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31 may. 2010

En el Bicentenario.


Para la Junta establecida en Buenos Aires en 1810 le era muy importante poder sumar a la ciudad de Montevideo, sede del Apostadero Naval español en el río de la Plata, porque contando con estas tierras se aprovecharían todas las ventajas derivadas del Puerto de Montevideo y las costas del Río Uruguay, lo que le permitiría controlar ríos, comercio y contar con la vía expedita para alcanzar con sus argumentos otros puntos de América. Persiguiendo tales fines la Junta de Buenos Aires envía sus representantes a la ciudad-marítimo-portuaria de Montevideo.

Para repasar estos hechos primero se exponen unas líneas de la publicación española “Gazeta de Montevideo”, publicada en esta ciudad, y luego el testimonio del Presbítero Bartolomé de Muñoz partidario de la revolución.


Gazeta de Montevideo:

“Montevideo fue convocado con más instancia que otros, como más necesario a sus planes ocultos y el 30 de Mayo arribó a este Puerto el Oficial Galain, que conducía los pliegos de la nueva Junta al Ecxmo. Cabildo, Gobernador de la Plaza y comandante de Marina; y otros reservados para las personas que ellos juzgaron entrarían fácilmente en su sistema”.

“El mismo día 11 de Junio avisó el Dr. Passo estaba cercano a esta Plaza, como Diputado de la Junta para acordar con el Exmo. Cabildo, y demás Jefes los medios más francos que deberían adoptarse en conformidad a las rectas intenciones de su nuevo gobierno”.

“Cinco minutos de silencio sucedieron a los tres cuartos de hora que Passo habló sin que nadie le interrumpiese, y después de aquellos el Sr. Comandante de Marina D. José María Salazar dando el verdadero sentido a las proposiciones de la Junta, y a las de la circular de ella del 27 de Mayo le convenció que los intentos de sus Comitentes eran establecer la independencia, abolir los derechos del Trono, y separarse para siempre de España. El Pueblo quedó convencido con las sólidas razones de este Jefe, y gritó no se reconociese la Junta de Buenos-Aires, adonde debía volverse luego su enviado Passo”.


Del Diario de Bartolomé de Muñoz:

“Ocurrió entonces la disolución de la Junta Central, y su consecuencia fue reclamar sus derechos oportunamente el heroico Pueblo de Buenos Aires Capital del Virreinato deponiendo al Virrey Cisneros el 25 de Mayo y formando su Gobierno provisorio, etc. y cuyos sucesos pueden verse con toda su extensión en la recomendable obra de Blanco titulada “El Español en Londres”.
El regocijo que causó esta noticia en Montevideo se presentaba en el semblante de todos los hombres de discernimiento. Pero por desgracia de la humana condición, otros muchos formaron sus ideas o proyectos de engrandecerse y sacra ventajas por la intriga, o sus miras ambiciosas. Se fijó una proclama muy entusiasmada indicando grandes cosas. Se imprimió en Buenos Aires, y se insertó en la Gaceta.

