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7 ago. 2009

Salvemos al "Enriqueta" ( l l )


























La asombrosa historia del Enriqueta, un tesoro del rioplatense a la espera de un digno destino
patrimonial.



Un histórico remolcador fluvial, último superviviente de la astillería nacional del siglo XIX, será la primera plaza marítima de América Latina, museo flotante, crucero cultural y turístico por la bahía de Montevideo, entre el puerto y el Cerro. Una noticia fantástica. Tan fantástica, que todavía es una quimera que ilusiona a expertos hombres de mar, académicos, funcionarios portuarios y vecinos de la Ciudad Vieja. Con 115 años recién cumplidos, el Enriqueta fue rescatado de la muerte, luego del temporal del 23 de agosto de 2005, pero apenas flota vulnerable, casi agonizante.






Por Armando Olveira Ramos
En base al artículo publicado en el semanario Brecha, de Montevideo, el 7 de agosto de 2009. Fotos de Diana Pereira y del Archivo Julio Chocca.

Enriqueta el barco de la memoria:

El arqueólogo Antonio Lezama no lo podía creer. El buzo experimentado, director del Programa de Arqueología Subacuática de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, lo vio por
primera vez a mediados del mes pasado. Como integrante del Grupo Interinstitucional deFomento la Cultura Marítima y Portuaria, había sido convocado para que aportara una opinión académica sobre el valor patrimonial del barco que yace trincado, de proa a un muelle perdido de la bahía.
Cuando cruzó el puente armado a las apuradas, con cuerdas y maderas, que lo condujo a la cubierta, puso atención en su popa en espejo, del tipo cola de pato, similar a la de las carabelas de Colón.
“Un ejemplo de trabajo artesanal, de conocimiento histórico, pero también del saber técnico: la proa en espejo le da flexibilidad a la navegación, facilita la maniobra y el timoneo”, explica Lezama.
El Enriqueta fue armado en 1894, en el astillero de la naviera Lussich, por entonces ubicado en el
extremo este de la bahía de Montevideo, donde hoy está la escollera Sarandí, frente al Hotel
Nacional. Fue diseñado como un típico carguero de su época, por pedido de la barraca Mann
George Depts, dedicada al comercio de carbón.
Construido con curupay y lapacho, madera dura traída desde Paraguay, su primer motor fue una máquina a vapor de dos cilindros, sustituido pocos años después por un diesel Deutz, de 600
caballos de fuerza, luego cambiado por otro de mayor potencia.
Su doble casco interno permanece intacto a pesar de sus 115 años repletos de inclemencias. Su
interior es protegido por cuadernas trabadas en cobre, bronce y hierro galvanizado, y sostenido por una viga de madera que se sumerge 20 centímetros en el agua, para entregarle una solidez
invulnerable.
Una recorrida por sus 22 metros de eslora y sus seis metros de manga, permite imaginar a
tripulantes remolcando un buque o rescatando a naúfragos que en su desgracia perciben una muerte inminente. Pero también fue un improvisado navío militar.
El 4 de diciembre de 1896, en plena revolución liderada Aparicio Saravia, cuando era casi
inexistente una armada oficial, el presidente Juan Idiarte Borda despachó una flota improvisada con tres buques civiles artillados con un pequeño cañón en proa. Las fuerzas gubernamentales
consiguieron dispersar a los insurgentes con apoyo fluvial del Fulton, el República y el Enriqueta.
Cuatro meses después, un nuevo intento rebelde, liderado por el coronel Diego Lamas, desembarcó en las costas del departamento de Colonia, en un ataque desde territorio argentino, coordinado con otro contingente blanco al mando de José Núñez, que ingresó por Conchillas. No tardó la respuesta del teniente coronel marinero Jorge Bayley, coordinador de la militarización del carguero de cabotaje Tabaré, del mercante República y también del Enriqueta comandado por el capitán Ricardo Couces Rodríguez. Los revolucionarios fueron derrotados, pero, poco después era asesinado Idiarte Borda. Su sustituto, Juan Lindolfo Cuestas, fue firmante de la paz con el Partido Nacional, en el llamado Pacto de la Cruz, el 18 de setiembre de 1897.


