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4 oct. 2009

Homenaje a Morosoli en el Día del Patrimonio 2009.





En este año 2009 se celebra durante las jornadas del 26 y 27 de Setiembre un “Día del Patrimonio” tan especial como significativo, se resalta todo aquel patrimonio cultural material e inmaterial que ha de vincularse estrechamente con las “Tradiciones Rurales” de la República Oriental del Uruguay. A decir del Ministerio de Cultura se homenajeará “…lo concerniente al idioma, la literatura, gastronomía, vestimenta, música, danza, herramientas y oficios, creencias, quehaceres, relatos, juegos, diseño arquitectónico y lugares relacionados con costumbres o hechos históricos e historias de los sitios poblados” .
Bien merecido y justo es el homenaje que todo el país efectuará en esta fecha a las mujeres y hombres que con su cultura propia permitieron crecer la idea de una nación libre, soberana y a la vez capaz de aprovechar su espacio rural para construir la columna vertebral que daría sostén a la sociedad uruguaya.

Y uno de esos “lugares relacionados con costumbres o hechos históricos e historias de los sitios poblados” son sin temor a equivocación los cursos de agua que bañan la República y que a similitud de venas y arterias se ramifican y alcanzan bajo una forma u otra la extensión de su territorio.

En incontables historias, leyendas o hasta en el mismo origen de un pueblo, de una ciudad aparecerá la imagen de un río, de un arroyo, de una laguna o quizás del amplio océano acompañando el surgimiento o haciendo sustentable, rentable una actividad, una población; el agua bajo sus diferentes denominaciones según caudales y características se hará presente.
No solo se entrecruzan en la historia el ámbito rural y marítimo dando una policromía de oficios, de herramientas, de quehaceres y de relatos dignos del recuerdo, sino que se hermanan desde el comienzo de los tiempos para dar lugar al país del “río de los pájaros pintados”.

Desde la balsa o bote casero que atraviesa un arroyo hasta el más grande navío que cruza los océanos del mundo, se interrelacionan de manera tal, aunque el imaginario colectivo lo ignore, ya sea por desconocimiento o por obvio, que permiten la dinámica existencia del ayer como del hoy tanto del hombre que habita en el interior más profundo del territorio oriental y que transita sus días produciendo los frutos de su lugar, como de aquel que los goza en el punto más distante del orbe.

Desde la salida de los primeros cueros vacunos del lar oriental pasando por la más amplia variedad de productos manufacturados trabajados a mano y sudor, a tambo y criadero, hasta los animales en pie que hoy transitan el acuoso espacio que une continentes y gentes, la actividad rural más pura, amplia y fecunda del ser oriental se ha complementado, se ha completado con la sapiencia que sus hombres aplicaron para dominar y poderse servir de las aguas que bañan de forma generosa riberas departamentales, pueblerinas o simplemente pasos angostos y poco profundos en condiciones naturales, pero que saben embravecerse y profundizarse ante el rugir de los elementos. Lugares recónditos del campo uruguayo que solo los baqueanos y los matreros de otrora conocían sus picadas por donde ganar la otra orilla para trabajar, conducir mercancías o simplemente escapar de algún apuro.

“…iba vaciando los cargueros dentro del bote, y partía río abajo hasta algún sitio imposible que sólo conocían él, los contrabandistas y los gatos monteses.”, expresa Juan José Morosoli en “El balsero”, y agrega “Por la balsa –dos o tres veces al año- cruzaba el vecindario salvando las crecientes”.
Acompañando el relato y su paisaje se nos enseña que “En la noche la costa estaba agujereada por los fuegos de los pesqueros. Faroles de luz viva viajaban por el agua en faenas de pesca a la encandilada, violando la intimidad de las cosas del río” .

