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23 ago. 2011

El Uruguay con rejas



Barco prisión de la Guerra Civil Española







El Uruguay con rejas




MARCOS ROBLEDO



del Pais Digital
Viernes 15.06.2007





MIENTRAS Uruguay vivía bajo la dictadura de Gabriel Terra (1933-1938), en la península ibérica otro Uruguay era cárcel por entonces. En la Segunda República Española un barco con el nombre del país fue utilizado como prisión, primero por el gobierno conservador y luego por las fuerzas leales a la República durante la Guerra Civil.


Antes de ser cárcel este barco estuvo destinado al traslado de personas y mercaderías entre América del Sur y España. En esos tiempos era el vapor Infanta Isabel de Borbón. Fue construido en los astilleros de Dumbarton, Escocia, botado al mar en 1912 y terminado en febrero de 1913. Era de acero, medía 146,53 metros y pesaba 10.348 toneladas.
Según la habilitación hecha en 1918, podía trasladar 1924 personas, entre las que se incluían 280 tripulantes. Lo adquirió la Compañía Trasatlántica, que era una de las principales navieras españolas, y que desde 1888 viajaba hacia el Plata.


En 1919 el Infanta Isabel de Borbón ya realizaba la línea que salía de Barcelona. Luego de tocar varios puertos hispanos y el de Rio de Janeiro, llegaba a Montevideo 18 días después de haber partido -siempre que no hubiera contratiempos-, y a la capital argentina en la jornada posterior.
Según las listas oficiales de la marina española en 1930 el buque aún se llamaba Infanta Isabel de Borbón, pero en 1934 aparece nombrado como Uruguay. Por su parte en el Archivo de Imágenes del Museo Marítimo de Barcelona se fecha con su primer nombre entre 1913 y 1932.


El motivo del cambio de denominación no está claro, pero es de suponer que se deba a la situación que entonces vivía España. La Trasatlántica había gozado en el pasado régimen de subvenciones del gobierno y no tenía una imagen muy positiva para los ojos republicanos. Es probable que rebautizar el vapor, dejando de lado su nombre borbónico, perseguía mejorar la imagen de la compañía.
Si bien la Trasatlántica para entonces estaba en decadencia, en 1936 al producirse el levantamiento militar comandado por Francisco Franco, aún disponía de 15 vapores (al terminar el conflicto solo le quedaron dos). Buena parte de estos permanecían amarrados de tiempo atrás. Era el caso del Uruguay, fuera de servicio en el puerto de Barcelona desde 1932 cuando se suprimió la línea del Plata. Su vida útil uniendo Barcelona con Buenos Aires transcurrió entre 1919 y 1932.


ESTRENO COMO PRISIóN. La primera vez que el Uruguay sirvió como prisión fue en octubre de 1934, durante el bienio del gobierno conservador de la Segunda República. El día 6 de ese mes, en medio de una gran crisis política, el presidente de la Generalitat de Cataluña Lluís Companys proclamó el Estado Catalán dentro de la República Federal Española.
Al día siguiente de la declaración de Companys, el alzamiento fue liquidado y sus principales líderes encarcelados, la mayoría de ellos en tres barcos, entre ellos el Uruguay, donde estuvieron detenidas las primeras figuras del gobierno catalán.


En concordancia con lo anterior, en la memoria de la compañía publicada a fines de 1934 se informa que el gobierno español había requisado unas semanas antes los vapores Uruguay, Manuel Arnús y Argentina, el primero de estos el 7 de octubre de ese año.
En el libro Som una nació. Catalunya oprimida, en un recuadro titulado "El Uruguay, símbolo de represión", se explica que este "llegó a reunir 2.500 presos, mayoritariamente políticos, funcionarios y profesionales liberales. Pronto, familiares y amigos intentaron acercarse a los detenidos y comunicarse con ellos. Al darse cuenta, las autoridades hicieron que unas canoas circulasen alrededor del barco. Fue inútil. Muchas mañanas, sobre todo feriados, pequeñas embarcaciones se acercaban a los barcos prisión para saludar y animar a los retenidos, que se asomaban a las barandas de cubierta".