Pasaron diez o doce días hasta que llegaron los oficios del nuevo Gobierno de Buenos Aires. Entonces se citó a Cabildo abierto a que concurrimos cerca de trescientas personas, por que no quisieron asistir todos. Había sido días antes nombrado Diputado para la Junta Central el doctor Don José Manuel Pérez, que salió en suerte con tres elegidos (Junio 1ª de 1810). Con él y con el Prebístero Don Dámaso Larrañaga hacía sus consultas el Cabildo en estos días. En efecto, nos juntamos y ya notamos que cuatro Abogados, Elías, Asesor del gobierno, Herrera, del Cabildo, Obes su cuñado, y Méndez, estaban solos con los principales del Ayuntamiento, en un Despacho interior a donde no llamaron a ninguno de nosotros. A las 10 del día se abrió la Sesión leyendo Obes un papel suyo sobre el estado que presentaban las cosas (foja 2) en aquella novedad, la calidad, productos, ventajas, fronteras limítrofes con una nación extranjera, proyectos de ésta. Yo fui el primero que pregunté si aquello decía el Gobierno de Buenos Aires a quien debíamos oír sólo, para contestarle; empezaron los debates, Larrañaga, el doctor Pérez y todos los hombres de juicio apoyaron mi prevención, y el Pueblo en general a quien peroré sobre esto, gritó que lo que deseaba era la unión, y no disputas que fomentaban la guerra civil para destruirnos. Se opuso el doctor Don Pedro Vidal concluyendo que en caso de unirnos sería sacando partido ventajoso. En fin se leyeron los oficios de la Junta y del Virrey Cisneros. Continuaron los debates: me empeñé en que no hablaran los Abogados por que aquel no era pleito y allí no concurrían como tales, sino como Vecinos. Ya que no pude conseguirlo insistí en que hablase el Asesor de Gobierno (José Eugenio de Elías). Dijo, y se redujo su razonamiento a plantear siete pleitos: 1º Que Montevideo fuese el Puerto exclusivo. 2º Que se acabase la obra de la fortaleza del cerro que empezó Elío. 3º Que permaneciesen los empleados actuales. 4º Que la Junta se situase a 100 leguas de Buenos Aires. 5º Que Montevideo y los demás Pueblos tuviesen igual número de Diputados que Buenos Aires. 6º Que enviase a aquella Banda 5.000 hombres armados para las fronteras del Brasil. 7º Que el Virrey fuese Presidente de la Junta. Todos se rieron de semejantes disparates aunque no todos disgustaron a algunos. Clamaron otros por que hablase (foja 2 vuelta) Herrera: hizo reflexiones más juiciosas, y cuidó de cortar las dispu (sic) reduciendo la cuestión a dos términos sobre que votaríamos. Supuesto que el Pueblo quería la unión decidir por votos si esta debía ser absoluta o con condiciones. Votamos y salieron 19 votos por la unión absoluta, y más de 250 por la condicional.
En aquel mismo instante en que los díscolos cantaban su triunfo fueron bien convencidos de su depravación con preguntarles Larrañaga cuales eran las condiciones tan urgentes para perturbar la unión tan necesaria. Ya se ve, como no había más que ganas de enredar, o de sacar el partido que se proponía su ambición se contentaron con decir que era preciso meditarlas y que se nombrase al efecto una comisión que en corto término las presentase para que el mismo Pueblo las aprobase o modificase y nombrar desde luego Diputados: así se hizo: resultaron comisionados Chopitea, Herrera, Vidal y Vilardebó. Con esto se concluyó la acta en que fui amenazado porque dije que parecería extraño el que Montevideo Autor de las Juntas de América se opusiese así a la Buenos Aires. Esto sucedió el 1º de Junio.
A los dos o tres días ya habían fijado unos carteles los de la comisión anunciando que el 5 se uniría al Pueblo para nombrar desde luego Diputado para la Junta con las condiciones que llevaría en sus instrucciones, y serían bien reducidas y accesibles incapaces de perturbar la deseada unión. Estaba entonces en Montevideo de Comandante de Marina Don José Salazar Capitán de Navío que desde luego quiso tener la principal parte en la intriga. Sucedió que arribó la noche antes de la reunión popular el Bergantín “Filipino” de Cádiz con la noticia de la (foja 3) instalación de una nueva Regencia (que era el 4º Gobierno que nos daba a reconocer desde la ida del Rey. La Regencia que dejó con el Duque del Infantado a su cabeza, la nula Tumultuosa Junta de Sevilla, la más nula Junta Central, y ahora esta). Este suceso fue suficiente para que complotados los intrigantes con el Comandante de Marina tratasen de embrollar el Cabildo abierto que estaba citado para nombrar Diputado y unirnos con Buenos Aires del modo que fuese. Con efecto nos juntamos en el Cabildo a que se introdujo ya Salazar Comandante de Marina sin ser vecino, y antes de abrirse las sesiones empezó el alboroto de las grandes noticias de España (era todo lo contario, la pérdida en Ocaña), con que habían mudado de aspecto todas las cosas. Se leyó un Papelón de noticias firmado por el Comandante del “Filipino” y un Viola desde su bordo. Yo dije es bien extraño que debiendo bajar a tierra al instante como se ha hecho siempre ahora escriban las noticias desde su bordo. Me contestaron –por no demorarlas siendo tales- repliqué por lo mismo. En fin se desatendió mi reflexión se leyeron un catálogo de noticiones falsos (luego supe los había forjado y escrito en una tienda el Marino Gaztambide hermano de la Virreina de Cisneros, sin precaución ninguna). Tampoco la tuvieron en leer una hermosa proclama a los Americanos de la Junta de Cádiz que nos animaba a ser libres, y a no dejarnos gobernar más por los Déspotas Virreyes, que se reimprimió: continuaron los vivas, repiques, salvas y borracheras. El pueblo quedó embelesadamente engañado y no se nombró Diputado dejando así embrollada la cosa y contestaron a Buenos Aires el Cabildo. Soria gobernador de armas, y Comandante de Marina. Sólo los sensatos quedamos admirados, confusos y abatidos al preveer los grandes males que nos esperaban. No tardaron mucho en sentirse.”


