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6 oct. 2011

CARLOS MARÍA DOMINGUEZ PUBLICA SU LIBRO “ESCRITOS EN EL AGUA”




LECTURA RECOMENDADA.





CARLOS MARÍA DOMINGUEZ PUBLICA SU LIBRO “ESCRITOS EN EL AGUA”

“Por paradójico que resulte, tampoco abunda entre los uruguayos la comprensión del estuario que, de Montevideo al Este, se conoce por mar. Su literatura, se diría, no ha puesto un pie en el agua. No me propongo explicarlo. Apenas anotar la extravagancia que llevó a la cultura rioplatense a desentenderse del río que le dio nombre, tal si empeñada en ocultar una vergüenza, enterrara también su fundamento”.

Así escibe Carlos María Dominguez en su libro “Escritos en el Agua” el inexplicable “desentenderse del río” de la sociedad en general y del mundo de la cultura en particular.


En "Escritos en el agua", el periodista y escritor argentino , radicado en Uruguay, reconstruye numerosas y novelescas historias vinculadas al “Río color león” que tanto nos ha marcado.


Define al Río de la Plata como una trampa, tumba de navegantes y destino trágico para muchos.
Dominguez se refiere a los cambios experimentados por el río, su influencia en nuestras costas, en la relación con nuestros vecinos y en nuestros vaivenes como sociedad.



Escribe Carlos María Dominguez:


“Hay en el Río de la Plata una raza de hombres y mujeres de la costa cuyas vidas, igual a esos troncos que las mareas arrojan a la playa, han sido pulidas de forma caprichosa y extraña.
No existe un elemento más blando que el agua y sin embargo, socava la roca y el corazón más duro hasta volverlos irreconocibles”.

FRAGMENTO DEL CAPITULO 12 Pag.155

UN TORRENTE DE MEMORIA Y OLVIDO

…Entre los cauces de la tierra, el Río de la Plata comparte con el Ganges, el viaje de la muerte, pero está solo en el pavor que arrojó a su lecho a miles de persona vivas.
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“Durante la dictadura, acá tiraron cantidad – dice un contrabandista de Carmelo-. En esos años, andábamos trabajando en la vuelta y veíamos los helicópteros que tiraban bultos en la boca del Guazú, donde hay una corriente infernal. Los tiraban con pesas, se ve que buscando la hondura mayor, pero entonces no imaginábamos que era gente”.
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Crecidas y bajantes exponen a menudo una frontera que el hombre no puede descubrir sin horror por su naturaleza. Es la dimensión de su despojo, la indiscriminación del color, la textura, el olor, las fibras desasidas de lo que fue, lo que el río arrastra entre las pretensiones de sus orillas.
La pata de una silla, el esqueleto de un pez, el hueso de una vaca, la vieja moneda herrumbrada, un pedazo de ladrillo, el bronce de un cañón, un madero de popa y los restos de una hogado.
Y tan macerados, partidos por mitades, pulidos y desnudos hasta el extremo irreconocible de su materia que, del cuerpo alzado, entre lo que es y lo que ha sido, elegimos aterrados, su memoria. Difícil de ver y escuchar, el resto sólo es agua que corre.

Reportaje a Sergio Fernández.flv