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20 jul. 2009

Salvemos al "ENRIQUETA". (1)




Remolcador "ENRIQUETA" Patrimonio Marítimo Portuario a preservar:





"....las cuadernas, la cubierta y cada fibra del remolcador aguardan, solo resta redoblar el esfuerzo para que el “ENRIQUETA” retome sus singladuras."




Cuando una sociedad o grupo, más allá de la denominación que pudiera tomar, motivado por sus inquietudes pretende homenajear y perpetuar en el tiempo un legado de sensible valor testimonial acercándolo a futuras generaciones, constituye archivos o museos, es decir espacios que resguardan la memoria de su propio pasado.

Es así que se utilizan construcciones edilicias que fueran habitadas por personas destacadas de alguna época o en donde se desarrollaron actividades, hechos dignos de ser recordados; se salvaguardan mobiliarios, instrumentos, herramientas o vestimentas que a través de su constitución material y como testigos presenciales de los hechos a resaltar permiten al ocasional visitante trasladarse, sensibilidad mediante, a los tiempos de aquello que se testimonia y poder aunque sea solo a través de la imaginación y de la predisposición voluntaria, romper las barreras absolutas del tiempo y tomar contacto con la atmósfera y la esencia del pasado.

Tener una política conservadora con respecto a todo lo que hace al patrimonio cultural material e inmaterial de una sociedad no es hoy en día una tarea posible de encarar sino una obligación a cumplir porque con cada pieza, elemento o construcción insertada en el campo cultural se estará estimulando una proyección de valores, de posibilidades y de crecimiento en los más variados e insospechados aspectos de la vida de sus integrantes.

En el caso concreto del ámbito marítimo de Uruguay existe un descuidado atraso en su valoración y preservación lo que ha redundado en la imperceptible pérdida de cuantiosos elementos materiales e inmateriales ya irrecuperables, yéndose con ellos al ostracismo parte de lo que construyó lo que hoy es historia en Uruguay y posibilitó el presente de este país.

Es en base a las enseñanzas de una triste secuencia de hechos de nuestro pasado cercano que el poder convertir un remolcador (que ya fuera destinado a ser desguazado y que solo la visión de quienes hoy son sus propietarios lo salvaron de la disección que solo busca la rentabilidad de sus materiales) en un buque de interés cultural que con su existir preserve técnicas y usos hoy desaparecidos y con su actividad acerque a los uruguayos a las costas y aguas tan disfrutadas en verano, pero ignoradas en su real e invalorable existencia, que nos regala el sostén mismo del país.

La importancia histórica del Puerto de Montevideo merece que uno de sus navegantes trabajadores sea protegido, expuesto como reliquia y usufructuado como herramienta para redescubrir el capital costero de la república, el paisaje marítimo y el inestimable valor de las artes propias de un mundo dominado por su majestad, el mar.

El “ENRIQUETA” construido en el siglo XIX presenta un estado de conservación muy bueno, con posibilidades ciertas de volver a operar como lo hiciera cuando construyera la historia misma del puerto, de su gente y del país; se nos ofrece con la voluntad generosa de quienes lo han rescatado y cuidado con un sacrificio y una visión propias de otras latitudes. Constituyen estas personas un ejemplo digno del mayor reconocimiento pero también ocasión para acceder al mejor aprovechamiento de su baluarte en beneficio de todos, es esperable observar y constatar en los hechos una conducta diametralmente opuesta a las ya concretadas en demasiadas oportunidades.

La estructura del remolcador es prueba, testimonio y testigo del obrar de decenas de aquellos trabajadores que le dieran forma y fortaleza, es expresión viva de aquellas manos que practicando oficios admirables blandieron los materiales que resistieron el pasar del tiempo y diversas vicisitudes para permanecer erguido dos siglos más tarde.
Bastaría recordar cómo desarrollaban su labor los carpinteros de ribera, los calafateadores, entre otros, para hallar en la figura del “ENRIQUETA” una pieza de valor histórico inestimable, con cuya preservación se rendiría justo tributo a sus forjadores y sus profesiones.

Permanece en cada rincón del remolcador la presencia de sus tripulantes movilizándose para arrojar un cabo, efectuar un remolque, atracar un buque, apurar la marcha o rescatar alguna persona que percibe en su desgracia la cercanía de la muerte. Es con su silueta evocador de una actividad primordial de cualquier puerto y no hay que olvidar que el “ENRIQUETA” fue partícipe de hechos históricos relevantes.

Es pertinente observar este tema como de interés nacional ya que de llegarse a buen puerto se estará fomentando el enriquecimiento cultural de Uruguay, se constituirá en un atractivo turístico que por sus particularidades aportará nuevos elementos generadores de interés por quienes forman el turismo interno como externo, no ha de obviarse en esta valoración el rol posible como fundamento para la iniciación de numerosos habitantes de la patria en el contexto laboral marítimo, cosa tan necesaria hoy como mañana.
Aunque en principio no pueda divisarse claramente, el “ENRIQUETA” desde su muda presencia puede ser aporte para desarrollar habilidades y enriquecer el capital intelectual de uruguayos y uruguayas.

El compromiso social y educativo está planteado, las cuadernas, la cubierta y cada fibra del remolcador aguardan, solo resta redoblar el esfuerzo para que el “ENRIQUETA” retome sus singladuras.



Juan Pedro Gilmes.




El Enriqueta Hoy :Foto: Julio Chocca

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