Héroes y sabios



El Enriqueta es tres lustros más viejo que el nuevo puerto de Montevideo, inaugurado el 25 de
agosto de 1909. “Era un barco muy marinero. Recorrió el Río de la Plata hasta la Argentina y el
Atlántico hasta Río Grande do Sul. Transportó barcazas, fue reparador de cables entre Montevideo y Buenos Aires y también transportaba pasajeros desde y hacia los transatlánticos”, evoca Julio Chocca(DINARA), redactor de un informe para el Grupo Interinstitucional de Fomento la Cultura Marítima y Portuaria. A mediados del siglo pasado fue adquirido por la empresa Reyla que le asignó su función definitiva de remolque y asistencia de los buques que llegaban a Montevideo.
La valentía y pericia de su tripulación en la tragedia del Royston Grange, forma parte de la mejor historia portuaria. El 11 de mayo de 1972, a las 5.20 de la mañana, el carguero inglés se
transformaba en una gigantesca pira de metal y sangre, luego de chocar con el petrolero liberiano Tien Chi. El infausto saldo de 82 muertos no menoscaba una labor heroica de marinos y rescatistas uruguayos que enfrentaron el siniestro en el Canal del Indio. Al año siguiente condujo a la chata de carga Queguay, por los ríos Paraná y Uruguay, y en 1980 al Daymán II, en otro periplo que aún se recuerda como una hazaña fluvial.
Comandado por el capitán Héctor Lee, el 14 de julio de 1987 realizó otro épico salvamento en el
terrible y luctuoso Banco Inglés, Luego de tres días de tironeo alcanzó liberar de la varadura al
buque pesquero japonés Chidori Maru N° 38, de 80 metros de eslora. Las fotos de época describen la emoción de los 16 tripulantes rescatados.
Con la llegada de nuevos remolcadores a la empresa Reyla, en la década de 1990 fue desafectado
del servicio activo, pero nunca dejó de navegar, aunque ya no competía con las nuevas tecnologías.

Bien de Interés Cultural


A pocos metros de su amarre, en un muelle escondido, ubicado a pocos metros de la rambla
portuaria casi Colombia, reposan los restos de otro remolcador histórico: el Guarino, construido en 1913.
Una mañana del julio estuvo allí el abogado Alberto Quintela, miembro de la Comisión del
Patrimonio Cultural de la Nación, y el arqueólogo Alejo Cordero, técnico de la oficina
gubernamental, para quien comparar fue inevitable. “Ver al Guarino es imaginar un futuro
indeseable para el Enriqueta, que todavía es rescatable en su totalidad; pero estamos en una carrera contra el tiempo”, señala Cordero.
Para Quintela la figura legal más recomendable es la de Bien de Interés Cultural. “Aunque no existe una norma que permita declararlo oficialmente como BIC, de todas formas merece una protección urgente, mientras se aguarda la aprobación de una nueva Ley del Patrimonio”.
Con ese objetivo se formalizó una coordinación entre la Comisión del Patrimonio, el Programa de
Arqueología Subacuática, la Intendencia de Montevideo y el Grupo Interinstitucional de Fomento la Cultura Marítima y Portuaria. Una acción multidisciplinaria sin antecedentes, que suma a marinos experimentados, académicos, funcionarios portuarios y vecinos de la Ciudad Vieja que se proponen transformar al Enriqueta en la primera plaza marítima de América Latina, museo flotante, crucero cultural y turístico por la bahía de Montevideo, entre el puerto, las islas costeras y el Cerro.
Un equipo del PAS inició una investigación arqueológica y antropológica, de organización de
archivos y entrevistas a antiguos tripulantes. “Un relevamiento material e inmaterial que propone comprender su valor cultural dentro de un contexto histórico”, explica la arqueóloga Bianca Vienni.
“El futuro del Enriqueta depende de un plan de gestión que permita recuperarlo, y que luego le
aporte sustentabilidad, por ejemplo, por medio del turismo patrimonial”, afirma Antonio Lezama, entusiasmado con la aptitud de la emblemática embarcación.
“El ejemplo del Enriqueta nos pone frente a un tema crucial. Está bien que el puerto comercial
crezca porque el país lo necesita, pero el puerto debe dialogar con su ciudad, porque es la matriz de la ciudad. Para que no se pierdan bienes como el Enriqueta, debiera abrir sus puertas a la gente, con un plan de difusión de la cultura marítima”, concluye Alberto Quintela.


El espía


14 de diciembre de 1939. En aquella tarde, inolvidable, fue uno de los primeros en controlar los
cabos del acorazado de bolsillo Graf Spee, que ingresaba maltrecho a Montevideo, luego de la
célebre batalla del Río de la Plata. Un rescate profesional que en realidad encubría una maniobra de espionaje. Entre marinos, mecánicos, soldadores y tanques de oxígeno, la diplomacia británica
había colocado a dos agentes secretos de su Majestad. Todo el tiempo que el temido buque nazi
estuvo atracado en el puerto, hasta su expulsión por orden del gobierno uruguayo, el Enriqueta
permaneció a su lado, con el pretexto de que iba a ser la base del auxilio contratado a la empresa
naviera Regusci y Voulminot. Nunca hubo tal reparación de averías, pero el viejo remolcador jamás se movió de allí, transformado en una atenta oficina de vigilancia militar. Por entonces era
propiedad de la barraca de carbón y sal Mann George Depts, de capitales ingleses. La anécdota es contada por el ex embajador Sir Millington Drake en su libro El drama del Graf Spee y la Batalla del Río de la Plata.


