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29 ene. 2010

Huidobro:Mar y subsuelo


Hemos hecho una pequeña recopilación de comentarios del senador Eleuterio Fernández Huidobro, en distintas circunstancias el senador se refirió a la importancia del mar y el subsuelo uruguayo, y destacó la poca importancia que se les ha dado hasta ahora.

Apuntamos sobre todo aquellos comentarios dirigidos al mar:
En la web depolitica.com.uy podemos leer el siguiente articulo :

REMANDO
http://www.depolitica.com.uy/portal2/modules.php?name=Sections&op=viewarticle&artid=432

Hablar de nuestros intereses marítimos es manejar un concepto abarcativo. Incluye lo fluvial, lo lacustre y los aspectos sociales, políticos, científicos y económicos. Las costas, los puertos, los canales, la Antártida, etcétera.

Veamos rápidamente:

El Rey de España señalando hace siglos la bahía de Montevideo marcó sin quererlo el nacimiento de una patria.

La “manzana de la discordia” no se redujo nunca a la ciudad de Colonia.

El conflicto interminable fue, además, por estos territorios ubicados en una esquina vital y por eso “peligrosa” del mundo.

Montevideo fue el más grande bastión marítimo del Imperio Español en el Atlántico Sur, una marca fronteriza entre imperios y una formidable guarnición militar. La puerta de un estuario que da entrada a una vastísima cuenca fluvial que se interna por miles de kilómetros en el continente.

Inglaterra quiso, a sangre y fuego, con altísimos costos, poseer esa llave y, cuando Artigas con su pueblo se alzó en armas, tuvo que fundar, además de un ejército, una Armada, y librar patentes de corso que hicieron flamear nuestra bandera en todos los mares.

La famosa carta a Bolívar es pidiéndole apoyo para eso.

La llamada Guerra Grande mostró por nuestros mares y ríos a las más poderosas flotas del mundo injiriéndose militarmente en nuestros asuntos, bloqueando estos puertos y abriendo a cañonazos la navegación del Paraná a pesar del heroísmo de Lucio Mansilla.

No muchos años después, una poderosa flota brasileña fondeó ante Paysandú para no dejar allí piedra sobre piedra: ello era necesario, imprescindible y previo a la Guerra del Paraguay.

Sin Uruguay, la Triple Alianza auspiciada por Inglaterra no hubiera podido invadir aquél país.

Montevideo fue nuevamente una gran base naval y un emporio logístico (bélico y comercial) de entrada y salida.

Entrando al siglo XX, su Primera Guerra Mundial, aparentemente tan lejana, libró en la zona la llamada Batalla de las Malvinas entre alemanes y británicos muriendo en ella quien pocos años después daría nombre a un acorazado alemán hundido frente a nuestras playas en la primera batalla naval de la II Guerra Mundial.

Pocos meses después, en jornada parlamentaria memorable, el Senador Luis Alberto de Herrera interpela al Ministro Guani denunciando e impidiendo la inminente instalación de una base aeronaval de los Estados Unidos en Laguna del Sauce.

Recientemente recibimos en la Comisión de Defensa del Senado la visita de integrantes de la Comisión de Defensa de la Cámara de los Lores. Uno de ellos, joven militar en actividad destacado por esos días en Afganistán...

Nos preguntaron para qué necesitaba tener FFAA el Uruguay. Dijimos entre otras cosas, que para ser neutrales. Porque nadie en el mundo cree en países neutrales que no tengan la capacidad militar de serlo.

Y en segundo lugar porque estamos en un lugar peligroso del planeta según la Historia nos enseña, incluyendo en esas enseñanzas la tan reciente, cercana y conocida por ellos Guerra de las Malvinas.

Hace poco recibimos en nuestro despacho a un estadounidense de origen japonés. Su abuelo inmigrante estuvo preso en los EEUU durante una guerra, su padre fue traductor de Mcarthur en otra guerra y ahora él es profesor universitario, urbanista especializado en “clusters”.

Estaba estudiando Montevideo con sus alumnos. Dijo que suponía que en Uruguay había o debía haber “clusters” vinculados a la industria de la carne y a la industria láctea pero que estaba seguro de que ya había de hecho uno que vio apenas llegó: el “cluster” portuario de Montevideo. En realidad: el que debía haber porque rompía los ojos.

Las instalaciones de ese puerto deberían, dijo señalando por la ventana los jardines del Palacio Legislativo, llegar por lo menos hasta acá.

Pero también dijo que en su vida había visto una cebra peatonal sobre la ancha avenida de acceso al puerto y menos a un peatón cruzándola tomando mate mientras los camiones esperaban...

Y mucho menos una autopista cortando por la mitad al puerto y separándolo del ferrocarril.

¿Cómo puede ser que estudiantes y profesores recién llegados desde una lejana universidad vean lo que nosotros miramos pero no vemos?

Sencillamente porque desde hace demasiados años le hemos dado la espalda al mar.