“El 12 de junio llegó el doctor don Juan José Paso secretario vocal de la Junta de Gobierno de Buenos Aires, que además tenía el carácter de enviado, y después de mil groseros proyectos que ofenden la razón, y avergüenzan a los que vivíamos en aquel Pueblo, fue detenido fuera en la Panadería de Ortega, …, y por último conseguimos que se le fuese a buscar en un coche decente por dos Diputados para que hablase en el Cabildo convocado el Pueblo el día 15. No es fácil explicar los disparates que se cometieron en este acto. Se dispuso un Salón en lo que había edificado del nuevo Cabildo se adornó, y hacia el medio se colocó una silla de terciopelo para el Diputado: nos fue, sin embargo, muy de notar que en su frente en que había una mesa con tapete de damasco se colocase el Comandante de Marina Salazar; también se puso guardia más que doble, y otras, predisposiciones que no eran comunes. Habló el Sr. Paso con bastante moderación y aún timidez, pero bien. Tomó la voz para contestarle Salazar con escándalo de los sensatos: ¿Qué representación tenía allí uno que no solo no era vecino, sino que parece desairaba al Cabildo que debía por uno de sus miembros responder, (foja 4) y cuando no, había unas centenas de honrados vecinos que lo supieran hacer? El tono orgulloso con que lo hizo: los vivas de la chusma que se agolpó a la Puerta, todo indicaba ser cosa meditada con el objeto de intimidar al Sr. Diputado y sujetar al Pueblo quitándole su libertad. Llegó a preguntar el doctor Paso si estaba segura su Persona. En fin Salazar reveló un secreto del Cabildo de Buenos Aires que tuvo sus consecuencias, hizo retirar al doctor Paso, y embrolló la cosa en términos, que porque el respetable doctor Pérez preguntó si no se oía al pueblo. Gritaron: que lo maten. Los que oímos este desaforado lenguaje con el mismo representante del Pueblo, no esperamos más, sino que fuimos saliéndonos poco a poco con ánimo de no volver”.
Juan Pedro Gilmes.

24 may. 2010

Sobre el Mar Territorial (1ª Parte).


Hablar sobre la importancia que para un país tiene su territorio provoca la aparición inmediata de términos como suelo, tierra, producción, soberanía, recursos, entre otros, pero hablar de la importancia que para un país tiene el poseer “Mar Territorial” abre en una sociedad como la uruguaya más espacio para las interrogantes que para las certezas o los términos más identificados con este aspecto de la soberanía y la riqueza de una nación.

NECESARIOS ELEMENTOS DE GEOGRAFÍA MARÍTIMA. (de Homero Martínez Montero, 1967).

“Con motivo de una ley recientemente aprobada por el gobierno argentino precisando límites a ciertas zonas marítimas contiguas a su territorio firme, se han multiplicado las publicaciones en que se aluden expresiones geográficas y/o jurídicas relacionadas con el tema de que informa el título de este trabajo. el cual no tiene otro mérito que el de una intención de ordenación y clasificación de conceptos para que un lector no familiarizado con él pueda seguir los comentarios aludidos y comprender su alcance.

