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11 de nov. de 2010

Saturnino Ribes..."El testamento de la piolita"

                                 (SATURNINO INVENTOR....Bicicleta fluvial)

Diego Moraes y Guillermo Lockart realizaron el lanzamiento oficial del segundo tomo del libro "Voces Anónimas”.

Una de las historias del libro recoge de la tradición oral salteña: "El testamento falso", biografía de Saturnino Ribes, quién al morir, y según cuenta la leyenda, al momento de dar a conocer su testamento, un escribano y cuatro hombres inescrupulosos, ataron sus brazos y cabeza con un par de piolas simulando que aún estaba vivo. La intención era, al momento de dar lectura del testamento a los presentes (testigos citados para la ocasión), confirmar que lo redactado era del consentimiento de Ribes.                                                                                                                          

¿Ahora quién es Saturnino Ribes? a continuación ofrecemos el siguiente artículo extraído de la web histamar .


SATURNINO RIBES  O DE COMO SALTO SE QUEDÓ SIN ASTILLEROS, SIN FLOTA ,SIN HOSPITAL Y SIN UNA CASA DE ESTUDIOS SUPERIORES.


                                   (Saturnino Ribes)
(Silex)

 En 1864 llegó a Salto, Uruguay, un hombre que sería fundamental en la historia de la navegación fluvial de los países del Plata. Era natural de Bayona, Bajos Pirineos, y su nombre era Saturnino Ribes.

Al llegar, portaba entre sus escasas pertenencias su más preciado tesoro: un violín del que nunca se separaría. Su fuerte personalidad, aunada a una férrea voluntad de trabajo y a una mente fría y calculadora, pronto lo destacaron entre los inmigrantes que por entonces arribaban al Río de la Plata.
(Saturno)

Comenzó trabajando como encargado administrativo en la bodega y saladero de su compatriota Pascual Harriague. Permaneció allí algún tiempo y luego pasó a ocupar un alto cargo en la Nueva Compañía Salteña de Navegación a Vapor. Posteriormente ésta formó un nuevo directorio, integrado por José María Guerra como presidente, Saturnino Ribes como vicepresidente y Cándido Blanco como secretario.

La Compañía obtuvo un préstamo del Banco de Londres por 13.000 libras esterlinas e inmediatamente envió a un técnico a los astilleros ingleses para supervisar la construcción del nuevo vapor Villa del Salto, de mayor capacidad que su homónimo destruido en los embates de la revolución. Mientras tanto, en Salto se comenzaba a armar el vapor a ruedas Solís, cuyo casco y máquinas habían sido construidos en Glasgow.

Otros vapores se armarían posteriormente en el astillero salteño: el Río Paraná, el Río de la Plata y el Uruguay. Cuando llegó de Inglaterra, el nuevo Villa del Salto alternó en viajes semanales con el vapor Río de la Plata; desde Montevideo partían los viernes y lunes, y desde Buenos Aires los sábados y martes hacia la ciudad de Salto. A pesar de su poderío, la Compañía Salteña no lograba afirmar una política comercial rentable, debido a divergencias entre los accionistas mayoritarios.
(Júpiter)


LA GUERRA DE LOS RÍOS
Ribes notó estas fallas y buscó capitales de apoyo en forma independiente y con facilidades y asesoramiento de astilleros británicos organiza las Mensajerías Fluviales a Vapor, secundado por los técnicos H. A. Hardy y Thomas Elsee. Entre 1866 y 1868 incorpora los vapores a rueda Sílex y Ónix, nombres de piedras de la zona de Salto que, transformadas en preciosos objetos, se embarcaban por esa época con destino a Alemania; mas el barco de carga y pasaje Pingo y luego los vapores Saturno y Júpiter. En 1868 obtuvo la autorización de la Junta Departamental para construir los galpones de su astillero en una zona aledaña al puerto de Salto.

LUZ Y TELÉFONO EN SALTO.
El teléfono y la luz eléctrica llegaron a Salto de la mano de Saturnino Ribes, quien hizo instalar el primer aparato telefónico en su casa en el año 1878, con línea directa a los astilleros y a las oficinas de las Mensajerías Fluviales. Su domicilio particular también fue el primero en contar con energía eléctrica. Maravillados, los vecinos acudían de noche a ver la finca iluminada con el nuevo y extraño invento.