Hasta la Intendencia Municipal de Montevideo apoyó el Plan Fénix olvidando que Montevideo es en primerísimo lugar un puerto.

Nos lo recuerdan varios faros iluminando desde nuestra niñez las noches; uno de ellos lo llevamos en el Escudo Nacional.

Nos lo recuerdan los cada vez más numerosos y grandes barcos estacionados en el horizonte.

Pero no actuamos en consecuencia.

En enero tuvimos el honor de ser recibidos en Vigo por la Cooperativa de Armadores de Pesca.

Conocen nuestro puerto, sus canales, sus accesos, sus diques, sus muelles y depósitos mejor que quien habla. Nos dejaron una frase retumbando en el pecho:

“Os ha quedado chico el puerto”: ¡lo dicen nuestros “clientes”!

Y por ahí andan ciertos inversores interesados en nuestra profundidad natural de 20 metros tan cercana a la costa en el este, y por ahí están nuestros canales en situación crítica, y Nueva Palmira expandiéndose, y los puentes internacionales cada poco bloqueados...

Como se ve, entrando al tema, apenas hemos salido del puerto y andado por algunos ríos: nos quedan todos los demás ríos y los lagos, la mar nuestra que pronto llegará como a setecientos quilómetros rumbo al horizonte. Toda la mar restante. Y la Antártida.

Por no hablar de otros litorales, observemos que nuestros balcones al mar son municipalmente hablando Montevideo, Canelones, Maldonado y Rocha. No hubo en ellos, tampoco hay aunque vamos a tratar que haya, políticas municipales referidas al mar salvo algunas de carácter turístico.

Desgraciadamente parece que el mar es apenas de uso veraniego y para bañarse.

Pensemos solamente, por poner un solo y modesto ejemplo, en los pescadores artesanales.

Le dimos la espalda al mar.

Destruímos la marina mercante de ultramar incluyendo la petrolera. La fluvial y la de cabotaje.

Los diques y astilleros languidecen o están muertos como la industria pesquera en tierra salvo honrosas excepciones.

La Armada no ha escapado de esos golpes.

Pero no se puede tapar el cielo mirando para otro lado. El cielo y la mar seguirán allí: imponentes.

Se trata de nuestro Departamento número veinte. El más grande. Tanto que pronto cubrirá más espacio en el planeta que los otros diecinueve juntos.

Nos une, como un camino, a la Antártida y al Atlántico Sur donde el futuro nos espera; a las costas de Africa que son nuestros países vecinos olvidados; a las de Brasil y de Argentina; al Estrecho de Magallanes y por él al Pacífico; al Pacífico también por nuestros puertos actuales y futuros con sus nervaduras carreteras, ferroviarias, aéreas y fluviales; nos mete corazón adentro del Continente y, en fin, con nuestra flota pesquera y la segurísima mercante que el destino nos depara, nos une con todo el mundo.

Porque somos un país marítimo.

Es apremiante el mandato de la geografía, la Historia y el Futuro.

Andaremos por la vida con un remo al hombro...

Ahorramos detallar la interminmable lista de tesoros que ese vasto espacio guarda para nosotros: animales, vegetales y minerales. Acuáticos, subacuáticos y subterráneos. Genéticos, científicos y culturales. Extractivos, industriales y de servicios...

Por los caminos del mar y desde el mismo mar; por los ríos y en los lagos y desde ellos, nos viene y vendrá la energía incluyendo la eólica y la de las olas.

Necesitamos una Política Marítima de Estado. Que traspase gobiernos y Partidos. Que sea una Empresa Nacional.

Necesitamos un Ministerio Marítimo y, mientras tanto, un organismo que coordine y ejecute esas actividades.

Que una las fuerzas ya disponibles y desarrolle la potencial disponible haciéndola realidad.

Que incluya varias Universidades Marítimas y aunque siempre hemos criticado que haya tantos abogados, ahora abogamos porque los haya pero expertos en Derecho Marítimo Internacional (hay muy pocos).

Que vitalice nuestras flotas, sus diques y astilleros comenzando urgentemente por la petrolera y ahora también la gasera.

Que impulse y apoye la industria y los servicios vinculados.

Somos optimistas: hemos recorrido el país muchas veces realizando actividades grandes y chicas y podido ver, con sorpresa, en los rincones más perdidos y más alejados de la costa, entre la multitudinaria gente humilde, una muy extraña curiosidad sobre estos asuntos. Porque no dejaba de ser extravagante a primera vista hablar de estas cosas por ejemplo en Isla Mala o en Noblía. Duerme en nuestra gente un raro interés que despierta en ella una lluvia de preguntas.

Se ve que en el alma de este pueblo, a pesar de todo, hay una profunda añoranza del mar que le dio origen.

Tenemos que cambiar el mapa mutilado: enseñarle a nuestros hijos y nietos y al mundo, el Uruguay completo. Que incluya la patria de agua.

Ahora que hay debate sobre educación bueno sería corregirlo.

