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1 sep. 2009

Leyendo a Kligsberg: Cultura y Capital Social.





Leyendo a Kligsberg:


(Bernardo Kligsberg es Coordinador del Instituto Interamericano para el Desarrollo Social (INDES)
del Banco Interamericano de Desarrollo)



En este parrafo que extraemos del artículo "Capital social y cultura, claves esenciales del desarrollo" de Bernardo Kligsberg,
se exploran las posibilidades que tienen el capital social y la cultura de aportar al desarrollo económico y social.
Se argumenta aquí que, si bien es cierto que la integración de los temas del capital social y la cultura a las discusiones sobre el desarrollo hace más compleja la búsqueda de estrategias y diseños adecuados, también lo es
que las políticas basadas
en diseños que marginan tales aspectos
han demostrado tener profundas limitaciones.


“...preservar los valores culturales tiene gran importancia para el desarrollo, por cuanto ellos sirven como una fuerza cohesiva en una época en que muchas otras se están debilitando.”

Capital social y cultura,
claves esenciales
del desarrollo

La cultura cruza todas las dimensiones del capital social de una sociedad.
La cultura subyace los componentes básicos considerados capital social, como la confianza, el comportamiento cívico, el grado de asociatividad.
Las relaciones entre cultura y desarrollo son de todo orden, y asombra la escasa atención que se les ha prestado. Aparecen potenciadas al revalorizarse todos estos elementos silenciosos e invisibles, pero claramente operantes, involucrados en la idea de capital social.
Entre otros aspectos, los valores de que es portadora una sociedad van a incidir fuertemente sobre los esfuerzos de desarrollo. Como lo ha señalado Sen (1997a), ‘los códigos éticos de los empresarios y profesionales son parte de los recursos productivos de la sociedad’. Si estos códigos subrayan valores afines al proyecto de desarrollo con equidad reclamado por amplios sectores de la población, lo favorecerán; de lo contrario, lo obstaculizarán.
La cultura es, asimismo, un factor decisivo de cohesión social. En ella las personas pueden reconocerse mutuamente, crecer en conjunto y desarrollar la autoestima colectiva. Como señala al respecto Stiglitz (1998), preservar los valores culturales tiene gran importancia para el desarrollo, por cuanto ellos sirven como una fuerza cohesiva en una época en que muchas otras se están debilitando.
El capital social y la cultura pueden ser palancas formidables de desarrollo si se crean las condiciones adecuadas. Su desconocimiento o destrucción, por el contrario, dificulta enormemente el camino. Cabría preguntarse, sin embargo, si potenciarlos no pertenecerá al reino de las grandes utopías, de un porvenir todavía ajeno a las posibilidades actuales de las sociedades.
La actividad cultural ha sido vista con frecuencia, desde la economía, como un campo secundario ajeno a la vía central por la que debería hacerse avanzar el crecimiento económico. Con frecuencia se la ha tratado de hecho como un área que insume recursos, que no genera retornos económicos a la inversión, cuyos productos son difíciles de medir, y cuya gestión es de dudosa calidad. A su vez, en el ámbito de la cultura también ha existido cierta tendencia al autoencierro y a no buscar activamente conexiones con los programas económicos y sociales, lo que ha creado una brecha considerable entre cultura y desarrollo. Esta situación acarrea grandes pérdidas para la sociedad: obstaculiza seriamente el avance de la cultura, que pasa a ser tratada como un aspecto secundario y de “puro gasto”, y al mismo tiempo tiene un gran costo de oportunidad, ya que no emplea los posibles aportes de la cultura a los procesos de desarrollo.
Para superar la brecha descrita es preciso emprender esfuerzos sistemáticos. La cultura es parte importante del capital social, como lo indican tanto las experiencias reseñadas como otras muchas en curso. La crisis del pensamiento económico convencional abre una oportunidad para que, en la búsqueda de una visión más amplia e integral del desarrollo, se incorporen en plena legitimidad las dimensiones culturales de éste.
. La cultura puede ser un instrumento formidable de progreso económico y social. Sin embargo, allí no se agota su identidad. No es un mero instrumento. El desarrollo cultural de las sociedades es un fin en sí mismo, y avanzar en este campo significa enriquecer espiritual e históricamente a una sociedad y a sus individuos.
Junto a grandes esfuerzos de algunos sectores por promover la cultura y lograr importantes concreciones, se observan reservas y marginaciones por parte de otros ante la tarea de incorporar la cultura a la agenda central del desarrollo. Se le restan recursos, se la hace objeto preferente de recortes presupuestarios, y se la somete a continuos cambios que le restan la estabilidad necesaria para asentar actividades e instituciones.
Se suele argumentar, asimismo que la cultura sería una especie de necesidad secundaria que tendría su lugar cuando otras previas se hubieran satisfecho.
Se llega, en algunos casos, a la situación tan bien descrita por Pierre Bourdieu: “… la ausencia de cultura se acompaña, generalmente, de la ausencia del sentimiento de esta ausencia”.

Bernardo Kliksberg ( R E V I S T A D E L A C E P A L No 6 9).

(Puede solicitar el trabajo completo en PDF solicitándolo a museoportuario@gmail.com y se lo enviaremos con mucho gusto)



Bóvedas
(o la "caverna enrejada...es hora de romper la rejas...)

(Foto: Cristina López UPD)

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