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12 jun. 2010

Recordando parte de un viaje a bordo de un mercante uruguayo en la década del ’60. (1ª Parte)


Mucho hemos escrito, mucho hemos expuesto sobre la Historia Marítima del Uruguay tratando de ilustrar, como a continuación intentaremos una vez más, hechos que gestaron una realidad comercial y laboral en esta sociedad y que hoy es justo recordar para homenajear y para que sirva de referencia en el desempeño de una actividad marítimo-portuaria que en el presente se revitaliza.

Un libro publicado en 1962 por un trabajador portuario, por un tripulante del buque “ANCAP TERCERO” nos permite repasar las circunstancias y las vivencias de una navegación a bordo de un mercante uruguayo en la década del ’60 del siglo XX. Este trabajo “Viajes a bordo de un petrolero”, según relata en la presentación su autor Gregorio A. Zabala, pretende ser “…una obra que sea útil a la sociedad en que vivimos”.
El trabajo fue concretado gracias al aporte de muchos de sus compañeros sobre maniobras, instrumentos y costumbres de aquel particular mundo.


“Hoy junio 14 de 1962, son ya las 12 y 30, llegó la hora de soltar amarras.

El Capitán y el Práctico, junto a oficiales de guardia se encuentran en sus puestos de maniobras, y a la orden el timonel.

El Primer Oficial es el encargado de las maniobras de proa; junto a él, el contramaestre que es el encargado de manejar el guinche, que primero levantará las anclas y luego recogerá los cabos de amarras; este trabajo es realizado por los marineros de cubierta.

En popa, el encargado de las maniobras es el Segundo Oficial; junto a él, marineros de cubierta, carpintero y timoneles, el Capitán desde el puente.

Todo es agilidad y nerviosismo, no hay alegría en los semblantes de estos hombres de mar, saben que por un mes tienen que dejar sus hogares, seres queridos que siempre viven en el recuerdo y en el corazón.

Luego de elevar anclas, el guinche comienza a recoger los cabos, que se ordenarán en la cubierta de proa y de popa, para luego ser guardados en sus respectivas bodegas. Ya está libre de amarras, el viejo y querido “ANCAP TERCERO”.

Los remolcadores de la Administración Nacional de Puertos (“P. FERRÉS” y “18 DE JULIO”), tironean de popa a nuestro petrolero, para enfilarlo hasta el canal que está en medio de la bahía.

La maniobra es lenta, pues nuestro barco es de mucho calado y cualquier desvío puede quedar varado en el lecho barroso.

Poco a poco nos vamos alejando del muelle de la “La Teja”; los familiares y amigos que nos vinieron a despedir, están allí, levantando en alto sus blancos pañuelos, son momentos de gran emoción, hasta por momentos nos olvidamos de nuestras tareas, para extasiar nuestros ojos al muelle, como queriendo amarrar el barco con la mirada.

Sigue el remolcador “P. FERRÉS” tironeando de popa, mientras que el “18 DE JULIO” recuesta su proa protegida a estribor de nuestro barco para que éste enfile su proa al canal.

Terminada la maniobra, el Capitán ordena desde el puente, o sea para un mejor entendimiento la timonera, por intermedio del telégrafo, a Máquinas, poca marcha, y comienza la nave a avanzar, deslizándose lentamente.

Es interesante poner en conocimiento que el telégrafo es un aparato que está instalado en la timonera, y otro que recibe todas las órdenes, que está instalado en la sala de controles de Máquinas.

Tiene las siguientes condiciones: adelante toda, media máquina, poca máquina y muy poca; tiene una posición de atención, que indica parada.

Ya nos encontramos a la altura de la Escollera Sarandí; vemos mucha gente dedicados a su deporte favorito: la pesca. Hay quienes nos miran con indiferencia, otros como sabiendo que deseamos sus saludos, levantan en alto sus brazos; sentimos gran alegría y le contestamos con entusiasmo.

Ya en posición de navegación normal, pasamos muy cerca del semi – hundido “Calpean Star”, viejo barco que fuera orgullo de la marina mercante inglesa.

A la altura de la boya eje, se toma posición de rumbo que son las siguientes: posición 35’00 Sur, 56’14 W. Este, rumbo 0,90 grados”.

Qué hermosa se ve nuestra “tacita de plata”, el Palacio Salvo, fino y alto a la semejanza de una aguja que quisiera rasgar las nubes; más allá, la blanca y moderna edificación de Pocitos, el majestuoso e imponente Hospital de Clínicas, el edificio Panamericano, Malvín con su hermosa playa, y a la distancia, se divisa el señorial Hotel Carrasco; luego, una verde y oscura forestación.

Nos encontramos a través de la Isla de Flores; un poco más y comenzamos a divisar el Cerro de Pan de Azúcar, en Piriápolis; parecería que estuviera tan cerca…

Todo a la distancia se ve de un paisaje sencillo y maravilloso. La naturaleza ha dotado a nuestras costas de playas que son codiciadas por los turistas extranjeros que encuentran en ellas, paz y solaz para un reposo merecido.

Ya nos encontramos frente a Piriápolis.
Es indescriptible narrar tanta belleza, el conjunto de cerros en sus divisiones desiguales, en formas y alturas, es de una exuberancia sin par, pudiéndose distinguir como eslabones y en cadena, una extraordinaria forestación; montes artificiales plantados generosamente por hombres visionarios de una gran riqueza nacional.

Se puede divisar con claridad, en la cima del Cerro Pan de Azúcar, la Cruz de Cristo Redentor.

Son ya las 17 y 30 horas de la tarde; estamos a través de la Isla de Lobos. A su frente, desnuda al mar y para orgullo de los uruguayos, Punta del Este, primera ciudad balnearia de Sud América; sus formidables y modernos edificios exigen espacio a las nubes.

El Capitán nuevamente da posición de rumbo al Oficial de Guardia y éste a su vez la imparte al Timonel. Posición: 35’00 Sur, 54’56 W. Este, rumbo 0.71 grados, distancia 63 millas marinas. Desde la boya eje, frente a Montevideo, el Timonel pone rumbo al timón y luego contesta con voz firme: Rumbo… rumbo… rumbo…

Sobre el horizonte Oeste, comienza a ocultarse el sol, rey del espacio, dando al atardecer un resplandor de color rojizo, crepúsculo de el fin de un día que fue maravilloso; sobre la costa, en un dispar de color blanco azulado, centellean lucecitas, como si fueran estrellas que se levantan desde el mar.

También la organizada red de balizas, dan vida a los Faros, guardianes y guías de los navegantes.

Nos encontramos navegando a través del Cabo de Santa María; nuevamente se toma posición de rumbo. Posición: 34’46 Sur, 54’04 W. Este, distancia de la anterior 45 millas. Esta es la última posición de navegación que se toma en aguas uruguayas”
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Juan Pedro Gilmes.

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