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7 abr. 2011

Artigas en Paysandú (Cuento)



“Paysandú es un pueblo de indios que está sobre la costa oriental del Uruguay (…)” (Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga) Un olor acre invadía la costa sanducera aquella fría tarde de junio. Dos sumacas (*) fondeadas en el río se encontraban rodeadas de una espesa nube de humo. Marineros, de mucosas irritadas, orientaban sus rústicos ahumadores, encendidos con una mezcla de bosta seca, ají y azufre, hacia el interior de las embarcaciones para liberarlas de las ratas que atraídas por los cueros invadían las mismas. Muy cerca de allí, grupos de indios pescaban bagres amarillo y sábalos que cargaban en la crujiente carreta de enormes ruedas de lapacho, hundidas casi a la mitad pese a sus más de dos metros de diámetro.


Diálogo en la orilla:

-¿Cómo diríamos esto?:

¿Qué tal va tu trabajo?

- ¿Retantitenmuimarmár?

-Y bien: ¿Qué palabras hay aquí?

-Una no más -

No puede ser: ¿Qué quiere decir retanti?

-¿Cómo va tu trabajo?

- Bien…¿y marmár?

- Lo mismo…. no mas quiere decir.(**)

La figura del hombre regordete se inquietaba ante la impasible actitud del escuálido indio de tez arrugada y cabellos renegridos. El padre Larrañaga, apretaba fuerte su rosario para contener su exasperación ante aquellas respuestas lacónicas que aparentaban conducir a ninguna parte. Empeñado estaba, no obstante, en desentrañar el intrincado idioma chaná y aquel anciano junto con otros dos, no mucho más jóvenes, habían sabido escuchar aquella lengua, casi extinta, de sus abuelos y eran para Larrañaga la respuesta a sus desvelos. Escribiría tiempo después: “La paciencia, incomodidad y trabajo, que me ha costado, se conocerá, teniendo en consideración, que mis intérpretes son unos hombres, toscos, ignorantes, que no saben leer, ni escribir, ni dividir las palabras,(…) y que me ha sido preciso entregarme a una profunda observación de sus frases familiares, emplear muchos tiempo en preguntas y repreguntas(…)” Sin embargo, respecto al idioma chaná Larrañaga tenía una mirada si se quiere piadosa: “Este idioma abunda en letras guturales y narigales, que pronunciadas con la gracia, y suavidad de los Naturales, no hacen la pronunciación tan áspera, como parece a primera vista, y como realmente nos sucede al pronunciar, a los que por falta de uso, no podemos verificarlo sin violencia”. El sacerdote tomó un respiro. Buscando un alivio a tantas tensiones, dirigió su mirada al conjunto de plantas y animales que los más jóvenes, de aquel Paysandú naciente, le habían acercado a cambio de unos dulces. Ansiaba el momento de comenzar a estudiarlos y clasificarlos siguiendo el método de su admirado Linneo, ¡el conocimiento estaba ahí y Larrañaga no sabía de fronteras en esta materia!. A lo lejos se podían oír las voces festivas de un grupo de parroquianos entre los que se destacaba el “apóstata” Monterroso. Se trataba de una de sus famosas “patriadas”, largos y sobreactuados discursos que hacían las delicias de los interlocutores. Locuaz y verborrágico, siempre el centro de las reuniones, Monterroso, no era al decir de Larrañaga “santo de su devoción”. Todavía recordaba, el sabio sacerdote, aquel oficio redactado por Monterroso y presentado por Artigas ante el cabildo de Montevideo, donde con lenguaje virulento ordenaba la expulsión de sacerdotes “porteñistas” y sugería su sustitución por “sacerdotes patricios si los hay, y si no los hay, esperemos que vengan, y si no vienen, acaso con ello seremos doblemente felices”. Jamás se lo perdonó y ya llegaría el tiempo de la revancha.

- Intentemos de nuevo-dijo Larrañaga- dirigiéndose a los ancianos.

- Pero bien, ¿cómo diremos solamente como?

- Retán. Le responde uno de los indígenas.

- ¿Y para decir esta? - Titen. Le contestan.

- ¿Y para decir estar?

- Titen. Vuelven a responderle.

- ¿No se podría decir sólo Ten?

- Si señor y se usa mucho.

- Entonces, ¿qué dice el Ti?

- Nada es un vocablo que usamos, como quién dice a modo de decir, para decir y no más.

Larrañaga resopló y elevó la vista al cielo, pidiendo una ayuda divina que no llegaba.