Desde la más remota antigüedad el hombre sintió la atracción del mar y la necesidad de utilizarlo para sus comunicaciones o para extraer de él elementos necesarios a su alimentación o a su industria. Podemos recordar, por vía de ejemplo, que aquel admirable pueblo de navegantes que fueron los fenicios, extraían del “murx” un tinte purpúreo para teñir ciertos tejidos que vendían muy bien en las comarcas cercanas a las que arribaban con sus primitivas pero eficientes embarcaciones.

La necesidad de usar el espacio marítimo, pues, desarrolló un sentido de apropiación o defensa de las zonas cercanas a la costa del país. Reacción elemental y lógica aun cuando faltase la noción jurídica. En el imperio romano, tan admirable por los principios jurídicos que creó y desarrolló, se hizo práctica la idea de una soberanía territorial sobre todo el Mediterráneo en cuyas opuestas riberas emergían tierras sometidas a su dominio. El Mare Nostrum, pues, le era imprescindible.

A medida que va desarrollándose la ciencia de la navegación y la arquitectura naval, permitiendo navegaciones de más largo alcance y el montaje de armas de combate –catapultas, más tarde cañones de avancarga- se acentúa la necesidad en las naciones costeras de agregar a su territorio firme una faja de mar adyacente: territorio marítimo sobre el cual se extendiera el principio de la soberanía en forma que la penetración de aquél implicase una invasión que autorizara la defensa.

Esta noción de un régimen o estatuto jurídico para una porción de mar adyacente sobre la cual el Estado ejerciera jurisdicción, aparece en la Edad Media en todas las regiones de Europa, lo mismo en el Mediterráneo que en el Mar del Norte. Es el lejano antecedente del mar territorial, si bien la naturaleza y alcance del ejercicio de los derechos reivindicados por cada ribereño soberano varían considerablemente. Durante los siglos XIV y XV, los juristas italianos influidos por aquel remoto antecedente del Mare Nostrum, reivindicaron zonas considerables para la jurisdicción exclusiva de su país.

En tanto, en los Estados de la Europa Septentrional y por la misma época, la medida para la anchura del mar territorial se limitaba al “alcance de la vista”, medida muy aleatoria, como se comprende, pues que dependía de las condiciones diversas de la facultad física del observador como de la particular y mutable condición atmosférica.

Estas circunstancias explican que en los dos siglos siguientes existiera una gran confusión respecto al territorio marítimo reclamado y comenzase a desarrollarse la tendencia a una reducción de aquella faja de 100 millas imperante en la región del Mediterráneo. Corresponde al jurista holandés Cornelius Van Bynkershoek la idea de proponer – a través de dos trabajos que publica en 1703 y en 1737 – que se fije la anchura del mar territorial por el alcance del disparo de un cañón emplazado en la costa: imperium terrae finiri ubi fintur armorum potestas, es su fórmula, hecha célebre a través del tiempo. Medio siglo más tarde había de servir de base al jurista italiano Galiani para proponer que se adoptase como limitación del mar territorial la distancia de 3 millas, que era la mayor a la que podía llegar la artillería entonces existente. Y según la autorizada referencia de Gilbert Gidel en “Le droit International Public de la Mer”, fueron los Estados Unidos de América los primeros en llevar a la práctica la proposición de Galiani, en notas de igual tenor que el 8 de noviembre de 1793 el Secretario de Estado, Jefferson, enviara a los Ministros de Francia y Gran Bretaña para expresar la opinión de su Gobierno respecto a la protección de su neutralidad.

En el curso de la siguiente centuria, la extensión de las 3 millas encuentra aplicación en varios tratados bilaterales en los cuales se contempla otro factor ajeno a la situación militar: los derechos de pesca”.

Juan Pedro Gilmes.

21 may. 2010

El Hombre de la Isla (Parte 3ª).