“El mar lo mueve todo”


Manuel Medina es un mecánico naval que puede contar miles de historias del puerto de
Montevideo. La más emocionante sin dudas, para él: el rescate del Enriqueta cuando corría riesgo de ser destruido por la indiferencia.
-¿Cómo fue el accidente?
-Fue el 23 de agosto de 2005, por aquel temporal impresionante. Estaba amarrado en un pequeño muelle, con una grúa al lado que también se desamarró. Por el temporal debí quedarme toda la noche en mi oficina de Tsakos, y pude ver como la grúa empujó al Enriqueta contra las rocas y lo volcó a estribor. Cuando baja la marea se ve la marca que dejó. Recuerdo que esa noche fue un caos. Los barcos se soltaban, hubo un blak out eléctrico. El viento fue tan fuerte que hasta arrancó el anemómetro del puerto.
-¿Por qué se decidió a rescatarlo?
-Porque amo la madera, y porque le prometí con un amigo, el ingeniero Carlos Guarino, que ese
barco increíble va a volver a navegar. La ANP exigía que fuera quitado de allí y la empresa
propietaria iba a desguazarlo. Era un crimen vender por partes al barco más antiguo del país.
El rescate nos llevó casi dos años. Lo fuimos desplazando de a 15 o 20 centímetros por día, hasta
que vino la marea y lo liberó. Creo que fue el trabajo más difícil que tuve en 34 años de mecánico
naval. Es que el mar lo mueve todo.
- ¿Y ahora?
- La tarea más urgente es el calafeteo a babor del casco, el sector más afectado porque en la
volcadura quedó al sol, y el sol es el peor enemigo de la madera de un barco. Cuando el
calafateador empiece su trabajo, será un espectáculo hermoso, y quizá, irrepetible. Es un oficio que se ha perdido: queda un solo carpinterio de ribera. Se llama Carlos Aguiar, y es realmente un artista.


De popa a proa


“Es un barco gallardo, alto, impregnado de toda la nobleza de la madera, que nunca fracasó aún en las misiones más complejas”.
Alejandro Pigorsch, práctico del Río de la Plata, nieto de un ingeniero alemán que fue transportado al Graf Spee por el Enriqueta.


“El Enriqueta es una joya del trabajo portuario. Es un patrimonio que merece ser reconocido y
protegido como forma de preservar nuestra tradición naval, para que las generaciones futuras puedan acceder a su conocimiento y disfrute”.
Daniel Gemino, fundador de la Academia Uruguaya de Historia Marítima y Fluvial, en la revista
Redes.


“Su silueta es evocadora de una actividad primordial de cualquier puerto y no hay que olvidar que fue partícipe de hechos históricos del país. El compromiso social y educativo está planteado, las cuadernas, la cubierta y cada fibra del remolcador aguardan, solo resta redoblar el esfuerzo para que el Enriqueta retome sus singladuras".
Juan Pedro Gilmes, historiador del puerto de Montevideo y del Río de la Plata.




Helios Fulle:Artista Portuario




Helios Fulle. Talento Portuario




“…expreso mis impresiones de la vida a través de lo que hago”.


Hace tiempo que tenemos el gusto de conocer a Helios Fulle como compañero de trabajo, sin embargo fue el proyecto Museo Portuario, al que Helios rápidamente adhirió, lo que nos permitió descubrir al artista.

Cuando le pedimos su currículum artístico para presentar sus obras en nuestro blog, Helios ante nuestra solemnidad respondió:


¿Como curriculum?..., ja jaja!!!!

Luego de reírse de nosotros, nos informó de su fructífera trayectoria artística y social:

" Formo parte desde hace unos años de la Asociación de Artistas Plásticos de Pando, habiendo participado en sus muestras anuales. A veces voy con unos amigos al taller del Pepe Pelayo pero a discurrir de alguna charla con una buena picada y algún tintillo.
Eso si la Asociación me dio la oportunidad de poder diseñar la transformación de un viejo galpón en abandono de AFE en un centro cultural, con salón de exposiciones, teatro, cine, mediateca, aulas para expresión de las artes, y una policlínica, ya que allí no hay nada de eso.

Es de justicia decirte que si bien fue catalogado como una de las cinco obras a concretar por la IMC, aun no se ha hecho nada.

No fui a ninguna escuela, ni taller de nadie famoso, y no famoso tampoco, expreso mis impresiones de la vida a través de lo que hago.

Añore un futuro de utopías, y resulto que Robespierre resucitó".

Pongan parlantes e ingresen a la exposición virtual de obras de nuestro artista del mes: