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20 dic. 2009

El accidente del "CAPTAIN PAPIS".


En estos últimos días la sociedad uruguaya se vio conmovida por el trágico hundimiento del buque de bandera panameña “DANNY F II” frente a las costas del Líbano conduciendo 17 mil vacunos y 10 mil lanares. Entre los tripulantes se encontraban cuatro uruguayos, Rubén Darío Perdomo, Guillermo Ríos Jiménez, Nicolás Achard Muñoz y Juan Pablo Acosta que felizmente pudieron salvar sus vidas.
Este in suceso permite aflorar en la memoria colectiva el sufrido en nuestras propias costas en 1968....

“Como ocurría diariamente una embarcación más se aprontaba para salir del puerto argentino de Concepción del Uruguay y todo indicaba que el comienzo de la travesía se desarrollaría de forma normal. Fue así que a la orden de zarpar el buque “CAPTAIN PAPIS” en poco tiempo comenzaba a cortar con su proa las aguas del Río Uruguay para dirigirse a mar abierto.
Este barco de origen chipriota adaptado en su interior para trasladar animales vivos en cantidades importantes presentaba 8.905 toneladas y una eslora de 125 metros, al partir de tierras argentinas albergaba a unas 12.000 ovejas provenientes de esa nación y de Uruguay. Estas serían conducidas hasta un puerto de Libia en el continente africano, donde las ovejas constituían un cargamento sumamente valioso y esperado.
La tripulación constaba de quince hombres y eran acompañados por veintiséis cuidadores para las ovejas y dos veterinarios.
Captain Papis fondeado en la costa uruguaya. Foto Daniel Gemino.

Se produce el encallamiento del “CAPTAIN PAPIS” en el Río Uruguay cerca de la costa sanducera el 1° de Marzo de 1968, desencadenando una situación alarmante y trágica.
Las consecuencias del accidente no se hicieron esperar; de estas la más grave fue la interrupción de la normal ventilación de los animales transportados y la dificultad de poder acceder a ellos, lo que en pocas horas condujo a la muerte de centenares de ovejas, cifras que se acrecentaban a medida que las horas transcurrían y el barco continuaba en su posición a pesar de los denodados esfuerzos realizados por remolcadores de ambas orillas.

“Cinco mil de las doce mil ovejas cargadas a bordo del barco chipriota “Captain Papis” han perecido ya por falta de ventilación, mientras el buque sigue varado a la altura del kilómetro 181 del Río Uruguay.” (EL DIARIO, 4 de Marzo de 1968).

Ya para el martes 5 de Marzo se establece en la prensa que casi la totalidad de los animales habían perecido y que el lugar se veía rodeado por una densa nube de insectos que llegaron a sorprender a lugareños por su tamaño y por la presencia de especies características de zonas lejanas a aquel punto.

En tanto se decidía la fumigación del barco desde el aire, el capitán Anastasios Kariotis y el resto de los tripulantes que habían salido ilesos del contratiempo inicial fueron trasladados a la costa uruguaya y ubicados en un improvisado campamento.

Al día siguiente se escribiría un nuevo capitulo trágico en esta horrorosa historia, los tripulantes del barco seguían realizando trabajos a bordo para controlar la situación, se formaron turnos y mientras unos descansaban y se desintoxicaban en tierra otros subían a su buque.
Las tareas eran enfrentadas con insuficientes medios para la correcta protección de los hombres en el irrespirable aire y esto provocó que algunos no pudieran soportar más tiempo sobre cubierta. Para liberarse del infierno que vivían, dos tripulantes deciden arrojarse al río con el fin de alcanzar la costa argentina y huir. Uno logró su objetivo pero debió ser hospitalizado por presentar un severo estado de intoxicación, mientras tanto su compañero Roberto Enrique Pérez que emprendía su segundo intento ya que previamente había alcanzado a nado la costa y las autoridades policiales lo habían devuelto a su nave, perecía ahogado.

Esto ejemplifica claramente lo que se experimentaba al estar a bordo del “CAPTAIN PAPIS” y lo sacrificado que era el trabajo de la tripulación en aquel entorno.

Dieciocho días después de la encalladura la tripulación comunica su decisión de no regresar al “CAPTAIN PAPIS” por las condiciones que este presenta, por lo cual fue necesario sustituirlos por personal uruguayo.
Ese mismo día partiría en horas de la tarde desde Montevideo el remolcador “ARTIGAS” con el propósito de hacer zafar al barco chipriota y trasladarlo más tarde hacia las cercanías de la costa capitalina.

Por fin los trabajos de los remolcadores tuvieron éxito y lograron liberar de su trampa al “CAPTAIN PAPIS” para traerlo y fondearlo el 30 de Marzo frente a la Isla de Flores, un mes después del accidente y de la muerte de las ovejas que constituían su carga.
Si bien la zona y la población correspondientes al lugar donde encallara el siniestro barco se vieron liberadas de la amenaza que tenían frente a sí, la nueva situación y la normal flotación de la embarcación no llevaron a que se realizaran en los tiempos establecidos los definitivos pasos para de una buena vez por todas higienizar adecuadamente la nauseabunda estructura del barco.

Al respecto el viernes 19 de Abril aparecía lo siguiente en EL DIARIO: “A cinco kilómetros de las playas de Shangrilá está instalado desde hace 20 días el “PAPIS” con 12.000 ovejas putrefactas y su corte de moscas y microbios.
El carguero amenaza con contaminar las aguas y poner en peligro la salud de la población capitalina, creando epidemias y focos infecciosos. La Administración de Puertos lo sabe bien”.


Pero en definitiva y luego de varias etapas concluidas el “CAPTAIN PAPIS” parte alejándose de nuestras costas con el objetivo de su correcta limpieza y desinfección el domingo 12 de Mayo, con una tripulación de 66 hombres que eran acompañados por las cinco únicas ovejas sobrevivientes.
“A las 13.30 partió de la rada exterior del puerto montevideano el carguero chipriota “Papis”. Lleva 66 tripulantes que conducirían al buque a ciento ochenta millas mar afuera de la Isla de Lobos para proceder a su limpieza, desinfección y alijamiento.”

“En la nave irán treinta y seis hombres pertenecientes a la Administración Nacional de Puertos, a cuyo cargo estará la conducción del buque pero que no intervendrán en las tareas de limpieza, alijamiento y desinfección de sus bodegas donde todavía se encuentran doce mil ovejas muertas. Estas tareas correrán por cuenta de los treinta funcionarios contratados por la firma “Christophersen” (ganadora de la licitación convocada por el organismo) y percibirán $ 75.000 por los quince días de la travesía.”. (EL DIARIO, domingo 12 de Mayo de 1968).

Y así fue que una vez concretado el nada agradable trabajo se inicia el retorno a Montevideo, donde se fondearía el sábado 1° de Junio en horas de la mañana y posteriormente comenzarían las inspecciones del caso”*.

*Extracto del libro “Historias del Uruguay Marítimo en el Siglo XX” de Juan Pedro Gilmes.

Juan Pedro Gilmes.