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29 nov. 2010

ASTILLEROS ROSENDO EXPERIENCIA QUE SE PIERDE INDUSTRIA QUE NO SE APOYA

"Es un lindo trabajo" -asegura-. Lástima que los gobiernos no le dan corte a esta parte de la industria. Entienden que es algo para la gente con plata que se compra un barquito para pasear, y no se dan cuenta de los obreros que viven gracias a esto. Todo el mundo se llena la boca con la construcción, pero te puedo asegurar que acá se mueve mucho más dinero".





 El de la DINARA hace tres años que lo tenemos ahí", se queja Rosendo(ES EL BARCO AZUL)


Oficio para surcar mares

El astillero Rosendo hizo más de 150 barcos desde su apertura en 1962. Hoy lucha contra la competencia extranjera y sobrevive gracias a reparaciones.

Diario El País 28/11/10 http://www.elpais.com.uy/Suple/DS/10/11/28/sds_531433.asp

CARLOS TAPIA


Aserrín por todas partes: en el piso, sobre la enorme sierra eléctrica, alrededor de los formones, ensuciando las prensas y entre los recovecos de las lijas, que son muchas, de diferentes tamaños, y que también están desperdigadas por todo el taller. Todo parece más opaco de lo que es. Quien haya lijado alguna vez una silla, recordará la incontrolable nube de polvo que se generó a su alrededor. Ahora, imagine que el objeto con que se trabaja es unas cien veces más grande. Imagine que la madera que debe pulir es la de un barco. E imagine que éste antes fue hecho con sus propias manos.

En el astillero Rosendo, ubicado en el Puerto del Buceo, se construyeron más de 150 embarcaciones desde que abrió sus puertas en 1962. Según su propietario, son más de la mitad de los que se hicieron en toda la historia uruguaya. Cada trabajo lleva entre 3.500 y 4.000 horas de dedicación. El navío más grande que realizaron tenía unos 14 metros de eslora. Esto fue antes del año 1987, cuando un decreto, el 561/87 del 22 de septiembre, permitió traer al país barcos embanderados en otras tierras y dejarlos en aguas nacionales sin límite de tiempo. Sin embargo, más que nada con reparaciones y alguna construcción muy, pero muy de vez en cuando, el astillero, propiedad del español Manuel Rosendo, aún subsiste.

"Desde la salida de ese decreto todo fue distinto. Cuando nos hacen un encargo a nosotros tienen que esperar a que hagamos el trabajo, en cambio afuera compran el barco pronto. Nosotros no tenemos una infraestructura como para tener stock", señala Rosendo. Ni infraestructura, ni capacidad para cubrir el costo de los materiales, ni los empleados necesarios como para construir, con la celeridad de otros países, grandes embarcaciones. "Cuando podemos hacemos algún botecito", agrega. El último trabajo grande lo realizaron hace ya dos años. Se trató de un barco de regata.

Hoy, la mayoría del trabajo que llega al astillero es de mantenimiento. Y en esta época del año siempre hay alguna actividad que acapara toda la atención de sus empleados.

"Se viene la temporada y la gente se enloquece. Nos trajeron este barco para entregar en veinte días". Tres carpinteros trabajan para arreglarle las paredes y dejarlo listo para navegar las aguas de Punta del Este a partir de enero.

Frente a la costa descansa un barco de madera que el propio Rosendo construyó en 1972. "Lo estamos pintando y arreglándole alguna cosita. Si lo conservas bien puede llegar a durar hasta 100 años". Al lado de este hay otros tres: uno que fue construido en Italia en 1938, otro de bandera argentina hecho en 1942 y otro que es propiedad de la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos (DINARA).

"Estos son todos clavos. Los traen para arreglar y después no los levantan. Los dueños desaparecen. Te los dejan porque tienen un agujerito y no vienen más. El de la DINARA hace tres años que lo tenemos ahí", se queja Rosendo.

Barcos célebres. En la historia del astillero Rosendo hay varios trabajos que enorgullecen a su propietario. Y mientras habla de ellos se le dibuja una incontrolable sonrisa. Uno fue el acondicionamiento de los interiores y la realización del mascarón de proa -que luego fue extraviado- del buque oceanográfico de la Armada Nacional, el Capitán Miranda. "Ese fue un buen trabajo", se enorgullece Rosendo.

De todos modos, de lo que más le gusta hablar, es de la construcción, en 1999, de tres réplicas de las embarcaciones que utilizó el irlandés Sir Ernest Shackleton en sus odiseas navales por la Antártida.

"Un día vinieron unos ingleses y nos pidieron que hagamos el trabajo. Iban a hacer un documental y les quedaba más cómodo llevar los barcos de acá a la Antártida. Al tiempo vino otro tipo y nos pidió que hiciéramos uno igual, con el tema de la película quería aprovechar para usarlo allá como atractivo turístico. A los que van les dan un paseíto y les cobra", cuenta entre risas Rosendo.

Aprendizaje. ¿Cómo convertirse en astillero? "Antes había academias, ahora hay que aprender de los más veteranos". Rosendo llegó de Vigo, España, a los 19 años -hoy tiene 75-. Allí ya realizaba el oficio. Hacía pesqueros.


"Es un lindo trabajo" -asegura-. Lástima que los gobiernos no le dan corte a esta parte de la industria. Entienden que es algo para la gente con plata que se compra un barquito para pasear, y no se dan cuenta de los obreros que viven gracias a esto. Todo el mundo se llena la boca con la construcción, pero te puedo asegurar que acá se mueve mucho más dinero".