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8 jul. 2011

“PRINCIPESSA MAFALDA”. Construyendo una vida luego de la tragedia. (4ª Parte)


Foto: Arturo Vetuschi.

Vetuschi pasó a vivir en una pensión céntrica de Montevideo, recibiendo cierta cantidad de dinero de la comisión creada para ayudar a los náufragos del “PRINCIPESSA MAFALDA” que llegaran a Uruguay.
Los primeros meses en la ciudad que lo acogía fueron muy difíciles para Vetuschi, la sensación de soledad se incrementaba por la imposibilidad de retornar a Italia con su familia; los pensamientos recurrentes sobre el naufragio persistían y encontrar un lugar donde trabajar se volvía asunto complicado.
Sus reservas anímicas y económicas se desvanecían, cada mañana se levantaba con nuevas esperanzas que lo acompañaban en sus largas caminatas buscando alguna obra en construcción, carpintería o taller mecánico que necesitara un aprendiz. Además en su ruta diaria solía consultar a los parroquianos de los boliches, que bien informados solían estar de los acontecimientos de su barrio.

Pero avanzaba ya un nuevo año, 1928, y ninguna certeza daba nuevos bríos a su angustiado corazón, su desgastada voluntad no encontraba consuelo. Un viernes del segundo mes del año, finalizando la jornada de búsqueda cuando sus piernas solas caminaban sin que él conciente fuera de su propia marcha, de cabeza gacha andaba sin rumbo, andaba sin vivir, fue cuando, a la altura de la esquina donde se cruzaban 18 de Julio y Piedad oye una voz que lo trae lentamente a la realidad, previo pasaje de desorientación y perturbación por regresar de un mundo paralelo. Nuevamente escucha aquella voz logrando esta vez ubicar su lugar de origen.

-“Buenas tardes Sr. Vetuschi”.

- "Buenas tardes Mr. Pierce., disculpe mi sorpresa pero no esperaba encontrarlo por aquí”.
Franklin Pierce era un ingeniero inglés que Vetuschi conociera a bordo del “ALHENA” cuando fuera rescatado de las aguas del Océano Atlántico.

-“¿Cómo esta Vetuschi?".

-“Me encuentro todavía sin trabajo y la vida se me está nublando una vez más, mi empeño es fuerte pero no logro conseguir esa posibilidad de comenzar una nueva vida que me aleje de mis penas y mis sufrimientos diarios”.

-“Tal vez este reencuentro no sea una mera coincidencia caballero, estoy seguro de eso”. Afirmaba aquel inglés en un español apenas más claro que el de Vetuschi.

-“Venga usted el próximo lunes a mi oficina y hablamos más distendidos”.
Pierce escribe su dirección y se la entrega a Vetuschi quien agradece y le expresa que:

-“Será para mi un honor poder retomar el diálogo que algún día interrumpimos”.

-“Muy bien será hasta entonces”.
–manifestó Pierce y agregó- “Y Vetuschi tranquilo, que conseguirá empleo”.

El lunes el inmigrante italiano cambia su rutina y se dirige a la dirección que le entregara aquél ingeniero que conociera en circunstancias apremiantes a bordo del “ALHENA”, cuando llega al lugar y pregunta por el Sr. Franklin Pierce descubre que su amigo es un jerarca de los ferrocarriles ingleses en Uruguay.
Del encuentro Vetuschi saldría con una recomendación para presentarse en cierto taller y ser tomado como peón en la empresa ferroviaria.
Allí desarrollaría una actividad como trabajador digna de los mejores elogios tanto de sus propios compañeros como de distintas autoridades, primero de la empresa inglesa y posteriormente de A.F.E., de donde se jubilara en Diciembre de 1971 como Jefe de Talleres del Edificio Central con décadas de dedicación al ferrocarril y con aportes destacados para el progreso de la empresa. Dentro de sus acciones más reconocidas cuenta la refacción total y puesta a punto a fines de la década de los años cincuenta del edificio de la Estación Central “José Artigas”, patrimonio arquitectónico de la ciudad de Montevideo hoy tristemente abandonada.
Esta obra generó las felicitaciones del caso por parte del Directorio de la empresa estatal:

“Con verdadera satisfacción vemos que, por RD.1918/57 del 24/9/57 se ha cursado la siguiente nota de felicitación que transcribimos:
“EL DIRECTORIO RESUELVE:
1º.) Que por Gerencia General y la Gerencia de Vía y Obras se haga saber al Sr. Arturo Vetuschi, Capataz 1º. De la Gerencia nombrada en segundo término, la complacencia del Directorio, por la actividad, eficiencia, corrección y capacidad, desarrolladas, con motivo de los arreglos que están realizando en el Edificio de la Estación Central José Artigas en lo que le corresponde.
2º.) Pase a la Gerencia General, para su conocimiento y efectos, debiendo dejar constancia en la foja funcional del señor Vetuschi, lo dispuesto por la presente resolución”.


Debajo como firmas aparecen las de Oscar D. Gestido en su carácter de Presidente de los Ferrocarriles del Estado y el Pro- Secretario en Ejercicio de la Secretaría General Jorge Baliñas Barbagelata.

Vetuschi se casó tuvo varios hijos y nietos, adquiriendo una casa en la zona de Sayago que fuera famosa por quien era su propietario y por su contenido, que la llevó a ser considerada un verdadero museo.

Cuando se jubiló escribió lo siguiente:

“Al retirarme del Organismo, quiero expresarle mi afecto a compañeros y amigos ferroviarios, quienes compartieron y colaboraron en la labor que a través de mis 38 años me tocó desempeñar.
A pesar de que me espera el descanso y la tranquilidad del hogar, es con sentimiento que les saludo y les expreso mi agradecimiento.
29/XII/71.
Arturo Vetuschi”.


Nota: Al finalizar esta serie de artículos recordar, a través de Vetuschi, a todos aquellos inmigrantes que llegaron en barco a Uruguay y con su experiencia y trabajo colaboraron para hacer un poco mejor la vida de este país.

También mi recuerdo a una de las hijas de Vetuschi y a uno de sus nietos que me permitieron conocer y acceder a material muy valioso.

Juan Pedro Gilmes.

Bibliografía y Fuentes:

El Diario.
El País.
Mundo Uruguayo.
Archivo Familia Vetuschi.