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6 ago. 2009

DE AQUELLA MARINA MERCANTE DE ULTRAMAR.

Fotos Juan Pedro Gilmes

DE AQUELLA MARINA MERCANTE DE ULTRAMAR.

El puerto de Montevideo hasta no hace mucho tiempo vivía un idilio con parte importante de los habitantes de su tierra, basado en la existencia de unas gallardas figuras que en lo más alto de su porte empuñaban y agitaban orgullosos por donde transitaran el patrio pabellón.

Dichos caballeros del mar, bien sabían que en número eran pocos, pero claro tenían que cada uno era un digno representante de su país en cada puerto al que arribaban. Con ellos iban los colores de su patria acortando cualquier distancia existente a nivel geográfico, ya que con su presencia, Uruguay y su gente se presentaban ante la nación anfitriona.

Los hidalgos caballeros navegantes, en su derrotero cosechaban e intercambiaban importantes contenidos comerciales y productivos que tantos beneficios constituían para su país. Además de la representación y de los beneficios comerciales y económicos, eran en si mismos una escuela para el desarrollo de un importante número de profesiones.

La existencia en el concierto nacional de esta clase de buques otorgaba la oportunidad de formar nuevos técnicos y marinos que en el futuro serían dignos relevos de los más avezados.

El presidente de la A.N.P. en el año 1937 Dr. Enrique Buero expresaba lo siguiente con respecto a uno de los mercantes de ultramar:

“Será ésta una escuela, en la que aprenderán nuestros compatriotas a administrar un buque, que no es tarea sencilla ni en la que se pueda improvisar.
Y en esa escuela podrán despertarse vocaciones que inclinen a nuestra juventud hacia las actividades marinas.”

Por cierto que la generación directa e indirecta de empleos alrededor de cada una de las embarcaciones pertenecientes al Estado oriental alcanzaba una cifra muy significativa en relación a la dimensión poblacional de este país.

Así eran los buques que en distintos momentos constituyeron la desaparecida Marina Mercante de Ultramar de la Administración Nacional de Puertos.


Esforzando los recuerdos podemos traer al presente ocho nombres de embarcaciones alemanas que por el año 1917 en plena guerra se encontraban fondeadas en Montevideo, “HARSBURG”; “SALATIS”; “BAHÍA”; “THURINGIA”; “SILVIA”; “POLINESIA”; “MERA” y “WIEGAND”.

Estos mercantes por resolución del Gobierno Nacional el 14 de setiembre del año indicado son puestos bajo custodia militar ante sospechas de posibles hundimientos ex profeso; posteriormente el 9 de Noviembre de 1917 se decreta su ocupación, declarándose esta resolución de interés nacional. Basándose esta iniciativa en “las dificultades de fletes marítimos”

El 24 de mayo de 1918 son arrendados a la “Emergency Fleet Corporation” de los E.E.U.U. y en Junio del mismo año el Presidente de la República Dr. Feliciano A. Viera decreta el cambio de nombre de los ocho buques ex- alemanes:

“WIEGAND” – “ARTIGAS”

“SILVIA” – “RIVERA”

“HARZBURG” – “SALTO”

“BAHÍA” – “PAYSANDÚ”

“MERA” – “ RÍO NEGRO”

“POLYNESIA” – “ COLONIA”

“SALATIS” – “ TREINTA Y TRES”

“ THURINGIA” – “MALDONADO”



Los mercantes navegarían durante el resto de la Primer Guerra Mundial uniendo a Uruguay con los Estados Unidos y el continente europeo, asegurando de esa manera la exportación e importación de productos en momentos de crisis mundial con respecto a la disposición de bodegas para el comercio marítimo, además hay que tener en cuenta la generación de ingresos genuinos provenientes del arrendamiento estipulado.

En Enero de 1920 se acepta por parte de Uruguay la devolución de los buques comenzando su etapa de navegación con pabellón nacional que duraría hasta el año 1925.
“Del 9 de febrero de 1920 a agosto de 1925, los ocho buques alemanes navegaron con pabellón nacional y tripulaciones compuestas, en su casi totalidad, por orientales o ciudadanos uruguayos, efectuando 34 viajes redondos entre el Río de la Plata, Norte América y Europa, con unas 400.000 millas”.


Esta fue una experiencia rica en aprendizajes respecto a la organización y manejo de una Marina Mercante de Ultramar a nivel nacional, en la cual se comprobaron los beneficios de contar con embarcaciones propias que con sus bodegas a disposición, permitían singladura tras singladura alcanzar las más lejanas costas para depositar las mercaderías uruguayas, como así también a su regreso acercar los productos que en el mundo se generaban.
Esta actividad supo brindar al país cierta independencia en la interacción con los mercados mundiales, lo cual para una nación con las características del Uruguay no es un hecho a subestimar.

Tras esta etapa, carente de este tipo de navegación se estuvo hasta el año 1937 cuando se incorpora al pabellón nacional el buque “PRESIDENTE TERRA”. Denominación adquirida por el mercante una vez finalizada la etapa que diera comienzo el 17 de Febrero de 1937 cuando el entonces “MICHALIS” de bandera griega encallara en las costas del departamento de Rocha, de donde es rescatado por el propio personal de la A.N.P. el 14 de Marzo siguiente. Al no recibir el pago por el rescate concretado el “MICHALIS” pasa a ser propiedad de la Administración Nacional de Puertos, la cual tras reparaciones y adaptaciones integra la unidad a su flota como “PRESIDENTE TERRA”.

En la memoria de la sociedad uruguaya existe un nombre que al escucharlo revive lejanos días de guerra, de historias que fueron pasando de generación en generación, de comercio, de duras jornadas laborales, de viajes de placer, y tantas otras. El legendario “TACOMA” aún vive en el recuerdo de parte importante de la sociedad uruguaya.

