano -la radio más fuerte era radio Pekín-: era una victoria tras otra.
                                                           PRESIDENTE ORIBE
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EC - Volviendo al día del golpe de Estado, y su decisión de colocarse en el balcón de su casa, en la calle 26 de Marzo, con la bandera nacional y la bandera de Artigas, un cartel hecho a mano en el que se identifica y agrega "Abajo la dictadura". Yo le preguntaba si usted actuó solitariamente a lo que me respondía que sí, le preguntaba si integraba alguna logia, algún sector, algún grupo dentro de la Armada y me decía que no; de todos modos usted sí había estado en febrero defendiendo la Ciudad Vieja junto al vicealmirante Zorrilla.

OL - Sí, pero ése fue también un empeño familiar porque estaba toda la familia Lebel. Yo tengo tres hijos marinos, entonces el mayor Alex estaba como fusilero en la barrera, Federico estaba a bordo de un barco y Gerardo, el menor, estaba en la Escuela Naval. "Abuelo" estaba con el almirante Zorrilla. Razones había: yo fui profesor de la Escuela Naval, y la materia que di durante más tiempo se llama Balística o Artillería. En lo limitado de nuestro país yo era el especialista en la cosa. Esa noche se esperaba que los tanques invadieran el puerto, de modo que en la rinconada donde ahora está atracando Buquebús se instaló un destructor. Yo bajé, hablé con el comandante -que también fue ascendido a almirante en la reivindicación que hizo la Asamblea General con el proyecto del colega y senador Garat, que me precio en destacar en este momento- y le hice las indicaciones de carácter técnico, como graduar las espoletas de los proyectiles en distancia para ir deteniendo los tanques a medida que entraran al puerto. No vinieron y viví para contarlo, pero estuve en esa situación tan especial, en la cual la Marina tuvo que replegarse.

EC - La Marina se fracturó, además.


OL - Se fracturó completamente.

EC - Políticamente ¿qué era usted por aquellos años? Obviamente era un militar en actividad, no tenía actividad partidaria, pero ¿qué votaba, qué pensaba?

OL - Votaba a (Emilio) Frugoni. La primera vez que voté lo hice al Partido Colorado, no muy convencido de lo que había; pero la segunda vez voté conscientemente y conscientemente voté al doctor Frugoni. Cuando empecé a leer... y cuando empecé a leer Marcha... Ahí empieza la cosa; yo digo que pertenezco a la generación del 45, que dio hombres como Maneco (N. de R.: el extinto periodista, diputado, senador y ministro Manuel Flores Mora). Había un grupo de militares que empezamos a ver Marcha y vimos abrir una nueva perspectiva. El doctor (Carlos) Quijano, que fue un verdadero maestro, enseñó que América existía; nosotros la teníamos a nuestras espaldas y mirábamos a Europa, éramos europeos injertados que hacíamos gala de no ser americanos. Los uruguayos tenemos una suerte de dicotomía de identidad que es subconsciente; tanto que no hay uruguayo que no diga que cuando se enoja o cuando tiene que hacer un acto de valor, algo que requiera fuerza, energía, dice "me salió el gallego de adentro", "me salió el tano de adentro", "me salió el vasco de adentro"; al uruguayo le sale de adentro cualquier cosa menos el uruguayo. Pero a la vez -y antinómicamente- gritamos lo de "la garra charrúa" pero nos enojamos cuando dicen que no somos indios: "¡Qué vamos a ser indios! ¡Somos blanquísimos!".

En esa antinomia se revolvía el joven Günter en aquellos tiempos. Don Carlos Quijano nos había explicado que había un valor americano que los hombres de tez blanca podíamos reivindicar y que valía la pena hacerlo.


EC - Usted era amigo de Julio Castro, además.

OL - Era amigo de Julio Castro, y le digo que el día en que él desapareció venía a mi casa.


EC - Admirador de Michelini.


