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5 jul. 2011

Emilio Frugoni POESÍA Y MAR





El canto del dique flotante

En el dique flotante ha entrado un buque.
Trae el casco marcado por el fiero mordisco
de los mares remotos.
El océano se abría a su paso
y le formaba huecos para que se acostara
definitivamente.
Pero él pudo llegar al refugio
de este dique, donde ahora
le vendarán las heridas del viento
y de los zarpazos de las olas.

Su proa se ha gastado de cortar la distancia.
Su chimenea está abollada de tropezarse con el viento.
Su único mástil se quebró de tanto
cruzarse con el filo de los horizontes.

Diligentes obreros le andan en torno.
Unos le recomponen la quilla,
otros le rehacen la cubierta,
otros le ajustan las costillas del casco.
Una lluvia de golpes de martillo
cae sobre él en un repiqueteo
de grandes botas estridentes.
Una nube de cantos y de labor lo envuelve
bajo este fulgurante sol que todo lo pinta
con su pincel de llamas.

Parece que esos hombres, al sol, están jugando
a hacer música bárbara con sus golpes de hierro.
Y yo que los miro trabajar y pienso
que el trabajo en el mar,
entre el agua y el cielo,
es alegre hasta el punto
de parecer un juego.

Se impregna de una clara visión de lontananzas
y de la placidez del espacio infinito.

Las olas lo arrullan; lo cobija el firmamento;
Lo aureola el sol; lo acaricia el viento.
En ese ambiente de naturaleza
el hombre canta, grita y trabaja contento.




EL BAÑO



Hoy he vuelto del baño


con las carnes tostadas por el aire y el sol;


con los cabellos polvoreados de arena.


A mis oídos traigo pegado un caracol


donde la mar resuena


con su perenne arrastre de zumbidos.


Traigo toda la mar en los oídos...


Al salir a la playa,


obstinada la mar me perseguía


con el blanco mordisco de su espuma.


De su seno emergía


desnudándome de agua y arrastrando


detrás de mí jirones de la fría túnica de sus ondas.


Cuando un nuevo paso hacia la orilla daba,


parecía que tras de mí tiraba


de todo el mar que me siguió bramando.



Se desprendía de mis carnes,


roto en gotas que bañaban las arenas


y evaporaba el sol con el castigo de sus irradiaciones,


inyecciones de vértigo en mis venas ;


pero el hecho es que el mar salió conmigo


y aquí lo traigo en las palpitaciones


de mis carnes morenas.


Siento en mis labios el sabor salobre de sus besos,


y sobre mi piel velluda


el enconado diente del sol;


y además siento rozar la tibia comba de mi frente


el aletazo rítmico del viento.


El mar me ha perseguido con su aliento.


Lo siento a mis cabellos adherido;


de todo el mar se penetró mi vida;


por mi epidermis su contacto pasa,


y siento a ese contacto renacida mi fuerza espiritual,


como una brasa.


Su clamor, su clamor muerde mi oído...


Es que el mar me ha seguido


como un perro fantástico hasta casa.



EMILIO FRUGONI (1881- 1969)




Biografia: Emilio Frugoni
(Montevideo, 1881-1969) Escritor y político uruguayo. Fue fundador y principal dirigente del Partido Socialista del Uruguay, creado en 1910, por el que fue diputado en varias legislaturas. Abogado y escritor, entre los años 1926 y 1933 ejerció como catedrático de Legislación del Trabajo y Previsión Social en la Facultad de Derecho, institución de la que era decano cuando tuvo lugar el pronunciamiento militar de 1933.
Tras una breve resistencia al golpe de Estado, las autoridades militares lo hicieron prisionero en el cuartel de Blandengues, para posteriormente expulsarlo a la ciudad de Buenos Aires, donde permaneció durante algunos años. Con el restablecimiento de la democracia en 1943, fue nombrado ministro plenipotenciario ante la Unión Soviética entre 1944 y 1946, una experiencia que marcó su vida y que dio origen a una de sus obras más destacadas, La esfinge roja.
Frugoni fue un escritor prolífico que abarcó diversas materias y géneros, como lo ponen de manifiesto trabajos tan dispares como su temprana obra poética, con títulos como Bajo tu ventana (1900), De lo más hondo (1902) y Los himnos (1916), y sus ensayos políticos y sociales: Los impuestos desde el punto de vista sociológico (1915), La lección de México (1928), La sensibilidad americana (1929), La Revolución del Machete (1934), Ensayos sobre marxismo (1936), El laborismo británico (1941), Las tres dimensiones de la democracia (1944) y Génesis, esencia y fundamentos del socialismo (1947). Con casi 90 años de edad y dejando tras de sí un legado político e ideológico que fue recogido por distintos sectores de la izquierda, murió en 1969.

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