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24 may. 2010

Sobre el Mar Territorial (1ª Parte).


Hablar sobre la importancia que para un país tiene su territorio provoca la aparición inmediata de términos como suelo, tierra, producción, soberanía, recursos, entre otros, pero hablar de la importancia que para un país tiene el poseer “Mar Territorial” abre en una sociedad como la uruguaya más espacio para las interrogantes que para las certezas o los términos más identificados con este aspecto de la soberanía y la riqueza de una nación.

NECESARIOS ELEMENTOS DE GEOGRAFÍA MARÍTIMA. (de Homero Martínez Montero, 1967).

“Con motivo de una ley recientemente aprobada por el gobierno argentino precisando límites a ciertas zonas marítimas contiguas a su territorio firme, se han multiplicado las publicaciones en que se aluden expresiones geográficas y/o jurídicas relacionadas con el tema de que informa el título de este trabajo. el cual no tiene otro mérito que el de una intención de ordenación y clasificación de conceptos para que un lector no familiarizado con él pueda seguir los comentarios aludidos y comprender su alcance.

Desde la más remota antigüedad el hombre sintió la atracción del mar y la necesidad de utilizarlo para sus comunicaciones o para extraer de él elementos necesarios a su alimentación o a su industria. Podemos recordar, por vía de ejemplo, que aquel admirable pueblo de navegantes que fueron los fenicios, extraían del “murx” un tinte purpúreo para teñir ciertos tejidos que vendían muy bien en las comarcas cercanas a las que arribaban con sus primitivas pero eficientes embarcaciones.

La necesidad de usar el espacio marítimo, pues, desarrolló un sentido de apropiación o defensa de las zonas cercanas a la costa del país. Reacción elemental y lógica aun cuando faltase la noción jurídica. En el imperio romano, tan admirable por los principios jurídicos que creó y desarrolló, se hizo práctica la idea de una soberanía territorial sobre todo el Mediterráneo en cuyas opuestas riberas emergían tierras sometidas a su dominio. El Mare Nostrum, pues, le era imprescindible.

A medida que va desarrollándose la ciencia de la navegación y la arquitectura naval, permitiendo navegaciones de más largo alcance y el montaje de armas de combate –catapultas, más tarde cañones de avancarga- se acentúa la necesidad en las naciones costeras de agregar a su territorio firme una faja de mar adyacente: territorio marítimo sobre el cual se extendiera el principio de la soberanía en forma que la penetración de aquél implicase una invasión que autorizara la defensa.

Esta noción de un régimen o estatuto jurídico para una porción de mar adyacente sobre la cual el Estado ejerciera jurisdicción, aparece en la Edad Media en todas las regiones de Europa, lo mismo en el Mediterráneo que en el Mar del Norte. Es el lejano antecedente del mar territorial, si bien la naturaleza y alcance del ejercicio de los derechos reivindicados por cada ribereño soberano varían considerablemente. Durante los siglos XIV y XV, los juristas italianos influidos por aquel remoto antecedente del Mare Nostrum, reivindicaron zonas considerables para la jurisdicción exclusiva de su país.

En tanto, en los Estados de la Europa Septentrional y por la misma época, la medida para la anchura del mar territorial se limitaba al “alcance de la vista”, medida muy aleatoria, como se comprende, pues que dependía de las condiciones diversas de la facultad física del observador como de la particular y mutable condición atmosférica.

Estas circunstancias explican que en los dos siglos siguientes existiera una gran confusión respecto al territorio marítimo reclamado y comenzase a desarrollarse la tendencia a una reducción de aquella faja de 100 millas imperante en la región del Mediterráneo. Corresponde al jurista holandés Cornelius Van Bynkershoek la idea de proponer – a través de dos trabajos que publica en 1703 y en 1737 – que se fije la anchura del mar territorial por el alcance del disparo de un cañón emplazado en la costa: imperium terrae finiri ubi fintur armorum potestas, es su fórmula, hecha célebre a través del tiempo. Medio siglo más tarde había de servir de base al jurista italiano Galiani para proponer que se adoptase como limitación del mar territorial la distancia de 3 millas, que era la mayor a la que podía llegar la artillería entonces existente. Y según la autorizada referencia de Gilbert Gidel en “Le droit International Public de la Mer”, fueron los Estados Unidos de América los primeros en llevar a la práctica la proposición de Galiani, en notas de igual tenor que el 8 de noviembre de 1793 el Secretario de Estado, Jefferson, enviara a los Ministros de Francia y Gran Bretaña para expresar la opinión de su Gobierno respecto a la protección de su neutralidad.

En el curso de la siguiente centuria, la extensión de las 3 millas encuentra aplicación en varios tratados bilaterales en los cuales se contempla otro factor ajeno a la situación militar: los derechos de pesca”.

Juan Pedro Gilmes.