OL - Más que admirador de Michelini. Recién le dije que en Uruguay somos pocos (eso es muy querible, aunque dramático): cuando nos encontramos con alguien somos parientes o vivimos a las tres cuadras. Algunos de los hijos de Michelini fueron a la escuela con los míos. Conocí poco a Zelmar, porque cuando pude comenzar a actuar en política en realidad... primero Zelmar estaba exiliado. Cuando regresé de todos mis viajes fui a ver a quien era su segundo, su amigo Hugo Batalla; el padre de Hugo era capataz del dique nacional, era un hombre que tenía problemas de carácter cardíaco, muy querido, entonces en el dique -que es una gran caja de cemento- se le colocaba una silla para que el viejo se sentara, mirara y chequeara cómo los remachadores iban reparando los buques que entraban. Hugo era recién recibido, un año menor que yo, y la amistad surgió muy rápidamente. Eso hace que cuando termina la dictadura y yo desembarque de la marina mercante por primera vez -después seguiría navegando- fuera a verlo y le dijera: "Hugo, tengo tres cosas para ti: los viajes me permitieron comprar un auto, tengo ganas de trabajar en política, y tengo tiempo". Me afilié con entusiasmo a todo eso que Michelini había pregonado, que en definitiva no dejaban de ser las ideas del propio doctor Quijano, su acendrado americanismo.

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EC - Uno de los cuentos del libro relata los episodios que protagonizó el 27 de junio y los días siguientes. En realidad fueron tres episodios: el atrincheramiento en el balcón, luego cuando va detenido y se lo confina en un camarote en el Artigas tiene otro gesto sorprendente, impactante, ya que irrumpe en una despedida de soltero que estaba teniendo lugar en el barco y hace un brindis "Por la democracia y contra la canalla", como consecuencia de lo cual es arrestado nuevamente y trasladado a la Escuela Naval, donde luego decide encarar una huelga de hambre. ¿Por cuántos días se extendió esa huelga?

OL - La huelga de hambre duró 10 días. En 10 días perdí 10 quilos, tomaba agua nada más, pero no tuve hambre en ningún momento.


EC - Todo esto fue resuelto individualmente por usted y sin difusión, porque no eran noticias que circularan en esos días en Uruguay. Usted iba jugándose en cada paso. ¿Cómo analiza a la distancia aquellas decisiones?

OL - Lo que más me sorprende es que yo soy miedoso, y en ese momento no tuve miedo. No sé por qué no tuve miedo, pero había entrado en el túnel del tiempo.. Es retórica para explicar algo que para mí era inexplicable. Esa mañana yo sabía que si no hacía algo iba a sentir vergüenza por el resto de mi vida. Mi salida al balcón, el cartel y todo lo demás... Creo que los médicos los llaman una compulsión; ahí no hubo nada heroico: lo hice porque no podía dejar de hacerlo. Fue catártico, si no lo hacía me moría.

EC - Y ahora ¿por qué escribe este libro?


OL - Eso tiene otra razón. En los muchos años que estuve en la marina mercante se me ocurrió llevar un diario para mis nietos. Navegué muchísimos años, estuve en muchísimos lados y me pasaron cosas de lo más raras algunas, bastante graciosas, otras cuasi trágicas, y quise que mis nietos tuvieran esa vivencia.

Cuando pasa el tiempo uno empieza a repasar sus propios apuntes y cae en la cuenta de que efectivamente las cosas fueron muy especiales. Instigado por la familia, muy especialmente por mi esposa -yo era una suerte de actor-, yo hacía cuentos y ella tenía que aguantarse la repetición del mismo cuento porque variaba el público. De ahí vino la instigación de escribirlos. Me llevó un año y pasaron por tres editoriales; la última -la de Cribari y Ladra, editores de la revista Latitud 30-35- se animó a la aventura y he tenido el parto de viejo con la presentación del viernes a la que usted asistió.

EC - Y donde usted dijo, entre otras cosas, que este libro también era para usted una catarsis.

OL - Sí, fue una catarsis.


EC - ¿Por qué?

OL - Fue y es una catarsis. Hubo una serie de sucesos que el país entero vivió y que yo tenía atragantados. Quería decirle al mundo que Márquez era un delincuente, porque fue un delincuente que se enriqueció hundiendo un barco y que lesionó a la ciudadanía.

