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1 oct. 2011

Reportaje a Sergio Fernàndez





REPORTAJE A SERGIO FERNÀNDEZ:


Sergio Fernàndez es coordinador de las unidades de trabajo responsables de mantenimientos y reparaciònes en general de la Administraciòn Nacional de Puertos (ANP).


Con enorme sensibilidad y conocimiento nos cuenta sobre los tècnicos, casi artesanos, que pasaron por el puerto, la continuidad del conocimiento y la experiencia intergeneracional, la ley de 1992 y la situaciòn actual.


ARTESANOS CON VALORES:


Mi llegada a la ANP fue en el año 1974 como becario, en un contexto histórico difícil.
Con 17 años ingresé a la División Talleres, sección ajustes, en el mecanizado de piezas.


Nuestra formación se la debemos a aquellos artesanos que eran los técnicos de la División.


Pudimos vivir la transición de los primeros trabajos en máquinas de combustión interna de vapor, a los trabajos posteriores en máquinas de combustión externa.


Parece que fue ayer que veíamos trabajar guinches y dragas a vapor. Veías a los especialistas barbudos y en zuecos, no aparentaban nada y eran unos expertos.


Podría nombrar a muchos, siendo injustos con tantos, pero recuerdo a José Gasparoti.
Lo destaco como compañero, como militante, un héroe anónimo, un referente moral. Se dedicaba a hacer revestimiento térmico a las calderas de los guinches, sin formación sin embargo lo hacía muy bien.


Los compañeros tenían principios tan nobles en una época difícil, que hasta hoy me conmuevo, repito puedo nombrar muchos, Miguel Cabano y tantos otros.


Tenían una generosidad, una noción de lo plural, de transmitir el conocimiento sin mezquindades.
Yo iba con una formación teórica limitada obtenida en UTU, con ellos la reforcé sin dudas.


Sin egoísmos, te transmitían en cinco minutos la experiencia que a ellos les llevó treinta años de oficio.


Esto cuando lo recuerdo me da una emoción importante, más cuando lo comparo con lo que sucede hoy en este mundo globalizado en que los valores son otros, y hay que andar a la carrera.


La grandeza del ser humano, el don de ser, el componente artesanal es insustituible, no hay tecnología, ni computadora que lo supere.


Los galpones de talleres, ruinosos por fuera, ocultaban la maquinaria y la capacidad técnica que había en ellos.


Por ejemplo, para los ajustes se utilizaba un cepillo de unos cuatro metros de largo, era único en el Uruguay.


Para demostrar la capacidad técnica de aquel entonces, recuerdo una avería importante en el motor de una embarcación.


Se lo desarmó pieza por pieza, de estas las que no fueron reparadas hubo que hacerlas de nuevo porque no había repuestos. Se fundió el hierro, se maquinó, le dimos forma en el torno, ajustamos con el cepillo y el motor se armó y quedó funcionando.


Se hacían también trabajos para otras dependencias del estado por ejemplo, vimos hacer con un balancín, rejillas excluidoras para reinas utilizadas en apicultura, eran para el Ministerio de Ganadería y requería de un trabajo de presición en el que había que respetar mucho las medidas.


Eso lo hacían nuestros técnicos, que nunca se les dio el valor de lo que hacían.


En el año 1983, nos plantean la posibilidad de pasar en comisión para participar del montaje de las 6 grúas alemanas TAKRAF, y ahí estuvimos hasta el año 1984, año en el que volvimos a la División Talleres y luego pasamos a Grúas.


En el Puerto teníamos técnicos que por su capacidad eran requeridos por otras instituciones del estado, inclusive por el sector privado alcanzando importantes cargos.


La chatura de la administración pública es a veces por la falta de reconocimiento a su gente.


Recuerdo un compañero que pasó de la ANP a ALUR, donde el compañero innovó, armando un acumulador de cables que parecía hecho en Europa y ¡había sido un técnico nuestro!


Esto es solo un ejemplo, no es una excepción, hay que empezar por reconocer los valores dentro de la empresa pública para que no sufra del desprestigio que tiene.

UN MUNDO QUE CRECE…APARECE EL CONTENEDOR…


Cuando entré a la ANP todo me parecía enorme. Aquellas grúas que levantaban hasta 3000 kgs me sorprendían, luego pude ver las que levantan 40.000kg con 32 mts de alcance y decís esto es insuperable y hoy tenés las grúas de TCP que levantan cuatro contenedores a la vez, no dejás de sorprenderte.