Visita porteña:

Mientras tanto, a pocos pasos, apostados en el Río Uruguay se encontraban un falucho y una goleta cuya visita había generado un gran revuelo, rompiendo la habitual calma portuaria. Había llegado la delegación del gobierno de Buenos Aires, encabezada por los diputados Coronel Blas José Pico y el Dr. Francisco Bruno de Rivarola, quienes se reunirían con el General José Gervasio Artigas. Paysandú estaba visitado en esos días. La delegación Montevideana representando al cabildo, integrada por el propio Larrañaga, se encontraba en el pueblo para intentar “arreglar” algunas desobediencias de este órgano a las órdenes del General Artigas. Se sumaban también, al mismo tiempo, los representantes porteños y esto era un problema para el General Artigas quién no tuvo más remedio que pedir prestados platos, cubiertos, enseres y recibir a sus huéspedes con mediana dignidad, tal era el espartanismo en que vivía el prócer. Algunas cucharas de hierro estañado, 1 mantel, 2 o 3 platos de loza, una fuente descascarada, tres sillas y una petaca, restos de un embarque de la chalana del viejo Torres, que nunca llegaron a destino , fueron los “lujos” que recibieron a los prestigiosos visitantes. Fue el cura Larrañaga, por su parte, quien tuvo el honor de que el General le cediera su habitación y su catre, “privilegios” que el sacerdote aceptó gustoso. (***) La reunión con los porteños, portadores de un pliego de 13 artículos para discutir con Artigas, comenzó con un clima afable que luego se fue tensando. Estaban en juego las autonomías provinciales, contra las pretensiones centralistas bonaerenses, y la devolución, además, de armas y pertrechos (entre los que se encontraban nueve lanchas cañoneras armadas) saqueados de Montevideo por las fuerzas porteñas en el “auxilio” a los orientales (****). Artigas, fiel a lo dictado en las Instrucciones de 1813, propuso una alianza ofensiva-defensiva entre las provincias, en las que ninguna sojuzgaría a la otra y el reconocimiento de la constitución y los derechos de las mismas. Pico y Rivarola propusieron por su parte, la independencia de la Provincia Oriental, pero no aceptan la independencia absoluta de Entre Ríos y Corrientes (a quienes dan a elegir bajo que protección quieren estar) y una posición mucho más extrema con Córdoba y Santa Fe, provincias que, según Buenos Aires, quedarían bajo su autoridad sin elección posible. Respecto a la devolución del botín obtenido por Buenos Aires de Montevideo ellos expresarían:”Buenos Aires jamás podrá pedir a la provincia Oriental indemnización, bajo ningún pretexto, de los cinco millones y más pesos que gastó en la toma de Montevideo…” Las posiciones eran entonces irreconciliables, escribiría Artigas al respecto dirigiéndose al Supremo Director: “las propuestas estaban fuera de todo orden, y manifestaban reproducidos en V.E los principios detestables que caracterizaron la conducta del gobierno anterior”.


Siete condenados de “regalo”:

En uno de los ranchos del puerto, siete prisioneros engrillados esperaban su destino. Traídos por Pico y Rivarola, como muestra de la buena fe de la delegación porteña, los siete prisioneros eran ex partidarios de Alvear y por ello enemigos de Artigas. Se los “obsequiaban” al general para que dispusiera de ellos.


Vuelta al pago :

“Amaryllis Brenipodis Larrañaga”, “Bonaza Aboriens Larrañaga…” Con trazo firme esa mañana el presbístero Dámaso Antonio Larrañaga clasificaba, fascinado, aquellas plantas de hojas lanceoladas, que pasaban, a partir de ahora, a tener un nombre y un lugar en la taxonomía botánica y en la ciencia. En el puerto ese día la actividad no era la de rutina. La delegación de Pico y Rivarola dejaba Paysandú con destino a Buenos Aires, y con ellos los prisioneros….. “Yo no soy verdugo del gobierno de Buenos Aires” les había dicho el General Artigas y con este gesto devolvió los siete presos. Artigas acompañó los prisioneros al puerto, se apeó de su caballo y ayudó al Coronel Bavastro que se encontraba enfermo, mostrando “...que era más humano que los que se creían halagar su crueldad enviándole víctimas para inmolarlas a su venganza” según escribiría en sus memorias Antonio Díaz)


El falucho y la corbeta tomaron el camino de regreso. Esta vez no hubo cañonazos como cuando arribaron a Paysandú. Pico y Rivarola sabían que volverían, Artigas también. El congreso de Oriente en el Arroyo de la China, donde se encontraría el General con los representantes de las provincias estaba en su horizonte…pero esa es otra historia.