ELEUTERIO FERNÁNDEZ HUIDOBRO
13/11/06

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La República: El Lunes, 14 de abril, 2008 - AÑO 11 - Nro.2879.
con motivo del congreso de su sector, la Cap-L, el senador Huidobro declaraba:

Nro.2879(http://www.larepublica.com.uy/politica/307075-no-queremos-robarle-votos-a-nadie-construimos-un-porton-de-entrada
“Le dimos la espalda al mar y se la seguimos dando”… *
Por Eleuterio Fernández Huidobro Senador de la República - Fundador y dirigente del M.L. N.- Tupamaros.
Los uruguayos (en enorme mayoría) y a lo largo de nuestra historia le hemos venido dando cinco espaldas al país o cinco veces la espalda. Es por ello que muchos dudan de su viabilidad.
Sencillamente porque con tanta espalda puesta contra el horizonte sólo se puede ver un pedazo, y pequeño, del ombligo. Si a tal paisaje lo consideramos “el país” entonces está claro que no es viable.
Le dimos la espalda al mar y se la seguimos dando. Es algo inexplicable. La extensión de los intereses marítimos orientales es mayor a la de las áreas terrestres. Llega por el mar hasta la Antártida y sus aledaños y sube por los ríos y lagos, país y continente adentro.
Le dimos la espalda al subsuelo tanto del mar como de la tierra y se la seguimos dando. Hacia “abajo”, de Uruguay sólo conocemos o nos ha interesado conocer hasta el lugar adonde llegan las raíces del pasto. Como si el Uruguay fuera nada más que una finísima lámina. Cabe señalar subsidiariamente que también se la dimos al cielo (recién ahora tendremos radares para saber quién va y quién viene por él) y al espacio (donde poseemos derechos satelitales).
Le dimos la espalda a la tierra comprando veleidades urbanas (para colmo exhóticas, envasadas y mal traducidas) que se nos instalaron en la cabeza y por ella en el territorio (país macrocefálico y no solo centralizado sino centralista). De esas malformaciones la peor, por lejos, es la mental. Será la más difícil de erradicar porque las neuronas anquilosadas carecen de cintura apropiada como para que el cuerpo ya calcáreo también pueda darse vuelta. Como si fuera una heladera.
Le dimos la espalda a la industria. Incluso la combatimos. Hubo un Ministro de Economía y Finanzas que con flagrante honestidad intelectual llegó a plantear la disolución del Ministerio de Industria, Energía y Minería. Y lo logró.
Presenciamos, paralizados por la sorpresa, la más grande demolición industrial del mundo (en términos relativos a nuestro tamaño) y nos quedamos a vivir entre las ruinas de un grande cementerio industrial (que pueden verse todavía como vestigios de una civilización pretérita asolada por la caída de un meteoro).
Le dimos finalmente la espalda a la gente que comenzó a hundirse en la pobreza y por ella en la indigencia hasta llegar al submundo de la exclusión. Pero también al mundo del envejecimiento poblacional y la emigración.
Si no nos revertimos; si no decidimos poner espalda contra espalda olvidando el ombliguismo y así poder mirar para afuera, no podremos ver al desintegrado país descuartizado. Al país así roto. Al Uruguay entero que debemos reconstruir, restañar, cicatrizar, unir. El único viable que a la vez es extremadamente viable.
Esta es además una ecuación “matemáticamente” demostrativa de que a pesar de todo (incluso de nuestra ceguera) Uruguay también existe.
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Tambien en el diario La República del jueves 6 de marzo del 2008, en un articulo de su autoría el senador Huidobro escribía:
LA HORA DEL SUBSUELO
Por Eleuterio Fernandez Huidobro Senador nacional, escritor
Mirando hacia adelante y en hora de analizar ejes programáticos en todos los partidos, proponemos darle llegada a "la hora del subsuelo".
Como ya es sabido, los uruguayos le dimos la espalda al mar en mala hora. Nacidos como bastión marítimo del Imperio Español en el Atlántico Sur y siendo en aquel principio tres puertos (Montevideo, Maldonado y Colonia), fuimos por eso "Manzana de la Discordia" entre casi todos los imperios que en el mundo han sido hasta nuestros días.
Sería largo buscar aquí las causas del error cometido cuando renunciamos a nuestra evidente vocación marítima, fluvial y portuaria.
Por suerte, o tal vez por mandato ineludible de la geografía, la economía y la historia, volvemos a mirar de frente esa herencia y reiniciamos la tarea enorme de irla tomando en nuestras manos.
Es como reiniciar un camino por el que hasta cierto punto habíamos venido navegando.


Consideramos entonces, que si figuras tan preponderantes del reciente gobierno electo, como el senador Huidobro piensan así, tenemos esperanzas ciertas de que la actual situación de "espaldas al mar" que vive nuestro país, según cita el mismo senador Huidobro, muy pronto se va a revertir,esperamos poder verlo y participar en ello .

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