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31 may. 2010

En el Bicentenario.


Para la Junta establecida en Buenos Aires en 1810 le era muy importante poder sumar a la ciudad de Montevideo, sede del Apostadero Naval español en el río de la Plata, porque contando con estas tierras se aprovecharían todas las ventajas derivadas del Puerto de Montevideo y las costas del Río Uruguay, lo que le permitiría controlar ríos, comercio y contar con la vía expedita para alcanzar con sus argumentos otros puntos de América. Persiguiendo tales fines la Junta de Buenos Aires envía sus representantes a la ciudad-marítimo-portuaria de Montevideo.

Para repasar estos hechos primero se exponen unas líneas de la publicación española “Gazeta de Montevideo”, publicada en esta ciudad, y luego el testimonio del Presbítero Bartolomé de Muñoz partidario de la revolución.


Gazeta de Montevideo:

“Montevideo fue convocado con más instancia que otros, como más necesario a sus planes ocultos y el 30 de Mayo arribó a este Puerto el Oficial Galain, que conducía los pliegos de la nueva Junta al Ecxmo. Cabildo, Gobernador de la Plaza y comandante de Marina; y otros reservados para las personas que ellos juzgaron entrarían fácilmente en su sistema”.

“El mismo día 11 de Junio avisó el Dr. Passo estaba cercano a esta Plaza, como Diputado de la Junta para acordar con el Exmo. Cabildo, y demás Jefes los medios más francos que deberían adoptarse en conformidad a las rectas intenciones de su nuevo gobierno”.

“Cinco minutos de silencio sucedieron a los tres cuartos de hora que Passo habló sin que nadie le interrumpiese, y después de aquellos el Sr. Comandante de Marina D. José María Salazar dando el verdadero sentido a las proposiciones de la Junta, y a las de la circular de ella del 27 de Mayo le convenció que los intentos de sus Comitentes eran establecer la independencia, abolir los derechos del Trono, y separarse para siempre de España. El Pueblo quedó convencido con las sólidas razones de este Jefe, y gritó no se reconociese la Junta de Buenos-Aires, adonde debía volverse luego su enviado Passo”.


Del Diario de Bartolomé de Muñoz:

“Ocurrió entonces la disolución de la Junta Central, y su consecuencia fue reclamar sus derechos oportunamente el heroico Pueblo de Buenos Aires Capital del Virreinato deponiendo al Virrey Cisneros el 25 de Mayo y formando su Gobierno provisorio, etc. y cuyos sucesos pueden verse con toda su extensión en la recomendable obra de Blanco titulada “El Español en Londres”.
El regocijo que causó esta noticia en Montevideo se presentaba en el semblante de todos los hombres de discernimiento. Pero por desgracia de la humana condición, otros muchos formaron sus ideas o proyectos de engrandecerse y sacra ventajas por la intriga, o sus miras ambiciosas. Se fijó una proclama muy entusiasmada indicando grandes cosas. Se imprimió en Buenos Aires, y se insertó en la Gaceta.

