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22 may. 2009

Reflexiones de Juan Pedro Gilmes





Hoy la sociedad uruguaya está enferma, no es noticia, cualquiera lo puede percibir en su justa medida o desbordante de elocuencia como se expone mediáticamente. Y esto no es solo una simple subjetividad o frase tendenciosa basada en alguna tipología ideológica, nada más alejado de la verdad, lo que sucede es que hoy entre las miserias que caracterizan al ser humano existe una dogmática e interesada compartimentación de las ideas a partir de la cual según se aborde una temática o se exprese de cierta manera un concepto se está respondiendo inequívocamente a una tendencia que se puede encasillar en tal posición o en aquella otra, siendo esto contrario a la libertad y dinamismo que posee el razonamiento humano.

Lo cierto es que Uruguay sufre en términos presentes una eclosión de algo que fue generándose por décadas por la misma sociedad y aquí podríamos hacer ciertas subdivisiones que escaparían al tema pero que darían certezas a la implicancia de algunos sectores sociales con el pródromo analizado, pero también es claro y contundente el protagonismo de aquellos que ostentaron el poder político desde mediados de la década de los sesenta del pasado siglo. Y hacia ahí vamos.

La destrucción de la unidad básica de la sociedad, es decir la familia, fue el comienzo de la gestación de la situación actual de nuestro colectivo.
La necesidad de padres y madres de trabajar en uno o más lugares, encerrando jornadas laborales de 10 y hasta 14 horas afectó la constitución del hogar perdiéndose la vigilancia, la contención que en otras condiciones existían.

Establecidas estas variantes también se irían modificando los valores y principios propios de una familia con los cuales convivían sus integrantes y a la vez se formaban los niños y niñas del hogar; dejamos constancia que no se pretende idealizar el modelo anteriormente existente.
Eso llevó abreviando el sumario, en aumento de los divorcios, apresuramiento en la unión del hombre y la mujer con la separación casi inmediata, las más de las veces con hijos que pagarían las equivocaciones de sus progenitores.
Así niños sin madres, niños sin padres, ausencia de imágenes y formadores. Los cuales al haber transitado caminos similares en su infancia trasladan a sus descendientes sus necesidades insatisfechas cayendo en el desinterés, la libertad excesiva, la carencia en la fijación de parámetros o límites. Acrecentándose la brecha entre el ser humano y los lazos fraternales que hacen al espíritu.
Los niños relegados numerosas veces a un segundo o tercer plano con respecto a las prioridades de madres y padres, para quienes ellos mismos serán lo primero a cuidar y complacer, y de existir la suerte de estar presentes terceros que pudieran cumplir el rol de padres, el desarraigo de progenitor e hijo se cumplira con mayor eficacia.
La “nueva” familia así planteada en un número cada vez más creciente fue año tras año mostrando su existencia.

Esto de forma paralela debe enmarcarse con otras determinantes que fueron la aplicación de políticas, leyes y planes que propiciaron la marginación, la exclusión social, la escasez de recursos financieros, alimenticios y de vestimenta de una proporción considerable de la pequeña y envejecida sociedad uruguaya. Se establecerían para ellos en la gran capital como en los diferentes departamentos de la República espacios donde se aglutinarían y compartirían sus desgracias, convivirían con carencias de todo tipo pero eso si lo más lejos posible de los centros urbanos.
Esos círculos viciosos que se tornaron infranqueables fueron alimentando el abandono del ser humano por el propio ser humano, la miseria, el hambre, la violencia, la drogadicción, la ignorancia, perdiéndose el valor de la vida humana, la propia y la ajena. No conociéndose límites ni respetando autoridad alguna. La sociedad actualmente vive con miedo, desde sectores políticos se escuchan voces que critican y estigmatizan sin disposición al trabajo para revertir la realidad presente que fue engendrándose y alimentándose por décadas. Acaece esto además, cuando genéricamente se ha perdido la educación y los valores, incluidas aquellas personas de edades mayores que eran los que amortiguaban lo cada vez más notorio.
El tiempo hizo lo suyo junto con la naturaleza independientemente de la voluntad humana claro está, fallecieron unos, embrutecieron otros y crecieron aquellos que fueron marginados, excluidos, obligados a sobrevivir con antivalores y conductas impropias al ser humano. Esta “evolución” tal vez puede simplificarse en una fría cuestión aritmética donde las relaciones cuantitativas de los diferentes sectores de la sociedad con sus propias características cualitativas sobre las espaldas, cambian su proporción generándose lo que hoy se vive y se sufre.

