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23 feb. 2012

HACE 76 AÑOS EL PUERTO DE MONTEVIDEO RECIBÍA LOS RESTOS DE CARLOS GARDEL


 BUQUE PAN AMERICAN



El 4 de febrero de 1936, el féretro que contenía los restos de Carlos Gardel llegaba al puerto de Montevideo. Venía de Colombia e una caja de cinc y corcho recubierta por el lado exterior con madera, rústica. El viaje se inició por tiempo desde Medellín y por el mal estado de los caminos tardó ocho días en llegar al puerto de Buenaventura, donde se lo embarcó.
En Montevideo, aquel 4 de febrero, fue velado por cuatro o cinco horas en la Aduana. Por la noche otro barco lo transportó a Buenos Aires junto con los integrantes de la comisión argentina de homenaje: Libertad Lamarque, el doctor León Elkin, Francisco Canaro y José Razzano.
Dice el diario la Nación del 5 de febrero de 1936.
. La nave "Pan America" en su trayecto hacia Buenos Aires, hace escala en el puerto de Montevideo, el 4 de febrero de 1936. Allí, una comisión uruguaya solicita a las autoridades del barco el permiso para desembarcar transitoriamente la caja mortuoria.... y al aceptarse la petición el pueblo hermano puede exteriorizar su sentimiento en el último homenaje al extinto cantor, en un emotivo acto. 
Este hecho es reflejado en "La Nación" del 5/2/36/ con la siguiente nota: 




Poco antes del arribo del Pan América, llegaron de Bs. As los miembros de la delegación argentina, integrada por los señores José Razzano, Mario Bénard, Francisco Canaro y la señora Libertad Lamarque. Los viajeros fueron recibidos por el comité de homenaje de esta ciudad, y poco después pasaron al otro barco, donde se adelantó a saludarlos el señor Armando Defino, que viene acompañando el féretro. 
Los restos estuvieron a bordo hasta las 16,15. A esa hora fueron desembarcados y conducidos a la capilla ardiente levantada bajo el arco central del edificio de la Aduana. El féretro quedó expuesto en el mismo centro del amplio pasaje. Grandes cortinas de terciopelo negro, con cordones dorados, cubrían la pared y daban mayor relieve al respaldo y a las barandas de bronce y cristales que rodeaban el catafalco. Antorchas y candelabros iluminaban la capilla, en tanto que a uno y otro lado iban depositándose ofrendas florales, que perfumaban el ambiente y atenuaban con sus matices la gravedad que fluía del negro tapizado. La caja mortuoria fue desembarcada cubierta por el poncho de vicuña de Gardel, que luce en uno de sus extremos, bordadas en oro, las letras de su nombre y apellido. El homenaje popular superó todas las previsiones de la policía marítima, y como los férreos portones se abrían a ratos, resultó imposible impedir los estrujones y las violencias, que se repitieron a cada turno.
Después de las 19, de conformidad con el programa trazado con los organizadores, comenzó la parte oratoria. El poeta Mario Ferreiro dirigióse al público, destacando la significación del homenaje. Los discursos continuaron. Por la delegación argentina lo hicieron los señores Mario Bénard y Francisco Canaro, y por el comité y la Asociación Uruguaya de Compositores, el señor Roberto Fontaina. Este último habló del estremecimiento causado por las primeras noticias de la catástrofe de Medellín y de la amargura con que se recibieron los despachos telegráficos que grabaron en los rostros, con fijeza de máscara, el dolor causado por la pérdida irreparable. Luego poniendo término a la ceremonia expresó: "Este comité no ha hecho otra cosa que facilitar al público uruguayo una ocasión para tributar a Gardel su último homenaje, el homenaje que había sabido conquistarse con el punteo musical de sus guitarras y con la cadencia de su voz inigualable.







En seguida se adoptaron medidas para conducir la pesada carga a bordo del Pan América atracado a 400 metros de distancia, frente al galpón 5. Se clausuraron entonces los portones, se aceleró el desfile del público que quedaba aún en la arcada y entró muy trabajosamente un furgón que se detuvo frente a la cámara donde todavía hacían guardia de honor los compositores, artistas, cultores de la música popular y los que fueron sus amigos dilectos. El furgón se cubrió muy pronto de flores, y cuando estuvo dispuesto se inició la marcha, lenta, dificultosa, emocionada. 
Se reeditaron entonces las escenas impresionantes. La música fúnebre de la banda del cuerpo de bomberos, los llantos, los brazos en ademanes temblorosos de despedida y la lucha sostenida por las mujeres para llevarse algunas flores de las que cubrieron el ataúd, dieron caracteres inolvidables al sentido homenaje. Una grúa lista para izar a bordo el féretro, de suerte que la maniobra se realizó sin mayores dilaciones. La entrada al buque fue fiscalizada rigurosamente".
Una comitiva uruguaya integrada por los Sres Blixen Ramírez, Lauro Olivera Viera, Pedro Bernat y Alberto Labrocca, con los miembros de la comisión argentina, se embarcan en la nave-que parte a las 24-con el objeto de acompañar los restos a Bs As.
M.A.M
Condensado y editado de la web http://www.gardelweb.com


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