EC - Usted es muy severo con el vicealmirante Márquez: directamente lo describe como contrabandista.


OL - Es que fue contrabandista.

EC - Y explica en qué consistían las actividades que desarrollaba.

OL - Curiosamente pude rearmar su trayectoria de contrabandista porque la casualidad me puso en contacto con hombres que habían hecho ese periplo con el que fue el almirante Márquez. Uno de ellos, un excelente timonel que navegó conmigo siendo yo capitán de la marina mercante, que anduvo por los puertos del mundo e hizo las entradas al puerto de Montevideo con el resto del contrabando.

Digo ahí (y vive para contarlo el propio almirante Zorrilla, que era comandante del destructor que salió a buscar el barco que estaba inclinado e incendiándose), que conozco a la persona que subió a bordo y vio las bodegas abiertas con las mercaderías. Soy amigo personal de quien fue con el piloto naval a identificar, en el medio de la mar, a ese barco también llamado Pedro Campbell, igual que el buque de la Armada. Este amigo fue quien lo identificó porque en el primer vuelo el piloto no lo había podido encontrar. Y este íntimo amigo mío, marino, se ofreció porque conocía bien el barco; lo identificó en medio de la mar, el avión naval lo sobrevoló hasta que se le acabó el combustible y Márquez se alejó rumbo a la frontera con Brasil; ahí decidió hundir el barco e incendiarlo. Hay una ceremonia que parece sacada de una obra de Wagner... Los barcos tienen una suerte de canilla en el fondo (se llama válvula de fondo) que se abre para quitar el agua cuando el buque entra a dique; frente al hecho consumado de que había sido descubierto por las autoridades, de que todavía había mercadería a bordo que no tenía documentos, decidió abrir la válvula de fondo y bajó a la tripulación en botes salvavidas. La casualidad hace que cuando los botes salvavidas se dirigen a la costa brasileña, cerca de la frontera con Uruguay -van a Rio Grande- pase un buque mercante argentino que ve el drama marítimo: un barco se está hundiendo, está inclinado y hay tripulantes en los botes. Me lo cuenta uno que estuvo ahí, que navegó conmigo: Márquez le dijo gimoteante a su colega argentino: "Se me está hundiendo el barco, por favor vamos a esperar a que se hunda", y el barco no se hundía. Entonces Márquez le dice: "Colega, por favor, déjeme hacer una última tentativa para salvar mi navío". Todos ven desde el navío argentino que sale la lancha, trepa por la escalerita, hay un lapsus donde no se ve a nadie y de pronto sale humo. El hombre que me lo cuenta dice que reunieron los colchones, les pusieron combustible y lo incendiaron. Ahí termina esa parte. Entonces, aquello de que aquí en la tierra se paga y que el crimen no paga, no es cierto.

EC - El libro tiene varias referencias históricas. Esa de su propia actitud del 27 de junio y en los días siguientes, la tragedia del Banco Inglés de agosto de 1954, que le tocó vivir muy de cerca, el operativo Tirabuzón... Pero el libro también tiene historias de lo que simplemente fue su experiencia como marino mercante: sus viajes por el mundo, la vida de los puertos, la vida a bordo de un barco de esas características. ¿Qué quiso hacer con esas otras historias? ¿Por qué contarlas; qué es lo que revelan, para usted?

OL - Son vivencias muy caras.

EC - Más allá de que son cuentos muy interesantes y atrapantes casi todos ellos. ¿Por qué los eligió?


OL - Cuando salí del Liceo Naval, de gurí, con 14 años, tenía el deseo de la aventura, Rivera quedaba tan lejos de Montevideo como de Siberia: eran 16 horas en el ferrocarril nocturno, ir por carretera era imposible. Ahí empezaba ya la aventura. La Marina me ofrecía eso y la posibilidad única -yo no tenía plata y mis padres tampoco- de conocer ese mundo del cual algo había "pispeado". Cuando se me da el primer comando del petrolero Presidente Oribe, que para la dimensión de Uruguay era un barco enorme (tenía 190 metros de eslora, o largo), recuerdo que salí un día jueves de Montevideo, hasta Maldonado -y de ahí en un paralelo vamos hasta Sudáfrica, en el mapa horizontalmente uno va hasta Sudáfrica cruzando todo el Atlántico-, el día domingo hacía tres días que no dormía y no tenía sueño; le pregunté al médico de a bordo por qué no tenía sueño: "No se preocupe, capitán; ya le van a venir las ganas de dormir". En ese momento yo descubrí que ése era mi destino y que no me había equivocado cuando intuitivamente, de gurí, salí de Rivera para meterme en la Escuela Naval, a pesar de las cosas que me pasaron siendo niño y que relato en el cuento que se llama "La fuerza es el derecho de las bestias". Vaya si me gusta la cosa que convencí a los tres hijos; no fue un "lavado de cerebro".