Participamos también, con esa misma sorpresa, de la aparición en el escenario portuario del contenedor.


El primer movimiento de contenedores acá en ANP fue por el año 1980 y fue una cosa novedosa. Hicimos experiencias, lo levantábamos con una percha hecha de caños armada en nuestros talleres. Acoplamos la percha a una de nuestras grúas de motor Diesel, que le decíamos “La mimosa”, y como tal la tratábamos, y con ella hicimos los primeros ensayos.


Había un cariño a la maquinaria por parte del trabajador, teníamos también un guinchecito al que le decíamos “El caimán” y así era todo.


El contenedor cambió las cosas, somos concientes de que hoy el tiempo manda, es dinero sin duda y hay que ser muy eficiente para ser rentables y competitivos.


No obstante yo tengo una visión social, que abarca lo contradictorio de la influencia de la evolución de lo tecnológico sobre el contexto social en países como Uruguay, que no siempre fue (es) positivo, esto no es muy académico, pero es lo que yo viví.


Antes del contenedor llegaban los buques de bandera uruguaya, con tripulación uruguaya, con la mercancía suelta en sus bodegas y lo recibía el personal brasero de OPO y de la Estiba y en el puerto trabajaban cientos de personas. Y era un fenómeno que se extendía fuera del puerto, la Ciudad Vieja estaba llena de bolichitos que vendían refuerzo de mortadela y vino, y con eso mantenían su familia, hoy eso desapareció con el avance de la tecnología. No lo podemos evitar pero el tema es que deja gente en la miseria y agudiza la separación entre las clases sociales.

OFICIOS QUE AGONIZAN Y LA TRANSMISIÓN DEL CONOCIMIENTO.


Entre los oficios que desaparecieron, recuerdo el de fraguador.


El fraguador, además de lo que cualquiera puede asociar con su maseta, la bigornia y la fragua, eran verdaderos maestros del martinete neumático.Recuerdo particularmente al “Mingo” Pesutti, discípulo a su vez de un maestro fraguador de apellido Chevalier que hasta hacía material forjado para cirugía, tal era su habilidad.


Otros oficios que desaparecieron o agonizan son el de cabuyero, el singlero, el calafateador, la velería, etc.


Lo malo es que no hubo un enganche, hemos permitido que se pierda gente muy valiosa con 40 años de experiencia sobre todo en aquellos oficios que siguen estando, como el de mecánico automotriz o torneros.


Mi generación tuvo el privilegio de mamar de toda esa riqueza, de esos oficios, pero hoy eso no existe.

EL PRESENTE:


Estamos en un proceso de actualización de nuestras grúas, pretendemos trabajar con lo que tenemos pero modernizado, “aggiornado” a los tiempos que corren.


La ANP cuenta con doce grúas.


Seis grúas de origen español “Duro Felguera” de 6000 kg de levante con la modificación realizada por nuestros talleres, son utilizadas para levantar bolsas de los embarques de arroz.


También hay seis grúas de origen alemán, marca “TAKRAF”: dos tipo “cóndor” para 40.000 kg y cuatro para 12.500 kg. Son utilizadas con ganchos, para levantar elementos sueltos, y con grapos (son como cucharas) para granel (granos, fertilizante, etc.).

LA LEY DE PUERTOS (1992):


La ley de puertos apareció como consecuencia del avance de la tecnología, el contenedor la forzó.


Lo que criticamos es el espíritu con el que se hizo.


Hay que preguntarse ¿estamos hablando de un negocio o de una acción como sociedad organizada?


El cambio se venía, pero no se lo planteó al trabajador como se debía, no se le dijo “prepárate para esto, el mundo del trabajo está pidiendo otra cosa”.


Se le ofreció en cambio US$ 20.000, se le puso la zanahoria delante de la nariz.


El hombre evaluó y dijo “pongo un boliche, un kiosquito”, “hago el viaje con la patrona que tantas veces le prometí” y al año estaba sin laburo, haciendo changas, en la miseria, de estos hubieron miles de casos.


Y eso no fue leal, se destrozó el tejido social.



Uno se pregunta: ¿mi hermano, mi compatriota… qué está haciendo mi amigo?...¡me está matando!.

















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