De carácter fuerte y dominante, Ribes generaba el respeto y también el temor entre sus obreros y empleados. Podía aparecer sin aviso previo por los astilleros a las horas más desusadas para controlar el trabajo. Muchos de los obreros trabajaban allí desde niños, y Ribes había contratado maestros de escuela y profesores de música —su gran pasión— para que les enseñaran.

Era tanta la presión que sufría y tanta la gente que atendía cada día, que en ocasiones se escondía en los lugares más inverosímiles a tocar su violín. En cierta oportunidad desapareció y nadie lo encontraba; pasaban las horas y no había noticias de él. Entre sus allegados cundió la alarma hasta que finalmente lo encontraron en un depósito de agua vacío, bajo tierra, tocando el violín.


HECHOS NO PALABRAS
Todas las naves de Ribes navegaban con el pabellón inglés y se distinguían por el lema "Res non verba" (Hechos no palabras). Izaban en su trinquete una bandera con la imagen del planeta Saturno en el centro, evocando el nombre de su dueño.

Con el poderío de sus embarcaciones, Saturnino Ribes entabló una encarnizada lucha por la supremacía en el río contra sus antiguos socios de la Compañía Salteña de Navegación a Vapor, que ahora se llamaba Nueva Compañia Salteña de Navegacion a Vapor. Esta Cia vivió una época de gran prosperidad. En 1878 el directorio estaba presidido por Prudencio Quiroga, persona sumamente activa e inteligente, respetado comerciante salteño y padre del escritor Horacio Quiroga, cuyos emprendimientos se veían siempre coronados por el éxito. Era secundado con eficacia por Domingo Fernández, hombre de probada capacidad y honradez, que se complementaba con Quiroga en la administración de la empresa. Al morir Prudencio Quiroga, la Compañía entró en una etapa de divergencias entre los integrantes del directorio. Con gran habilidad, Saturnino Ribes supo sacar provecho de la confusa situación. En 1879 adquirió la totalidad de las acciones de la empresa, liquidó inmediatamente sus actividades e impulsó, ya sin competencia, sus Mensajerías Fluviales a Vapor.

SATURNINO VS. DENNY.
Pero la competencia vendria por otro lado, La Platense Flotilla Co y mas tarde Nicolás Mihanovich. El Astillero Denny de Escocia había recibido el encargo del Ferrocarril Buenos Aires a Campana para construir los vapores Apolo y Minerva, pero ya casi terminados, el ferrocarril decidió rescindir el contrato. Y asi se encontró Denny sin saber qué hacer con aquellos barcos. Los ofreció en Buenos Aires. El Saturnino Ribes se interesó vivamente en ellos, pero finalmente los mismos fueron a parar a La Platense, que como Ribes, ofrecía como forma de pago la integración de capital de la propia empresa. Desde entonces, Ribes le tomó ojeriza a Denny. Y ya se sabe que la empresa francesa La Platense fue la antecesora inmediata de La Platense Flotilla, que seguiría incorporando vapores de pasajeros muy avanzados para su época, como el Eolo, el Venus, el Saturno y el Olimpo.

La Platense Flotilla Co., que ya había hecho en el país "compras menores", intentó ir a por Saturnino Ribes, hueso durísimo de roer, con sus agravios florentinos hacia aquel astillero británico que, según él, lo había basureado. Afirma Luis Dodero que fueron tan descomunales las broncas que se armaban en las tratativas entre Ribes y los ingleses, adobadas con los insultos galos más apocalípticos, que esto fue lo que llevó a William Denny a la trágica determinación de meterse un tiro en la cabeza el 17 de Marzo de 1887.

De cierta forma, fue Ribes quien lo mató a Denny, y algo le debe haber quedado en la conciencia al francés, porque a retornar Galloway de Gran Bretaña, luego de escaramucear durante tres meses más -como para guardar la imagen- convino con él en vender su Mensajerías Fluviales a La Platense Flotilla Co. Y además asumió el compromiso de no volver a instalarse como armador en lo que hoy llamaríamos toda la Cuenca del Plata. La Platense florecio por un tiempo, ofrecia servicios de lujo en buques muy modernos para la época, con viajes no solo entre Montevideo y Buenos Aires, sino salidas a Asuncion, Concordia y Salto. Tambien adquirió gran cantidad de naves de carga y pasajeros para atender todo el tráfico fluvial de la cuenca.