Las Tormentas en la Isla.

La tarde fría y lluviosa al otro lado de los cristales, trae a colación los recuerdos de grandes temporales vividos por Don Braga en la Isla, y de algunas travesías en las que el mal tiempo se hizo presente en forma furiosa y repentina, en medio del mar, obligando a los patrones de las lanchas a usar toda su pericia, para escapar con vida.

-Yo estaba acostumbrado a esas situaciones extremas, pero había gente que no bien el mar se picaba, ya lo empezaba a pasar mal. Hubo días que llegamos a la Isla y debimos regresar, por ser imposible llevar la embarcación al muro, sin peligro de que las olas la destrozaran contra aquél.
Eso si, antes de volver, tirábamos a tierra el pan y la carne, para asegurarles la comida a los compañeros. Otras veces –cuando estallaban violentas tormentas- nuestros familiares se inquietaban e iban a preguntar al Consejo Nacional de Higiene si corríamos peligro, a lo que invariablemente les respondían lo mismo: “¡Pero no!, para que el agua los tape tiene que subir acá, en Montevideo, hasta la Plaza Independencia”. Por suerte nunca llegó hasta allí.

Fue don Braga el encargado del macabro transporte de las urnas con cenizas de muertos no reclamados, que quedaban en la Isla. Cuenta que decenios atrás no era necesaria tanta documentación como al presente para viajar, de modo que de algunas personas muertas en la Isla –viajeros, tripulantes o polizontes de barcos en cuarentena- nunca se llegó a saber su identidad, ni se la conocerá jamás. Simplemente llegaban enfermos y morían sin saberse quiénes eran, y una vez cremados, sus restos se guardaban en urnas, sin nombre alguno, únicamente con un número. Precisamente a don Braga le correspondió, antes de entregar la Isla, traer a Montevideo tales restos de muertos anónimos (en total 18) y de otros identificados pero nunca reclamados (31 más).

Nuestro entrevistado estuvo por última vez en la Isla de Flores hace 3 años, realizando trámites administrativos y vive ahora, recientemente jubilado, en la paz de su confortable hogar, dividiendo su tiempo entre su querida familia y actividades vecinales”.

Juan Pedro Gilmes.

17 may. 2010

El Hombre de la Isla. Parte 2ª


A continuación exponemos la segunda de tres partes del artículo salido en 1975 en el diario EL DIA; este relato es digno ejemplo de la importancia que tienen los testimonios de aquellas personas que fueron protagonistas de distintos hechos o actividades que por diferentes circunstancias quedaron en el pasado sin dejar, en demasiadas oportunidades, registros que permitan trascender en el tiempo páginas de nuestra historia. He allí la importancia de emprender un trabajo serio al respecto.

“Cuando Don Braga llegó a la isla había en ella muchos jóvenes, entre un total de unas 30 personas (marineros de la guarnición local, o cuidadores del faro, o miembros del personal que trabajaba en el Lazareto) lo cual le resultó una ayuda. En los primeros años practicó permanentemente deportes (fútbol, tenis, pelota de mano), y a lo largo de toda su estadía fue aficionado a la pesca en chalana, a la cría de pájaros y gallinas, a la carpintería, y a la fotografía, todo lo cual le permitió sobrellevar sin decaimientos los largos turnos de guardia: al principio por cada 2 meses de trabajo en la Isla, le concedían 10 días de descanso fuera de ella (tal régimen fue mejorando, hasta llegar en los últimos tiempos a 10 días libres por 20 de labor).

Problemas de la soledad.

-Algunos no se acostumbraban a la Isla –extrañaban la falta del bar o añoraban a sus familiares, novias, amigos y/o diversiones- y cuando se iban después del primer turno de trabajo, uno sabía que no iban a volver más. La soledad motiva a veces extrañas reacciones en la gente: un médico y un practicante, solían pasar horas enteras –uno a cada lado de una larga mesa- caminando uno en un sentido y el otro en el contrario, sin decirse una sola palabra. A veces había discordia y por eso era necesario tener mucho tacto: la Isla no es como acá, en Montevideo, donde uno sale de la oficina y se va para la casa; allá, por el contrario, hay que vivir en 22 cuadras de largo por 5 de ancho, quiérase o no. Cuando se pudo comenzar a escuchar emisiones de radio, todo cambió completamente, ya que al parecer la gente se empezó a sentir más acompañada y disminuyeron las tensiones.

