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27 nov. 2009

Don Alberto Yumati

Con 93 años y más de 50 años de funcionario portuario en sus espaldas se nos fue el compañero Alberto Yumati.
Entre sus muchos méritos,Yumati se encargó de contar la historia de lo que casi nadie registró: Los depósitos portuarios, y (emulando al profesor Barrán) recogió las pequeñas historias, de carácter costumbrista, que hacen la gran historia de los portuarios.
Su ultimo deseo es que sus cenizas sean esparcidas en su "...querido puerto, que tanto yo lo he recorrido..." como supo decirnos una vez.

Transcribimos a continuación una de esas anécdotas.

Que explotadores!
Recuerdos de Don Alberto Yumati .

Si será verdad aquel tango que decía: “no vayas al puerto...¡te pueden tentar!
Hay mucho laburo, te rompés el lomo, y no es de hombre pierna ir a trabajar.!!!!”*
Para confirmarlo enterense ; en el año 1933, en la descarga de azúcar del vapor Lirniell, que atracó en el Depósito 6, esta operación se realizaba de la siguiente manera:
Dos hombres te ponían la bolsa al hombro desde la plataforma de un vagón, el recorrido hasta la estiba superaba los 40 mts y el estibaje escalonado tenía una altura de 6 mts, allí otros 2 te sacaban la bolsa del hombro, esto se repetía durante 8 horas, lo cual el recorrido se hacía más aburrido que el burro de la noria, el peso de la bolsa era de 80 Kilos, asombrense!!!, con el correr de los años…. los americanos nos copiaron inventando al hombre nuclear!!!!


26 nov. 2009

Alberto Methol Ferré....Portuario!


Pensando el Hinterland Latinoamericano:
Alberto Methol Ferré...Portuario!

"El tema y la óptica nuestra es histórica. No se puede pensar el futuro sin el arraigo en el mundo histórico al que pertenecemos".

Esto quiere decir que para Methol Ferré solo se puede pensar el futuro si el mismo esta estrechamente vinculado al mundo histórico al cual se pertenece.

El historiador Alberto Methol Ferré murió a los 80 años. Profesor de Historia, periodista y escritor fue uno de los intelectuales más influyentes del Río de la Plata, tras su libro "Uruguay como problema," publicado en 1967.

Alberto Methol Ferré nació en Montevideo en 1929. Cursó sus primeros estudios en el Liceo Francés de Montevideo y continuó con Derecho y Filosofía en la Universidad de la República.

Se jubiló de sus trabajos siendo Sub Gerente de la Administración Nacional de Puertos. Fue secretario del Departamento de Laicos y luego miembro del equipo Teológico Pastoral del CELAM desde 1974 hasta 1992. Fue miembro del Pontificium Consilium pro Laicis del Vaticano en el primer período (1980-84).
Se desempeñó como docente en la Universidad de Montevideo y en el Instituto Artigas de Servicio Exterior. También fundó y dirigió al revista Nexo (1955-58) y la revista Víspera (1967-75).


"Enemigo de derechas e izquierdas extremas, en igual medida, tuvo una sola pasión: que los sudamericanos volvieran a ser una sola nación",.

Su pasión militante y democrática, carente de todo temor a represalias, lo llevó a rechazar de plano la pérdida de la institucionalidad democrática en Uruguay.
El mismo día en que la última dictadura oriental se hizo cargo del gobierno, empapeló el puerto montevideano con un memorándum de su firma en que se negaba a acatar cualquier orden emanada de los ilegítimos gobernantes.
Naturalmente, quedó sin trabajo. No le importó. Se encomendó, conforme a su convicciones políticas y religiosas, a la Providencia y, poco tiempo después, para su mayor felicidad, fue designado secretario del Departamento de Laicos.


De origen nacionalista luego se acercó a la izquierda y en 1971 fue fundador del Frente Amplio. En abril de este año fue presentado entre los 400 técnicos que apoyaron la candidatura de José Mujica a la Presidencia.
Subimos algunas frases suyas, de un discurso que dió en el 2002, y que nos parece una buena síntesis de su pensamiento.