El proceso pretendidamente expuesto no responde a una coyuntura particular que se pueda explicar con rápidos términos sociológicos o antropológicos únicamente centrados en un porcentaje de la población, es algo gestado durante mucho tiempo entre la población oriental toda lo que implicó el surgimiento de nuevas formas de interpretar la vida, las conductas individuales y sociales; es una existencia del hoy sin pensar en el mañana.
No es un problema de otros, no es algo a resolver por otros, somos responsables todos y de todos depende el curar a esta sociedad enferma.
La violencia, la indiferencia, el querer imponerse sobre el otro están de forma alarmante esparcidos sobre los habitantes del Uruguay sin respetar clases sociales, profesiones ni localidades. Está en la esencia misma de la sociedad actual, es perentorio actuar, pero actuar todos y cada uno para conjuntamente re cimentar los pilares que deben sostener la vida en convivencia.

La primer lucha es con uno mismo, para luego con el ejemplo y la solidaridad combatir los flagelos implantados y aquellos que subrepticiamente ingresan en hogares y vidas con total consentimiento y aceptación, la referencia es a la televisión y al binomio computadora-Internet, medios que utilizados correctamente son herramientas fundamentales en la educación y el progreso de los individuos, pero usados sin contemplaciones con contenidos lesivos a la moral y al intelecto del ser humano solamente ahondan lo expuesto anteriormente con el agregado de transmitir explícitamente prototipos de personalidades y modismos poco constructivos que conducen a la alienación de la persona.

Las acciones fundamentales a emprender por todos deben centrarse en educación y estímulo permanente de la intelectualidad social que no es más que la suma de cada intelecto presente en el grupo poblacional.
Debe trabajarse en la formación de valores, de principios a través de la educación y de la educación, no es posible que un egresado de las escuelas y liceos nacionales haya superado estas etapas sin saber leer y escribir correctamente. Atiéndanse las situaciones particulares, las problemáticas desde lo gubernamental pero también desde el propio hogar. Base insustituible de la formación humana.

Solo con tratar las consecuencias no alcanza para cambiar la dirección que los hechos han tomado con mayor determinación según pasan los días, se deben aislar las causas presentes en lo analizado y atacarlas con determinación, con convicción, con persistencia y paciencia porque los resultados que podamos esperar (mejorar las condiciones y calidad de vida de todos con salud mental e intelectual) no se habrán de dar en corto plazo debido a las condiciones imperantes en las generaciones presentes.
No se puede reconstruir rápidamente lo que con abnegada labor se destruyó lenta y profundamente.
No hay vacuna posible, no hay software posible, ni cálculos, que compongan el erosionado capital social, la persona.

Evitando la lógica superposición de actores, la generación de espacios que se ocupen de temáticas ausentes en el marco cultural con gran potencial formativo que propicien la reconstrucción cultural y social, es más que necesario. Solo debe pensarse que es posible una conexión con el mundo del trabajo de épocas pasadas por medio de una fotografía, de una herramienta, de un texto y que estos testimonios poseen la capacidad de hablar de compañerismo, lealtad, honestidad, educación, respeto hacia el otro, ayudar, enseñar y aprender, valorar la vida ajena como la propia; en definitiva iluminarán el camino que se ha de transitar para Honrar la Vida
Los centros de enseñanza y centros culturales no solo no están ajenos al trabajo por venir sino que son principales protagonistas junto con cada familia que puebla el territorio uruguayo.


Juan Pedro Gilmes.