Notas:

(*)Las Sumacas (Federico Merino). En los ríos de la cuenca, sin tener la predominancia que en tierra tuvieron las carretas, hubo un tipo de velero que, por lo menos durante dos siglos, se adaptó al Plata y sus afluentes, aventajando en mucho por sus características muy especiales a otros tipos de embarcaciones. Las sumacas desplegaban entre ochenta y doscientas toneladas… Las velas de las sumacas eran de fácil maniobra, necesitando menos tripulación a igualdad de capacidad de carga. Una de ciento ochenta toneladas se maniobraba con once hombres y un bergantín del mismo porte, con dieciséis. (…) Volviendo a las sumacas, debemos anotar que lo más notable era su poco calado, a pesar de ser un barco que, con su proa alterosa, podía soportar los temporales del Río de la Plata y aún del Océano Atlántico. Necesitando poda profundidad para navegar, podían salir de los canales del Plata superior, del Uruguay y del Paraná; desplazarse en algunas zonas de bancos de arena y acercarse a las orillas. Facilitándose así la operación de carga desde las carretas, cuando no existían muelles con aguas profundas. Las sumacas se construían en gran número en la cuenca del Río de la Plata. La abundancia de maderas en el Paraguay facilitó bien pronto el desarrollo de la industria naval. El número de sumacas dedicadas a la navegación fluvial, era de dieciocho, número sobrepasado sólo por dos tipos de barcos: las escunas, diecinueve; y las balandras, embarcaciones de un palo y de porte mucho menor, que sumaban sesenta y dos. Las sumacas desaparecen de nuestros ríos a fines del siglo pasado.


(**) En el texto se reproduce el dialogo tal como lo escribió Dámaso Antonio Larrañaga en su libro “Compendio del idioma de la nación Chaná”. A continuación copiamos un párrafo de este compendio: “Siempre seré sensible que la ignorancia de los primero sacerdotes españoles hubiese arrancado a tantas naciones indígenas estos nombres, y otros semejantes para las cosas espirituales por el injusto miedo de su abuso. Los Santos Apóstoles, columnas de nuestra sagrada religión, no judaizaron estas voces en las diferentes naciones, donde anunciaron las verdades evangélicas, sino que las rectificaron. Pero los Apóstoles Españoles estaban montados sobre otros principios”.


(***)Larrañaga escribiría de Artigas en su libro Viaje de Montevideo a Paysandú (1815): “A las cuatro de la tarde llegó el General, el Sr.D.José Artigas, acompañado de un Ayudante y una pequeña escolta. Nos recibió sin la menor etiqueta. En nada parecía un general: su traje era de paisano, y muy sencillo: pantalón y chaqueta azul sin vivos ni vueltas, zapato y media blanca de algodón; sombrero redondo con forro blanco, y un capote de bayetón eran todas sus galas, y aun todo esto pobre y viejo. Es un hombre de una estatura regular y robusta, de color bastante blanco, de muy buenas facciones, con la nariz aguileña; pelo negro y con pocas canas; aparenta tener unos cuarenta y ocho años. (Artigas nació el 19 de junio de 1764, tenía 51años) Su conversación tiene atractivo, habla quedo y pausado; no es fácil sorprenderlo con largos razonamientos, pues reduce la dificultad a pocas palabras, y lleno de mucha experiencia tiene una previsión y un tino extraordinario. Conoce mucho el corazón humano, principalmente el de nuestros paisanos, y así no hay quien le gane en el arte de manejarlos. Todos le rodean y todos le siguen con amor, no obstante viven desnudos y llenos de miserias a su lado, no por falta de recursos sino por no oprimir a los pueblos con contribuciones, prefiriendo dejar el mando al ver que no se cumplían sus disposiciones en esta parte y que ha sido uno de los principales motivos de nuestra misión.”


(****)Artigas exige en el articulo 5to del “Tratado de Concordia” la devolución de:3 mil fusiles, de ellos 1500 de contado: mil sables: 12 piezas de artillería de 2, 4 y 6: se coronarán la Plaza con todas las piezas de muralla que precisen debiendo de ser de bronce la mayor parte de ellas: el servicio competente para todas y cada de ellas. 9 lanchas cañoneras: pólvora suelta, cartuchos de cañón y fusil y balas: 5500 piezas de chispa: morteros y obuses la mitad de los que queden: bombas y granadas: todo con lo preciso para el servicio: la Imprenta.


Fuentes: - (1) Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga. 1923. Compendio del idioma de la nación chaná. Escritos de D Dámaso A. Larrañaga, tomo III: 163-174. Montevideo: Instituto Histórico y Geográfico del Uruguay, Imprenta Nacional - Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga Viaje de Montevideo a Paysandú (1815) - Los tiempos de Artigas. Tomo 4.Autor: Ana Ribeiro. Diario El País - Juan José Fernández Parés. Capitán de Navío (CG) (R) “Artigas y los actos de gobierno de su política maríma y fluvial”. - - Tabaré Melogno. Washington Reyes Abadie y Oscar Bruschera.”Artigas. Su significación en la revolución y en el proceso institucional iberoamericanos” -"Mástiles del Plata" del Sr. C/N (CIME) don Federico F. Merino., publicado en la Revista Naval Nro. 3 Año II (1977). WEB:http://urumodel.galeon.com/documentos/sumacas.html)