Los años fueron pasando para Don Braga, que de peón de farmacia ascendió a auxiliar (mediante curso por correspondencia), y más tarde se casó con la hermana de uno de los fareros, a la cual conoció en la Isla.

-En 1934 se produjo la última cuarentena (viruela) y tiempo después cerraron el Lazareto y de a poco fueron retirando el personal sanitario. Yo fui el último miembro de aquel que la abandonó, en 1965, siendo encargado de sanidad, cuando había cumplido 40 años de labor en ella.
-¿Aquél trabajo no le afectó la salud?, le preguntamos.

-No, por el contrario, me la preservó. La Isla de Flores es fresca en verano y templada en invierno, porque no hiela. Allí no se enfermaba nadie, e incluso iban en oportunidades señoras con bocio o con asma, y al poco tiempo se aliviaban o se curaban. Yo, en total, me habré agarrado un par de resfríos, y nada más”.
Juan Pedro Gilmes.

12 may. 2010

El Hombre de la Isla. (Parte 1ª).


El particular mundo del mar y de las embarcaciones encierra múltiples presentaciones que han sabido a lo largo de la historia de la civilización despertar vocaciones y atracciones en incontables hombres y mujeres alrededor del mundo entero, incluso en aquellos lugares donde el río, el océano, el mar no se hallan próximos.
Uruguay atesora una enorme cantidad de esas historias particulares que enriquecen el patrimonio cultural a nivel colectivo, una de ellas es la del Sr. Francisco Braga que desde niño se uniera a través de la vista y la imaginación con una isla que lo deslumbraba cada vez que podía divisarla en el horizonte, quiso el destino que cuando el niño fue joven uniera su futuro al de la Isla de Flores:

(de EL DÍA 27 de Julio de 1975)
“Nací en Montevideo, cerca de Larrañaga y Rivera, y de niño, cuando me acercaba a la Rambla próxima, aún antes de llegar a ella, ya divisaba el lejano contorno de la Isla de Flores, y me decía: es imposible que yo vaya allí alguna vez, y sin embargo me gustaría tanto llegar a ella… Y quizá porque lo desee de pequeño, es que al final estuve 40 años trabajando en aquel hermoso lugar, sin que pese a tan largo tiempo llegara a cansarme de él.
Francisco Braga (casado, una hija, dos nietos), hombre amistoso y cordial, de conversación apasionante, relató sus queridas anécdotas a un equipo del Suplemento de Huecocolor de EL DIA, en medio del confort de su domicilio, ubicado en la calle Tte. Galeano. Afuera un fuerte y gélido viento invernal gemía constantemente, impulsando helada lluvia contra los cristales.
Adentro, en la calidez del hogar, acaso acicateados por el temporal, fluyeron lentos los recuerdos.

- Siendo ya un joven, necesitado de ganarme la vida, fui a ver al Dr. Alfredo Vidal y Fuentes, presidente del Consejo Nacional de Higiene, para pedirle trabajo.
Me respondió que el único de que disponía era en el Lazareto de la Isla de Flores. Yo no sabía entonces lo que era aquella dependencia, de modo que sin pensarlo más, acepté.

La Vida en la Isla.

Braga arribó a la Isla el 12 de marzo de 1925, y de inmediato supo que el Lazareto era el lugar donde iban todos los enfermos contagiosos que llegaban desde el exterior. Si un buque traía tan solo una persona de aquel tipo, estaba obligado a fondear a entre 200 y 400 metros del Muelle, y descendían de él todos los hombres y mujeres que iban a bordo, para la cuarentena. Los que morían eran cremados y sus cenizas guardadas en urnas.
- Cuando llagaba la gente de los barcos, la dividíamos en 3 grupos, que se mantenían separados entre sí: los aparentemente sanos, los que estaban en observación y los enfermos. Estos últimos iban a un pabellón especial, ubicado muy cerquita del crematorio. Cuando los trasladábamos allí, muchos se daban cuenta de que habían llegado sus últimos momentos…”.

Juan Pedro Gilmes.

6 may. 2010

CAMPEONATO SUDAMERICANO DE CANOTAJE EN LA PLATA (ARGENTINA)

LOS AMIGOS DEL ACAL NOS INFORMAN:

















Del 22 al 25 de abril pasado se disputó el XXVI Campeonato Sudamericano de Canotaje Velocidad en la ciudad de La Plata Republica Argentina.

La selección uruguaya de canotaje participó de dicha competencia. La misma estuvo compuesta por 21 deportistas, 1 técnico y 1 jefe de equipo. Entre los cuales participaron 5 deportistas acalenses: Mateo Tejera (cadete), Sebastian Romero (juniors), Guillermo Haro (masters), Sergio Soneira (masters) y Daniel Chinko (masters), y quien escribe como jefe de equipo.
Con orgullo queremos contarles que estos deportistas nos han representado de muy buena forma logrando la obtención de varias medallas:
Sebastian Romero obtuvo 2 medallas de bronce en la categoría Juniors en K4 en las distancias de 1000 y 200 metros.
Guillermo Haro obtuvo 5 medallas de plata en la categoría Masters, en las carreras de K2 1000 y 500 metros, K4 1000, 500 y 200 metros.
Daniel Chinko obtuvo 3 medallas de plata en la categoría Masters en las competencias de K4 1000, 500 y 200 metros.
Sergio Soneira consiguió 4 medallas de plata en las carreras de K4 1000, 500 y 200 metros y K2 200 metros.
Reciban todos ellos nuestras felicitaciones por mantener en alto el prestigio del club ACAL y el de nuestra selección nacional.



SE DECLARA DE INTERÉS MUNICIPAL AL REMOLCADOR ENRIQUETA


DECLARACIÓN DE INTERÉS MUNICIPAL DEL REMOLCADOR ENRIQUETA.

SECRETARÍA GENERAL IMM.
Resolución Nro.:1542/10
II-4
Expediente Nro.:3220-006740-09
Montevideo, 20 de Abril de 2010.
-VISTO: la nota del Grupo Interinstitucional de Fomento de la Cultura Marítima y Portuaria, por la cual solicita declarar de interés el barco remolcador "Enriqueta";RESULTANDO: 1o.) que en la nota de referencia se expresa que se trata de un barco armado en Uruguay en 1894, de casco de madera, con una larga historia de aventuras y rescates y se encuentra actualmente atracado en el puerto de Montevideo, destacándose que dicha embarcación podría recuperarse y cumplir los objetivos de museo viviente, realizar paseos por la bahía y la costa uruguaya, promoviendo así la conciencia y la cultura marítima y portuaria y de este modo facilitaría el interés de inversores, brindando un nuevo atractivo a la ciudad;2o.) que la Junta Local de la Zona No. 1 y el Departamento de Planificación, promueven la declaración de interés del bien motivo de obrados;3o.) que el Director de la División Comunicación, compartiendo lo expresado precedentemente, eleva estas actuaciones;
CONSIDERANDO: que procede proveer de conformidad;
EL INTENDENTE DE MONTEVIDEORESUELVE:1.-Declarar bien de interés de esta Intendencia el barco remolcador "Enriqueta".-2.-Establecer que la declaración de interés no supone apoyos materiales específicos, ni la exoneración de obligaciones legales o reglamentarias de cualquier naturaleza.-3.-Comuníquese al solicitante, al Departamento de Planificación, a la División Comunicación, al Servicio de Relaciones Públicas, a la Unidad del Patrimonio y pase al Servicio Centro Comunal Zonal No. 1.-

DR. JORGE RODRIGUEZ, Intendente de Montevideo (I).-
DR. JORGE BASSO, Secretario General.-