Pero el francés, viejo zorro, no pudo con su genio, y al poco tiempo organizó una nueva empresa cuyo nombre era toda una pista para adivinar quién estaba detrás: Mensajerías Fluviales del Plata. Dada la depresión reinante, pudo comprar una cantidad de barcos a precios bajos, pero además encargó al exterior la construcción de unidades tales como el Salto (III), el Montevideo (II), el Labrador, el Helios, el Tritón y el París, con pabellon uruguayo.

APARECE MIHANOVICH.
Pero a La Platense Flotilla, con el astillero Denny detrás de ella, le quedó la póstuma venganza de darle a Ribes una tremenda bofetada al momento de vender sus activos. Eligió como comprador a Mihanovich, que hasta el momento se había limitado a ser un atentó e imparcial espectador de aquella guerra a muerte. Téngase en cuenta que Mihanovich ya lo venia molestando a Ribes en sus actividades. Calcúlese, en consecuencia, la rabia de Ribes cuando, como culminación de todo su esfuerzo para triturar a La Platense Flotilla esperando al menos resarcirse con el botín, resulta que ese botín fue a parar a manos de Nicolas Mihanovich. Ribes terminaría encontrando en Nicolas Mihanovich la horma de su zapato.

Pero ahi tenia Mihanovich frente suyo a aquel tremendo Saturnino Ribes, resentido y belicoso, que se le venia encima con increibles mandobles tarifarios, amenazas, intrigas y toda la infernal panoplia de aquel energumeno. Nicolas decidió hacer una apertura tàctica no tan frontal con su enemigo. Recurrió a una amistad común, encargàndole la misión de que le hiciera ver a don Saturnino que estaba en la conveniencia de ambos entenderse y no destrozarse. Ellos eran los dos grandes del rio. Los demàs eran pura comparsa.

La historia no ha dejado rastros de aquel "amigo en comùn", ni de la manera en que llevó a cabo su peliagudo cometido, habida cuenta de los puntos que calzaba Ribes. Pero, sin duda, su gestión fue culminada con el mayor de los éxitos. El francés se avino a sentarse a la mesa a jugar aquel "poker" con Nicolas. Finalmente, llegaron a un acuerdo, estableciéndose el siguiente "modus operandi":el rio Paranà quedaba reservado para Mihanovich, y el rio Uruguay seria coto de caza exclusivo de Ribes. Todo arreglado, todo de acuerdo, y a trabajar. Pero a poco don Saturnino tiene la mala ocurrencia de morirse. Y encima, sus herederos tienen una ocurrencia peor, desconocen el "modus operandi" convenido y reanudan las hostilidades. Pero, claro està, una cosa era don Saturnino y otra cosa muy diferente sus herederos. Nicolas vió abiertas las puertas del cielo. Aquellos pobrecitos no sabían lo que se hacian. Movió sus fichas con energia y habilidad, y los obligó no ya a montar algùn "modus operandi", sino a vénderle las Mensajerias Fluviales del Plata. Esto sucedió en el año 1900. El precio convenido fue el de £450.000. De està forma, Nicolas Mihanovich se hizo de una fIota impresionante de estupendos barcos de pasajeros, que eran por entonces el "no va mas" en la materia,.

Mihanovich seguirà luego tornando desayunos y meriendas con la compra de empresas menores, corno Massalín, La Remolcadora, La Ràpida, W. Samson y Compañía, Fernando Saguier, Manuel Adam, J.H.Siemens etc., y continuarà asimismo incorporando unidades sueltas que se le ponían a tiro, corno el Falucho, el Golondrina, el Gualeguaychù, el Cruz de Malta, y asi sucesivamente. Pero es indiscutxble que la incorporación de las Mensajerias del Plata fue su gran golpe, que lo hizo entrar en el siglo XX corno el armador mas poderoso que la Argentina había tenido en toda su historia. Y ademàs de poderoso, sin competidores, es decir, disfrutando de un monopolio virtual en el tráfico de los rios de la Cuenca del Plata. Los herederos de Ribes, peleados entre ellos, no hay dudas que lo ayudaron lo suyo para llegar a comprarles la empresa por un precio que era la mitad de lo que le habia ofrecido en vida a don Saturnino cuando lo del reparto de los tràficos en los rios Parane y Uruguay."Dios los bendiga", habra musitado Nicolas.

El testamento de la piolita

El 24 de junio de 1897 murió en Salto Saturnino Ribes, a consecuencia de una complicación diabética. No dejó descendientes directos ni indirectos, lo cual dio origen a una historia espeluznante que aún hoy llena de pavor a quienes la escuchan por primera vez.

Según contaban viejos pobladores sáltenos de la época, amigos íntimos de Saturnino y conocedores a fondo de sus pensamientos y deseos, éste había escrito un testamento por el cual legaba todos sus bienes para que se conservara su flota de vapores y el astillero, se construyera un hospital con tres pabellones, se fundara una escuela de estudios superiores en un lugar céntrico, utilizando una inmensa mansión de su propiedad, y se favoreciera con algunas sumas de dinero a ciertos empleados y obreros que con él habían colaborado. Pero este testamento desapareció, y en su lugar se dio a conocer otro, que favorecía a algunos reconocidos "caballeros de alcurnia".

En su libro Salto de ayer y de hoy, el escritor salteño Eduardo S. Taborda narra lo siguiente:

"... Y la voz del pueblo se hizo oír con estridentes resonancias, diciendo que unos caballeros de industria, de manos sucias y conciencias pardas, en combinación con un escribano sin escrúpulos, habían hecho desaparecer el testamento auténtico, fraguando otro, después de la muerte de Dn. Saturnino, en el cual aparecían todos ellos favorecidos.

Esta fue la razón —a estar de este hecho— de que Salto carezca de una Flota, se haya perdido el Astillero, no se edificara el Hospital, no se haya fundado la pequeña Universidad y que varios viejos obreros, honestos y laboriosos, hayan muerto exhalando en sus últimos suspiros el anatema de su desprecio y de su odio hacia la canalla que los había despojado.

Algunos escritores y cronistas interesados, al tratar este asunto, han hecho esfuerzos por enmendar y torcer la opinión pública, pintando con mano mercenaria a Dn. Saturnino como a un viejo misántropo y egoísta, para encubrir, solapadamente, nombres que para nuestro pueblo han sido y son repudiables y oscuros."

Taborda y otros investigadores recogen el hecho infame conocido en Salto como "El testamento de la piolita", que la tradición oral se encargó de hacer llegar hasta nuestros días.

Esta historia cuenta que, apenas muerto Ribes en su lecho, los "caballeros de industria", que se encontraban a su lado, impidieron la entrada de cualquier otra persona en el dormitorio y manifestaron que Saturnino pedía urgentemente la presencia de un notario, ya que pretendía hacer un testamento antes de morir. El ama de llaves manifestó que su patrón ya había hecho testamento, pero los señores vestidos de negro le respondieron que él sólo deseaba cambiar algunas cláusulas.

La habitación se encontraba casi a oscuras. Las cortinas permanecían cerradas, evitando así posibles miradas indiscretas. A pesar de haber sido Ribes el primer habitante de Salto en contar con luz eléctrica en su domicilio, en esos momentos sólo un candil iluminaba débilmente el amplio dormitorio, debido a que "al enfermo le molestaba la luz fuerte".

Preparada la escenografía, se pasó a la acción. Alrededor del cuello del muerto se colocó una piola, cuya punta sostenía disimuladamente alguien sentado a su lado. Al llegar el escribano cómplice, los "caballeros" le informaron que Ribes ya les había comunicado los nombres de sus futuros herederos, quienes casualmente se encontraban todos presentes en la habitación. Se autorizó entonces la entrada de los inocentes testigos, que fueron colocados en un extremo del cuarto en penumbras, lejos del lecho.

(Helios)
El escribano habló al cadáver, preguntándole si en el uso de sus facultades deseaba legar la totalidad de sus bienes en favor de las personas que a continuación se detallaban. Al formular cada pregunta se agachaba para escuchar la respuesta, mientras el que sostenía el extremo de la piolita tiraba de ella hacia adelante, levantando así la cabeza del muerto. Los testigos apenas veían una cabeza que asentía. Se simuló luego la firma del testamento. Los señores de negro rodearon la cama, impidiendo la visión de los testigos. Estos finalmente firmaron y fueron retirados de la habitación. Saturnino Ribes murió oficialmente pocas horas después, cuando un médico ajeno al hecho certificó su muerte. Los "herederos" malvendieron la flota de vapores y la totalidad de los astilleros a Nicolás Mihanovich.

 









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