EC - ¿Por qué "Günter"? ¿Por qué elige ese nombre para usted mismo, para el personaje que en realidad es usted mismo? No está contado en el libro.

OL - No, no está contado. Mi primer nombre no es Oscar, que es el segundo; era el nombre de mi padre. Mi primer nombre es muy alemán, Werner, como el señor de los cohetes, Werner von Braun; en los documentos, en la cédula, dice Werner Oscar Lebel. Pero con el tiempo le fui haciendo un ladeo y usando el Oscar por razones pragmáticas... Mis hijos me dicen "Viejo", mi mujer me dice "Querido" cuando andamos bien, los subalternos me dicen "Comandante" y el Werner se volvía un poco complicado porque siempre tenía que deletrear "W-e-r-n-e-r", excepto cuando iba a Alemania, donde me lucía porque era el capitán uruguayo que hablaba alemán y las autoridades se brindaban con todo. Ahí el Werner funcionaba.

EC - Pero usted no le puso Werner ni Oscar, el personaje se llama Günter.


OL - Pero yo viví en Alemania esos tres o cuatro años y tenía un amiguito, que era muy fuerte -yo era debilucho- y me defendía; él se llamaba Günter. Cuando volví a Alemania medio siglo después -aunque usted no lo crea- me encontré con Günter, mi amigo de los cuatro años, que había pasado como soldado todos los horrores de la guerra, después fue marinero, cowboy en Australia, y era el taxista que me llevaba a pasear. Ahora es fallecido. En cierta manera estoy rindiendo un pequeño homenaje a ese amiguito que me cuidó cuando teníamos cuatro años. Los niños de cuatro años y los viejos tenemos mucha memoria para esas historias tan lejanas.

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EC - Hace años que pienso que el Uruguay está en deuda con el contralmirante Oscar Lebel. Que nunca le hemos reconocido suficientemente aquellos gestos individuales de dignidad por medio de los cuales, dentro mismo de la Armada, hizo su aporte a la lucha contra la dictadura. Ojalá se agote este libro, "El viejo Günter", y sea el primer acto de ese homenaje pendiente. Vale la pena leerlo.

OL - Quisiera resaltar que lo que hice en el balcón no tuvo ribetes heroicos. Hice algo porque no podía dejar de hacerlo. Fue una reacción como la que se tiene ante el miedo, cuando uno se cubre la cara. Hay momentos que son absolutamente intransferibles, lo recuerdo hoy y parece un personaje extraño que salió y no tenía miedo, porque cuando lo pienso hoy tengo miedo, pero sé que en aquel momento no lo tuve. Dicho esto y hecha la confesión, muchas gracias.

EC - Vamos a ver cómo le va en esta nueva etapa de su vida como narrador. Como narrador editado, porque narrador ya era, como usted mismo ha contado aquí, desde hace muchos años.

OL - Tengo pretensión de seguir siéndolo, porque ahora se me ocurrió hacer otro cuento, más que cuento un libro, que se llama "El cocinero del rey", que no tiene nada que ver con Luis XIV, sino que es la peripecia de un muchacho que sale de La Paloma y embarca como cocinero en un barco que se llama "El rey".


EC - ¿Cuándo lo tendremos?

OL - Vamos a ver si dedicamos este verano a la procreación y que el parto sea cuanto antes, si los dioses me son propicios.

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Transcripción: María Lila Ltaif Curbelo

Edición: Jorge García Ramón

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