Aquel mismo “TACOMA” cuya existencia se comenzó a conocer no bien se vinculara en el puerto de Montevideo, en Diciembre del ’39, con el “ADMIRAL GRAF SPEE” pasando a la historia de la mano de aquel hecho.
El buque mercante de origen alemán, construido en 1930 se encontraba en las aguas de la capital uruguaya por razones propias de la guerra cuando el acorazado de su misma nacionalidad irrumpió en la realidad nacional de aquel país que lo alojaba. En aquellas agitadas jornadas el “TACOMA” prestaría importantes servicios al buque de guerra y sería cómplice de sus últimas acciones cuando a bordo ocultaría a la casi totalidad de la tripulación germana del “GRAF SPEE”, con la finalidad de conducirlos desde el puerto hasta un punto señalado del río donde los aguardaban dos remolcadores y una chata todos de nacionalidad argentina, que los conducirían hasta el puerto de Buenos Aires.

De tales acontecimientos dio cuenta el Prefecto General de Puertos Capitán de Fragata, Juan J. Miller el 21 de Diciembre de 1939 al Inspector General de Marina Contra Almirante Gustavo A. Schröeder. El primero detalla las conclusiones a que se arribó tras lo actuado por el Juez Sumariante que tuvo a cargo la investigación:

“*Que el vapor alemán “Tacoma” salió de este puerto en la tarde del 17 del mes en curso, sin los despachos correspondientes y sin Práctico a bordo.

*Que a bordo del “Tacoma” embarcaron tripulantes del acorazado mencionado, los que después fueron trasbordados a los remolcadores “Coloso” y “Gigante” y lancha “Chiriguana”, embarcaciones éstas de bandera argentina.”

Desde aquel 17 de Diciembre del año ’39 el “TACOMA” se uniría para siempre a la historia del Puerto de Montevideo.
Ya con bandera uruguaya el mercante de ultramar de la A.N.P. recorrería las aguas del mundo como transporte de carga, pero también como barco de pasajeros, acercando a muchos uruguayos a tierras europeas fundamentalmente.

Su última etapa de actividad la transcurrió en lo que constituyó una experiencia única en el país, el “TACOMA” fue adaptado para servir durante la década de los ’70 como cárcel flotante, bajo la denominación “Centro de Recuperación Tacoma” donde se alojaron presos con altas posibilidades de recuperación.

La extensa vida del “TACOMA” construido en 1930 en Alemania fue llegando a su fin tras años de abandono y olvido, a mediados de los años ’80 del siglo pasado fue desguazado concretándose así el desarme de parte importante de un episodio trascendente en la historia nacional, que en su contenido incluía algunas facetas de jerarquía mundial.


Más cerca en el tiempo, la memoria del Puerto de Montevideo trae al presente las siluetas del “VILLA DE SORIANO”, del “PUNTA DEL ESTE” y del “CARRASCO”.

El “VILLA DE SORIANO” se incorporó a la flota de ultramar de la A.N.P. tras un proceso similar al protagonizado por el “PRESIDENTE TERRA”. Todo dio comienzo cuando el barco también griego “CHIOS” se accidentara en la costa de Punta del Este el 20 de Junio de 1954, de donde no podría apartarse hasta el 8 de Setiembre de aquel año cuando gracias a los esfuerzos del remolcador “18 DE JULIO”, logra zafar de su comprometida situación.
Como no fuera abonado el pago correspondiente al rescate por quienes eran hasta ese momento sus propietarios, ni tampoco por el seguro, el “CHIOS” pasa a la A.N.P. y tras reparaciones y adaptaciones se pone al servicio del pabellón uruguayo como “VILLA DE SORIANO”.


Con respecto al “PUNTA DEL ESTE” y al “CARRASCO” ambos construidos en Estados Unidos en 1945 y 1946 respectivamente, digamos que fueron adquiridos al gobierno de aquel país a fines de esa década.

Marcado quedó en la memoria del Puerto de Montevideo la jornada en que el “CARRASCO” ocupara destacados espacios en la prensa escrita con motivo de cumplir su travesía número 100 con el pabellón nacional, el miércoles 28 de Setiembre de 1966.

“Alrededor de las 17 horas de hoy entrará a nuestro principal puerto el buque uruguayo “Carrasco”, que pertenece a la flota de Ultramar de la Administración Nacional de Puertos.
Como lo viene haciendo regularmente, el barco procede de puertos del norte de Europa de donde trae para la plaza un cargamento completo de mercaderías generales consistente fundamentalmente en materia prima para la industria, productos químicos, máquinas agrícolas y otros implementos aplicables especialmente a proyectos de desarrollo que se están cumpliendo en la República”.

“Pero sucede que hoy cuando el “Carrasco” quede amarrado a muros, habrá realizado bajo pabellón uruguayo el primer centenar de travesías atlánticas. Adquirido por el Uruguay para la Administración Nacional de Puertos el 30 de abril de 1948 bajo el nombre de “Coastal Lilberator”, el actual “Carrasco” en muchos sentidos ha prestado valiosa contribución al comercio exterior uruguayo llevando y trayendo productos, principalmente a los mercados de Europa y Estados Unidos”.


A estos buques recordados y a sus nombres, cabe agregar el numeroso grupo de tripulantes que les otorgó vida y movimiento, permitiendo que sus buques siempre estuvieran listos para cargar y descargar aquellas bodegas en las que viajaban los productos del país hacia el mundo entero.

Almirante Rodriguez Luis









Tacoma

Presidente Terra


Texto extraído del libro "Memorias del Puerto de Montevideo" de Juan Pedro Gilmes. RUMBO editorial, 2008.

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