Pasaron diez o doce días hasta que llegaron los oficios del nuevo Gobierno de Buenos Aires. Entonces se citó a Cabildo abierto a que concurrimos cerca de trescientas personas, por que no quisieron asistir todos. Había sido días antes nombrado Diputado para la Junta Central el doctor Don José Manuel Pérez, que salió en suerte con tres elegidos (Junio 1ª de 1810). Con él y con el Prebístero Don Dámaso Larrañaga hacía sus consultas el Cabildo en estos días. En efecto, nos juntamos y ya notamos que cuatro Abogados, Elías, Asesor del gobierno, Herrera, del Cabildo, Obes su cuñado, y Méndez, estaban solos con los principales del Ayuntamiento, en un Despacho interior a donde no llamaron a ninguno de nosotros. A las 10 del día se abrió la Sesión leyendo Obes un papel suyo sobre el estado que presentaban las cosas (foja 2) en aquella novedad, la calidad, productos, ventajas, fronteras limítrofes con una nación extranjera, proyectos de ésta. Yo fui el primero que pregunté si aquello decía el Gobierno de Buenos Aires a quien debíamos oír sólo, para contestarle; empezaron los debates, Larrañaga, el doctor Pérez y todos los hombres de juicio apoyaron mi prevención, y el Pueblo en general a quien peroré sobre esto, gritó que lo que deseaba era la unión, y no disputas que fomentaban la guerra civil para destruirnos. Se opuso el doctor Don Pedro Vidal concluyendo que en caso de unirnos sería sacando partido ventajoso. En fin se leyeron los oficios de la Junta y del Virrey Cisneros. Continuaron los debates: me empeñé en que no hablaran los Abogados por que aquel no era pleito y allí no concurrían como tales, sino como Vecinos. Ya que no pude conseguirlo insistí en que hablase el Asesor de Gobierno (José Eugenio de Elías). Dijo, y se redujo su razonamiento a plantear siete pleitos: 1º Que Montevideo fuese el Puerto exclusivo. 2º Que se acabase la obra de la fortaleza del cerro que empezó Elío. 3º Que permaneciesen los empleados actuales. 4º Que la Junta se situase a 100 leguas de Buenos Aires. 5º Que Montevideo y los demás Pueblos tuviesen igual número de Diputados que Buenos Aires. 6º Que enviase a aquella Banda 5.000 hombres armados para las fronteras del Brasil. 7º Que el Virrey fuese Presidente de la Junta. Todos se rieron de semejantes disparates aunque no todos disgustaron a algunos. Clamaron otros por que hablase (foja 2 vuelta) Herrera: hizo reflexiones más juiciosas, y cuidó de cortar las dispu (sic) reduciendo la cuestión a dos términos sobre que votaríamos. Supuesto que el Pueblo quería la unión decidir por votos si esta debía ser absoluta o con condiciones. Votamos y salieron 19 votos por la unión absoluta, y más de 250 por la condicional.
En aquel mismo instante en que los díscolos cantaban su triunfo fueron bien convencidos de su depravación con preguntarles Larrañaga cuales eran las condiciones tan urgentes para perturbar la unión tan necesaria. Ya se ve, como no había más que ganas de enredar, o de sacar el partido que se proponía su ambición se contentaron con decir que era preciso meditarlas y que se nombrase al efecto una comisión que en corto término las presentase para que el mismo Pueblo las aprobase o modificase y nombrar desde luego Diputados: así se hizo: resultaron comisionados Chopitea, Herrera, Vidal y Vilardebó. Con esto se concluyó la acta en que fui amenazado porque dije que parecería extraño el que Montevideo Autor de las Juntas de América se opusiese así a la Buenos Aires. Esto sucedió el 1º de Junio.
A los dos o tres días ya habían fijado unos carteles los de la comisión anunciando que el 5 se uniría al Pueblo para nombrar desde luego Diputado para la Junta con las condiciones que llevaría en sus instrucciones, y serían bien reducidas y accesibles incapaces de perturbar la deseada unión. Estaba entonces en Montevideo de Comandante de Marina Don José Salazar Capitán de Navío que desde luego quiso tener la principal parte en la intriga. Sucedió que arribó la noche antes de la reunión popular el Bergantín “Filipino” de Cádiz con la noticia de la (foja 3) instalación de una nueva Regencia (que era el 4º Gobierno que nos daba a reconocer desde la ida del Rey. La Regencia que dejó con el Duque del Infantado a su cabeza, la nula Tumultuosa Junta de Sevilla, la más nula Junta Central, y ahora esta). Este suceso fue suficiente para que complotados los intrigantes con el Comandante de Marina tratasen de embrollar el Cabildo abierto que estaba citado para nombrar Diputado y unirnos con Buenos Aires del modo que fuese. Con efecto nos juntamos en el Cabildo a que se introdujo ya Salazar Comandante de Marina sin ser vecino, y antes de abrirse las sesiones empezó el alboroto de las grandes noticias de España (era todo lo contario, la pérdida en Ocaña), con que habían mudado de aspecto todas las cosas. Se leyó un Papelón de noticias firmado por el Comandante del “Filipino” y un Viola desde su bordo. Yo dije es bien extraño que debiendo bajar a tierra al instante como se ha hecho siempre ahora escriban las noticias desde su bordo. Me contestaron –por no demorarlas siendo tales- repliqué por lo mismo. En fin se desatendió mi reflexión se leyeron un catálogo de noticiones falsos (luego supe los había forjado y escrito en una tienda el Marino Gaztambide hermano de la Virreina de Cisneros, sin precaución ninguna). Tampoco la tuvieron en leer una hermosa proclama a los Americanos de la Junta de Cádiz que nos animaba a ser libres, y a no dejarnos gobernar más por los Déspotas Virreyes, que se reimprimió: continuaron los vivas, repiques, salvas y borracheras. El pueblo quedó embelesadamente engañado y no se nombró Diputado dejando así embrollada la cosa y contestaron a Buenos Aires el Cabildo. Soria gobernador de armas, y Comandante de Marina. Sólo los sensatos quedamos admirados, confusos y abatidos al preveer los grandes males que nos esperaban. No tardaron mucho en sentirse.”


“El 12 de junio llegó el doctor don Juan José Paso secretario vocal de la Junta de Gobierno de Buenos Aires, que además tenía el carácter de enviado, y después de mil groseros proyectos que ofenden la razón, y avergüenzan a los que vivíamos en aquel Pueblo, fue detenido fuera en la Panadería de Ortega, …, y por último conseguimos que se le fuese a buscar en un coche decente por dos Diputados para que hablase en el Cabildo convocado el Pueblo el día 15. No es fácil explicar los disparates que se cometieron en este acto. Se dispuso un Salón en lo que había edificado del nuevo Cabildo se adornó, y hacia el medio se colocó una silla de terciopelo para el Diputado: nos fue, sin embargo, muy de notar que en su frente en que había una mesa con tapete de damasco se colocase el Comandante de Marina Salazar; también se puso guardia más que doble, y otras, predisposiciones que no eran comunes. Habló el Sr. Paso con bastante moderación y aún timidez, pero bien. Tomó la voz para contestarle Salazar con escándalo de los sensatos: ¿Qué representación tenía allí uno que no solo no era vecino, sino que parece desairaba al Cabildo que debía por uno de sus miembros responder, (foja 4) y cuando no, había unas centenas de honrados vecinos que lo supieran hacer? El tono orgulloso con que lo hizo: los vivas de la chusma que se agolpó a la Puerta, todo indicaba ser cosa meditada con el objeto de intimidar al Sr. Diputado y sujetar al Pueblo quitándole su libertad. Llegó a preguntar el doctor Paso si estaba segura su Persona. En fin Salazar reveló un secreto del Cabildo de Buenos Aires que tuvo sus consecuencias, hizo retirar al doctor Paso, y embrolló la cosa en términos, que porque el respetable doctor Pérez preguntó si no se oía al pueblo. Gritaron: que lo maten. Los que oímos este desaforado lenguaje con el mismo representante del Pueblo, no esperamos más, sino que fuimos saliéndonos poco a poco con ánimo de no volver”.
Juan Pedro Gilmes.

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