"Soy un uruguayo, es decir, un argentino oriental; ustedes son argentinos occidentales".

¿Cómo y cuál es la realidad hoy, de los estados-nación? Está el órgano mundial de las Naciones Unidas, y la idea del estado-nación es la idea que se usa para todos los acontecimientos que hoy acaecen en la historia. El conjunto de todas las sociedades públicas se llama “Naciones Unidas”. Hay, según parece, 194 estados-nación en las Naciones Unidas. 194. En esas 194 está la China, el Uruguay, el Paraguay, los Estados Unidos, están las islas de Jamaica o Madagascar… Hay la multiplicidad más enorme de dimensiones y situaciones, para las que se usa el mismo concepto de “estado-nación”. Pero evidentemente si yo digo “Hay 194 estados-nación en el mundo actual”, digo algo que hace ininteligible al mundo contemporáneo, porque estoy aplicando el mismo nombre a elefantes, gorriones y moscas, a una diversidad de situaciones tan heterogénea que el nombre resulta completamente equívoco. Decir que los Estados Unidos es una nación, decir que en la isla de Santo Domingo hay dos naciones, hace que la idea de “nación” se vuelva casi inusable para interpretar ningún acontecimiento. Entonces es indispensable hacer un discernimiento mínimo de ciertos tipos básicos de naciones.

Vuelvo entonces a la idea central: el rasgo común de nuestra Independencia en Sudamérica, en ese proceso que va de 1810 a 1830, es que se produce todo en conjunto, todos tuvieron que ir más allá de sí, o recibir desde más allá de sí, para alcanzar el poder de ser independientes. Y esto es lo que se nos repite ahora. Ahora estamos sintiendo la impotencia de los fragmentos que resultaron, del enanaje que resultó. Ese es el nudo. Entonces eso es lo que me parece más importante hoy. Algo que hemos conversado con amigos en América Latina por años. Con todos esos amigos, en Perú, en Paraguay, en Bolivia, en Chile, sabemos que sin la Argentina no podemos hacer nada. Todo el sur sin la Argentina no puede hacer nada. Pero también les digo, Argentina sin todos nosotros no puede hacer nada, y Argentina sin Brasil no puede hacer nada, y Brasil sin Argentina queda aislado.
Mientras que si se alía con Ecuador, ¿qué significa eso? ¿O con Uruguay? El asunto es la alianza de lo fundamental, y la alianza del Brasil con la Argentina es la alianza entre lo más importante del mundo sudamericano. Y sino, Brasil queda aislado; y pueden pasarle muchas cosas, en la Amazonia, etc., etc. Yo no pienso esto porque haya una suerte de “alevosía” norteamericana, no; pienso simplemente que ellos se sienten más tranquilos si en Sudamérica no se forma ningún centro de poder. Y el único centro de poder serio en Sudamérica lo puede constituir una alianza argentino-brasileña, porque nos arrastra a todos irremediablemente.
Por eso Argentina tiene que saberlo; si Argentina juega el partido como hasta ahora, sola, ¡Argentina está equivocada! ¡Su juego es mucho más amplio, es mucho más rico! Si insisten en actuar con las categorías de lo que se termina, de lo que ya no tuvo éxito, no tienen ningún destino.

Recuerdo que haber leìdo un artículo … donde decía “No queremos nada con el Mercosur, porque eso es poca cosa. Tenemos que aliarnos con los ricos, con Europa y con Estados Unidos” Y yo decía ¿pero este señor piensa que los ricos están interesados en aliarse con él? ¡Qué iluso!