La cita del autor minuano nacido el 19 de Enero de 1899 y fallecido el 29 de Diciembre de 1957 si bien es pertinente no es casual, hoy siendo uno de los personajes homenajeados en esta celebración del Patrimonio uruguayo, queremos recordar un hecho que en este 2009 cumple 100 años y que vincula a Juan José Morosoli con el puerto de Montevideo y también con el “mar”, seguramente por vez primera.
En 1909 cursando quinto año en la Escuela “Artigas” de su Minas natal el niño Morosoli obtiene el primer lugar en un concurso realizado sobre el tema “El Juramento de la Constitución”. Este logro fue premiado con la invitación para integrar la comitiva de la ciudad de Minas que viajaría hasta Montevideo con el fin de hacerse presente en un hecho de singular trascendencia para el país todo, como era la inauguración de una parte de las obras del Puerto de Montevideo que habían comenzado a erigirse a partir del 18 de Julio de 1901. El día elegido para la celebración de carácter nacional era el 24 de Agosto de 1909 uniéndose al marco festivo del tradicional 25.
Lo cierto es, que el niño Morosoli, quien ya demostraba su talento y capacidad para desempeñarse en el exquisito campo de las artes, no pudo disfrutar de su merecido reconocimiento de forma completa ya que la promocionada y ansiosamente esperada inauguración de las obras portuarias se suspendería pocas horas antes de su comienzo oficial, programado para las 10 de la mañana, por un in suceso acaecido en las propias aguas de la bahía montevideana. Fue cuando el reloj marcaba algo más de las 6:30 de aquel 24 de Agosto que el vapor “COLOMBIA”, proveniente de Buenos Aires y que presuroso se acercaba al Puerto de Montevideo para poder él y sus pasajeros formar parte de la fiesta que se preparaba en el muelle Maciel, choca con el buque alemán “SCHLESIEN” produciéndose el fallecimiento de unas 100 personas que viajaban a bordo del “COLOMBIA”. La tragedia producida llevó a suspender el acto que encabezaría el propio Presidente de la República Claudio Williman y con ello Morosoli retornaría a su ciudad sin haber podido concretar el principal objetivo de su viaje y el del resto de la delegación minuana.

Es por eso que al cumplirse cien años de aquel momento de la vida del poeta, narrador, ensayista y dramaturgo uruguayo que lo vinculara al particular medio marítimo, el “Grupo Interinstitucional de Fomento de la Cultura Marítima y Portuaria” desea homenajear y recordar a Juan José Morosoli y de alguna manera saldar aquella deuda que el infortunio generara.
El “Grupo Interinstitucional de Fomento de la Cultura Marítima y Portuaria” busca profundizar la Conciencia Marítima existente en nuestro país a través del desarrollo de una Cultura Marítima, cosa se nos ocurre semejante a lo que Morosoli procuró a nivel rural; el escritor en su obra relaciona, con lo ya jerarquizado a nivel colectivo, a mujeres y hombres, trabajos y tradiciones propias de aquello que quedaba por fuera de las ciudades, por fuera del legado histórico reconocido.

Expresó Heber Raviolo, que sus personajes “Son seres sin historia, hemos dicho, o que de alguna manera están ya condenados a quedar fuera de la historia, verdaderos anacronismos en la época del automóvil y del avión, pero, no lo olvidemos, representantes de formas de vida que han tenido miles de años de vigencia y que el siglo XX ha arrinconado en los suburbios de los pueblos o en las soledades de los campos antes de sacarlas definitivamente de la Troya” .

Los habitantes de los escenarios más comunes de Morosoli, campo y suburbios, son para Arturo Sergio Visca “…seres humildes que pululan en los cuentos del autor y que, inicialmente, es posible en muchas ocasiones, caracterizarlos con el nombre de un oficio; esos personajes son monteadores, garceros, chacareros, albañiles, soldados, lavanderas, artistas de circo, rezadoras, peones de estancia, fabricantes de ataúdes, siete oficios” .

Estos dignos representantes de nuestro medio rural y también del ciudadano inmortalizados por Morosoli son los calafates, carpinteros de ribera, remachadores, fraguadores, caldereros, soldadores, mecánicos, sopleteros, torneros, marinos y marineros, pescadores, del también nuestro, medio marítimo. Quienes han sido baluarte y sostén de la construcción de la identidad nacional junto a otros oficios, junto a políticos, profesionales, artistas y prohombres.

Como expresara Marc Bloch en su obra “El Oficio del Historiador”:

“Detrás de los rasgos sensibles de los paisajes, de las herramientas o de las máquinas, detrás de los escritos aparentemente más fríos y las instituciones aparentemente más alejadas de quienes las establecieron, es el Hombre lo que la Historia quiere capturar”. Y sin alejarnos de la obra de Morosoli queremos repasar, de Barrán, Caetano y Porzecanski lo siguiente sobre “la memoria”:
“Ya no sólo en carácter de testimonio, la memoria se quiere entonces como voz de aquellos que no la han tenido: las tradicionales culturas sin escritura acopladas imperativamente al "proceso civilizatorio", las subculturas –al interior de las sociedades contemporáneas- que han estado relegadas a los márgenes…”

En el final citar y recordar a alguien que en este contexto y celebración ha de tenerse también muy presente: Joaquín Lenzina (Ansina).

“¡Patria Oriental del Uruguay!
¡Tierra del charruá y del mar!”


Juan Pedro Gilmes Bello.