Allí estuvieron hasta el 7 de enero de 1935 el presidente Companys y algunos consejeros que fueron trasladados a la cárcel Modelo de Madrid, donde recibieron su condena de 30 años de prisión, que no alcanzaron a cumplir pues en 1936 resultaron amnistiados cuando el Frente Popular de izquierda recobró el poder. Emigrado a Francia al final de la guerra, Companys fue capturado por los nazis y enviado a Barcelona, donde fue fusilado en Montjuic en 1940.


LA SEGUNDA éPOCA. La etapa más conocida del buque-prisión sucedió luego del alzamiento iniciado por Franco el 17 de julio de 1936 en Melilla, como reacción al triunfo electoral del Frente Popular en febrero. Si bien la rebelión ocurrió en diversas partes de España, en principio logró ser sofocada en la mayoría de los sitios, incluida Barcelona. Más tarde muchos de quienes apoyaban el levantamiento fueron detenidos y apresados, pero como los edificios penitenciarios no dieron abasto se recurrió a algunos barcos, entre ellos el Uruguay.
Durante la Guerra Civil española varias embarcaciones fueron usadas como centros de reclusión, tanto en Barcelona como en otras ciudades costeras.


El Uruguay dependía del SIM (Servicio de Investigación Militar), organismo de inteligencia creado por la República que dispuso de gran autonomía y fue mayormente controlado, según explica Giovanni C. Cattini en el libro La Guerra Civil a Catalunya (comp. Josep M. Solé y Sabaté y Joan Villarroya i Font, Barcelona, 2004) por "comunistas españoles fieles a las directivas de la URSS estalinista". Esto llevó a que en las bodegas del barco-prisión coincidieran falangistas y franquistas con "disidentes ideológicos, enemigos potenciales o reales de Stalin".


Además del Uruguay, el SIM tenía prisiones propias y controlaba la casi totalidad de los campos de trabajo. Allí utilizaba "técnicas de identificación y captura rusas, fundadas en las últimas teorías psicosociológicas de criminología, (…) elementos electrónicos de vanguardia (…) interrogatorios feroces acompañados de procedimientos judiciales sin garantías (…)" y "el uso sistemático de las torturas contra los detenidos". Todo esto le granó una terrible fama al SIM y lo volvió "enormemente impopular", siempre según Cattini.


En el libro Prisión Flotante, Eduardo Carballo, un falangista que estuvo preso ocho meses en los buques Argentina y Uruguay cuenta su versión de las penalidades que debieron soportar los reclusos.
Carballo hace hincapié en el hambre que pasaron en el Uruguay. Al barco lo recuerda como "el buque del hambre y de la muerte". Al hablar del sitio donde dormían, dice: "centenares de hombres estábamos hacinados en bodegas, aún más sombrías y tétricas que las del Argentina. Un marinero nos confesó que aquello no se había limpiado desde hacía más de cinco años". Dormían en literas sin colchonetas ni mantas; "los ratones se paseaban libremente por todas partes". Donde él estaba, 400 presos compartían un solo water.
En este buque estuvieron detenidos importantes falangistas y quintacolumnistas partidarios de los nacionales de Franco. Uno de los principales fue Rafael Sánchez Mazas, fundador e ideólogo de la Falange, luego ministro de la dictadura franquista, que al final de la guerra logró sobrevivir a un fusilamiento republicano, hecho que el escritor Javier Cercas narra en su novela Soldados de Salamina, luego llevada al cine por el director español David Trueba en 2002. En el libro de Cercas un personaje se refiere de la siguiente manera a la cárcel flotante: "Las condiciones de vida no son buenas: la comida es escasa; el trato, brutal. También son escasas las noticias que llegan sobre el curso de la guerra, pero conforme ésta avanza incluso los cautivos del Uruguay comprenden que la victoria de Franco está cerca".


El control del SIM sobre el Uruguay duró hasta comienzos de 1939, cuando fue alcanzado por los bombardeos del 16 de enero. Durante una semana, mientras las fuerzas franquistas bombardeaban Barcelona en uno de los capítulos definitivos de la Guerra Civil española, en el puerto de esa ciudad fueron hundidos 25 barcos, entre ellos el Uruguay.


Quienes allí estaban detenidos corrieron diversa suerte; unos fueron liberados, otros fusilados. El barco permaneció averiado y hundido unos meses, hasta que fue reflotado en julio de 1939, pero ya no volvió a navegar. Su fin llegó pocos años después, en 1942, cuando fue desguazado y vendido como chatarra.