Fuentes:


Bibliografía
Methol Ferrè, Alberto, Uniòn Sudamericana, Segunda fase de la Independencia de Amèrica del Sur, Uruguay : opciones para su inserción en un
Mundo Global. Ediciones de la Banda Oriental, Montevideo
Uruguay, 2002, p.155.
Galeano, Eduardo,
Memoria del fuego(II) Las caras y las màscaras, ediciones del
Chanchito, Montevideo, Uruguay, 1987, p.206.

http://abelfer.wordpress.com/2009/11/15/alberto-methol-ferre/

http://licpereyramele.blogspot.com/2009/11/alberto-methol-ferre.html

http://www.monografias.com/trabajos25/union-sudamericana/union-sudamericana.shtml

3 nov. 2009

Primero una necesidad, luego un sueño, más tarde un proyecto; de proa a la realidad.


La utopía como fuerza histórica:
José Luis Rebellato.
Intelectual radical. Compiladores: Alicia Brenes, Maite Burgueño, Alejandro Casas y Edgardo Pérez. EXTENSIÓN-EPPAL-NORDAN, 2009.

“Existe una tensión entre utopía y racionalidad. En ciertos casos dicha tensión se ha resuelto en favor de la racionalidad y contra las utopías”.

“Ahora bien, las utopías no responden sólo a la racionalidad, sino que implican necesariamente la imaginación. Es decir, en las utopías residen nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros deseos, nuestras expectativas de cambiar la realidad. Ciertamente, también la imaginación radical contiene nuestros deseos de destrucción, nuestras aspiraciones a dominar, nuestra negación del principio de realidad, nuestra omnipotencia. Es por esto que las utopías necesitan confrontarse y mediarse con proyectos sociales, políticos y culturales que apuesten a la vida y que desarrollen las potencialidades constructivas de nuestros sueños y esperanzas.
La utopía sin mediación se transforma en un sueño peligroso, en una apuesta a la destrucción y a la muerte. Las mediaciones sin utopías se convierten en adhesión al principio de realidad, excluyendo toda transformación.
Cornelius Castoriadis nos ha llamado fuertemente la atención en relación al papel del imaginario social. De acuerdo con sus análisis sociales, la institución de la sociedad se despliega según una doble dimensión. La sociedad opera recurriendo a la determinación producida por las conexiones y regularidades. Es decir, recurriendo a una lógica identitaria cuyas funciones son distinguir, ordenar, contar, decir, elegir, designar. Se trata de la dimensión conjuntista identitaria (Cornelius Castoriadis, 1989, II, 123).

Pero también la sociedad opera a través de la dimensión imaginaria, puesto que la existencia es significación. Mientras que en la dimensión anterior predominaba la determinación aquí tiene prioridad la remisión. Se trata de la dimensión imaginaria de la sociedad, que se identifica con la acción de instituir. (Cornelius Castoriadis, 1989, I, 220-1).
En el movimiento de la historia se da una relación permanente entre lo viejo y lo nuevo. Lo viejo entra en lo nuevo de acuerdo a la significación que lo nuevo le da. La historia no es, pues, resultado de un proceso determinista. Para Castoriadis el determinismo es expresión de una metodología de la pereza, puesto que si existen leyes inexorables que se cumplirán en forma indefectible, no hay lugar ni para la reflexión, ni para la creación, ni para la intervención protagónica. El determinismo es incompatible con el imaginario radical”.

“Quien no desea, no se compromete ni elige ni arriesga ni apuesta a la vida. La racionalidad por sí sola no resulta suficiente para la construcción de la autonomía. Ninguna utopía moviliza si no es desde la fuerza del deseo. Es allí además donde se da la verdadera lucha entre el querer ser autónomo y el dominio de lo instituido que busca amaestrar nuestro deseo de autonomía. La racionalidad nos puede ayudar a ver, a escudriñar, a desmontar, a problematizar y a formular nuevas visiones acerca de la realidad. Pero el deseo nos ayuda a querer, a hacer realidad lo que queremos que sea, a un compromiso fecundo, a salir de nuestras seguridades. Ni uno ni otro pueden entenderse por separado. El deseo le da a la racionalidad nuevos argumentos, por la sencilla razón de que no todo es racional. La racionalidad nos permite una autorreflexión sobre nuestro deseo. No hay, pues, utopías sin racionalidad ni deseo, así como tampoco las hay sin esperanza y sin amor”.

Juan Pedro Gilmes.