Se produjo un error en este gadget.

7 jul. 2011

“PRINCIPESSA MAFALDA”. Construyendo una vida luego de la tragedia. (3ª Parte)



Con su mirada perdida en las marrones aguas del río Vetuschi se sintió fuertemente tomado de su brazo izquierdo, su sorpresa fue grande cuando descubrió que esa suerte de rescate era efectuado por la misma persona a la cual le contara los primeros momentos de la desgracia del “PRINCIPESSA MAFALDA”, unos minutos atrás mientras esperaba ser atendido. Sin saber todavía el nombre de aquel caballero, le dijo que:

“Hasta el presente no puedo explicarme cómo llegué a mi camarote, cuando me di cuenta de donde estaba, solo atiné a guardar mis cosas en la valija con la que viajaba y me cubrí con las mantas de la cama, también sin saber bien ¿por qué? o ¿para qué?
Al descender de un salto del taburete que utilicé para alcanzar mi cama me hundí hasta las rodillas en el agua, sintiendo un escalofrío que me corrió por toda la espalda.
Cuando me recupero de la impresión pretendo salir corriendo de aquel camarote pero una súbita desaceleración casi me arroja al suelo, las mantas y sábanas que me rodeaban se engancharon en algo y me retenían en el lugar donde el agua ya casi me llegaba a la cintura.
Al deshacerme como pude de las accidentales ataduras trepé hasta la cubierta donde todo era agitación y desorden, gritos y llantos, oyéndose por momentos la voz del capitán del “MAFALDA”".


“Hay una escena que no podré olvidar jamás y es la del capitán Giulli, fumando habano tras habano, mientras iba de un lado a otro, ordenando el salvataje. Pero nada podía hacer ya ese hombre heroico, puesto que el pánico era total. Yo estaba como en otro mundo y ayudé cuanto pude a mujeres y niños en el trasbordo a los botes. La mañana era clara pero el oleaje bastante bravo y ello complicaba las cosas. En cierto momento, me di cuenta de que el barco se estaba hundiendo irremediablemente de popa y me puse entonces un salvavidas, subiendo a uno de los últimos botes que se hacían a la mar. El “PRINCIPESSA MAFALDA” se hundía poco a poco…”

“Ya en el bote, remamos cierto trecho, pero de pronto se nos dio vuelta y fue entonces que empezó algo que no podré olvidar jamás. Me vi a merced de las olas, en medio de los gritos de los náufragos y en un mar infestado de tiburones. Nadé y nadé hasta el cansancio y cuando ya me había resignado a morir, vi avanzar hacia mí el casco de un barco, que resultó el holandés “Alhena”. De cubierta me tiraron unos cabos y apelando a los últimos restos de mis fuerzas logré subir, permaneciendo desmayado varias horas…”.

“Mi memoria no me deja en paz ni en los sueños, con escenas macabras y dolorosas que presencié en medio de la impotencia y de mi propio desfallecimiento; cuerpos mutilados por los tiburones, madres perdiendo a sus hijos. Estos que se desprendían de los brazos maternos para luego de flotar medio metro sumergirse entre llantos y desesperación; fue así de trágico y de cierto”.

Juan Pedro Gilmes.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Esperamos tu comentario, gracias por tu participación.